Cultura Nacionales

José Ramón López: precursor de la sociología conservadora dominicana

Jose Ramon Lopez (1866-1922)

Por: Juan Francisco Viloria

 

José Ramón López, junto a Pedro Fco. Bonó, puede ser considerado como uno de los primeros sociólogos dominicanos. En el encontramos una gran preocupación por dar explicación racional de los hechos sociales que caracterizaron la sociedad dominicana de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Su concepción teórica se enmarca en la corriente positivista – organicista Spenceriana. Así lo mostraremos en este breve ensayo.

Para José R. López las causas del atraso social de nuestro pueblo hay que buscarlas en factores orgánicos, como la mal nutrición y el origen racial. En su concepción teórica – ideológica, los pueblos que han alcanzado grandes progresos tecnológicos y sociales es porque sus habitantes se alimentan debidamente: es el caso de los Estados Unidos de Norteamérica y Europa del Norte.

“En los pueblos del norte, tanto en Europa como en América, donde se come mucho y tres veces al día, la intelectualidad de los individuos se conserva en un promedio mucho más alto, haciendo capaz el mayor número de vigorosos esfuerzos mentales y musculares”. (El gran pesimismo dominicano. UCMM, Santiago, Rep. Dom., 1973, Pág., 32).

La cita anterior pertenece a la primera obra de José R. López, “La Alimentación y la Raza”, publicada en la década del noventa del siglo XIX.

Lo que para la visión moderna de la sociología es la consecuencia del subdesarrollo, para José R. López, es lo contrario: la causa. Con dicha posición cae en la justificación de la miseria y atraso del pueblo. Tal pesimismo lo conduce a una posición conservadora que propone como salida única abrir paso a las inversiones extranjeras; lo que, a su vez, prepara el terreno en el campo ideológico para justificar las futuras intervenciones foráneas. En nuestro país al igual que en otros de América Latina, vimos primero las inversiones de capitales norteamericanos y luego las intervenciones militares directas, en dos ocasiones.

La ignorancia es producto del hambre: “No será extraño para el investigador la multitud de ideas falsas, mórbidas, que germinan y se difunden en el pueblo como fruto malsano de planta en decadencia”. (IDEM, Pág. 34). El razonamiento lógico es el siguiente: la mal nutrición engendra decadencia e ideas erróneas, lo que conduce automáticamente a crear una mentalidad de inferioridad tanto en el plano filosófico como en el intelectual. Esto engendra, a su vez, un estado de incapacidad para la creatividad y un estado de dependencia espiritual. Puesto que si no se come no se tiene capacidad para pensar y “el pecado que recibe más severa penitencia es el pensar mal”. (IDEM, Pág. 34). “Porque el camino de la cabeza va por el estómago y hay que fabricar primero la cocina que la escuela”. (IDEM, Pág. 36).

Sobre la alimentación del campesino dominicano, en la obra de José R. López encontramos exageraciones y generalizaciones que se convierten en puras especulaciones que traducen los prejuicios de las clases dominantes y sus intelectuales, quienes no comprenden las reales características que definen las condiciones de vida del campesino dominicano y del pueblo en general.

“La mala alimentación de nuestros campesinos –dice López– es tal que con se escasísima y de clase inferior las provisiones que consumen, no es esto lo que más perjudica al organismo. Lo que extermina y degenera especialmente es la irregularidad de la nutrición, los largos espacios que median entre sus comidas, verificándose ordinariamente, casi en todos los lugares, una sola vez al día”. (IDEM, Pág. 36).

Esta concepción lleva a la otra; la que ve al campesino como haragán, avaro y sin capacidad para pensar. He aquí una demostración: “… y desmayándose, con los ojos blancos, avaro y haragán que no gasta o labora para su alimento y le ha rendido la caminata emprendida en ayuna”. (IDEM, Pág. 38).

Según esta interpretación el campesino es un ser degenerado, inferior, no tiene la menor capacidad e interés por desarrollar su intelecto.

Para comprender el llamado de José R. López, de que es una necesidad “de interés publico de primer orden, de orden vital, sacudir, al campesino de la atonía en que ha caído. La riqueza nacional sufre incalculablemente con ese abandono de todas las necesidades de la vida civilizada…” (IDEM, Pág. 40), es necesario situarse en el momento histórico en que produce su obra: la última década del siglo XIX. En dicha coyuntura histórico– social, la sociedad dominicana (los grupos dominantes) necesitaba de la ampliación de la producción y del consumo como condición para la creación de un mercado interno que posibilitara las condiciones necesarias para el fortalecimiento de las relaciones sociales de producción capitalistas. Proceso que se había iniciado con el cambio tecnológico en la producción de azúcar, esto es, el paso del trapiche al ingenio a mediado de la década del setenta del mismo siglo. La ampliación del mercado interno y el avance de las relaciones sociales capitalistas en el país se mantenían frenadas, debido a la no existencia de un mercado interno, falta de vías de comunicación e incremento de las guerras civiles encabezadas por los caudillos regionales.

