Internacionales Politica

Chalecos amarillos, análisis del fenómeno y sus consecuencias (y 2)

Escrito por Debate Plural

Jesús Sánchez Rodríguez (Sinpermiso, 20-12-18)

Primavera árabe, 2011

Una ola de protestas espontáneas empezaron a recorrer el mundo árabe en los primeros meses de 2011, como en Madrid su vehículo de trasmisión eran los modernos medios masivos de comunicación no monopolizados, como los móviles, o las redes sociales en Internet. Estaban demostrando su eficacia en la capacidad de movilización de los sectores jóvenes, eran una herramienta formidable para alcanzar la masa crítica de las movilizaciones, porque una vez puestas en marcha, éstas ya se retroalimentaban.

Demostraban su eficacia para conseguir las movilizaciones sin necesidad de organizaciones, pero también mostraban sus límites. Una cosa era conseguir la movilización y otra más difícil darla una continuidad y objetivos claros. En Argentina ya se habían mostrado esas limitaciones, agotándose para regresar a la situación contra la que se había producido la movilización. En esta ocasión tampoco esas movilizaciones en el mundo árabe colmaban los deseos de los movilizados, en unos caso, como Túnez y Egipto, el ejército y las viejas fuerzas políticas del sistema recuperaban poco a poco el control de la situación; en otros, como Libia, se llegaba a una guerra civil en la que el protagonismo contra la dictadura pasaba a manos de antiguos colaboradores de Gadafi o de la OTAN; en tercer lugar, como en Siria o Bahréin, se encontraban frente a una represión feroz de su propio gobierno o de una poderoso vecino como Arabia. La dinámica que habían desencadenados esas movilizaciones espontáneas daban lugar a situaciones en el que el espontaneísmo ya no tenía nada que decir.

España, mayo 2011

La crisis económica que desde hace casi tres años producía estragos sociales en la mayor parte del mundo había llevado a España a la mayor destrucción de empleo de todos los países, en este mes en que iban a celebrarse elecciones municipales y regionales, donde se daba por seguro un duro castigo al PSOE como partido en el gobierno, la cifra de parados se situaba en 5 millones, 3 más que al inicio de la crisis. Las políticas progresistas del PSOE habían dado un giro de 180 grados justamente un año antes, imponiendo reducciones de salarios a los funcionarios, una reforma laboral lesiva a los trabajadores y un aumento de la edad de jubilación. Nada de ello había servido para revertir la pendiente de destrucción de empleo, solamente había servido para el aumento de la pobreza entre las clases populares. Lo extraño, en realidad, era la extraña calma con la que las clases populares sobrellevaban esta situación. En septiembre de 2010 los sindicatos convocaron una huelga general contra la reforma laboral, pero después firmaron con el gobierno la reforma de las pensiones. Nadie esperaba que la consigna lanzada poco antes por Stéphane Hessel, en su alegato contra la indiferencia frente a las consecuencias de la crisis, fuese a estallar, nuevamente de manera espontánea, justo una semana antes de las elecciones de este mes. La movilización estaba más que justificada y gozó de un amplio apoyo ciudadano, pero las consecuencias políticas no están tan claras.

El movimiento 15-M nació una semana antes de que se celebrasen en el mes de mayo elecciones regionales y locales en España. El resultado de esas elecciones fue una victoria contundente del conservador Partido Popular ante un gobierno del PSOE que se había hundido electoralmente después de su giro neoliberal un año antes. Seis meses más tarde, en noviembre de 2011, ese resultado electoral volvió a repetirse con la victoria por mayoría absoluta de los conservadores españoles en las elecciones legislativas, dando lugar a un gobierno mayoritario del PP que intensificaría las medidas económicas y sociales contra las clases populares que ya había iniciado el derrotado gobierno del PSOE.

En este tipo de protesta basado en la toma de las calles y las plazas de España, y especialmente de Madrid, destacó el peso de la juventud y la utilización de las redes en internet para coordinar y convocar actos de protesta, tuvo sus antecedentes en las protestas estudiantiles que tuvieron lugar en el Reino Unido e Italia, y fue claramente visible la influencia de los acontecimientos en la misma época en Túnez y Egipto, conocidos como la primavera árabe. El Movimiento 15-M, como se le terminó conociendo, nació con un declarado rechazo a la política oficial – especialmente al bipartidismo imperante, fruto de hegemonización de la vida política española por parte del PSOE y el PP – y a todo intento de organización política, con una fuerte atracción por la democracia directa, así como también fue evidente su negativa a identificarse o apoyar a algún partido en concreto, lo que originó que sus movilizaciones no tuvieran efecto claro alguno sobre los resultados de las elecciones locales, regionales y nacionales españolas

Sus reivindicaciones más importantes se orientaron a una regeneración de la vida política o una democracia de más calidad, poniendo el énfasis en una democracia más participativa, y el rechazo de la corrupción y de las políticas públicas que se estaban aplicando a favor del sistema financiero y en contra de las clases populares, estando la crítica al sistema impregnada de un fuerte carácter moral. No es posible acusar a este movimiento de ser antisistema, en cuanto que sus dos objetivos principales eran la regeneración democrática y la recuperación del Estado de Bienestar que estaba siendo desmantelado.

