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Trump Gobierno, política exterior y geoestrategia mundial (2)

Escrito por Debate Plural

Wim Dierckxsens, Walter Formento, Julián Bilmes (Alainet, 18-12-18)

Bannon, Sessions y Miller serían pues parte de los ideólogos del importante componente WASP del nuevo gobierno, idea que sintetiza el núcleo duro de la base social del “trumpismo”, especialmente en la relegada área rural de EUA, en los 17 Estados de lo que se denomina como “cinturón industrial” y “cinturón bíblico”v. Tanto en EUA con las fuerzas del Trump-ismo como en el RU con las fuerzas del Brexit, se refuerzan las reivindicaciones étnicas nacionalistas frente al cosmopolitismo y multiculturalismo que conlleva la globalización transnacional, en tanto maniobras defensivas frente a un proyecto que amenaza la propia identidad nacional fundante, base de sustentación en que se asientan los proyectos estratégicos que no superan la escala continental. Dado que Trump expresa un nacionalismo industrialista anti-globalista y anti-oligárquico, con él emergen formas radicalizadas de ese nacionalismo conservador, como los supremacistas blancos.

La relevancia de Bannon en la nueva administración se cristalizó en la novedad que implicó el asiento que le fue dado en el Consejo de Seguridad Nacional, hecho inédito para un asesor político presidencial (en tanto Jefe de Estrategia), a la par que se rebajaba el estatus del presidente del Estado Mayor Conjunto y del Director de la Inteligencia Nacional, limitando la asistencia de ambos en caso de que la reunión lo requiriera y no de hecho en todas. Trump vigorizaba con ello al sector más propio del gabinete, en detrimento del establishment republicano, unipolar financiero, pero de escala continental. Si bien debió retroceder en caso de la presencia no sistemática del Director de Inteligencia Nacional en ese órgano, eso ayudó a excluir a la CIA (Agencia Central de Inteligencia) del mismo.

Según contextualiza esta importante medida el analista Thierry Meyssan, el Consejo de Seguridad Nacional (CSN) había sido el centro del Ejecutivo estadounidense desde 1947 con el reordenamiento mundial pos Bretton Woods, órgano en que “el presidente compartía el poder con el director de la CIA –nombrado por él– y con el jefe del Estado Mayor Conjunto, seleccionado por sus pares de este órgano estrictamente militar”vi. Se buscaba con ello entonces recuperar poder para el ejecutivo, a la par que debilitar la incidencia de la CIA en cuanto a política exterior, especializada en la realización global de acciones secretas, cambios de régimen y “revoluciones de colores” en países considerados peligrosos para la seguridad nacional estadounidense, asesinatos selectivos, etc.

La nueva política exterior de Trump pasó a concentrarse en reducir las cargas financieras que le implica a EUA ser árbitro mundial (en instituciones y organismos como la OTAN y la ONU) para concentrarse en el lema de “Estados Unidos primero”, en pos de reindustrializar el país y recuperar los empleos perdidos a causa de la globalización que ocasionó la deslocalización de empresas. Desde una posición de nacionalismo industrialista, ello parecía implicar una política menos intervencionista y más aislacionista en materia internacional.

A la par, se buscó dejar de “sostener” al Estado Islámico en Siria e Irak (ISIS) como habían venido haciendo las élites financieras globalistas expresadas por Obama, mediante la CIA y la OTAN, para “contener” el avance ruso y chino en Eurasia. Se puso el blanco entonces en combatir al terrorismo islámico radical, instrumento que podrían utilizar sus enemigos globalistas para generar hechos de desestabilización a la presidencia Trump, por lo cual se avanzó en los decretos contrarios a la inmigración indiscriminada de países de Medio Oriente, y se buscó un acercamiento con Rusia para combatir al Estado Islámico en Siria (ISIS).

En este punto juega un importante papel la designación del general Michael Flynn en el gabinete original de Trump, también como Consejero de Seguridad Nacional. Éste había dirigido la agencia de inteligencia del Pentágono (DIA por sus siglas en inglés) entre 2012 y 2014, bajo la administración Obama, puesto desde donde se había enfrentado con la geopolítica globalista de Obama y Hillary Clinton (en ese entonces Secretaria de Estado, a cargo de la política exterior), oponiéndose al respaldo de esa administración a la creación del ISIS. Según Thierry Meyssan, Flynn se encontraba organizando a fines de 2016 una amplia reforma de los servicios de inteligencia de los EUA, revirtiendo las reformas introducidas por Bush y Obama, buscando centralizar las 16 agencias de inteligencia estadounidenses en una rendición de cuentas a sí mismo como Consejero de Seguridad Nacional, y no ya al Director de la Inteligencia Nacional (puesto que ocuparía el republicano Dan Coats, cercano al establishment de ese partido)vii.