“La abstinencia del campesino, la pereza muscular y mental en que ella le ha sumido, no solo reduce, como acabamos de anotarlo, la suma de riquezas nacionales, de producción y consumo susceptible de impuestos, sino que sumándolas con las guerras civiles merma la población de la República y su moralidad”. (IDEM, Pág. 41.).

Si se observan bien las palabras de José R. López llegamos a la conclusión de que con ellas enuncia las condiciones que Marx ha enumerado como premisas del capitalismo: existencia de una población en condiciones de vender su fuerza de trabajo (motora de la naciente industria) ampliación del mercado interno, acumulación originaria de capitales, que López la concibe a través de aumento en los impuestos, provocado por una producción y consumo mayor.

Claro, lo expuesto aparece de manera implícita e inconsciente en la obra de José R. López. Son los reclamos de los grupos dominantes del momento encarnados en el autor.

López pasa a presentar los argumentos históricos, que según él son los originadores de los malos hábitos alimenticios y la degeneración de la raza. En primer orden sitúa la sociedad indígena, que para él sus integrantes sumidos en la más espantosa escases; luego los españoles se vieron atrapados en dicho medio, y en tercer lugar pone a los esclavos negros, quienes por su contextura física, que los hacia resistentes, descuidaban el comer. Estos últimos robustecen los malos hábitos que finalmente se agravan por la acción de las guerras libradas entre las potencias en el territorio, y por último, las guerras civiles entre los caudillos. Esta cadena fue la causa inicial de los malos hábitos que, a su vez, se convirtieron de consecuencia en causa, creando, así, un círculo vicioso. Dando lugar, en la concepción de José R López, a la creencia de que “los rasgos principales de degeneración en el campesino son: la imprevisión, la violencia y la doblez”. (IDEM, Pág. 48). Dichos defectos dan origen a otros y así sucesivamente continua el círculo causal.

Para la consolidación de su proyecto original, es decir, la creación de una sociedad burguesa desarrollada o moderna, era necesario crear escuelas de agronomías, que prepararan técnicos. Está proponiendo un modelo agroexportador.

Dicho proyecto lo concibe como proyecto nacional. Cree en la necesidad de educar técnicos acorde con la realidad concreta de la sociedad dominicana. Esto es, los programas educativos deben orientarse a formar técnicos capaces de desempeñar labores prácticas y transformadoras de su medio. Es esta una postura brillante de José R López como pensador de los problemas sociales nacionales.

Nos dice: “la republica necesita una reforma escolar simultánea con la higiene y las costumbres. La educación no es absoluta, sino relativa, y cada pueblo debe recibir lo que corresponda a su estado presente y al porvenir que le presagian las circunstancias”. (IDEM, Pág. 58).

Esta concepción tecnocrática de la educación está ligada a su preocupación por la modernización de la producción y de la sociedad en general, es decir, la creación de una sociedad burguesa. Es herencia del positivismo que le llega a través de Hostos. En Emilio Durkheim, uno de los sociólogos más brillantes que ha dado el pensamiento burgués, encontramos la misma concepción de la educación. En su “Sociología de la Educación” plantea el carácter histórico de la educación, esto es, hace énfasis en la educación como hecho social relativo, propio de cada sociedad.

La tesis de que “toda raza que degenera pierde la independencia, de hecho o derecho, y cae en el poder de otra más poderosa…“ (IDEM, Pág. 62), automáticamente le daba el derecho a las naciones poderosas, imperialistas, en este caso a los Estados Unidos de Norteamérica, a intervenir en nuestro país. Pues nuestra “raza había degenerado” y para su desarrollo eran necesarios los capitales y esos solo lo podían posibilitar los “amos del Norte”.

En “La Alimentación y la Raza” aparecen las bases teórico – ideológicas del pensamiento conservador de la clase dominante dominicana, entre otros términos, se exponen los principios teóricos e ideológicos del pesimismo de la fracción conservadora de la burguesía del país.

La concepción teórico – ideológica de José R. López que hemos analizado en la primera parte del ensayo, corresponde a la primera etapa de su pensamiento. Que tiene su máxima expresión en “La Alimentación y la Raza”. Su obra posterior, “La Paz en la República Dominicana” (publicada en 1915), presenta modificaciones sustanciales en cuanto a su valoración de las causas generadoras de la situación social de pobreza del campesino dominicano. Aun cuando persisten algunos elementos teóricos – ideológicos de la primera obra, en esta última plantea razones diferentes en relación al origen de la miseria del campesino. Lo mismo ocurre con otros aspectos, que en su tratamiento presentan un notable progreso.

A continuación expongo en síntesis los principales planteamientos de José R, López en “La Paz en la República Dominicana”.

