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Boris Pasternak visto por Max Henríquez Ureña

Odalís G. Pérez
Escrito por Odalís G. Pérez

(13-4-17)

 

¿Cómo veía Max Henríquez Ureña al poeta y novelista Boris Pasternak hacia finales de los años 50, cuando el problema político-cultural se había tergiversado y complicado en la Rusia postestalinista y en el mundo de las grandes potencias occidentales?

Desde la biografía y la crítica Max se informa sobre lo que era la burocracia rusa en todas sus fases, a partir del triunfo del leninismo y el estalinismo.  La diplomacia soviética conformada por cuadros políticos, militares e intelectuales era la cara de la seguridad que presentaba el llamado Soviet Supremo entre 1930-1950 y 1950-1960 cuando la Guerra Fría era la práctica de inteligencia, control y comunicación del capitalismo y el socialismo avanzados.

Una política de la fuerza impuesta por razones de seguridad, era la cara de ambos imperios ideológicos  y políticos, bajo la hegemonía de las tensiones llamadas internacionales.  De ahí que el caso Pasternak levantara críticas en un occidente que regularmente desconocía los manejos totalitarios de la Unión Soviética y los Estados Unidos en cuestiones tales como la diplomacia, los acuerdos políticos, la economía dirigida, la información y contrainformación, así como la presencia vigilante de sus organismos de representación y acción entre otras funciones de poder.

Es en este contexto, entre los años 40, los 50 y los 60, de donde se desprende el “Caso Pasternak”, según MHU:

“Para la gran masa lectora, el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura de 1958 constituyó una revelación y una sorpresa, aunque no era nombre improvisado el de Boris Leonidovitch Pasternak. Extensa era su fama en Rusia como poeta desde la segunda década del siglo, y alto era también su crédito como escritor”. (Ibídem.)

La historia de vida del escritor la muestra MHU, como parte de un método utilizado frecuentemente en el regular trazado biográfico de cualquier autor:

“Había nacido (Moscú, 1890), en un hogar de artistas: su madre, Rosa Koffman-Pasternak, brillaba como pianista de primer orden. Su padre, Leonidas Pasternak pintor de fama, era profesor de la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú.  A él le correspondió ilustrar, por encargo de su autor, Resurrección y otras obras de León Tolstoi, con quien estaba emparentado.  Visitaban la casa ilustres pintores rusos, escultores como Troubetzkoy, compositores como Scribian, escritores y poetas rusos de renombre y, en fin, intelectuales extranjeros de nota, entre los cuales pueden recordarse nombres como los de Emile Verhaeren y Rainer María Rilke”. (Ver, pp. 174-175)

Estas pinceladas biográficas eran, para la década del 50, en América, importantes para tener una idea del poeta y narrador Boris Pasternak:

“En ese ambiente se formó Pasternak. Atraído, tanto por las letras como por las bellas artes, no es de extrañar que en su adolescencia tuviera indecisiones en cuanto a su vocación.  Pareció que había de consagrarse a la música, dada la singular facilidad de que hacía gala como improvisador en el piano; pero no perseveró en ese camino, desalentado porque le faltaba desarrollar el sentido del tono, que su oído no valoraba siempre de modo exacto, y además porque detestaba la técnica de la composición, acaso porque para él la creación artística no debía verse entorpecida por limitaciones técnicas”. (Vid. p. 175)

Max lleva a cabo una biografía y una arqueología del escritor ruso, a partir de datos investigados en fuentes informativas diversas, pero además, apunta en su ensayo los datos sobre sus inicios literarios que datan, según él de 1914, esto es, cerca de acontecimientos que iban a cambiar el mundo, las costumbres, las escuelas, universidades, instituciones culturales y al sujeto escritor  y artista clasificado en el ecosistema político dominicano. Max lee a B. Pasternak a partir de líneas artísticas de su vida-obra que cobra valor en 1917, con una colección de poemas titulada Más allá de la barrera que fue conocida no solo en la Rusia de entonces, sino también en casi toda Europa, donde su obra fue advertida y leída a tono de la situación crítica y social que propició la Revolución de octubre.

