Cultura Nacionales

Asalto cultural, el apremio de los premios, una pelea a tres caídas (y 2)

Tomás Modesto Galán

Los dueños del país se disputan el control de las instituciones que se auto destruyen. No se trata de un sistema democrático donde el pueblo tenga alguna representación legítima. El pueblo existe como masa de circo o como efecto especial teatral para simular que existe. Quienes dicen representarlo desde el ámbito de la partidocracia, han perdido prestigio y poder.

Existen como el signo de un país que ha magnificado el concepto de isla hasta negar que exista un sol naciente que ilumine siquiera uno de los dos fragmentos de la utopía del dolor. Ahora los reflectores iluminarán el paraíso de las ruinas de la familia Vicini y su divina Feria Colonial. La mudanza de los sentidos es incomprensible. No es un aburrimiento inteligente. Idolatra el colonialismo del siglo XVI y se arropa con el del siglo XXI. Es que hay que salvar la Zona Colonial de la Globalización de la mentira.

Lamentablemente, hay instituciones que existen como fantasmas de la democracia. La prensa y los sindicatos son de los mejores ejemplos. Si sale algo que cuestiona la moral del hijo pródigo de la 145 o la del Emperador Magnífico del Malecón de la otra Casa Verde, hay mecanismos para apagar el fuego. Hasta el día de hoy, no hemos podido leer un ensayo de los intelectuales que dirigen Cultura sobre la materia cotidiana. Aguardaré a los valientes que nieguen con altura estas caricias lapidarias de la impotencia crítica de los caídos.

Este libelo no recibirá un like ni un comentario en Facebook. No se preocupen. No lo reproducirán para alimentar el ego del Almirante que disfruta del Palomar de la cultura migratoria. Yo sabré reírme del vacío. Los delincuentes de cuello blanco dirán en buena lid: llamen a los leones que no muerden ni siquiera una tortuga perdida porque el presupuesto no da para humillarlos más. No hemos visto un diálogo abierto al público, a lo Eduardo Galeano, un debate que le sirva de escuela a las nuevas generaciones sobre su ética de trabajo.

Llamen con urgencia al hijo de Salomé. Hasta ahora no ha habido una sola renuncia basada en un problema moral. Nadie está dispuesto a volver a sus tristes orígenes con las manos vacías y la frente en alto riesgo de hipnotizar a los reptiles. Es más heroico ser ruin de probeta. Nadie tiene la decencia de desprenderse de un tumor canceroso escupiendo el alma o el corazón en algún colmadón espiritual para enamorar a los perros de Juan Rulfo. Nadie los oye ladrar. El temor a morir ha convertido el acto de vivir en una comedia vergonzosa. La resignación es el alimento de los débiles. Los casos de peculado siguen siendo premiados. Ya murió la época del debate cultural de la modernidad medieval. Hay islas con autonomía amoral. Es una narcocracia cultural, monetaria, políticamente adúltera.

No se puede ser más rastrero. Decretan tu asesinato sin disparar ni siquiera una bala de salva. Te borran de tu participación ciudadana, llevándote de pasadía al zoológico de Cristo Rey. Se alzan con el botín del Concurso inventado en un abrir y cerrar de ojos, los jurados, los puestos, los congresos, los corredores culturales, las ferias en la madre patria o en las playas del Tío San, los reconocimientos, las entrevistas, las revistas, el desfile de moda, las antologías, las calles, las aceras, los bustos, las grandes ideas, los viajes, ahora las ruinas, la calle Las Damas,  los viáticos, etc. Los psicólogos de esa democracia demencial te lo dicen muy claro: El poder se impone. No dés señales de existencia ni de juego.

Y entonces surge la clave del silencio como garantía de supervivencia: El cheque puntual, el asalto a los premios aunque los jurados solo sean nacionales, se impone. Faltó el ciego ilustre que anuncia los premios de La Lotería Nacional con guantes blancos. La vacuidad del Show exigió enterrar el negocio de la diversidad y la internacionalización de otra ética que recuse Las Casas de contratación de la cultura. Es que lo barato sale caro. ¿Para qué armar un juicio justo con 2 jurados extranjeros y uno criollo, aunque el nuestro sea funcionario de la casa? Perdona, lector. Es que estamos en la avenida Duarte. Los farsantes de la carnicería espiritual se matan entre sí, en frente de La Casa Verde por la carne verde de los billetes de la compra venta de Ultramar.

 

 

Acerca del autor

Tomás Modesto Galán

Tomás Modesto Galán

Escritor dominicano que reside en Nueva York desde 1986. Fue profesor en la UASD antes del 86. Enseña en York College (recinto de Cuny, desde mediados de los 90). Gano el premio de poesía Letras de Ultramar 2014 con su obra poética: Amor en bicicleta y otros poemas.También obtuvo el premio Poeta del año 2015, otorgado por el América 's Poetry Festival de Nueva York. Es el autor de la novela Los Cuentos de Mount Hope, publicada en el 1995. Presidente de la Asociación de Escritores Dominicanos en Los Estados Unidos, (ASEDEU)

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