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El brexit en el ring

Escrito por Debate Plural

Elsa Claro (Cubadebate, 5-9-19)

 

Usando términos boxísticos y simplificando, Boris Johnson perdió los dos primeros rounds de su batalla para salir de la Unión Europea a la fuerza. A pesar de la actitud desafiante y privada de elegancia con que actúa, el flamante Primer Ministro británico tuvo que apurar un par de tazas del mismo caldo que antes hizo beber a Theresa May, hasta provocar su renuncia y, como esperaba, obtener el cargo.

No ha desestimado en las semanas de su desempeño actitudes airadas y hasta amenazantes, dirigidas a sus propios colegas conservadores. Llevó las cosas de tal modo que 21 diputados tories, se quedan sin militancia. Ese fue el número de “rebeldes” que votaron junto con laboristas, liberal demócratas o nacionalistas escoceses, unidos para impedir lo que parece el peor camino posible para la separación de la UE.

Su decreto para desactivar las funciones parlamentarias hasta casi las vísperas de la fecha tope, provocó la radicalización de quienes ya estaban en favor de usar métodos civilizados, conscientes de los altos costes previstos por economistas y otros expertos, si la separación ocurre sin las resguardos propuestos por Bruselas.

Contra reloj y teniendo de fondo grandes manifestaciones de calle en rechazo a la argucia tan poco democrática formulada por el premier, la Cámara de los Comunes se reunió en agitadas y largas sesiones, lunes y martes 3 y 4 de septiembre. Primero, para impedir que dejen al cuerpo legislativo al margen de una decisión tan relevante, sin convenio ni arreglos ventajosos. Después, aprobaron otro texto para forzar al ejecutivo a posponer la decisión final durante tres meses, tiempo para que el gobierno gestione con la UE el difícil transcurso.

Los temores y convicciones en juego se expresaron en las cifras de las votaciones: 327 votos a favor de hacer las cosas de modo responsable y llano, sin excesos, en tanto 299 se pronunció en contra. Es decir, en la línea propuesta por Johnson de tirar todos los trastes por la ventana.

Otra artimaña del premier se remite a su propuesta de adelantar elecciones. Planea el 15 de octubre para efectuarlas, pero la bancada laborista y todos cuantos se sienten molestos ante las zancadillas y presiones usadas por Johnson, dijeron estar de acuerdo en hacerlas, pero solo si esos comicios se hacen una vez alcanzada la prórroga por solicitar al Pacto Comunitario, (pasarla del 31 de octubre hasta el 31 de enero de 2020) pues una vez atravesado ese límite, el brexit se aplica de forma automática y se instala la versión cerrera, pereciendo cualquier arreglo sin traumatismos.

Existen varios ángulos de los acontecimientos recientes ilustrativos de lo ocurrido y, a la vez, muestra de azares en ciernes. Jeremy Corbyn replicó lo dicho por Johnson cuando este calificara de “rendición ante Bruselas”, el móvil de aquellos opuestos a una separación a lo bruto. El líder socialdemócrata dijo al respecto que el Reino Unido no está en guerra con la UE, luego no es una capitulación, sino realismo político. Corbyn también dejó en claro: “Su gobierno no tiene mandato, ni moral, ni ahora mayoría”. Aludía a que fue electo en una interna de los conservadores, y como se aprecia, tampoco en un cuerpo homogéneo.

Otro criterio muy interesante, poco tratado, provino del exministro de finanzas Phillip Hammond, quien expuso: “Voy a defender mi partido contra recién llegados”, individuos, “en el corazón del gobierno que ni siquiera son miembros del Partido Conservador”. Aludía de esa forma a la eminencia gris tras Johnson, su principal asesor y posiblemente el artesano de las tretas puestas en liza. Su nombre es Dominic Cummings, y se le achaca un enorme desprecio hacia el parlamentarismo.

En los hechos, un divorcio en rebeldía entre el Reino Unido y la Unión Europea implica situaciones comprometedoras. Si son de orden económico los expertos garantizan que el PIB descenderá incluso hasta el 9% de su rango actual. Londres pudiera perder su condición de plaza financiera por excelencia del Viejo Continente. La salida, o disposición a irse, de varias empresas hacia otras sedes, revelan el avance de una incertidumbre y los daños ahora expresados en la caída de la sacrosanta libra esterlina o en la ralentización de la evolución nacional. Algo así como la mitad de cuanto produce el Reino Unido lo vende a sus socios europeos y de ellos ingresa en parecida proporción. Esa interrelación no se cambia en dos días.

