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El Robocop de la ternura, carta pública de un escritor al Comisionado de Cultura dominicano en los Estados Unidos de América (y 2)

Escrito por Debate Plural

No sabemos nada. Se cree que vivimos en una sociedad donde nosotros carecemos de derechos humanos. La constitución de la República Dominicana parece que no nos protege. Debe haber otra que sí lo haga. Es urgente que el Lic. Carlos Sánchez, el Magnífico Comisionado Dominicano de Cultura, nos haga llegar, por esta misma vía, una respuesta clara y contundente, a la mayor brevedad posible. Mi memoria recordó el tono medieval de la presentación del  Rector Magnífico de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. No voy a hablar en esta carta sobre la ola de rumores sobre una crisis en el interior de los aposentos de la cultura dominicana en el exterior. Lamentablemente, ya el mal olor cruza el Puente de la 225, el de la 207 y el de la 181. Cuidado si cruza el de la 145, la calle histórica o el de la 155. Pronto regresan los peloteros. Hay algo maligno en las aves de rapiña que remodelan el Bronx y desalojan la isla de la fortuna sospechosa. No quisiera pensar que la única documentación con la que contamos es la penitencia del rumor. Esta carta no debería ser tomada como ficción provocada por la impotencia. NO ES ÉTICO. AMO A MI PAÍS, pero más amo la verdad. Por favor, tengan el valor de ponerse de acuerdo.

Hablar sobre rumores puede servir de excusa a quienes creen que no nos compete lo que pasa en LA OFICINA QUE NO ES ni por asomo LA CASA VERDE, novela que le dio fama al novelista peruano, Mario VARGAS Llosa. Tampoco es EL BOHÍO DE LOS ESPÍRITUS (la de Isabel Allende) que financia el pueblo dominicano del exterior con sus remesas bendecidas por la virgen de la Altagracia.

¿Saben ustedes cuánto aportamos anualmente al bienestar económico de los beneficiarios de una economía que no para de crecer? Hay que buscar unos binoculares para imaginar el globo de la risa y el olvido que busca rescatar el doble del planeta Júpiter. Según datos del 2018, las remesas aumentaron un 10,6%. De acuerdo con informes del Banco Central, los dominicanos que vivimos fuera del país aportamos 3,215 millones de dólares por concepto de remesas enviadas, producto del trabajo como docentes, home attendant, taxistas, poetas, jueces, abogados, directores de escuelas, narradores, astronautas, brujos del infortunio, etc. ¿Sabemos nosotros cuánto se invierte en financiar el Comisionado de Cultura? ¿Cuál es el salario de hambre de sus funcionarios? ¿Sabes tú, querido lector, cuántas auditorías se han hecho en estas gestiones infinitas y si ha habido información pública para satisfacción de quienes son los verdaderos dueños de LA CASA VERDE? Discúlpeme. Digo verde por el delicioso olor de los billetes del financiamiento y no por la novela a la que hice referencia.

Cuando me enteré de que el Concurso Letras de Ultramar fue clausurado, estando abierto, me pareció la inauguración de UN MACONDO FLOTANTE, una jungla transnacional y me sentí más desnudo que un Dreamer. Me arrebataron el Daca de las manos y no fue la ideología de la presente cruzada de la America’s First. Sentí que me deportaban hacia una República que alimentábamos con nuestra ausencia para que nos deshonrara.

El tren Bestia no se quiere hacer cargo de mi desesperación intrascendente. ¿Quiénes me acompañan en este viaje seductor hacia la Divina comedia del terror cultural? Es este el grito de gloria de un género colectivo. La complicidad arrastra una tormenta silenciosa. Si esta carta no es más amable o diplomática, debe ser porque nunca se comunican con nosotros como comunidad, salvo si hace falta jugar al público o aumentar la audiencia. O somos el flash back de una narrativa silenciosa. No hay diálogo. Ustedes son los personajes de esa disfuncionalidad y yo, por supuesto, uno de los sonámbulos. Un diálogo supone alguna noción de elegancia civilizada y cierta dosis de valentía para reconocer que somos emisores y receptores. No somos patriotas de los bustos en ruina con una banderita cómica en las manos. ¿Somos además hermanos reescribiendo el mito de Caín y Abel,  en esta aldea vertical de la blancura más salvaje? Somos otra isla bipolar con ínfulas de independencia. Las islas interiores que nos deshabitan, todavía no entran en razón.

Acerca del autor

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