Por primera vez se observa en los escritos de José R. López que:

  1. Muestra confianza en el pueblo,
  2. Se pronuncia por las condiciones de vida del campesinado,
  3. El pueblo no es culpable de insurreccionarse, los obligan las condiciones sociales,
  4. Se pronuncia por lo que entiende como perdida de la moral y diferencia intelectual.

Por otra parte, persiste su modelo de análisis organicista Spenceriano: Hace énfasis en la idea de progreso, es partidario del derecho positivo, de la economía y de la sociología; ve la sociedad como suma de individuos (sociedad – cooperación).

Persiste en su preocupación de desarrollar en el país un modelo de economía agro – exportadora. Es constante en él recurrir a la historia para explicar los acontecimientos sociales.

En otra dirección, es notable su idealismo que contrasta con su positivismo. Así, atribuye a la incomprensión la causa de las guerras civiles: sobredetermina el papel del individuo en la historia e insiste en la idea de pacto social (pacto entre individuos es igual a cooperación política).

La ruptura con su antigua concepción sobre el campesino dominicano (sostenida en “La Alimentación y la Raza», 1896), se aprecia en la siguiente cita tomada de la “Paz en la Rep. Dom.”, dice: “Es una leyenda calumniosa la de que el campesino dominicano es un hombre haragán. Lejos de eso, el esfuerzo muscular que realiza cada día es: verdaderamente admirable y en las fincas de caña de Macorís ha podido ser comprobado y puesto fuera de discusión que el labriego dominicano realiza en cada tarea el doble de trabajo que los labriegos extranjeros allí empleados y esto es tanto más admirable cuanto que el campesino dominicano, en la generalidad de los casos, está pésimamente alimentado”. (El Gran Pesimismo Dominicano, UCMM pág. 131)

La miseria del campesino dominicano tiene sus causas en el tipo de organización social y en las condiciones materiales de existencia.

“Lo que sucede —dice López— es que la suicida organización social que padecemos lo mantiene en la ignorancia más absoluta, La agricultura que conoce ese campesino es rudimentaria, primitiva hasta más no poder. Desconoce por completo las máquinas agrícolas, ignora la eficacia del abono; no dispone de más instrumentos que el machete, el hacha y la azada; y jamás ha arado el terreno al cual confía la simiente. Para riegos, las nubes, salvo raras excepciones en Bani y en la frontera», (IDEM pág. 131-132).

Dichos planteamientos muestran a José R. López como uno de los primeros sociólogos del país. Conjuntamente con Pedro Fco. Bonó, es una de las figuras cimeras entre los precursores de la sociología dominicana.

Por último, debo significar que el denominado “pesimismo dominicana» no existe. Es una generalización gratuita: el pueblo dominicano nunca ha sido pesimista. Pesimista ha sido y es una fracción de la clase dominante: “la conservadora”.

Notas Bibliográficas

  1. — Spencer, Herber. “La Ciencia Social”. Editorial For, Rio de Janeiro 760, Buenos Aires, 1942. La tesis fundamental de Spencer dice que “los fenómenos sociales resultan de la acción combinada de “elementos externos” como la temperatura la constitución geológica del suelo de-cada-región y de “elementos internos”, tales como los caracteres físicos, morales e intelectuales de los individuos componentes de una sociedad”, pág. 9.
  2. — Marx, Karl. “El Capital”. Fondo de Cultura Económica, 1962 Tomo I, pág. 607. Dice: “La acumulación de capital presupone la plusvalía, la plusvalía, la producción capitalista y ésta la existencia en manos de los productores de mercancías grandes masas de capital y fuerza de trabajo”, y sigue diciendo, “todo este proceso parece moverse en un círculo vicioso, del que sólo podemos salir dando por supuesto una acumulación originaria anterior a la acumulación capitalista…una acumulación que no es resultado, sino punto de partida del régimen capitalista de producción”.
  3. — Hostos, Eugenio M. “Moral Social”. Colección Pensamiento Dominicano. Julio D. Postigo Editores. Santo Domingo, R.D. 1968, pág. 41. Dice el maestro Hostos “El primer Órgano es el individuo. Es un ser viviente, compuesto por los órganos ya descritos, que compone por si solo un organismo de organismos. El individuo es a la vez causa y efecto de la sociedad…” y en su Tratado de Sociología”. Colección Argentina de Sociología tiene como objeto “el estudio del medio social, como resultado lógico, de las leyes naturales de la organización social”.
  4. — Durkheim, Emilio. “Educación y Sociología”. Editora Lino Tipo, 1979, pág. 15. “La Educación es cosa social; es decir, que pone contacto al niño con una sociedad determinada, y no con una sociedad in genere”.
  5. — Como ejemplo de otra línea de pensamiento, es decir, de pensamiento liberal, podemos consultar las obras de Hostos, Bonó, Espaillat, Luperón, etc.

 

Acerca del autor

Juan Francisco Viloria

Juan Francisco Viloria

Filosofo, sociólogo, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

Dejar un comentario