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Venezuela y el choque de potencias en el Consejo de Seguridad de la ONU

Mike Pence
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Escrito por Debate Plural

Kaosenlared (11-4-19)

 

Supuestamente centrada en «los problemas humanitarios» de Venezuela, y por tercera vez en lo que va de año, la misión de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU convocó una sesión extraordinaria.

Al inicio, el Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios, Mark Lowcock, rindió un informe en que el que comentó datos migratorios sobre Venezuela y algunos de los problemas económicos que vive, resaltando a su vez, según reportó RT, los esfuerzos del gobierno venezolano por garantizar el abastecimiento de alimentos para la población.

Siguió en el orden de palabra una declaración de Eduardo Stein, representante de la Organización Internacional de Migraciones y un renombrado ideólogo de la «Responsabilidad de Proteger». Afincándose sobre el fenómeno migratorio venezolano, afirmó que «no tiene precedentes en la historia latinoamericana».

La mirada selectiva de Stein, omitió deliberadamente que es el caso colombiano, con 7,7 millones de personas desplazadas por el paramilitarismo y la guerra, el que todavía se muestra insuperable a escala regional y global.

Culminó esta ronda de intervenciones introductorias Katheleen Page, médico del Hospital Johns Hopkins. Basándose en cifras de ONGs financiadas por el Departamento de Estado, y omitiendo su contraste con informaciones oficiales del Estado venezolano, dibujó la situación sanitaria del país como un panorama de epidemias (resaltando la de sarampión específicamente) y déficit preocupante en la atención hospitalaria.

En paralelo al «informe» de Page, claramente dirigido a reforzar la convocatoria estadounidense, la alcaldía de Nueva York, había decretado «estado de emergencia» por una epidemia de sarampión en la ciudad. Lo que para Page no significó mayor preocupación, aunque la epidemia estaba a pocos metros de distancia de ella.

En ninguna de las tres intervenciones que iniciaron la sesión, se analizó el impacto de las sanciones económicas y financieras contra Venezuela en la grave situación relatada, con rasgos evidentes de lógica del espectáculo y sensacionalismo. El bloqueo de 30 mil millones de dólares, el robo de 1.200 millones en oro por el Banco de Inglaterra y la suspensión de facto del país dentro del sistema financiero estadounidense, no fueron mencionados como aspectos definitorios de la actual crisis económica.

Mike Pence toma la palabra

Sin embargo, sería el discurso de Mike Pence el «momento cumbre» de la sesión y la razón principal de su convocatoria.

En un corto período de tiempo reiteró el desgastado mantra del cambio de régimen en Venezuela: «Estado fallido», «crisis humanitaria», «gobierno ilegítimo», destacando con especial ahínco la “presencia maligna” de Rusia, Cuba, Irán y Hezbolá, con el objetivo de presentar al país como una «amenaza a la seguridad y paz internacionales».

Rápidamente la «preocupación sobre los problemas humanitarios» de Venezuela pasarían a un segundo orden, para abrirle paso al verdadero propósito de la reunión. Mike Pence exigió al embajador venezolano, Samuel Moncada, que se retirara de la sesión, al mismo tiempo que pedía al Consejo revocar las credenciales del cuerpo diplomático venezolano.

En esa de desconocimiento abierto, anunció que la Administración Trump prepara una resolución para que la ONU reconozca el «gobierno paralelo» de Juan Guaidó, con la intención manifiesta de acelerar los pasos institucionales que desemboquen en una intervención militar, investida de “humanitaria”, contra Venezuela.

Rusia y China responden

La postura belicosa de Pence generó el rechazo inmediato de Rusia y China, polarizando la reunión en un claro enfrentamiento entre potencias que escenifican los grandes rasgos del conflicto geopolítico actual por zonas de influencia.

El representante permanente de Rusia, Vasili Nebenzia, respondió a Pence condenando el bloqueo económico de Washington y la expropiación ilegal de los activos venezolanos en el extranjero. Agregó que «lo que está sucediendo hoy en el Consejo de Seguridad, desafortunadamente, es solo otro episodio del ataque frontal al que están sometidos Caracas y los ciudadanos venezolanos (…) La situación en Venezuela no es una amenaza».

Por su parte, el representante de China, Ma Zhaoxu, recordó que el país ha enviado medicamentos en cooperación con el gobierno venezolano para atender la complicada situación, sobre la base del «respeto mutuo». Zhaoxu complementó afirmando que existe «incompatibilidad» entre quienes piden “ayuda humanitaria” para Venezuela, pero respaldan y ejecutan sanciones que agravan la situación económica del país.

El turno de Samuel Moncada

Al momento del derecho de palabra del embajador venezolano, Samuel Moncada, Mike Pence ya había abandonado la reunión.

Moncada citó textualmente palabras de funcionarios estadounidenses activos en la agenda antivenezolana, que avalan las sanciones y el agravamiento de las condiciones socioeconómicas de la población como parte de la estrategia de derrocamiento del gobierno venezolano. Argumentó que se están usando disposiciones del Consejo de Seguridad, como el embargo de activos, sin que fuera aprobada resolución alguna.

Argumentó que las grave situación del país es inducida por «acciones humanas que han creado esta situación en Venezuela son parte de un plan para asfixiar a la población (….) se trata de un experimento inhumano, todo con el objeto de justificar el pillaje y el saqueo». Cuestión a su vez al Reino Unido por el robo de 1.200 millones de dólares en oro depositados en el Banco de Inglaterra.

El discurso de Moncada representó un parteaguas en la sesión. Los argumentos posicionados por el embajador destacaron los intentos del gobierno venezolano por estabilizar la situación económica y financiera del país, a través del sistema de Naciones Unidas, siendo el bloqueo financiero de EEUU y potencias aliadas en Europa el principal obstáculo para tal fin.

