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Andrés Avelino: la filosofía de lo ético (1 de 2)

Andres Avelino

La Filosofía es la más alta creación del hombre y uno es fácil hablar de ella. Se complica la tarea, aún más, cuando nos proponemos exponer las ideas de un filósofo prácticamente desconocido en su propia patria. Y no es exagerada esta afirmación: Andrés Avelino García Solano, quién nació el 13 de diciembre de 1899, en la ciudad de Montecristi y murió el 18 de marzo de 1974, fue un filósofo de una dimensión que rebasa nuestra insularidad y aún lo desconocemos.

Andrés Avelino por la diversidad de dominios de saberes que trató, la profundidad, prolijidad y creatividad demostrada en cada uno, es uno de los pensadores más grandes que ha dado la República Dominicana. Fue un creador en poesía y un teórico del arte, filósofo que dominó diversas esferas — Teoría del Conocimiento, Metafísica, Lógica, Ética, Filosofía de la Ciencia, etc.—. Físico y matemático de profesión; gran conocedor de la Historia de la Filosofía desde la antigüedad hasta el siglo XX. En su persona se produjo el salto del mito-poesía al logos y con plena consciencia dominó las esferas del sentimiento y de la razón. Asimismo supo distinguir los planos científico y filosófico.

Su vida se desarrolló en uno de los períodos históricos más difíciles: todo el proceso de inestabilidad económica, política y social que vivió el país a raíz del final de la dictadura de Ulises Heureaux e inicio de las primeras décadas del siglo XX. Sabemos que la sociedad dominicana sufrió guerras civiles —encabezadas por caudillos—, dictaduras y una intervención militar que crearía las bases para la tiranía más cruel y larga de toda nuestra historia, la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. En este ambiente se inició como un revolucionario en arte, siendo militante activo del postumismo. Nos dice Avelino: «Tenemos, por ejemplo, nuestro pueblo siempre en guerras, primero, guerra de caudillos, provocadas por mezquinas ambiciones personales; más tarde, guerra de ideales políticos, y hoy, ¡el más bello y glamoroso presente de nuestras generaciones! La doble y grande guerra del arte y de la libertad de la patria (1)».

Tomas de Aquino

Casi toda su vida ejerció el magisterio, fue docente de generaciones, precisamente en las aulas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo impartió múltiples asignaturas. Es un ejemplo de trabajo y perseverancia, puesto que a pesar de las vicisitudes y el poco desarrollo del país, nunca dejó de ser un creador en el amplio significado de la palabra.

Entre sus obras tenemos: Metafísica categorial — 1940—, Esencia y existencia del Ser y la Nada —1944—, Una letre a Maritain —1945—, El problema antinómico de la fundamentación de una lógica pura —Su obra principal y el cuarto libro de lógica escrito en el país, 1951—; La Filosofía del Conocimiento —1950—, Los problemas antinómicos de la Esencia de lo Ético —1971— ; y otros libros y ensayos de carácter filosóficos; asímismo dejó una importante obra poética que abarca desde su primer libro Fantaseos —1921— hasta los poemas inéditos de los últimos años de su vida. Dejó también un Manual de Física, entre otras cosas.

Un pensador con estas cualidades es necesario abordarlo lo más liberado posible de toda clase de prejuicio. Estudiarlo exige elegir un camino de los múltiples que existen en Filosofía. En este caso estudiamos la obra de nuestro filósofo metafísico idealista desde ella misma.

Inmanuel Kant

 

FILOSOFÍA, CIENCIA Y FILOSOFÍA DE LO ÉTICO

 Para entrar en la exposición de la Filosofía de lo Ético en Andrés Avelino debemos resolver algunas interrogantes, como ¿Qué es la Filosofía para Andrés Avelino? ¿Qué diferencia existe entre Ciencia de lo ético y Filosofía de lo ético?

La Filosofía para Andrés Avelino es «una discusión problemática sobre los pensamientos antinómicamente problemáticos que suscitan acerca de los objetos científicos y sobre las realidades sustanciales de todo género (2)».

«Los objetos filosóficos son meros pensamientos antinómicamente problemáticos sobre objetos sustanciales (3)». Es decir, la filosofía estudia las esencias de los pensamientos, pero desde un punto de vista antinómico, problemático. La Filosofía es, entonces, para él como para Pitágoras: amor a la sabiduría, «anhelo de un ser que no se posee y que además el verdadero filósofo vislumbra que es de imposible posesión definitiva (4)».

Edmund Husserl

El conocer y poseer intelectualmente sus objetos es propio de la ciencia: los objetos de éstas son ónticos materiales, en cambio, los objetos de la Filosofía son Ónticos esenciales.

