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Galíndez: el relato de un agente secreto

Escrito por Debate Plural

Guillermo Piña-Contreras (Hoy, 27-7-19)

 

Frente a tantos recursos técnicos, a tantos espejismos literarios en Galíndez, de Manuel Vázquez Montalbán (Santo Domingo: Editora Taller, 1990, 346p.), cabe preguntarse: ¿quién es el narrador? El único personaje que tiene acceso a todas las informaciones, podríamos avanzar. El personaje que conoce la historia de Jesús de Galíndez y de Muriel Colbert, el que intercepta todas las cartas y documentos relativos al caso Galíndez-Colbert: Robert Robards, agente de la “Compañía”.

La hipótesis es sencilla. Un agente secreto cuya función en una operación determinada consiste en coordinar una red de espionaje, tiene, necesariamente, acceso a todo lo que concierne al caso en curso de investigación. Sobre todo, si ese mismo agente fue uno de los que trabajaron, unos veinte años antes, en ese mismo asunto.

En efecto, Robert Robards había investigado la desaparición, en marzo de 1956 en New York, de Jesús de Galíndez. Como todos los personajes que habían participado en el caso, Robards pensaba que el muerto sin sepultura, como se suele llamar al desaparecido intelectual vasco, había sido definitivamente enterrado —si se me permite la imagen— a la muerte de Trujillo. Su entrada en función, poco antes de jubilarse, es provocada por la tesis de Muriel Colbert sobre Galíndez, La Etica de la resistencia, lo que al mismo tiempo le da acceso a todas las informaciones relativas a los pasos de la joven estudiante americana. Es él quien asume la omnipresencia de los servicios secretos por lo cual se puede decir, sin temor a especular, que Robards es quien cuenta la novela. Vale decir que esa función no es tan evidente a causa de los diferentes artificios utilizados por el narrador para, como todo agente secreto que se respete, evitar ser descubierto.

Robards, como todos sus colegas, es camaleónico. Cambia de nombre en diferentes ocasiones. Cuando se encuentra con Voltaire-Angelito, tiene otro nombre, sin que se sepa nunca cuál es el verdadero. El hecho de que se incluya en el relato como personaje es un problema de perspectiva narrativa. Se ve en acción, pero es indiscutible que es él quien cuenta y organiza la novela, como lo revela el texto mismo: “Tal vez ahora que ha terminado el largo combate contra Galíndez y su sombra de muerto sin sepultura, sería el momento de pedir el retiro y volver a ser una rata de biblioteca, incluso tratar de escribir todo lo vivido como si lo hubiera vivido otro” (p.341, itálicas GPC).

Esa revelación de la identidad del narrador, y al mismo tiempo desdoblamiento del personaje narrador, tiene un fundamento lógico en el texto. A ese propósito, dice Gérard Genette, el “narrador casi siempre sabe más que el héroe, incluso cuando el héroe es él, por lo que la focalización en el héroe es para el narrador una restricción de campo tan artificial a la primera como a la tercera persona” (FiguresIII, Seuil, pp.210-211).

Podríamos pensar que sus intervenciones directas en tanto narrador se manifiestan en la utilización de la segunda persona del singular como voz narrativa. Esa voz se utiliza con relación a Galíndez y a Muriel como si se tratara de reflexiones a las respuestas de ellos en el momento de ser interrogados. Podría tratarse también de las reflexiones posteriores de Robards mientras organiza su historia, pues cuenta igualmente su propia historia.

Es Robards, como dije antes, quien sigue los pasos a Muriel. Desde España hasta Estados Unidos, pasando por Santo Domingo. El mismo recorrido que Jesús de Galíndez y hasta la misma muerte, como dice la voz con tono de reproche que se dirige a Muriel: “Ni siquiera Galíndez es un justo que te traspasa su aureola, sino un hombre contradictorio que alcanzó su máxima dignidad en una habitación como ésta” (p.324).

El narrador puede hacer la comparación porque es el único que tiene conocimiento de ambos casos. Pero, al mismo tiempo, es una puesta en abismo de los detalles de la muerte de Galíndez, que no es narrada, sino sugerida (le dieron “chalina”). En cambio, la de Muriel es revelada completamente, y su cadáver, contrariamente al de Galíndez, aparece en una playa de San Pedro de Macorís.
Galíndez es, en fin de cuentas, el informe de un agente secreto cuya sólida formación literaria es puesta de manifiesto en diferentes ocasiones en el texto…

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