Venezuela y dos crisis: la de sobreextensión del imperio estadounidense y del orden internacional

Es evidente que esta sesión fue convocada con el propósito de replicar en el Consejo de Seguridad el «efecto OEA» del día de ayer, cuando violentando todos los parámetros legales del organismo regional forzaron el reconocimiento de Gustavo Tarre Briceño como «representante de Guaidó», logrando así una expulsión a la fuerza de Venezuela pocos días antes de su retiro.

Tarre es un tecnócrata de vieja data lo suficientemente bien conectado al mundo de las finanzas como para expandir el programa de sanciones contra Venezuela y canalizar los fondos de las instituciones del orden financiero occidental: a saber el FMI, que el día de ayer congeló 400 millones de Venezuela, y el Banco Mundial, donde acaba de ser designado como presidente un operador estrella del bloqueo contra Venezuela: David Malpass, del equipo élite de Trump en el Tesoro estadounidense.

Por extensión, «todas las opciones están sobre mesa» son un eufemismo para omitir la terapia de choque del bloqueo financiero, arma principal utilizada para disgregar la vida económica y social agudizando la restricción de ingresos generalizada en el país, fomentando en consecuencia una imponente lógica neoliberal como parámetro de convivencia. Esa es la antipolítica, alineada a la dictadura del poder financiero Occidente, la que busca retomar el poder político.

En lo que respecta al Consejo de Seguridad, es improbable que pase la resolución estadounidense dado el poder de veto de Rusia y China, una demostración que el Imperio ya no controla las palancas del orden global. Esta correlación de fuerzas, a distintos niveles, se está replicando en el G7, BID, FMI, entre otras instituciones internacionales de peso, con un resultado negativo para la geopolítica estadounidense.

Justamente por esa reducción en la capacidad de poder, los movimientos de ayer y de hoy con respecto a Venezuela, expresan una crisis profunda en el manejo de asuntos globales de Estados Unidos y del orden internacional bajo el cual fuinciona desde que lo configurara, «liberalmente», en 1945. La ONU.

El historiador Paul Kennedy, en su obra Auge y caída de las grandes potencias, advierte que la sobreextensión del Imperio estadounidense llegó a su cenit, lo que marca su lógico declive como monarca de las relaciones internacionales. Comparando la situación con el declive del Imperio británico, aunque comenta que el específico de Estados Unidos aguarda sus propias singularidades, llega a la conclusión de que es insostenible su despliegue y control mundial.

Incluso Kennedy alerta sobre el peligro de tomar decisiones cortoplacistas que generan desventajas a largo plazo: «La tarea con que se enfrentarán los estadistas norteamericanos en las próximas décadas, será reconocer que se están desarrollando fuertes tendencias y que es necesario «llevar» los asuntos de manera que la erosión relativa de la posición de los Estados Unidos se produzca lenta y suavemente y no sea acelerada por políticas que traigan consigo ventajas a corto plazo pero desventajas a la larga».

La reducción del poder los Estados Unidos, frente a las potencias emergentes luego de la crisis de 2008, lleva al asesor de primera línea del tanque de pensamiento CFR, John Mearsheimer, a sugerir que Estados Unidos contenga a China para mantener su posición internacional, utilizando recursos de poder directo para «aprovechar los beneficios de la hegemonía sin sufrir los inconvenientes de la sobreextensión».

En resumen, en el manejo de la cuestión venezolana se comprueba el choque entre intereses globales y su alcance e influencia concreta que vive actualmente el Imperio estadounidense. Buscando revertir esa tendencia de declive, que a juicio de Kennedy forma parte del devenir histórico de los cambios de poder en las relaciones internacionales, Estados Unidos se vio obligado a torcer la Carta de la OEA, luego buscando repetir la acción en el Consejo de Seguridad de la ONU.

La acción, al mismo tiempo que vacía de contenido la legislación internacional de Naciones Unidas, acelera el colapso de las instituciones de Occidente como entes de confianza en nivel internacional, las mismas en las que el Imperio ha ejercido una potente hegemonía durante los últimos 70 años.

Un movimiento cortoplacista, cargado de efectismo, que trae consigo el daño colateral de un orden internacional asimétrico y favorable a la posición estadounidense con cada vez menor vigencia y efectividad. El efecto búmeran de estas acciones se expresa en la creciente pérdida de influencia en los asuntos globales, desde la Península Coreana, pasando por el sudeste asiático, Medio Oriente y el Caribe.

La maniobra del Consejo de Seguridad habilita una política de secuestro velado contra el cuerpo diplomático venezolano, como el ejecutado contra la movilidad y las visas de la representación en Estados Unidos, con miras a forzar el reconocimiento de «funcionarios de Guaidó» en distintas instancias del sistema internacional.

Con ello se pretende escalar un decibel más de presión para forzar el cambio de régimen a lo interno, funcionando como combustible al caos y la anarquía violenta que anuncia diariamente el antichavismo.

Kennedy decía que la tragedia de Estados Unidos vendría dada por no tener la capacidad de ajustarse a un mundo multipolar, donde debe convivir en una situación de igualdad con Rusia y China, que también posicionan sus nuevas reglas de juego.

En consecuencia, para que la forma de responder consiste en violentar a tal punto el derecho internacional, que las medidas coercitivas y de castigo, desde mayores sanciones hasta la guerra o el golpe militar, se autoricen bajo un mandato de coalición donde opere unilateralmente Estados Unidos.

Venezuela representa una nueva expedición punitiva donde el Imperio busca resolver su crisis de hegemonía, buscando atestar un golpe geopolítico que lo haga retroceder a un nuevo ciclo como potencia dominante. Volver a los días del patio trasero.

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