Estamos frente a un filósofo esencialista que se inscribe en la tradición de la Filosofía metafísica idealista occidental que parte de los griegos, pasa por la Edad Media y llega hasta el siglo XX.

La Filosofía para Andrés Avelino es un saber problematizador; pero no es sólo eso: es además un conocimiento sistemático. Esto último lo destaco porque al decir de Armando Cordero, Avelino, «al intervenir en la clásica disputa sostenida entre los filósofos que piensan guiados por el espíritu de sistema y los filósofos que discurren con atención primordial conferida a la pugnacidad de los problemas, toma posición al lado de estos últimos […] (5)».

Precisamente en su Filosofía de lo Ético, Andrés Avelino persigue un filosofar problematizado, pero al mismo tiempo presenta un sistema categorial.

«Es que un sistema categorial de pensamientos — dice el filósofo— es un todo armónico, ordenado lógicamente, en que nada disuena ni es contradictorio, pero que es antinómico y contradictorio con otro sistema que sea diferente de aquel (6)».

Y para reafirmar sigue diciendo: «Todo sistema categorial de pensamiento, sea metafísico o filosófico es un todo cerrado, en que todo es verdadero, siempre que se ralizado con su propio sistema de categoriales, esto es, siempre que no se rechace ni una sola de sus categorías (7)».

La filosofía de lo ético para Avelino es un problematizar acerca de los valores o esencias jerarquizadas, pero dicho problematizar tiene que ser sistemático. La Filosofía de lo Ético debe preceder a la ciencia de lo ético.

Su filosofía de lo moral se fundamenta en la intuición pura, espiritual. Esto es, su ética se desarrolla en el plano de lo absolutamente filosófico: su objeto, su- puesto y método no existen, sólo existe la intuición pura.

La Filosofía de lo Ético de Andrés Avelino no busca lo ético en la realidad histórica real, sino en lo absoluto y a priorístico, en los valores. «La ética se presenta entonces como una pieza de una filosofía especulativa, es decir, construida a espalda de la ciencia y de la vida real (8)».

En su concepción filosófica la ética se fundamenta en lo absoluto, en el bien supremo, Dios. De ahí que la Filosofía de lo Ético busca las esencias jerarquizadas de los valores. Son los valores lo que dan sentido a la investigación de lo ético.

La ética como ciencia que estudia el comportamiento humano moral de forma sistemática, racional y objetiva, no tiene lugar en el pensamiento de Avelino. La ética para él no es una ciencia práctica, pues, «una ética como ciencia teórica que investigue los objetos morales, no puede ser ciencia que dé preceptos y normas (9)».

CRÍTICA A LAS CONCEPCIONES

FILOSÓFICAS DE LOS CLÁSICOS

 La Filosofía de lo Ético desarrollada por Avelino parte de una crítica rigurosa a las concepciones filosóficas de Aristóteles, Immanuel Kant, Max Scheler, Nicolai Hartmann y otras como las de Jean-Paul Sartre y Martin Heidegger.

En ese orden rechaza, siguiendo a Kant, la ética de Aristóteles por ser una ética de lo material.

Dice el filósofo Avelino: «Las éticas de los bienes prekantianas, desde Aristóteles hasta el utilitarismo, el naturalismo y el evolucionismo moderno, son éticas científicas en las que está ya supuesto lo moral […] (10)».

En el caso de la Ética de Kant, la rechaza por considerar que su formalismo conduce también a una ética material. En la que el Bien Supremo, Dios, queda anulado.

«La ética kantiana —dice Avelino — se opone a toda ética de bienes y fines y sustenta una ética formal. Discute así el problema de la esencia de lo moral, pero lo hace de un modo tan dogmático, con una evidencia tan absoluta de que la esencia de lo moral son principios a priori, que tal ética tampoco puede ser considerada como una ética en sentido estricto (11)».

Para Avelino el formalismo ético de Kant es igual a ateísmo, que se fundamenta en la libertad absoluta, autonomía ética del hombre, lo que significa el derrocamiento de Dios.

Para la ética kantiana las normas morales han de ser universales, valederas para todo sujeto humano, cualquiera que sea su condición histórica.

En Immanuel Kant se da una separación, contraposición, entre materia y forma. La primera está constituida por los datos sensibles y es a posteriori; la segunda es a priori y es una síntesis organizadora, que tiene una función activa, representada por el entendimiento.

La crítica de Avelino a Kant está en relación con la crítica que el fenomenólogo Max Scheler le hace en su ética material al formalismo kantiano.

Scheler, entiende los valores a priori autónomos y son condición de la aspiración hacia la posesión de los bienes. Para él el valor es trascendente, no existe en sí, pero se expresa en la singularidad material del hecho.