En esa misma línea, el nuevo Secretario de Defensa (a cargo del Pentágono), James Mattis, y el Secretario de Seguridad de la Patria, John Kelly, ambos también generales retirados, se habían enfrentado a la política estadounidense en Irak luego de la guerra e invasión desatada por Bush a raíz de la connivencia y el apoyo a facciones del terrorismo islámico radical. Meyssan asevera que con ello Trump ha buscado garantizar su control sobre los órganos de seguridad, conformando su equipo en la materia alrededor de dos cuestiones centrales: la erradicación del Estado Islámico (ISIS/Daesh) y la oposición a la versión oficial de los hechos del 11 de septiembre de 2001, la llamada “caída”, en realidad derribo, de las Torres Gemelas (World Trade Center: centro del comercio financiero global), por parte del “terrorismo islámico de Al Qaeda” según esa interpretación.

En este último sentido, recupera Meyssan la oposición de Trump a esa versión oficial sobre el derribo de las Torres, denunciando la imposibilidad de los argumentos oficiales sobre cómo se había producido ello. Se oponía con ello al establishment republicano dominado por los Bush y los intereses continentalistas que éstos expresan (complejo financiero militar-industrial del Pentágono, industrias petrolíferas y farmacéuticas, etc.), quienes orquestaron ese golpe contra la fracción de capitales financieros globalizados, más avanzada y que ya desde entonces jaqueaba el poderío industrial-militar estadounidense en pos de una nueva forma global de estatalidad del poderviii.

A la par, en esa misma estrategia parece ubicarse la figura elegida para dirigir la CIA, “Mike” Pompeo, formado en la academia militar de West Point, quien se desempeñaba como representante de Kansas en la Cámara de Representantes y era miembro de la facción ultraconservadora republicana conocida como Tea Partyix. Según afirma Meyssan, el nuevo equipo de seguridad tenía intenciones de poner a la CIA bajo la órbita del Pentágono más que en la del Departamento de Estado, en donde Hillary Clinton aún contaba con influencia.

No obstante, una parte de esos planes lograron ser frenados por parte de los oponentes de la política de Trump: el globalismo financiero en primer término, y el continentalismo norteamericano en segundo –aunque aliado táctico este último y parte del esquema de gobierno de la nueva administración-, a fin de garantizar gobernabilidad frente a los sucesivos golpes y desestabilizaciones producidos por los diversos instrumentos controlados por el globalismo. Fue así que ni bien producido el anuncio de que Flynn ocuparía el cargo de CSN, la CIA y el equipo de Clinton denuncian sus estrechos vínculos con Rusia (en 2015 había sido invitado al aniversario de la agencia de noticias RT -Russia Today-, para la cual había colaborado luego de su retiro del Ejército, y donde pronunció un discurso), país al que han venido acusando de haber interferido en las elecciones de 2016.

Finalmente, lograron generar su renuncia en febrero, sólo 24 días después de haber asumido en el cargo (el más corto en la historia del CSN), a raíz de haber mentido en su informe sobre las conversaciones sostenidas con el embajador ruso a fines de 2016, confirmándole las declaraciones de Trump en torno a levantar las sanciones impuestas por Obama contra aquel país. La CIA estaba empeñada en demostrar que esos contactos constituían un crimen federal, y ello constituía una traición en un marco de hostilidad entre ambos países. En su lugar en el CSN, Trump designó al teniente general H. R. McMaster, un militar que se había hecho conocido a fines de los ’90 por su tesis de doctorado, en donde criticaba la estrategia seguida durante la guerra de Vietnam por el presidente Johnson, su secretario McNamara y otros personajes.

Con el devenir de los acontecimientos una parte importante de las principales figuras del gabinete presidencial se verían desplazadas o renunciarían a sus cargos, dando cuenta de las fuertes pujas internas de esa alianza en posición de gobierno. Dada la fragilidad de ésta y en base a las convulsiones a nivel nacional para desestabilizar al gobierno, la estrategia de Trump parece haber seguido un camino de “equilibrista”, posicionándose a favor de ciertos funcionarios en contra de otros, echando a unos y nombrando a otros, demostrando la fortaleza de la figura presidencial en la toma de decisiones. Y si bien para gran parte de la “opinión pública” ello lo muestra como impredecible, los trazos gruesos de sus políticas muestran una coherencia con lo expresado a lo largo de la campaña, buscando consolidar ese nacionalismo industrialista expresado en los eslóganes de Make America Great Again y America First.

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