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La teoría organizacional desde los enfoques epistemológicos: construcción de una disciplina compleja (1)

Frank A. Peña Valdes

Resumen:

En este texto, realizado con el fin de contextualizar el surgimiento de la organización, así como su naturaleza y relevancia, se muestran los resultados de una investigación llevada a cabo a partir de una revisión de la literatura relacionada con las conexiones históricas y sociales que propician esta institución social. Se revisa igualmente cómo, desde el contexto de la Revolución Industrial y de la Revolución Francesa, se usa la ciencia para explicar, comprender y operar sobre el mundo social y natural. Esto permite consolidar al menos cuatro enfoques epistemológicos (positivismo, interpretativismo, criticismo y posmodernismo).  Como resultado principal de este trabajo se identifica la manera en la que la teoría organizacional se ha construido desde estos marcos epistemológicos. Finalmente, se sugiere la necesidad de una epistemología que responda al complejo fenómeno organizacional y a su interrelación con los mundos natural y social. Es una propuesta de discusión epistemológica de los estudios organizacionales. En la introducción se establecen los límites de los temas de la ponencia, la misma está dividida en tres partes: 1) La ontología de los estudios organizacionales, la intención es explorar en el ser de los estudios organizacionales; 2) La teoría de los estudios organizacionales, exposición de los conceptos de teoría y de que manera se encuadran los estudios organizacionales en los mismo; 3) La metodología de los estudios organizacionales, análisis del aspecto metodológico de los estudios organizacionales con una propuesta de concepto.

Palabras clave

Criticismo, epistemología, interpretativismo, positivismo, teoría organizacional.

INTRODUCCIÓN

A lo largo de la historia de la humanidad la actividad administrativa ha estado presente. A pesar de los avances que la investigación le ha permitido al campo de la administración, para la conformación de su estatus como disciplina, este, por su naturaleza, ha estado directamente vinculado a la acción (Drucker, 2004; Mintzberg, 2010; Peters & Austin 1987; Schön, 1991), en particular, al esfuerzo del ser humano para tratar de procurar mejores condiciones de existencia para sí mismo.

Desde la prehistoria fue evidente la necesidad de la especie humana de subsistir al interior de condiciones ambientales adversas. Para lograrlo, se requirió el esfuerzo de cada individuo. Animado por el interés de sobrevivir, el hombre desarrolló, en el contexto de las primeras comunidades y civilizaciones, aunque de forma rudimentaria, los primeros intentos de hacer uso de la administración y de la organización (Münch & García, 1990).

La administración permitió articular de manera racional el esfuerzo humano y facilitar su organización para alcanzar objetivos muy específicos. El logro de estos fue la base, entre otras cosas, de la preservación de su especie. Esto promovió además la configuración de lo que hoy se identifica como administración y organización (Johansen, 1990). Aunque 4000 años antes de la era cristiana ya se realizaban algunos escritos en relación con el primero de estos dos conceptos —y con su práctica—, no sucedió lo mismo con el segundo de ellos. Esto debido a que, durante las etapas anteriores de la historia humana, la actividad del hombre giró en torno a imperios, reinos, casas feudales, clanes y familias, entre otros. En realidad, las reflexiones que preceden a la idea de organización, tal y como hoy es conocida, se remontan solo al siglo XIX, en particular, al contexto de la sociedad industrial y burguesa (Markham, 2012; Starbuck, 2003).

Este artículo, que pone en relieve la importancia de la organización para el sistema socioeconómico actual, hace un acercamiento a cuatro posiciones epistemológicas y a la manera en la que estas influyen en la construcción teórica realizada acerca de este concepto. Esto, de hecho, evidencia que su naturaleza —de institución social— incorpora aproximaciones realizadas desde múltiples enfoques. El texto, además, plantea una serie de retos a los cuales se enfrenta hoy la construcción de la teoría de la organización (TO). Esto a partir de la necesidad de contar con una epistemología que permita un acercamiento adecuado al complejo fenómeno organizativo.

Los estudios organizacionales son un enclave disciplinario de aparente reciente manufactura. Digo aparente, porque el desarrollo de planteamientos alternos a la teoría de la organización es un fenómeno que surgió desde los inicios de la teoría de la organización (Lozada, Arias, y  Perdomo, 2015). En especial por los cuestionamientos a la administración científica de Taylor, debido a su visión mecanicista del trabajo.

La anterior aseveración la hago, sin soslayar que los antecedentes de los estudios organizacionales los ubicamos en la teoría de la organización. Estos antecedentes son patentes en que los conceptos y autores clásicos que suelen citarse en los marcos teóricos de las investigaciones y estudios de esta área provienen de la teoría de la organización. Aunado a esto, las investigaciones de los estudios organizacionales por lo general tienen estrecha relación con la administración. Sin embargo, como lo veremos más adelante el estudio de la organización busca ampliar los estudios a las diversas organizaciones existentes, basados en la premisa de que la organización no únicamente es de tipo empresarial.