«[…] Existen los bienes, obras o cosas, pero su presencia expone o traspone un mundo de valores, sin los cuales no podríamos apreciarlos como tales bienes (12)».

El argumento de Scheler es de carácter antropológico, para él los valores determinan las posibilidades de la situación humana y ofrecen las condiciones para que la libertad sea un hecho.

Aunque Andrés Avelino parte de la crítica de Scheler al formalismo ético de Kant, también hace un esfuerzo para diferenciarse de Scheler.

Nos dice que «Max Scheler en su ética personalista opone al pensamiento formalista kantiano el pensamiento antinómico que concibe lo moral como cualidades materiales de valor (13)».

Avelino se diferencia también de Scheler, pues su ética no comparte la idea de los valores como esencias materiales. Para él los valores son esencias puras jerarquizadas, son trascendentes y no tienen ninguna relación con los elementos ónticos materiales.

De ahí que busca «…una ética genuinamente filosófica en el sentido absoluto (14)». Dicha Filosofía de lo Ético lo conduce al valor supremo, Dios.

En el caso de su crítica a Nicolai Hartmann, considera que éste «concibe el valor como esencias ideales y a la manera platónica (15)». Y como su ética se centra en los valores como esencias jerarquizadas, también se aparta de Hartmann dado que el esencialismo de Hartmann conduce a una ciencia de lo ético, no a una Filosofía Pura de los Valores.

Para Avelino, la mayoría de las éticas son híbridas, mezcla de Ciencia y Filosofía. Y él, como hemos explicado, se propone una Filosofía de lo moral en el sentido puro, absoluto.

Toda la crítica de Avelino lo conduce a un idealismo absoluto: «Esta vida moderna, atea, arreligiosa y amoral es una consecuencia deplorable de tal filosofía ( 16), Es decir, las concepciones filosóficas de Kant, Scheler, Hartmann y otros filósofos contemporáneos como Sartre y Heidegger son los responsables de la crisis de valores en el mundo actual. Aquí puede aplicarse la crítica que Karl Marx y Friedrich Engels hacen en la Ideología Alemana al pensamiento idealista alemán, que parte del ámbito de las ideas puras, desconociendo las condiciones materiales, histórico-concretas, como punto de partida del pensamiento. De ahí la tesis de Max de que “no es el pensar el que crea el ser social, es el ser social el que el pensar”.

La preocupación fundamental en Avelino es la búsqueda de una ética religiosa, en la cual el bien supremo es igual a Dios. Para él «la relación entre el bien supremo, los bienes particulares y los valores constituyen esa conexión entre ética y religión (17)». Dios es el enlace óntico entre la religión y la ética. Con lo cual Avelino muestra su concepción  idealista absoluta en su filosofía de los valores.

VALORES Y BIENES

Ahora bien, ¿qué son los valores y los bienes? ¿Qué relación existe entre valores y bienes?

En el sentido de una concepción filosófica materialista histórica, los bienes son cosas y situaciones empíricas reales. Pertenecen al orden de lo material, de lo histórico concreto.

En la concepción filosófica idealista absoluta de Avelino, en cambio, los valores son cualidades o esencias a priori y participados o encarnados en dichos bienes. Los valores, en este significado, metafísico idealista, son autónomos y son la condición para la posesión de los bienes.

La relación entre valores y bienes, Avelino la entiende como una relación de dependencia de los segundos respecto a los primeros. Es decir, su tesis es que los valores determinan los bienes. Dice: «No nos parece que los valores puedan depender de los bienes particulares, ya que estos son productos de aquellos (18)».

Considera Avelino que «[…] si los valores dependen de los bienes, la aniquilación de un mundo de bienes conllevaría la destrucción de los valores relacionados con ese mundo de bienes. Los valores variarían en función de las variaciones y contingencia de ese mundo de bienes. Tendríamos un relativismo ético en que no han querido caer ni Scheler ni Kant (19)».

Entiende el filósofo que es un problema antinómico decidir si es posible que los valores dependan de los bienes particulares: el Estado, la cultura, la Iglesia, etc.; pero para él es ineludible que los valores dependan de un bien supremo, es decir, de Dios.

Su argumento es que «la dependencia de los valores del Bien Supremo, Dios, es una dependencia que conlleva menos consecuencias antinómicas, ya que como el bien supremo no es contingente, no sufre variaciones de ninguna especie y los valores pueden depender de él sin sufrir menoscabo en su carácter de realidades permanentes eternas e invariables (20)».

El empeño de Avelino es buscar lo absoluto, y lo absoluto para él es Dios, Bien Supremo, realidad espiritual trascendente, inmutable, eterna e infinita. Evidentemente que la metafísica idealista occidental, desde Parménides, Pitágoras y Platón hasta San Agustín, los modernos y contemporáneos está presente en este pensamiento filosófico idealista, que raya en el irracionalismo.

