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Propuestas para una defensa de la cultura en el exterior (y 2)

Tomás Modesto Galán

Alguien diría en su sano delirio: Hay aceras donde falta mi nombre.  Hay bustos suficientes donde aún no veo mis ojos asombrados. Es el fascismo de un Real State cultural que no cuestiona la ausencia.

Hay suficientes ruinas para mansturbar la esperanza. Ya es hora de que se entreguen  nichos gratis para los consagrados a la soledad. Un paseo de lujo con la máscara de un payaso perverso y la cabeza del emisario del César sensual, el Señor Pompeo, patinando por la calle El Conde y demandando respeto a la democracia criolla y que vengan los oficiales de inmigracion por el Bronx para saludar a los suicidas sin ciudadanía, y a los demorados en algún país sin fines de lucro. Que se haga una traducción al creole de cualquier libro sobre el lado oscuro de la luna. Ahí está la sombra de la diáspora.

Que los ministros sin cartera sigan multiplicándose como el arroz con leche y que los poetas traigan sus poemas sobre la reforma de la constitución, con algunas copias de los próximos nombramientos, y que muestren sus alcancías vacías con un elefante hermoso. Fichar a aquel genio que pinta perfiles para la opresión. Que se dejen tocar para ver si son reales.

Declarar vitalicio a quien haya hecho de su gestión una dictadura horizontal perfecta. Ocultar poéticamente cualquier robo de salarios a plena luz del día. La noche sólo es buena para cerrar la Casa Verde por una hora infinita, y tocar las alarmas de un fuego sano y aterrador que nunca llega hasta que un curso sobre ecología de la razón demuestre que es injusto ese reality Show de la mentira abundante. Demoler la casita para levantar un nicho autónomo, robusto que demuestre estar descontaminado de ese oficialismo inútil y politiquero donde solo la mentira es vitalicia.

Que los cónsules comprometidos con otra imaginación menos depredadora paguen por los platos rotos, incluyendo los embajadores alternos, agregados culturales internos, donde nadie usurpe las servilletas de los baby s Showers, las velas de una cultura muerta de risa, borracha de estupefacientes a la española. Adecentar el velorio para dejar de violar al muerto de turno con un poema que ya no da más placer que risa. El sarcasmo es más ineficaz que la ironía del feudo de lugar. Que la comunidad deje de ser banal, y no una sociedad de escritores invertebrados, vendidos por un boleto de avión o una temporada en el vacío nacional que cuida más los viáticos que la cultura popular.

Que se haga una investigación sobre las antologías que faltan. Que se elimine un reconocimiento por mes. Que se declare una moratoria para imprimir diplomas que nadie se ha ganado o el tráfico ilegal de pergaminos absurdos. Que se haga una auditoría minuciosa para saber si hubo otras auditorías posibles y secretas en la Casa Verde. Que se le otorgue un avión de papel privado a quien investiga si los últimos premios fueron fallidos o fueron ficticios y si volveremos a participar en otra velada mortuoria que dependa de fondos públicos inexistentes, de origen y destino sospechoso. Cuestionar con arrogancia el principio de hacienda y los cementerio pagados en otra sociedad de poetas muertos. Qué tribunal de la imaginación se atreverá a juzgar esta inteligencia sicaria?

Hace falta una auditoría de las auditorías que los ministros olvidaron. Que un miembro del partido del partido, del otro partido de la otredad de las últimas entelequias, renuncie como un ejemplo de que la miseria cuenta con la complicidad de la locura, aunque dé más resultados descontaminar el manicomio cerrado del kilómetro 28, hasta nuevo aviso. Divorciar la falta de apariencia entre ser un instrumento de perdición para otro país al servicio de la miseria del otro.

Hay que investigar el negocio delicioso y delicado de las ruinas culturales y el matrimonio colonial de tener la casita de ultramar como Casa de contratación de semillas furiosas para hacer turismo cultural en la luna. Aplaudan la falta de una solución práctica del almacén de libros que nunca llegan a las bibliotecas del país que nunca existieron antes de salir del país, o que se exporten a la madre patria hispánica para alfabetizar la generación perdida para el censo o se escondan en hogares cultos, a ver si lloramos con gritos a un descuento de un 10%. Una nube de especiales diseminados para la frontera de la locura.

Hay que actuar rápido antes de que el fuego queme el altar del paraíso terrenal de la cultura en calzoncillo y hacerle caso aunque sea durante el sueño a la gran propuesta imposible de discutir de verdad. Cuestionar el origen de la locura oficial. Vestidos de luto, amenazado por un gagá internacional con iniciativas para un Dembó, una guira auténtica en la cartera y un juicio sumario a quienes queman las agendas de una discusión pública y abierta con la diáspora sobre la necesidad de quemar la constitución pragmática y sacar por una hora la del profesor Juan Bosch para divertir a los caídos al revés.

La actual tampoco existe porque es carne de cañón para que los notarios públicos encuentren algo que sea verdaderamente institucional en el exilio exterior o en el interior. Solo otro humor poético servirá para tentar a los sordos y a los ciegos a compartir con los que combaten la impagable deuda eterna, trabajando tres tandas al día para que no falten las remesas del día de la independencia insostenible y la restauración que le salva el moro a los historiadores del paraíso.

Acerca del autor

Tomás Modesto Galán

Tomás Modesto Galán

Escritor dominicano que reside en Nueva York desde 1986. Fue profesor en la UASD antes del 86. Enseña en York College (recinto de Cuny, desde mediados de los 90). Gano el premio de poesía Letras de Ultramar 2014 con su obra poética: Amor en bicicleta y otros poemas.También obtuvo el premio Poeta del año 2015, otorgado por el América 's Poetry Festival de Nueva York. Es el autor de la novela Los Cuentos de Mount Hope, publicada en el 1995. Presidente de la Asociación de Escritores Dominicanos en Los Estados Unidos, (ASEDEU)

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