A causa del anterior supuesto el surgimiento de los estudios organizacionales también está identificado con el cuestionamiento al planteamiento de una teoría de la organización y la factibilidad del uso de metodologías que no se circunscribieran a lo cuantitativo. Así que los estudios organizacionales surgieron entre la década de 1960 y 1970, como alternativa a la teoría de la organización para el estudio de la organización, en la que estaban aglutinadas diversas tendencias que entendían que a fin de comprender a la organización es necesario retomar diversos planteamientos teóricos y metodológicos, además de que no existe un modelo aplicable a todas las organizaciones, sino que existen tantas como los contextos en los que se encuentran. Esto permite justificar que la metodología que usamos es el estudio de caso.

APROXIMACIONES EPISTEMOLÓGICAS AL ESTUDIO DE LA ORGANIZACIÓN

El uso de las diferentes posturas existentes dentro de la filosofía de la ciencia (Díez & Moulines, 1999), en la construcción de la TO responde, en particular, a dos razones: en primer lugar, a la necesidad apremiante de académicos e investigadores de dar validez científica a las explicaciones o conclusiones que resultan de su trabajo; en segundo lugar, a la necesidad de plantear preguntas básicas para el campo —y al deseo de ofrecer respuestas a las mismas— desde aproximaciones que puedan dar cuenta de las verdaderas problemáticas existentes alrededor del fenómeno organizacional. Lo primero, el deseo de legitimación, condujo al uso particular de ciertos postulados y corrientes epistemológicas; lo segundo, al estudio de la organización desde múltiples puntos de vista, lo que puso en evidencia que se estaba ante la construcción de una disciplina verdaderamente compleja.

La Teoría Organizacional, como campo de estudio, es relativamente nueva. Por supuesto, ya se ha mencionado que, a lo largo de la historia, la administración y la organización han ocupado un lugar relevante para el avance de la civilización. Sin embargo, a pesar de su relevancia histórica y de que la conformación de su escuela clásica suele ubicarse a inicios del siglo XX (Martínez, 2012; Murillo et al., 2007), es solo hasta mediados de esta centuria, in stricto sensu, que la TO se consolida como un campo de estudio a carta cabal (March & Simon, 1958/1993).

Así, aunque la organización empresarial haya sido estudiada, en efecto, antes de mediados del siglo XX, los trabajos que lo hacían estaban fuertemente sustentados en una herencia ingenieril en la que se destacó, en particular, el saber proveniente de los ingenieros mecánicos. Estos lograron posicionar, en el imaginario colectivo, el concepto de una organización similar a una máquina. Fue solo hasta los años cincuenta que los esfuerzos de sociólogos, psicólogos, economistas, científicos sociales, politólogos, especialistas en administración y otros ingenieros, se fueron aglutinando y dieron forma a lo que hoy se identifica como ‘Ciencia Organizacional’, ‘Estudios Organizacionales’ o ‘Teoría Organizacional’ (Shenhav, 2003; Starbuck, 2003).

En este marco es necesario realizar un acercamiento, en particular, a tres corrientes epistemológicas destacadas: el positivisimo, el interpretativismo y la teoría crítica, así como, en cuarto lugar, a las implicaciones que para la ciencia, y en especial para la TO, ha tenido la posmodernidad. Se busca con esto esclarecer la manera como estas diferentes concepciones de la filosofía de la ciencia han contribuido a que la TO avance en su propósito de convertirse de algún modo en una explicación, con validez científica, del fenómeno organizacional.

El positivismo y la Teoría Organizacional

Es común pensar que los científicos de las ciencias naturales tienen relativamente pocos problemas relacionados con la legitimación de los hallazgos de sus investigaciones. Esto, en particular, debido a que el lenguaje de su ciencia gira alrededor de las matemáticas. Sus explicaciones del mundo natural son principalmente realizadas a través de fórmulas y modelos matemáticos, responden al método hipotético-deductivo y, en no pocas ocasiones, pueden ser replicadas por medio de experimentos realizados en laboratorios o por fuera de ellos (Mardones, 2007).

Esta concepción de ciencia se considera usualmente legítima, válida y es hegemónica. De hecho, se forma con anterioridad al surgimiento de las ciencias sociales. En efecto, el avance y desarrollo de las ciencias naturales, que se han dado durante siglos, les han permitido tener, históricamente, un elevado prestigio social. Esto gracias a sus acertadas explicaciones de la naturaleza y al uso práctico de sus hallazgos en el mejoramiento de múltiples condiciones de vida de los seres humanos. Esta concepción, previamente formada, puso en dificultades a estas nuevas ciencias que, por un camino distinto, de una forma diferente, pretendían la comprensión de lo social y de lo humano. Es más, se creyó durante mucho tiempo —y aún múltiples actores piensan lo mismo— que sus explicaciones, para que pudieran ser catalogadas como ‘científicas’, deberían hacer uso del mismo método y lenguaje que, por tradición, han utilizado las ciencias naturales.

