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Control hegemónico depredador: las élites mulatas haitianas (6)

Angel Moreta
Escrito por Angel Moreta

Por: Angel Moreta (Autor-Editor)

 

La revolución haitiana constituye el resultado histórico de un conjunto de luchas sociales que se desarrollaron entre los años 1791 y 1804. En ese año culminó dicho acontecimiento, los cuales se desplegaron bajo la inspiración de aquellos revolucionarios que la liderearon contra el sistema colonial esclavista instaurado por más de 200 por la metrópolis de Francia en la parte occidental de isla de Saint Domingue.

El sistema esclavista, junto con las demás colonias del Caribe imperial francés, era fuente de la tercera parte de los ingresos de Francia. La población esclava, que era el estrato social más bajo de esa sociedad criolla, decuplicaba a toda la población libre y representaba la mitad de la población total de esclavos en el Caribe, y se ha calculado aproximadamente en un millón de habitantes.

La revolución haitiana, fue calificada por Juan Bosch en su libro el Caribe: Frontera Imperial, como un acontecimiento histórico de carácter social, racial y político; es decir, un conjunto de rebeliones que se desarrollaron a lo largo de catorce años. Las potencias occidentales de la época no procedieron a reconocer inmediatamente el hecho de la independencia de Haití, producto de la rebelión antiesclavista; y no perdonaron una revolución radical, por lo cual le impusieron como castigo bloqueos internacionales que duraron muchos años, y negaron las posibilidades de desarrollo del naciente Estado haitiano; por ejemplo, los gobiernos de los Estados Unidos, vinieron a reconocer la independencia de Haití cincuenta años después, en 1862. Ya podemos imaginar lo que sufrieron los sucesivos gobiernos haitianos hasta el último cuartil del siglo XIX. Todavía los gobiernos de Francia esperan un pago por parte de Haití destinado a “compensar” los daños y “perjuicios” que supuestamente había producido el hecho revolucionario al patrimonio de Francia.

Mayor cinismo no se quiere de una pretensión inútil y canallesca. Cuando el presidente francés Holland pasó unas horas por Puerto Príncipe, le recordó al presidente haitiano Martelly la deuda que esta nación supuestamente tenía con Francia. Martelly hizo silencio, no se atrevió a responder a la antigua metrópolis de manera merecida, tal vez por falta de carácter y miedo, o por prudencia con el visitante.

Pero el caso es que los grupos mulatos burgueses hegemónicos por muchas décadas en Haití, tienen veneración por Francia, tienen excesiva consideración y tanto es así que esos grupos entreguistas pero explotadores del pueblo haitiano, se complacen en estudiar en Francia o la parte francesa de Canadá, y no puede ser de otra manera dada su mentalidad neocolonialista y sumisa y aliada al imperialismo EU, sacrificando lo que podía ser un destino republicano independiente, una actitud en defensa de la soberanía y una defensa de los recursos económicos propios de Haití.

Esta situación se evidencia, pasados los años, en la actitud  del entonces embajador de Haití en República Dominicana, Daniel Supplice, quien en una carta enviada en julio del  año 2015 al presidente Martelly, calcula que en 210 años continúa vigente el estado de opresión, valga decir explotación social; el estado de ignorancia y de analfabetismo del pueblo haitiano en toda su extensión.

El experimentado diplomático cayó en desgracia al exponer al presidente haitiano, el drama social y humano prevaleciente en la sociedad haitiana y en República Dominicana en relación con el problema de identidad del pueblo haitiano, enfatizando en que el Estado de su país no ha podido  ni se ha propuesto desarrollar la ciudadanía haitiana; y por ende, desde hace más de 200 años, no ha podido o no ha querido entregar la burguesía mulata a los ciudadanos de ese país sus actas de nacimiento, que les permitirían probar que tienen existencia.

A lo largo del tiempo, algunos sectores de la masa de  esclavos liberados del sistema de la esclavitud en las ciudades, se desarrollaron como élites mulatas haitianas, grupos corporativos dominantes, que fueron adquiriendo preeminencia social y hegemonía, hasta llegar a los días contemporáneos al nivel de estamento social dominante en la sociedad haitiana.

Hasta el presente, las élites mulatas lograron con el tiempo asumir el control hegemónico del poder político y del Estado haitiano. Se han desarrollado, antes de la dictadura del presidente Duvalier, y después de la caída, como estamentos privilegiados controladores y detentadores de la hegemonía, del control y de la dominación del Estado y de la sociedad de ese país.

Prácticas neocoloniales

Decíamos en trabajos anteriores, entre ellos el artículo titulado “Continúa la intensa explotación social del pueblo haitiano”, que las élites políticas egoístas y contradictorias haitianas, exhiben una mentalidad y unas prácticas neocolonialistas en relación con su propio pueblo.

Decíamos que es necesario desarrollar como proyecto de conocimiento, como tesis política y materia de investigación el tema que estamos tratando, tendente a una caracterización sociológica y antropológica de las élites mulatas dominantes haitianas.

Es necesario profundizar en una labor de investigación mediante la cual procuremos desarrollar una sociología de la hegemonía de las élites haitianas como ángulo de análisis no explorado todavía mediante el trabajo de campo, en lo relativo a los aspectos históricos de las relaciones económicas y políticas con República Dominicana.

Actualmente tenemos un resultado histórico negativo; y son los niveles de explotación económica y social del pueblo haitiano, al cual las élites mulatas controladoras le arrebatan a ese pueblo todas las oportunidades de desarrollo, manteniéndolo en la pobreza absoluta, en la opresión y el desamparo social; mediante una lógica de expropiación y de miseria, pueblo carente de lo indispensable para vivir y reproducirse fuera del contexto del hambre y la desesperación.

