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Haiti: Lo que la luchadora social Sonia Pierre no pudo comprender (3)

Sonia Pierre
Sonia Pierre
Angel Moreta
Escrito por Angel Moreta

Por: Angel Moreta (Autor-Editor)

 

La gran mujer y luchadora haitiana Sonia Pierre nunca pudo comprender, a lo largo de su vida de reivindicaciones, y a pesar de sus buenas intenciones, que las luchas sociales a favor del pueblo haitiano tenían que desarrollarse en territorio de ese país contra las élites mulatas políticas y empresariales hegemonicas que, asociadas entre sí de manera orgánica, roban y sustraen fondos y donaciones que llegan a esa nación desde otros paises.

A esas élites depredadoras del patrimonio del pueblo haitiano nos hemos referido en los artículos anteriores, donde hacemos referencia a la necesidad que tiene el pueblo haitiano de avanzar mediante una segunda revolución; pero el 90 % de ese pueblo está en condiciones de analfabetismo y las universidades no son un factor de progreso o avance de los sectores medios debido a la matricula cerrada que tienen esos centros.

Esto quiere decir que los caminos están cerrados y que las luchas reivindicadoras sociales y políticas tienen que realizarse a partir de las actividades revolucionarias y organizativas de los intelectuales haitianos.

Los intelectuales haitianos en gran parte han sido un sector de preocupaciones históricas y sociales: fueron ellos los primeros en fundar un partido comunista a inicios de la década del 1920; han sido mucho más avanzados que la intelectualidad dominicana de esos años.  Como consecuencia, muchos de ellos murieron envenenados, torturados, en prisión, perseguidos y asesinados de manera cruel.

Ahí están los casos de Jacques Roumain (1907-1944) y Stephan Alexis (1922-1961), que murieron muy jóvenes, perseguidos, acosados y en destierro en países extranjeros. El pueblo haitiano le debe a dos intelectuales muchas cosas significativas, incluyendo la creación del partido comunista, en un momento en el cual la intelectualidad dominicana no pensaba en el socialismo (salvo el caso de Adalberto Chapuseaux, fallecido en 1948, y calificado como «el primer comunista dominicano», por Emma Tavarez Justo); ni en la fundación de un partido comunista; solamente teníamos a un obrero de San Carlos y sus amigos, Adalberto Chapuseaux, que divulgó elementos de la revolución rusa de 1917 en sus dos libros “El por qué del Bolcheviquismo” y “Revolución y Evolución” 1924.

Sonia Pierre (1963-2011), llamda también Solain Pie, desarrolló su vida con acciones de solidaridad hacia los oprimidos haitianos, pero nunca quiso comprender, sea por conservadurismo ideologico o por temor a las persecusiones, que las luchas sociales ella tenía que desarrollarlas en Haití contra las élites depredadoras mulatas que, aliadas al imperialismo y como delfines de la Casa Blanca, saquean el patrimonio nacional hasta el día de hoy. Sonia Pierre Prefirió hacerse dominicana y luchar en territorio dominicano.

Los niveles de explotación económica y social del pueblo haitiano obedecen a una lógica de expropiación y  acumulacion originaria, una logica de miseria y privacion, que mantiene en la pobreza absoluta, carente de lo indispensable para vivir, y afectado por el hambre y la desesperación, a las comunidades haitianas.

Hasta en las fotografías contenidas en los distintos informes internacionales, hipocritas o no, todos carentes de objetividad, se percibe que la población infantil en la frontera de República Dominicana y Haití, en la llamada carretera internacional, se juegan la vida muchos niños para pedir a los visitantes comida o cualquier dádiva, y en su desesperación, los menores corren kilómetros descalzos persiguiendo los vehículos de los trashumantes.

La explotación económica y social del pueblo haitiano representa un cuadro  indescriptible de una situación humana que llega a niveles espantosos, y que no llama la atencion de las naciones poderosas, que se complacen con contemplar un escenario dantesco sin tomar iniciativas de respeto a los derechos humanos que proclaman hipocritamente defender.

Gobiernos constituidos por las élites mulatas van y vienen; y ninguno resulta capaz de comenzar el despegue para el desarrollo del pueblo haitiano hacia más altos niveles de vida económica y social y de civilizacion.

Los responsables de esta lamentable situación, en un país intervenido y agredido por los países capitalistas hegemónicos centrales, entre ellos principalmente el ex invasor y ocupante militar Estados Unidos de Norteamérica, son los funcionarios de esos gobiernos que se ocupan primordialmente de realizar ventajosas negociaciones comerciales internacionales con dineros y fondos públicos.

Las élites haitianas, que ameritan ser denunciadas en el mundo entero,  aliadas a los poderes imperiales, han saqueado al pueblo haitiano, que hoy supervive en medio del flagelo de la miseria y del hambre. Esas élites egoístas y grupos comerciantes y políticos, hacen negocios de importación de alimentos desde Miami, Estados Unidos; y trafican con mercancías y comestibles desde República Dominicana, formando emporios comerciales orientados a la especulación, al dumping y al agiotismo, con la complicidad de las altas esferas gubernamentales haitianas.

