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Propuestas para una defensa de la cultura en el exterior (1)

Tomás Modesto Galán

In memoriam al Dr.Hugo Tolentino, historiador de historiadores, educador de generaciones, pionero de otro concepto revolucionario de historia dominicana que tanto hace falta hoy a las nuevas y viejas generaciones.

 

“Los prejuicios de los grandes

son las leyes de los pequeños”

D”Holbach – Textes Choisis

Raza e Historia en Santo Domingo

Hugo Tolentino

 

Faltó una bola de cristal para ubicar al misterioso Comisionado Vitalicio de Ultramar, al igual que gran parte de la alta empleomanía del país, y proponerle trabajo social de verdad. Otra promesa de servicio al cliente frustratoria. Lo que sobra en El archivo general de la nación, falta en cualquier ventorrillo oficial. Al diligente funcionario en desgracia con el ministro de cultura le faltó un avión privado y una estadía más larga para que se concentrara en la gestión de encontrar una solución al impasse creado por la falta de crédito económico y moral para solucionar el déficit que afectó a los ganadores de los Premios Letras de Ultramar 2018.

Pasaron cuatro largos meses y no llegó el dinero del ministro de Cultura, ingeniero Eduardo Selman, ni siquiera arribó una yola blanca con una remesa vacía para los poetas ganadores de esta derrota espectacular, Roselina Benjamín y Leonardo Nin. La espera del poema de la patria fue infinita, desconcertante y humillante. Por fortuna, tampoco hubo lágrimas sangrantes. El ministro de cultura del imperio nacional de nuestra media isla no tiene misericordia. No le importa el destino de una de las tantas instituciones simbólicas del feudo del exterior. De esta no se sabe si es una célula del partido o un antro reeleccionista de Gana con Danilo. Pero tranquilos, señores. Llegó la hora de las propuestas engavetables. Los hombres invisibles gozan de más salud amoral que los visibles. Solo aparecen a la hora de alimentar la cartera de ilusiones tormentosas para atacar cualquier súper mercado o usurpar su puesto preferido con una risotada.

Aquí hay algunas propuestas para una locura más sana que se interrogue sobre los abusos del poder ciudadano en el exterior de nuestros aposentos internacionales, sin temor a una cancelación o a la interrupción de un periodismo interesado en sabotear la mentira de su agónica existencia. La verdad ya hastía a los poetas oficiosos que todavía creen que somos buenos para alimentar la pasarela reeleccionista del negocio oficial.

El cáncer amoral ya no es físico. Por vanidad de la soledad besamos a los santos para estar seguros de que Dios aún finge existir. El cadáver de su hijo pródigo, acostado sobre un banco de la catedral de Saint John the Divine es la primera advertencia del triunfo rotundo de una sensualidad mercenaria, hoy en el poder mundial. Le negaron el Daca a Jesús en esta vida y lo deportamos en la otra.

Examinen el glamour del monolinguismo de la razón. Ayuda a entender el monopolio de la inseguridad. Es urgente una demanda pública contra quienes roban espacio en el interior de cualquier fosa común. Ahora no podemos echarle la culpa a los colonizadores españoles del siglo XVI-XVII ni a los gringos de hoy. Un tema actual pudo haber sido cambiar el nombre de la calle Nicolás de Ovando por la avenida Lemba o Jacques Viau Renaud con una Plaza descolonizada en el barrio de Cristo Rey.

En el 2019 no nos asociamos para conquistar la antigua madre patria. La de Federico García Lorca y Miguel Hernández era una mas secreta. Los españoles de hoy nos vencieron. Nos confabulamos con la politiquería para hundir la cabeza bajo el lodo de la cultura de la mentira. El falso merengue trasladado a la parte hispánica de la península ibérica hizo su trabajo. Una parte de la literatura de la diáspora es una burla oficial, un addendum decidido en secreto. Llámese poesía incompleta, acrósticos, antologías que segregan la añoranza, premios nacionales aunque digan que el bochorno es solamente nacional, indiscreto, ilegítimo, absurdo, muchas veces obtenido sin ninguna justificación.

Como hace falta una utopia de la mentira, hay que investigar legitimidad de los jurados literarios misteriosos, armados con prisa para una matanza espiritual perfecta. El ministerio de la cultura de la desverguenza ha quedado endeudado por algunas violaciones sin respuestas. La interrogación es un arcaismo del poder. Los ganadores aún aguardan por el último premio de Las letras de Ultramar en bancarrota y que por favor, incluyan los viáticos de un viaje sorprendido por la ambición de pagar lo que se debe en un pretérito hipotético menos ficticio. No es este un robo a mansalva a la razón de la cultura migratoria? A quién le duele este robo callejero?

Los poetas Roselina Benjamin y Leonardo Nin ya se cansaron de esperar la rueda de la fortuna. Durante 4 meses aguardaron en el remanso de la indignación y la paciencia de cualquier Job. No hizo falta ponerle suero a su arte. La gestión mediadora del Comisionado de cultura de USA terminó en un estado fallido. Al otro lado del aquí o del allá, la rueda monótona y vacía arroja otros premios sin importancia. Un premio desprecia al otro. Ese es el estado de la cultura que pagan los contribuyentes desterrados.

El reparto es una ley de la selva. Un oficialismo acrítico protege las cuotas partidarias de las victorias sospechosas. La politiquería le quita glamur y valor a unos premios basados en la segregación y en la falta de independencia crítica e intelectual. Ese estado de corrupción afecta a los dominicanos desnacionalizados por la política imperialista de un estado que criminaliza a los que ponen en alto la verguenza del país para no solucionar una guerra política fálica en el interior del partido (casi único) que exporta la misma ausencia de democracia a los parajes de la confusión.

Una vez más faltaron los hoteles prometidos por las bases falsificadas que fueron violadas una vez más. Faltó el diploma del desconocimiento. Sobró el caprichoso desdén. La moral institucional descendió a cero. A otros héroes del pasado les entregaron calles oscuras y llaves ganadas con el sudor de la brutalidad de los dedos de la inconciencia.

Acerca del autor

Tomás Modesto Galán

Tomás Modesto Galán

Escritor dominicano que reside en Nueva York desde 1986. Fue profesor en la UASD antes del 86. Enseña en York College (recinto de Cuny, desde mediados de los 90). Gano el premio de poesía Letras de Ultramar 2014 con su obra poética: Amor en bicicleta y otros poemas.También obtuvo el premio Poeta del año 2015, otorgado por el América 's Poetry Festival de Nueva York. Es el autor de la novela Los Cuentos de Mount Hope, publicada en el 1995. Presidente de la Asociación de Escritores Dominicanos en Los Estados Unidos, (ASEDEU)

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