Mientras tanto, gobiernos van y gobiernos vienen, y debido a que responden a las necesidades egoístas de las élites mulatas dominantes; y ninguno resulta capaz de comenzar el despegue hacia el desarrollo del pueblo a niveles más altos de vida económica y social.

Los responsables de esta situación, en un país intervenido por los estados capitalistas hegemónicos, principalmente los Estados Unidos, son los funcionarios que se ocupan principalmente en sus negocios privados.

En el trabajo aludido, de fecha 5 de agosto 2015, iniciamos una caracterización sociológica de las élites haitianas, que lleva a una antropología de esos grupos políticos en su cotidianidad, donde se juntan altos niveles de enriquecimiento ilícito, lavado y apropiación privada de la riqueza pública, incluyendo capitales provenientes del contrabando, negocios espúreos y tráfico internacional de estupefacientes, de armas y  mercancías.

Las élites políticas haitianas tienen prácticas esencialmente egoístas con respecto a su propio pueblo; pretenden sacar provecho personal y político de enfoques nefastos y difamatorios contra sus vecinos. Saquean cotidianamente al pueblo haitiano, que hoy sobrevive, en medio del flagelo, de la miseria y el hambre.

Resultados históricos negativos

Esas élites y grupos comerciantes y políticos, hacen negocios de importación de alimentos desde Miami, Puerto Rico y otros lugares de Estados Unidos; trafican con mercancías y comestibles desde la República Dominicana, formando emporios comerciales orientados a la especulación, el dumping y el agiotismo, con la participación y la complicidad de las altas esferas gubernamentales haitianas, las cuales depositan fondos y capitales que obtienen de préstamos y donaciones internacionales; y las depositan y protegen en bancos europeos, norteamericanos, de Gran Caimán y República Dominicana, con la protección cómplice de los países capitalistas hegemónicos de economías neoliberales.           

Son grupos expoliadores y embaucadores, que extraen la sangre del pueblo haitiano día tras día; la mayoría de esos grupos económicos y políticos,  (duvalieristas y ex-duvalieristas), son parte de la clase dominante haitiana, funcionarios y comerciantes corruptos que viven de las consignaciones y del contrabando (buorguesie consignataire); tienen mansiones y villas en Bávaro, provincias La Romana e Higuey, República Dominicana, haciendo también negocios, muchos de ellos fraudulentos y lesivos a la dignidad de la República Dominicana; y ofensivos a la seguridad y tranquilidad del pueblo haitiano.

Realizan negocios ambiguos, sucios o espúreos, que les producen enriquecimiento ilícito, todos contra el pueblo y la nación de Haití, que merecen mejor suerte frente a la malicia, la avaricia y la ambición política y económica de estos grupos mafiosos.

Son esos mismos grupos dominantes y hegemónicos, en complicidad con élites dominicanas, los que mantienen la explotación económica y social del pueblo haitiano, que se ve obligado a emigrar en masa hacia la República Dominicana y otros países (véase la encuesta de la Oficina Nacional de Estadística, ONE 2014, sobre las condiciones de pobreza de las mujeres inmigrantes haitianas, empujadas a emigrar por causa de las difíciles condiciones económicas.

Por esas razones, cuyos fundamentos ameritan un desarrollo histórico y sociológico, es que decimos que el control hegemónico depredador (CHD) de las élites políticas haitianas, hacen necesaria una segunda revolución haitiana que permita la modificación estructural, el trastorno y la liquidación radical del estado de cosas a que nos venimos refiriendo.

La insostenible ideología del “Estado” fallido

Cientistas sociales latinoamericanos que sirven al orden imperial en nuestro continente, se han prestado maliciosamente a fundamentar la tesis de que el Estado haitiano constituye un “Estado” fallido.

A la luz del marco sociológico que hemos venido trazando en esta serie de artículos, se puede afirmar que la tesis del Estado fallido obedece a un enfoque distorsionado que busca justificar una visión de la sociedad haitiana como ente calamitoso, frustrado, sin potencialidades históricas para buscar el desarrollo de un Estado soberano, independiente de la injerencia extranjera, particularmente de los EU, un Estado con fundamento republicano, democrático y libre de la esclavitud impuesta por las potencias occidentales.

Haití ha sido castigado por estas potencias, que han sustraído sus riquezas económicas sobre la base de una inversión capitalista orientada a la apropiación de tierras campesinas para instalar la industria azucarera, proceso social analizado por Gerard Pierre Charles (lamentablemente fallecido en Haití después de haber vivido más de 40 años en México con la socióloga Susy Castor). En ese proceso los inversionistas azucareros norteamericanos, en la década de 1930, conjuntamente con los grupos burgueses mulatos dominantes, llevaron a cabo un genocidio mediante el cual asesinaron más de 25 mil campesinos haitianos, y en la misma década se produjo en 1937 en República Dominicana otro genocidio ordenado por el dictador Trujillo, produciendo una cantidad de muertos indeterminada todavía.

Como se ve, nos oponemos a la tesis del Estado fallido y más bien nos inclinamos por la tesis del Estado frustrado por las acciones y alianzas de las elites mulatas con las políticas imperiales de los EU. Estado frustrado por la agresión imperialista, la ocupación y la intervención militar de los EU, que no ha podido alcanzar niveles de soberanía, de independencia y de respeto en la comunidad internacional.

En otro trabajo desarrollaremos más ampliamente la tesis de que constituye una ideologización vana producida por alabarderos pseudo científicos o “científicos canallas”, que procuran confundir teóricamente y detractar aún más al pueblo y al Estado haitianos. (Continuaremos).

Acerca del autor

Angel Moreta

Angel Moreta

Angel Moreta, jurista, sociólogo, y filósofo; Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), República Dominicana, Autor-Editor de Debateplural.

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