La organización y las movilizaciones principales se produjeron al margen de las organizaciones clásicas de partidos o sindicatos, con una dinámica basada en la horizontalidad y la utilización de las redes sociales en internet, buscando las transformaciones que demandaban a través de la movilización de la sociedad civil, organizando para ello diversos colectivos de carácter temático.

Era patente que la debilidad del 15-M se encontraba en tres ausencias, la de una organización estable, la de un proyecto claro – más allá del conjunto de reivindicaciones que en su mayoría podían ser defendidas por algunas de las organizaciones políticas existentes -, y la falta del sentido de la táctica y la estrategia.

M5E en Italia

Con el fondo de un escenario de descredito y degradación de la política oficial y del sistema de partidos va a aparecer en 2009 el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, que se convertirá en el partido más votado en las elecciones parlamentarias de 2013 con más de 8,5 millones de votos.

Pero este partido, que se presentaba a sí mismo como una fuerza política anti-partido, no tenía en realidad relación con ningún movimiento social, era fruto de unas condiciones concretas que se daban en Italia, que eran comunes con otros países del mundo, como los efectos sociales de la crisis económica y la degradación de la vida política democrática, pero que en Italia esta última se vive de manera más intensa. Y esas condiciones ambientales fueron perfectamente manipuladas por un personaje como Beppe Grillo que viene del espectáculo cómico

El Movimiento 5 Estrellas representa otro caso de las tendencias anti-partidos que recorren el mundo, pero que termina convirtiéndose en otro partido más, se ha apoyado en un sucedáneo de movimiento social y en un populismo descarado dirigido contra una política oficial corrompida; la fuerza de su movilización y apoyo electoral radica en el carisma de un líder visible, Beppe Grillo, que domina la escena y utiliza un lenguaje directo y populista. En su evolución termina formando parte del grupo del parlamento europeo Europa de la Libertad y la Democracia Directa dónde están también el UKIP británico, Demócratas de Suecia o el lituano Orden y Justicia, y forma gobierno en Italia en coalición con La Liga, en definitiva, se sitúa en la extrema derecha.

Las lecciones a extraer de estos casos anteriores

Los elementos comunes en estos cuatro casos escogidos de movimientos de protesta modernos son: La existencia de un agudo malestar social que ninguna organización política o social había sido capaz de articular y canalizar hacia unos objetivos concretos, ese malestar puede provenir de una crisis económica, como en Argentina o España, del padecimiento de largas dictaduras, como el mundo árabe, o del cansancio de un sistema político corrupto, como en Italia, pero también en Brasil en 2013. En Francia ya hemos analizado las fuentes de ese malestar.

La aparición explosiva de una movilización social como expresión espontánea de ese malestar, en la mayoría de los casos como consecuencia de convocatorias difusas a través de las redes sociales. Este es el elemento común a todas ellas, menos presente en Argentina, y utilizadas consciente y hábilmente en el caso italiano (el famoso Vaffaculo Day, el día de a tomar por culo, en italiano ) . La virulencia de la aparición varía según los casos, desde una toma pacífica de las plazas en el caso español al carácter casi insurreccional argentino,. en el caso francés ya hemos visto que esa espontaneidad nace de una convocatoria de las organizaciones de camioneros.

La articulación de estos movimientos en torno a objetivos no muy definidos, mezcla de reivindicaciones concretas y heterogéneas y expresiones de rabia sin objetivos como el ¡que se vayan todos! En Argentina y el mundo árabe se plantean difusamente objetivos muy profundos, cambiar el sistema político y social vigente, por el contrario, en España, Italia o Francia son reivindicaciones dentro del sistema vigente, mantener los servicios sociales, acabar con la corrupción, suprimir impuestos, etc.

La aparición de fuerzas organizadas, políticas, sociales, religiosas o estatales, ya existente o creadas a partir de ese momento, que utilizan este malestar y su explosión social para alcanzar objetivos propios. En Argentina es el peronismo quién utiliza el movimiento para recuperar el poder y desactivar las protestas; en Italia el malestar no provoca una explosión ni un movimiento totalmente espontáneo, sino que es utilizado por un populista ambicioso para encauzarle desde el inicio; en España aparece un nuevo partido, Podemos, para canalizar las energías y representar los objetivos del 15-M; finalmente en el mundo árabe son los actores religiosos principalmente quienes utilizan la explosión para alcanzar sus objetivos; en Francia está la disputa entre Le Pen y Mélenchon por encauzar hacia sus proyectos la derrota de Macron.

Los resultados finales han sido muy dispares y han dependido sobretodo de las fuerzas organizadas en presencia. En Argentina el sector progresista del peronismo fue el primer beneficiado, para terminar dando paso al regreso de la derecha clásica al poder con Macri. En Italia, el populismo del M5E terminó formando un gobierno de extrema derecha con La Liga. En España, Podemos no logró desbancar al PSOE ni alcanzar el gobierno, se trasformó en un partido clásico de carácter socialdemócrata y se encuentra en retroceso electoral. En el mundo árabe solo en Túnez algunos de los objetivos de la primavera árabe fueron alcanzados. En Francia el escenario está abierto y puede tener consecuencias en toda Europa.

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