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Fundación y herencia del modernismo

Escrito por Odalís G. Pérez

(24-5-17)

 

El modernismo que de manera magistral, académica y liberal analizó Max Henríquez Ureña propició un tipo  de estudio cultural y literario que hizo legible el futuro de la crítica, el discurso crítico, la práctica de la crítica, el comentario de textos y contextos asumidos por escritores, exégetas, periodistas, poetas, narradores y políticos en la geografía intelectual y literaria de América Latina y el Caribe.

Sin embargo, en el marco de las nuevas creaciones literarias y culturales de América, la crítica y la poética de Rubén Darío y otros modernistas abrió una puerta grande a la ruptura y las vanguardias de comienzos del siglo XX en todo el arqueado continental. Así lo podemos advertir y destacar en toda la tropología que surgió como expresión y mundo, no solo en Darío, sino también en Lugones, Borges, Macedonio Fernández, Gabriela Mistral, Huidobro, Neruda, Paz… y una larga caravana de poetas, narradores y ensayistas que al día de hoy han creado otras banderas y territorios de creación.

En tal contexto es saludable re-leer la creación literaria, la crítica y sobre todo el ensayismo de un autor que, como MHU, estuvo al tanto de lo que fue la literatura vista desde lo universal y lo nacional. De ahí la necesidad de entrar en una obra epocal como la Breve historia del modernismo (1954), que, como punto y reflexión es posterior a su poesía, su cuentística, su ensayismo y su crítica histórica, política y cultural.

En efecto, con la publicación de Obra y Apuntes, contamos con un documento que aun a pesar de ser apuntes, ensayos, cátedras, conferencias, y notas eruditas contiene verdaderos ensayos críticos que deben ser conocidos, no solo por los críticos dominicanos, sino por todo aquel que en nuestros días esté asociado al concepto de “Comunidades interpretativas” que involucra a sujetos sociales, históricos, institucionales, educativos, artísticos, culturales y otros “preocupados” por el destino y la necesidad de un pensamiento crítico creador. Todo lo cual implica la corrección y puesta en marcha de un concepto claro de lo que es la crítica literaria y cultural, pero a la vez una actitud valorativa respaldada por conceptos probados en la misma experiencia de trabajo y pensamiento analítico real.

Hemos destacado a partir de nuestra lectura del corpus elaborado por MHU, no solo una presencia crítica influyente en América Latina, el Caribe y los Estados Unidos de América, sino también en el contexto de lo universal-nacional, tal y como se hace visible en sus apuntes y ensayos de literatura francesa, española, rusa, inglesa, italiana, neogriega y alemana entre otros.

Cuando en los periódicos de América se hablaba poco y se desconocían nombres y textos de Boris Pasternak, Arthur Rimbaud, Etiemble, Michel Leiris y Francis Ponge, entre muchos otros que en los años 60 sonaban poco en nuestra América nuestro crítico, escritor, tratadista y profesor ofrecía su experiencia de analista, pensador, orientador, traductor eficiente,  informador cultural y literario de alto nivel.

MHU hizo de la crítica y la creación literarias un verdadero ejercicio del criterio. Los altibajos que puedan encontrarse en su experiencia de trabajo literario, son los que también encontramos en los paradigmas portentosos donde beben”, roban o sustraen los ya conocidos preocupados” por los rumbos de la literatura y la llamada crítica literaria del país y de toda la América continental.

De ahí que lo que propicia el modernismo históricamente en la República Dominicana y los demás países de América Latina y el Caribe, es justamente la consciencia de una escritura y un pensamiento que ha hecho posible un marco de madurez literaria que se ha “universalizado” como valor y aporte en el espacio continental y hemisférico.

La perspectiva que abrió el modernismo analizado y respetado por Max y otros estudiosos de América Latina y el mundo, ha tenido sus efectos en las primeras tres décadas de creación, estudio y crítica en la América de lengua española.

Así pues, la estudiosa y profesora norteamericana Gwen Kirkpatrick ha hecho en este sentido un aporte necesario a la crítica, la historia literaria y cultural, en una obra valiosa titulada Disonancias del modernismo, Eds. Libros del Rojas, Buenos Aires, 2005, 250 págs.). El libro dedicado a Leopoldo Lugones y al más cualificado modernismo latinoamericano (Ver pp. 15-30; y pp. 31-45 y passim.), ofrece un análisis neocomparativo basado en tópicos estudiados, dialogados, confrontados, pero sobre todo alejados de taxonomías que al uso superan el ejercicio crítico “generalista”, especulativo, “poético”, estetizante y sin respaldo referencial.

Tanto el joven Max, como el Max profesor y crítico maduro fue construyendo un edificio literario y cultural elaborado a partir de una concepción que aun hoy desconocemos a nivel latinoamericano y caribeño.  El problema editorial y comunicativo que obstaculiza la circulación del producto y la productividad creacional en los diversos contextos de la América continental, ha sido en parte el que ha frenado el conocimiento de una obra “engavetada” en parte, suprimida, alejada, separada en parte del sistema literario continental, olvidada por la intelectualidad dominicana, así como por las nuevas generaciones o promociones literarias que a partir de la década del 60 hasta hoy se han  disputado el parnaso nacional.

¿Cómo ha leído nuestra intelectualidad la obra de MHU? ¿Han extraído las nuevas generaciones o promociones los puntos de interés y necesidad de lo moderno de su aporte? El escritor, y en particular, el crítico o ensayista literario ¿ha leído, estudiado o releído la obra oceánica de MHU? ¿Qué ofrece este corpus para las generaciones o promociones de hoy?

Estas preguntas remiten a una evaluación y re-evaluación del corpus crítico de Max y a toda la práctica o ruta de los estudios críticos de Max y a la concepción de los estudios críticos en la República Dominicana de hoy que están marcados por la tradición modernista, sin que algunos puedan desprenderse de la misma en los géneros cultivados.

Es por eso que libros como Disonancias del modernismo de  Gwen Kirkpatrick (2005); Cuadrivio de Octavio Paz (1969); Antología del modernismo de José Emilio Pacheco (comp.; 18921-1921) [1970]; contradicciones del Modernismo de Noé Jitrik (1978); Rubén Darío y el modernismo de Ángel Rama (1970); celebración del modernismo de Saúl Yurkievich (1976); y la obra emblemática de Max Henríquez Ureña: Breve historia del modernismo (1954), plantean una nueva y problemática lectura de la literatura y el pensamiento en la América continental.

Nuestros grandes fundadores poéticos del siglo XX han sido grandes “bebedores” de la obra del mago nicaragüense. Ninguno de ellos (Borges, Paz, Reyes, Lezama, Girondo, Huidobro, Sucre, Macedonio Fernández y otros pueden zafarse o salirse del cauce modernista.

Acerca del autor

Odalís G. Pérez

Profesor Investigador de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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