Como poeta lírico Pasternak publicó otros textos de interés tales como: Mi hermana la vida (1922), temas y variaciones (1923), El año 1905 (1927), El teniente Schmidt (1927), Segundo nacimiento (1932), En los trenes de la mañana (1943), Versos nuevos (1956) y otros de reflexión, crítica y testimonio.  La poesía de Maiakovsky que influyó bastante en la gran vanguardia rusa, al igual que textos de Marina Tsvetaieva, Khlebnikov, los poemas futuristas del cineasta TZ. Vertov y otros llamados tímidamente “futuristas” rusos.  El movimiento denominado futurismo ruso activado por una creatividad desbordante de la página poética y del arte productivista y constructivo atraía a jóvenes poetas de entonces.

Épica de la tradición eslava rusa y épica vanguardista asimilaron en el marco de la productividad poética de la ruptura, otros ritmos distintos al tradicional utilizado por los poetas líricos del momento.

Al idioma ruso es en MHU un instrumento verbal que conociera bien, por lo que sus citas y lecturas de Pasternak eran más bien traducciones de ediciones que lamenteblemente no refiere nuestro polígrafo, ni trata de decirlas o revelarlas. Sin embargo, a la hora de estudiar al poeta y narrador o novelista de Relatos o El doctor Yavago, se revela el hecho crítico de que la misma traducción, por muy apegada a las convenciones internacionales de traslado de un sistema lingüístico a otro, no da lugar al conocimiento profundo de un autor que como Pasternak era un poeta de lenguaje difícil y sobre todo de violentamientos sintácticos y transformaciones textuales que se deben conocer desde lengua rusa.

Los fragmentos que cita Max en su ensayo (ver p. 176, 177, 178, 179,182, 183 y 184) no refieren a colecciones, ni ediciones ni a idiomas o traducciones en lenguas de Europa.  Claro está que el ensayo de MHU sobre Pasternak no tiene más pretensiones que las de divulgar su obra, biografía y circunstancias.

En este sentido, la obra más conocida del escritor ruso, El doctor Yivago o Zhivago, fue también una referencia para su poesía y que se ha conocido en español y otros idiomas como “Los versos de Yivago”.  Las circunstancias de escritura y producción de dicha novela fue lo que principalmente destapó la represión y prohibición de su obra en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, principalmente por lo que posteriormente ocurrió cuando la novela reveló aquello que Pasternak entendía como el espíritu de la Revolución Socialista de octubre.

Según MHU:

“Paralelamente a su labor de creación propia, Pasternak sentó plaza de traductor. Acrecentó así su fama, dada la excelencia que la alta crítica reconoció en sus versiones. La relación de los autores que escogió para trasladarlos al ruso habla claramente de sus preferencias y afinidades: Shakespeare (Hamlet, Macheth, Romeo y Julieta), Goethe (Fausto), Schiller (María Estuardo), y en poesía lírica, el atormentado Verlaine y el poeta político de Alemania, Georges Herweg, que tan enérgico anatema lanzó contra los viejos regímenes que encarnaban los príncipes”.  (Ibídem.)

Max destaca un valor importante del Pasternak poeta y traductor en el contexto de una visión creadora y re-creadora como acto técnico integrador de forma, versión y tradición de lectura. nuestro, ensayista y crítico resalta un aporte verdaderamente importante de la obra de Pasternak: el de poeta y narrador:

“La única novela extensa de Pasternak es El doctor Yivago, que tardó varios años en escribir y quedó terminada en 1954. Aunque el Premio Nobel se concede en atención a la obra integral de un autor, y al otorgarlo a Pasternak la Academia de Suecia declaró que lo merecía por sus importantes obras “tanto en el campo de la poesía lírica contemporánea como en el de la gran tradición épica rusa”, no cabe dudas de que para su otorgamiento se tuvo en cuenta El doctor Yivago, cuya publicación no quiso autorizar la censura soviética, pero que, por haber enviado Pasternak una copia al editor comunista italiano Giacomo Feltrinelli, vio la luz, por primera vez, traducida al italiano, en 1957, y no tardó en ser vertida al inglés, al francés, al alemán, al japonés, al holandés, al español y a los idiomas escandinavos. (pp. 180-181)

¿Cómo se llegaron a hacer las traducciones de un texto crítico y panorámico de la situación de aquella URSS en uno de los momentos más difíciles de la Guerra Fría?

Al respecto, responde y lo explica MHU:

“Esas traducciones se realizaron de acuerdo con el depositario del manuscrito, Feltrinelli, sordo al reclamo de la censura soviética, que pedía su devolución para que Pasternak pudiera revisarlo nuevamente”. (Ibídem. loc. cit.)

Acerca del autor

Odalís G. Pérez

Odalís G. Pérez

Profesor Investigador de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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