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La esencia del sionismo: colonialismo, racismo y limpieza étnica (1)

Escrito por Debate Plural

Pablo Jofre Leal (Hispantv, 28-12-18)

El gobierno de Israel, en plena crisis política ha adelantado sus elecciones parlamentarias, para abril del año 2019, lo que trae consigo serias amenazas a los países vecinos y a la ocupada Palestina, pues los pretendientes al cargo de Primer Ministro tratarán de mostrar la cara más dura del sionismo frente a sus electores.

Los principales nombres a competir en la elección de abril son: el actual Primer Ministro Benjamín Netanyahu del Likud favorito de las encuestas y pronósticos. Avi Gabbai del Partido Laborista que sufriría un duro varapalo.El partido ortodoxo La Casa Judía, del ministro de Educación Naftalí Bennett que obtendría un resultado positivo y generaría la posibilidad de integrar nuevamente una coalición con el Likud. El ex Ministro de Asuntos Militares, el colono de origen moldavo Avigdor Lieberman, líder del partido Ultranacionalista Yisrael Beitenu y el periodista y actor Yair Lapid – ex Ministro de Economía de Netanyahu – Jefe del opositor partido centrista Yesh Atid, que sumaría una docena de cargos con la posibilidad de sumar apoyos de otras coaliciones, que le permitan también tener opciones para formar gobierno.

En todo caso, todos ellos, cuando se trata de Palestina o las fuerzas del Eje de la Resistencia, las propuestas de sus partidos no difieren: más guerra, más poder al Ejército, más construcción de asentamientos, más búsqueda de apoyo del lobby sionista en Estados Unidos. Autoridades palestinas como el Secretario General de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erekatalertó, que las promesas de Netanyahu para las próximas elecciones israelíes estarán centradas en la “limpieza étnica” antipalestina, planes de desarrollo de asentamientos en Cisjordania y los proceso de judaización de Al Quds – Jerusalén – imposibilitando la realidad de un Estado Palestino.

Yair Lapid es visualizado como un candidato fuerte, con un partido fundado en el 2012 que según las encuestas es el segundo partido en intención de voto después del Likud. Este candidato de centroderecha, marca algunos puntos de diferencia con Netanyahu, tales como la necesidad que los ultraortodoxos realicen su servicio militar, tema clave para generar la crisis en la actual administración de gobierno. Otro punto es que los askenazis tenga mejores beneficios (considerando que la base de votantes de Yesh Atid es precisamente del sector judío europeo) y si consideramos algunas declaraciones emitidas un lustro atrás, incluso la posibilidad de retomar el proceso de negociaciones con Palestina, idea más lejana en pleno proceso de intensificación de ataque s israelíes a Siria y los cotidianos crímenes contra el pueblo palestino. 

En todo caso, cualquiera de los nombres mencionadas no significan nada positivo para el objetivo de autodeterminación del pueblo palestino. En general, son uncuadro de candidatos deseosos de presentarse ante el electorado con el discurso más racista, con mayor virulencia y agresividad contra Palestina, Hezbolá e Irán, en aras de conseguir los votos de los sectores más extremistas y con mayor poder dentro de esta entidad enclavada en Oriente Medio.No es extraño tal panorama, donde los discursos y propuestas más antipalestinas, que hablan de guerra y no de colaboración, que levantan la siempre vendible imagen de un pueblo judío perseguido y que se debe defender del mundo entero; son planteamientos que calan muy hondo en Israel. Una entidad donde el racismo campea a sus anchas, sobre todo en aquellos sectores que bajo una política de subsidios, apoyo estatal en educación, salud, remuneraciones entre otras prebendas, son la daga clavada en territorio palestino del West Bank, con creciente poder político.

Un poder que se sustenta, básicamente, en la construcción de asentamientos, conformados por 650 mil colonos extremistas, un 10% de ellos de origen estadounidense, considerados los más violentos de una sociedad aún en pañales que ha consolidado un régimen de terror para la Palestina ocupada y vecinos como El Líbano y Siria, principalmente.Y hablo de una comunidad de judíos sionistas en pañales, porque a pesar que traten de vender una imagen de nación milenaria se suele omitir, interesadamente, que se trata de una entidad internacional reciente, creada hace siete décadas. Con período de colonización de tierras palestinas, a través de un proceso que se origina en Europa, a través de una organización de europeos adscrita a una ideología política que buscó su anclaje con el judaísmo, a partir del último cuarto del siglo XIX.

