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La crisis haitiana (2 de 4)

Frontera dominico-haitiana
Angel Moreta
Escrito por Angel Moreta

Soldados del ejército norteamericano en la frontera dominicana-haitiana con la complacencia del gobierno dominicano

 

Por: Angel Moreta (Autor-Editor)

Introducción

Después de la revolución haitiana Haití no ha tenido un solo gobierno nacional, pues todos en su mayoría obedecen a los intereses norteamericanos y de los grupos hegemónicos dominantes, aliados de los intereses norteamericanos; grupos que practican el contrabando, las exportaciones e importaciones especulativas, la trata de personas y el lavado de activos provenientes del narcotráfico.

La frontera dominico-haitiana se ha convertido en un asunto de seguridad para los Estados Unidos que con la crisis actual seguramente no perderá la oportunidad de desplegar tropas a lo largo y ancho de toda la frontera, con fines estratégicos hacia Cuba y Venezuela. En otras palabras el imperialismo norteamericano espera la oportunidad para la ocupación militar de la frontera dominico-haitiana por lo cual las élites y los pueblos, grupos cívicos, partidos y comunidades, sectores profesionales, frentes de trabajadores, los campesinos, deben estar muy atentos para rechazar que EU se aproveche de las contingencias negativas y con la ayuda de esos grupos dominantes de ambos países se aventuren a una ocupación militar, evidentemente se hace casi imposible en este momento que vive América Latina de levantamientos y protestas masivas contra el orden neoliberal capitalista impuesto a ambas naciones por el fondo monetario internacional, y otros organismos neocolonialistas.


Los presidentes haitianos y dominicanos tradicionalmente se encuentran sometidos a la voluntad, a los planes y necesidades del imperialismo norteamericano, que pretende ahora someter la frontera a un proceso de internacionalización con un objetivo geoestratégico. Hemos afirmado en artículos anteriores que Haiti necesita una segunda revolución para liberarse de la explotación social inmisericorde y de la humillación moral que producen los Estados Unidos en esa sociedad.

Está claro que Haití, al igual que República Dominicana, tienen que desarrollar el camino de su emancipación  de la coyunda esclavizante representada por la Casa Blanca y el Pentágono. Las políticas imperiales que ha mantenido Estados Unidos con Haití merecen una historia aparte para que se pueda comprender el sistema de saqueo, robo, humillación económica y social y el arrodillamiento moral y político a que se encuentran sometidos.

Esto quiere decir, que no es que Haití sea esclava de los Estados Unidos, sino también República Dominicana. Ambas naciones han sido invadidas militarmente y ocupados todos sus territorios a lo largo y ancho de la isla durante décadas, pues Estados Unidos considera que Haití y la República Dominicana son el patio trasero y la letrina escondida de los Estados Unidos, que ha explorado en años sucesivos la geografía y los recursos naturales estratégicos de ambas naciones.

Haití fue invadido militarmente durante 19 años (1915-1934), por los Estados Unidos que utilizó su ejército para humillar y someter al pueblo haitiano en todos esos años. La ocupación comenzó el 28 de julio de 1915, cuando 330 marines desembarcaron en Puerto Príncipe bajo la autoridad del entonces presidente de los Estados Unidos W. Wilson y terminó el 1 de agosto de 1934, después de que el presidente Roosevelt firmara un acuerdo de desocupación militar en agosto de 1933.

Haiti ha sido un país explotado por potencias occidentales, Francia y Estados Unidos, desde la séptima década del siglo XIX hasta los tiempos contemporáneos. Sus aliados han sido los grupos oligárquicos mulatos que han mantenido el control y la hegemonía durante más de 100 años. En las primeras décadas del siglo XX recibió significativos préstamos de los bancos franceses y norteamericanos y en las últimas décadas se produce el crecimiento de la deuda externa y de las inversiones extranjeras. Un dato importante es que Haití vino a ser reconocido diplomáticamente por los Estados Unidos en la sexta década del siglo XIX, lo cual indica discriminación y odio hacia un pueblo racialmente negro pero emancipado como consecuencia de su revolución.

Jovenel Moise y Mike Pence

Aunque tengamos los dominicanos cierto nivel de vida y de mejoría económica con respecto a la hermana nación, ello se debe a la existencia de un capitalismo más avanzado; pero no menos cierto es que la República de Haití a principios de 2018 fue objeto de un grosero ataque por parte del presidente de los Estados Unidos Donald Trump, ataque que dejó traslucir odio y discriminación.