Desde esta consideración, se ha construido una vertiente muy importante de la TO. Esta tiene como propósito básico la creación de teorías generales que puedan dar cuenta de la organización como un todo y de las dinámicas que caracterizan a aquellos que la conforman. Sus planteamientos procuran poner en evidencia, entre muchas otras cosas, por ejemplo, cómo determinadas variables independientes causan efectos específicos sobre ciertas variables dependientes.

La complejidad de las explicaciones positivistas se incrementa, de alguna manera, cuando variables moderadoras y mediadoras se suman a la causalidad existente entre aquellas originalmente consideradas. Esto, así como otros factores, hacen que la investigación positiva requiera trabajo empírico soportado en consideraciones y análisis estadísticos, así como en la cuantificación de las mencionadas variables. Esto permite la refinación y validación de las teorías propuestas (Donaldson, 2003).

Otra importante característica de la mirada positivista es que su explicación se centra en hechos y no en juicios de valor. En la TO esto implica que los fenómenos relacionados con la organización y sus miembros son explicados de manera objetiva y, en consecuencia, se alejan de las creencias y los valores de quien investiga, aunque estén necesariamente inmersos en un ambiente específico.

Dadas las características de la concepción positivista de la ciencia, es complejo definir cuáles explicaciones al interior de la TO son de este tipo y cuáles no. De hecho, en la construcción de las diferentes teorías, el positivismo suele desempeñar más el rol de un método que el de un fin en sí mismo.

La construcción teórica, en realidad, adopta el positivismo de diferentes formas, que van más allá de los estudios realizados en lo que suele denominarse el ‘enfoque clásico’ de la administración, en particular, en las teorías planteadas por Taylor y Fayol (en las que puede observarse claramente la influencia del positivismo). Así, a pesar de las dificultades existentes para clasificarlas de este modo, se puede sugerir, considerando sus supuestos, planteamientos y formas de proceder, que el funcionalismo representa al enfoque positivista, así como las teorías de la diferenciación estructural, de la

contingencia estructural y de la ecología organizacional (Donaldson, 2003; McKelvey, 1997).

El enfoque interpretativo y la Teoría Organizacional

La mirada interpretativa surge como respuesta a la fuerte corriente de las ciencias sociales positivas. Se consideró que, así como la investigación y el conocimiento se construyen de manera destacada en el contexto de las ciencias naturales, era posible también, aunque no necesariamente de la misma forma, realizar estas actividades centrándose ahora en lo social y lo humano (Popper, 1977).

El propósito de la interpretación en la ciencia está relacionado con el significado. Este es propio y distintivo del ser humano. De ahí el planteamiento de que, mientras en el mundo de las ciencias naturales prima la explicación, en el de las ciencias sociales prima la comprensión. De este modo, si la explicación considera los fenómenos naturales como una fuente de relaciones de tipo causa-efecto, que deben ser descritas y evidenciadas, en cuanto sea posible, en leyes universales; la comprensión busca entender el significado de lo humano en un espacio y tiempos específicos. Esto, por supuesto, difícilmente puede conducir al planteamiento de leyes, en particular, vinculadas con el mundo de lo humano y de lo social.

Aparecen entonces, en relación con esta perspectiva, dos elementos esenciales que es necesario considerar: por un lado, el contexto particular en el que ocurre lo humano y, por el otro, el conocimiento que, a priori, posee aquel que procura comprender o dar significado a una situación social específica. La ciencia interpretativa puede ser entendida así, desde una mirada amplia, como un ‘paraguas’ bajo el cual se encuentran múltiples escuelas de pensamiento (fenomenología, hermenéutica, teoría crítica, interacción simbólica, etnografía). Estas, en el fondo, constituyen un abanico de aproximaciones alternativas desarrolladas con el fin de acercarse a la comprensión de los fenómenos sociales y humanos, un conjunto de referentes que se quiere distanciar de la tradicional explicación propia de la ciencia positiva.

Para Hatch y Yanow (2003) la ciencia interpretativa en la TO tiene tres vertientes representativas:

En primer lugar se encuentran los estudios relacionados con la cultura organizacional, el simbolismo y la estética. Se observa, por ejemplo, que aquellos elementos que componen la cultura de una organización están llenos de significados particulares y que los valores que comparten —o que pueden llegar a compartir— los individuos en este contexto están definidos y tienen implicaciones muy específicas. Esto dependiendo de la propia cultura en la que estos se encuentran inmersos y del lenguaje vinculado a sus más relevantes historias, mitos, metáforas, proverbios y otros aspectos similares. A esto se suma otra serie de elementos entre los que se encuentran, por ejemplo, las acciones de la organización vista como un todo (celebraciones, rituales, ceremonias, etc.).

Acerca del autor

Frank A. Peña Valdes

Frank A. Peña Valdes

Profesor adjunto Escuela de Psicología, Facultad de Humanidades y Escuela de Orientación Educativa, Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD. Licenciatura en Psicología, Maestría en Metodología de la Investigación Científica. Especialidad en Psicología del Desarrollo, Maestría en Desarrollo Humano, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Postgrado en Educación Superior, Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Estudios Doctorales en Psicología Social, Universidad Central de Madrid (UCM).

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