Otros daños serios por delante, provienen de la predisposición a separarse si las cosas mantienen el derrotero impuesto. Esto es: Escocia se inclina a la independencia y no se descarta ese camino pudiera para Gales. En ambos, el voto ciudadano en el referéndum del 2016, fue en favor de permanecer dentro de los 28. En tercer e importantísimo término se encuentra Irlanda del Norte, colocada al centro de la discordia (o de los pretextos) para no llegar a una separación armónica.

Los conservadores en general, y Johnson particularmente, ven como una “pérdida de soberanía” mantener un grupo de normas de esta asociación económica continental. No aceptan la fórmula para salvaguardar a la vecina República de Irlanda, uno de los restantes miembros de la UE. La salvaguarda establece disposiciones como mantener la frontera abierta entre el norte y el sur, y un régimen de Mercado Único y Unión Aduanera en ese territorio. El compromiso, trabajosamente pre suscrito por la ex primera ministra Teresa May y los negociadores de la UE, intenta impedir el retorno a la sangrienta etapa entre los unionistas en favor de mantenerse bajo tutela de Londres y los republicanos deseosos de integrarse al resto de la isla, territorio histórico del cual proceden.

Esa disputa, sofocada por los Acuerdos del Viernes Santo, o Acuerdo de Belfast, firmado en 1998, pudiera reavivarse si el delicadísimo tema no se maneja con prudencia. Al parecer, esa eventualidad no es considerada prioritaria por una parte del bando conservador o no les interesa desatar trágicos nudos y cerrar las puertas a la tolerancia y el respeto entre unos y otros segmentos poblacionales. Prefieren, se supone, el riesgo a la tragedia antes que permitir condiciones excepcionales, sí, mas no previstas de por siempre, sino hasta tanto las partes encuentren un soporte aceptable para ambas. Quienes tienen apuro por separarse no aetpan esa cautela y sus contrapesos.

Pendiente queda el resultado de la propuesta ahora sometida a la Cámara de los Lores. Si ellos la aceptan, debe pasar a manos de la reina Isabel II. Se teme, sin embargo, una estratagema a realizar en ese nivel de decisiones por los partidarios de la ruptura abrupta, consistente en introducirle enmiendas a lo presentado por los Comunes, para ganar tiempo y facilitarle camino al premier y su estrategia agresiva. El intervalo es escaso, dada la parálisis del parlamento impuesta por el primer ministro entre el 10 de septiembre y hasta el 14 de octubre.

En juego hay otros cariados elementos. Ante todo, la pérdida o la recuperación del órgano creado en 1215 para conjugar, en una u otra medida, los intereses de los países vecinos antes sojuzgados por Inglaterra, al pasar a regirse todos por un solo poder. En su evolución, intentó conciliar los intereses del absolutismo, con los de la pujante burguesía nacida en estos predios.

Cualquier intento por limitar las potestades legislativas, atenta contra los principios que le dieron vida a una de las más antiguas instituciones de su tipo en el mundo. De ahí las reacciones a escala popular y entre los representantes de las diferentes tendencias, incluyendo a un segmento de quienes promovieron este desfase.

Pero queda mucho por delante, tanto como cuanto se atisba en declaraciones de Johnson quien se dijo dispuesto a valerse de los oficios del gobierno húngaro para sancionar sus intenciones ante la UE. Uno de los temores del pacto, que no es perfecto, pero tampoco le faltan virtudes, es que tras el Reino Unido, otras naciones repitan análoga hazaña. No falta Donald Trump en esta inconclusa historia.

El presidente norteamericano le dio impulso a Boris Johnson mucho antes de que ocupara el cargo actual y para ayudarle con su candidatura primero, en su ejercicio después, prometió un tratado de libre comercio Washington-Londres muy ventajoso. Eso es posible en verso, pero no tanto en prosa. Menos si es de rápido oficio implementarlo. Y es el caso.

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