Como bien reseña el periodista haitiano Jean Claude Icart, en el periódico digital Rebelión del 20 de febrero, después de los insultos de Trump tratando de humillar al pueblo haitiano “no tardaron en aparecer reacciones desde todas partes”, que rechazaron las afirmaciones desafortunadas de un presidente esquizofrénico.

Dicho comunicador en su artículo “Racismo, Haití y explotación minera”, afirma lo siguiente:

“Haití es un país exangüe, casi bajo tutela, devastado por catástrofes naturales, incapaz de producir lo necesario para alimentar a su población y que generalmente se encuentra entre los últimos lugares de todos los indicadores económicos. Se podría plantear la hipótesis de que lo que se anuncia es la explotación de sus recursos mineros, un sector relativamente intacto hasta ahora. Puede que no resulte ocioso recordar que El Salvador, otro país mencionado por el presidente de los EEUU en su escatológico exabrupto, prohibió el año pasado la explotación de la minería metálica en su territorio”.

Sobre este particular hizo muy bien la República de El Salvador que no permite desde el año 2017 la explotación de la minería metálica en su territorio, de lo cual se deduce que si tal situación fuera hoy, el actual presidente de ese país, el pelele Bukele, ya la hubiera permitido, igual que en República Dominicana la permiten desde hace muchos años los círculos oligárquicos hegemónicos y los últimos altos funcionarios provenientes del llamado partido de la “liberación” dominicana.

En Haití, en cambio, la explotación de la minería metálica es una realidad pues la oligarquía mulata, en el poder desde hace más de 100 años, y que estuvo aliada a François Duvalier, el dictador más sanguinario de América Latina, apoyado incondicionalmente por los Estados Unidos, incrementó como resultado la intensificación de la pobreza, de la explotación social y el saqueo de los recursos naturales de esa nación.

Lo mismo ocurre con República Dominicana, pues adolece de igual situación, en la cual los recursos naturales y los minerales (oro, níquel, bauxita, ect) son saqueados inmisericordemente por las grandes compañías multinacionales norteamericanas. Nuestro oro sale por los puertos, particularmente el de Haina, prácticamente sin auditoria bajo un sistema de complicidad y reparto con los altos jerarcas del país.

No sabemos hoy en día cómo se encuentra el régimen extranjero de explotación de nuestros recursos, pero si sabemos lo que ocurre con nuestros minerales.

Bocchit Edmond embajador de Haiti en la OEA

También ha mencionado dicho comunicador haitiano, en el artículo de referencia, que: El presidente estadounidense también mencionó de manera generalizada a los países africanos. Hay muchas obras que denuncian el pillaje de los recursos mineros africanos, especialmente al sur del Sáhara. Particularmente trágico es el caso del Congo-Kinshasa, para quien las riquezas mineras parecen ser una verdadera calamidad. Sin embargo, algunos creen que ciertos países deberían sentirse reconocidos por ser explotados y no deberían rechazarlo y menos aún negociar sea lo que fuere.        

Ha dicho también que varios estudios económicos realizados desde la década de 1970 se han referido al potencial y la riqueza del subsuelo haitiano, tales por ejemplo como petróleo, gas licuado, oro, litio, etc., cuyos resultados no se han incrementado porque los Estados Unidos mantienen el asunto como una reserva para el futuro de la economía norteamericana y para la estabilidad del modo de vida y el disfrute de la riqueza de países latinoamericanos.

En Haití las grandes reservas de oro se encuentran situadas en cuencas densamente pobladas por agricultores o campesinos asentados a lo largo de la falla geológica septentrional, cuya explotación por los emporios  extranjeros norteamericanos,  conllevaría necesariamente una “limpieza” demográfica de esas zonas; pero como es territorio reservado por los Estados Unidos para explotación futura, harán lo que hicieron en la década del 1930, que para instalar la industria azucarera asesinaron y excluyeron miles de campesinos, lo cual vino  a resultar en la primera “matanza haitiana”.

La segunda matanza o genocidio contra Haití y la humanidad, ya sabemos, la ejecutó la dictadura de Trujillo en 1937, cuya historia está pendiente de armar.

Es decir, el pueblo haitiano ha sido humillado, traicionado, explotado y ultrajado, al igual que República Dominicana, por causa de los intereses y ambiciones de las grandes empresas transnacionales norteamericanas.