Dios es Mío

Una colonización, que bajo el marco mitológico de un supuesto retorno a tierras ancestrales – entregadas dadivosamente por una divinidad para un pueblo signado por el judaísmo como “elegido” –  comienza a ser alentado por el sionismo liderado por Theodor Herzl y sus congresos, en específico el  celebrado en la ciudad de Basilea, Suiza, en agosto del año 1897, donde se aprueba el denominado Programa de Basilea. Allí se entregaron las bases de actuación del Sionismo y se crea la Organización Mundial Sionista: «con el objetivo de crear un hogar en Palestina para el pueblo judío. Para alcanzar este objetivo deben adoptarse las siguientes medidas: Fomentar el desarrollo práctico de Palestina mediante su asentamiento por judíos campesinos, artesanos y profesionales. Segundo, organizar la judería mediante eficientes entidades, locales y generales, conforme a las leyes de cada país. Fortalecer el sentimiento nacional y la conciencia nacionalista judía y finalmente, adoptar las acciones preparatorias para obtener de los gobiernos los consentimientos necesarios para alcanzar la meta del sionismo.» Apoyo político que se obtiene a través de la Declaración Balfour y posteriormente con el Mandato otorgado por la Sociedad de Naciones a Inglaterra.

Recordemos, que como resultado de la derrota de las potencias centrales y la desaparición del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, florecieron una serie de nuevos Estados nacionales y otros en ciernes, donde predominaba el elemento étnico, que implicó la ocurrencia de numerosos levantamientos, bajo el marco de las ideas ancladas en el Derecho a la Autodeterminación de los Pueblos. En ese contexto, Gran Bretaña, a pesar del Mandato dado por la novel Sociedad de Naciones, entregará el territorio de Palestina al ejercicio de dominio de las estructuras coloniales bajo la influencia sionista, dando así todo tipo de apoyo y poder a la Agencia Sionista – organización creada en 1923 – cambiando la estructura jurídica y permitiendo la entrada masiva de colonos judíos en Palestina, lo que generará una punta de lanza del dominio occidental sobre Oriente Medio.

En poco tiempo, miles y miles de judíos sionistas, al amparo de una ideología excluyente, llegaban de diversas partes del mundo (principalmente de Europa Central y Oriental, además de Rusia) a tierras palestinas demandando un “derecho” definido por los sionistas como natural e histórico, generando de este modo una limpieza étnica y las bases de lo que sería la conformación de la entidad israelí, centrándose en un objetivo político fundamental “asegurar una mayoría judía numérica y cualitativa, para así controlar la tierra y los recursos económicos, predominio que se refleja también en el plano político-militar, con hegemonía de la comunidad de judíos provenientes de Europa. Por esta razón, no resulta extraño que en Israel nunca haya ejercido el cargo de Primer Ministro una persona que no sea Askenazí” 

Un interesante trabajo del autor Alfonso Bolado señala respecto a este mito bíblico que definiría ciertos derechos divinos sobre la tierra que “curiosamente, la idea de que la Biblia da un título de propiedad a los judíos sobre Palestina no es judía: procede de la tradición protestante y está relacionada con la exégesis bíblica a partir de la libre interpretación del libro sagrado. Aparentemente, el primer texto que invita a la creación de un Estado judío en Palestina es Apocalypsis Apocalypseos (1585), del sacerdote Thomas Brightman; surgida durante las revoluciones puritanas. Con el dispensacionalismo del siglo XIX, el regreso de los judíos a “Tierra Santa” se inscribió en un proceso históricamente necesario para llegar a la segunda venida de Cristo y el fin de los tiempos. La Declaración Balfour que rubricaba la opinión del gobierno inglés, favorable a la creación de un “hogar nacional judío”, es heredera de esas corrientes de opinión”. “De forma paradójica, consigna Bolado, fueron los sionistas laicos los que con mayor firmeza se basaron en la Biblia para apoyar sus proyectos. Así, en 1919, el laico ruso Ushishkin dijo en la conferencia de Versalles: “En nombre… de los judíos de Rusia, vengo a presentar la exigencia histórica del pueblo judío: por nuestro retorno a nuestras propias fronteras, por la devolución a los judíos de la tierra que el Poder Supremo nos prometió hace cuatro mil años… Pedimos que nos restituyan aquel robo histórico”.

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