Estas depositan dineros en bancos extranjeros y sacan de la economia haitiana sumas en dólares, provenientes de préstamos internacionales,  de donaciones y aportes solidarios extranjeros. Esos grupos políticos depositan y protegen en bancos europeos, norteamericanos, de Gran Caimán y República Dominicana, sus capitales mal habidos producto del enriquecimiento ilícito y del trafico de influencia con la protección cómplice de los países capitalistas hegemónicos de economías neoliberales.

Son grupos antinacionales, de expoliadores y embaucadores, que extraen la sangre del pueblo haitiano día tras día; la mayoría de esos grupos económicos y políticos,  duvalieristas y ex-duvalieristas, y neoduvalieristas, pero en todo caso parte de la clase dominante haitiana, son grupos de funcionarios y comerciantes corruptos que viven de las consignaciones y del contrabando (buorguesie consignataire); y tienen mansiones y villas en Bávaro, provincias La Romana e Higuey, República Dominicana, haciendo también negocios, muchos de ellos fraudulentos y lesivos a la dignidad de la República Dominicana; y ofensivos a la seguridad y tranquilidad de ambos pueblos.

Negocios ambiguos y poco transparentes, producto de la guerra sucia o espùrea, sin niveles de competitividad comercial, que producen enriquecimiento ilícito mediante extorsión y fraude, contra el vecino pueblo de la nación haitiana, que merecen mejor suerte frente a la avaricia y la ambición política y económica de estos grupos mafiosos depredadores.

Son esos mismos grupos dominantes y hegemónicos, en complicidad con élites dominicanas, los que mantienen la explotación del pueblo haitiano, que se ve obligado a emigrar en masa hacia la República Dominicana y otros países del continente y de ello hablan varios estudios de la ONU sobre la pobreza en las mujeres haitianas, y de sus difíciles condiciones económicas y sociales.

Pero ni los países monopolistas y hegemónicos (Francia, Canadá y Estados Unidos); ni sectores dirigenciales del pueblo haitiano, son capaces de ayudar solidariamente a las masas pobres de ese país, pues solamente lo hacen la hermana República de Cuba y la Bolivariana de Venezuela, entre otros muy contados.

Esos grupos élites egoístas haitianos, son los que hacen propaganda internacional, con funcionarios del gobierno haitiano, contra República Dominicana, con el fin de echar sobre sus hombros todas las culpas de la explotación del pueblo haitiano, cada vez más intensa, y República Dominicana es tomada como chivo expiatorio de esas élites.

Es necesaria una política migratoria que definitivamente presente soluciones serias y honestas a los grandes problemas de ocupación del territorio nacional por inmigrantes haitianos ilegales, de manera masiva. Es necesario que el gobierno dominicano asuma una postura de denuncia internacional de estas élites explotadoras y delincuenciales;  y pequeños grupos haitianos cómplices que mantienen y expanden groseramente la miseria y la explotación capitalista en ese hermano país.

Pero está demostrado que el gobierno dominicano no tiene iniciativa ni coraje para combatir, denunciar y poner en evidencia ante los ojos del pueblo haitiano y el mundo, el accionar egoísta, el robo y la explotación que practican tales grupos dirigenciales haitianos, que solo piensan en sus inversiones inmobiliarias en Miami, República Dominicana, Puerto Rico y otros países del Caribe.

Élites que utilizan de mala fe una hábil diplomacia simuladora de doble moral, engañando al pueblo haitiano y al gobierno y al pueblo dominicanos.

La diplomacia conservadora dominicana, llena de miedo y de incapacidad, no es un ente apto para decir la verdad en los organismos internacionales y pronunciar a viva voz y sin miedo: “ustedes engañan y roban al pueblo haitiano y luego no quieren gastar para documentar a sus ciudadanos; el dinero que reciben para pasaportes y actas de nacimiento (Estado Civil), se lo embolsillan y carroñean, para llevárselos a Miami, República Dominicana, Gran Caimán y otros paraísos fiscales”.

Con una actitud como esta, estaremos siendo sinceros y ayudando al pueblo haitiano y al pueblo dominicano. El embajador de Haití admitió que su gobierno no ayudó con la documentación a sus ciudadanos (Listín Diario, 2/7/2015), ni con pasaportes ni con actas de nacimientos. Solamente entregaron 2,000 pasaportes.

El título de este artículo se refiere a la luchadora social Sonia Pierre, ida a destiempo, y quien creyó de buena fe y de manera honesta que los objetivos de sus luchas sociales se encontraban estaban en el territorio de República Dominicana y no en el territorio de la nacion haitiana.

Sonia Pierre trabajó su solidaridad desde República Dominicana; nunca se planteó que el escenario era la sociedad haitiana. Esto lo comprendió Jacques Roumain, gran intelectual haitiano que fundó el partido comunista haitiano en la decada del 1920 en esa nación hermana.

 

Acerca del autor

Angel Moreta

Angel Moreta

Angel Moreta, jurista, sociólogo, y filósofo; Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), República Dominicana, Autor-Editor de Debateplural.

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