Nadie ha venido en ayuda internacional de la República de Haití. Lo que ocurra en Haití afectara vertebralmente a República Dominicana. Inclusive, innumerables fundaciones “sin fines de lucro”, se han instalado en Puerto Príncipe y otros lugares del territorio haitiano, cometiendo abusos incalificables y complicidades siniestras, recibiendo millonarias donaciones que son mal administradas favoreciendo en crímenes de contrabando, trata de personas, de drogas y armas. Y por qué no, lavado de activos

Y llevando al pueblo como borrego a la enajenación religiosa y al misticismo.

La fundación Clinton, dirigida y auspiciada por el mujerólogo, vicioso y chulo, Bill Clinton que desempeña sus actividades ayudado por su querida esposa Hillary Clinton, que acostumbra venir de vacaciones en tenis y sombrero a pasar días felices y relajados en las zonas turísticas de Higuey y La Romana, situación a la cual nos referiremos más adelante.

Después de la revolución haitiana que culmina en 1803, Haití no ha tenido un solo gobierno nacional, sino gobiernos entreguistas. Las oligarquías mulatas se encuentran orgánicamente abrazadas a los intereses norteamericanos y de los grupos hegemónicos dominantes aliados a los intereses de las grandes empresas multinacionales, en todas las áreas de la economía tales como infraestructuras, telecomunicaciones, comercio, turismo y finanzas.  

La frontera dominicana-haitiana

La frontera dominicana-haitiana representa un tema de seguridad para los Estados Unidos. Con la crisis actual en ese país, se han producido convulsiones sociales, protestas violentas que han generado muertos y heridos en gran cantidad. La actual crisis es una culminación de más de un año de protestas violentas y es producto del rechazo político que se ha apoderado de la nación desde que el empresario Moise asumiera el cargo en febrero 2017, después de unas elecciones marcadas por retrasos, acusaciones de fraude y una participación electoral escasísima.

Existe indignación social en el pueblo por las acusaciones de que el gobierno mulato oligárquico y el presidente Moise desviaron miles de millones de dólares que estaban destinados a proyectos de desarrollo. Las acusaciones proporcionaron el ímpetu para las protestas que hoy se llevan a cabo, entre las cuales se pide a Moise su renuncia como presidente de Haití. Las protestas se intensificaron en septiembre, paralizando la capital Puerto Príncipe y Moise se ha mostrado desafiante, al decir que renunciar sería un acto irresponsable.

Estados Unidos aprovecha el caos para una intervención militar en la frontera

Este caos es el que quiere aprovechar los Estados Unidos para ocupar e internacionalizar la frontera dominicana-haitiana, que es un objetivo ambicionado desde hace mucho tiempo. Se trata de una geoestrategia que esconde el proyecto de establecimiento de una base militar en el suroeste de República Dominicana y Haití, impulsada por los apremios y la desesperación del pueblo haitiano.

Después de llevar al gobierno haitiano a rechazar una oferta de 30 mil millones de dólares ofrecidos por China continental; y después de empujar al gobierno de Moise a votar en la asamblea general de la OEA en los meses mayo-junio 2019, contra el presidente de Venezuela y a favor de la tesis de que Nicolás Maduro era un “dictador”, el gobierno haitiano perdió una gran oportunidad de sobrevivir por las remesas de petróleo venezolano, pero el gobierno haitiano fue manejado para evitar cualquier negociación petrolera con Venezuela.

Las diplomacias de Haití y República Dominicana, en una doble moral, obedecieron a las órdenes de Washington y Donald Trump con respecto a Venezuela; y hoy se reafirma el neocolonialismo y la agresión imperialista norteamericana tanto en relación  a Venezuela como a China continental.

La descarada actuación de Estados Unidos, del señor Mike Pence, vicepresidente; del maniático asesino Abrams y el nefasto John Bolton, conjuntamente con el títere y fantoche Almagro, todos influyeron para debilitar a Venezuela, a sabiendas de que tal situación crearía una crisis interna en Puerto Príncipe.

Moise enfrenta ahora dos resultados: 1) el repudio popular por corrupción; y 2) la escasez de combustibles, producto de las imposiciones de la pandilla Trump, esquizofrénico presidente de los EU que pretende hacer efectiva la Doctrina Monroe y la geoestrategia de ocupar la frontera y utilizar la región del Caribe como catapulta para acciones injerencistas contra Cuba y Venezuela.

Acerca del autor

Angel Moreta

Angel Moreta

Angel Moreta, jurista, sociólogo, y filósofo; Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), República Dominicana, Autor-Editor de Debateplural.

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