Entonces Avelino niega que los valores puedan de- pender de los bienes particulares. Para él es lo contrario: los bienes particulares son productos de los valores. Dice: «Cuando intuimos, preferimos y cumplimos el sentido de determinados valores, realizamos los bienes (21)». Por ejemplo, el cumplimiento del sentido de los valores religiosos cristianos nos da como bien la Iglesia Cristiana. Al cumplir los valores de la justicia y el orden nos el Estado.

Para Avelino la relación entre bienes y valores se da en el siguiente orden: Bien Supremo—valores—Fines.

El razonamiento lógico es el siguiente:

  1. — El Bien Supremo no es contingente.
  2. — No sufre variaciones de ninguna especie.
  3. — Por tanto, los valores pueden depender de él sin sufrir modificaciones.

Los bienes particulares, para Avelino, necesitan de los valores para pasar de la no-existencia a la existencia. «Los valores existen por la necesidad de crear o realizar bienes». Los bienes son el soporte material que permite el cumplimiento de los valores.

«Los bienes —dice Avelino— exigen los valores tanto para su realización como para su mantenimiento, su evolución y su perfeccionamiento; pero ese mantenimiento, evolución y perfeccionamiento de los bienes, no trasforma ni modifica los valores, ni en su estructura, ni en su sentido, ni en su importancia (22)».

La razón de la existencia de los valores se materializa en la relación de los bienes. Así, «Dios, supremo valor y Bien Supremo, siente la necesidad de la creación del mundo y de los valores que encierra (23)».

En Dios se expresan valores y bienes. Pero, «los valores existen como realidades ideales, como esencias jerarquizadas, distintas de las realidades sensibles en que se materializan 24)».

En Avelino es una constante la negación de toda realidad material, sensible. Por eso para él «la existencia entre los bienes y los valores, no es una exigencia empírica, óntica, real sensible […] (25)».

Estamos frente a una metafísica de los valores éticos, esto es, el tratamiento que el filósofo dominicano le da a lo ético es puramente filosófico idealista.

Siguiendo sus ideas en torno a la relación entre el valor y las cosas sensibles, encontramos que para él es inconcebible que lo «agradable-sensible» sea cualidad de valor mismo. Es decir, los valores no son cualidades inmanentes de los objetos materiales, de las cosas, sino objetos ideales, valentes, trascendentes.

Nos dice: «Sin duda el sabor agradable de una manzana o de una piña es valioso para el hombre. Percibimos ese sabor agradable de esas frutas, sólo cuando nos ponemos en un determinado contacto material muy conocido con esas frutas. Pero es antinómicamente problemático afirmar por ello que esas frutas poseen esos valores como cualidades materiales que le pertenecen ónticamente (26)».

Estamos frente a una postura platónica: para percibir lo agradable es necesario ponerse frente al objeto; pero «el sabor agradable» y «el valor de lo agradable» no están en la materialidad del objeto, sino en lo trascendente, esto es, en la idea de lo agradable.

«[…] Las diversas y múltiples vivencias de la agradabilidad —dice Avelino— que sentimos cuando paladeamos una fruta, se reducen en último término a que decimos simplemente: esta fruta es agradable, pero de ningún modo podemos comunicarnos las vivencias deliciosas pormenorizadas de cada una de las infinitas sensaciones vividas en el saborear una fruta (27)». Esta idea nos recuerda la tercera premisa del sofista Georgias, quién dice: «Si algo existe y puede ser conocido, no puede comunicarse a otro». Es decir, si es que la fruta posee el valor de lo agradable como cualidad material que le pertenece ónticamente [idea que rechaza Avelino], dicho valor sólo puede ser vivido subjetivamente.

Se pregunta el filósofo, ¿cómo podríamos reconocer, o mejor aprehender el valor agradable que intuimos cuando saboreamos la fruta si a priori no conocemos ese valor de lo agradable?

Su respuesta es que «[…] el valor de lo agradable sólo se intuye» como una relación entre dos esencias ideales jerarquizadas, como por ejemplo, entre la esencia ideal de lo agradable de una fruta y la esencia ideal de lo desagradable de otra fruta […] (28)».

Es que para Avelino el valor es un ente autónomo, con su propia estructura. Por tanto, «el ser valente no puede ser inmanente a las cosas (29)». El valor trasciende a las cosas, «sólo tiene relación con las cosas (30)».

La intuición para Avelino no es la intuición eidética intelectual de Husserl ni es la intuición material de Scheler, sino una intuición espiritual. La de él es una intuición de lo metafísico, de lo trascendente idealista absoluta.

 

Acerca del autor

Juan Francisco Viloria

Filosofo, sociólogo, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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