Economia Internacionales

Globalización de la explotación, la clave del imperialismo del siglo XXI (1)

Escrito por Debate Plural

Esteban Mercatante (La Izquierda Diario, 19-12-18)

Uno de los aspectos más notorios que distinguió al capitalismo durante las últimas décadas fue la internacionalización productiva. Varios autores vienen señalando hace tiempo que uno de los principales motores de este proceso es la búsqueda de aprovechar la fuerza de trabajo más barata de los países dependientes y semicoloniales para bajar costos e incrementar la rentabilidad. El libro El imperialismo en el siglo XXI: globalización, superexplotación y crisis final del capitalismo de John Smith, es uno de los esfuerzos más sistemáticos por elaborar desde el marxismo cómo impacta esto en la explotación de la fuerza de trabajo de los países oprimidos, lo que él llama “Sur Global”.

El resultado es un libro con numerosos aspectos de interés, que desafía la construcción ideológica realizada por organizaciones multilaterales como el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional, o el Foro Económico Mundial de Davos, sobre los supuestos beneficios de la creciente integración comercial para los países menos desarrollados.

En tu libro caracterizas al arbitraje global de la fuerza de trabajo y la conformación de las Cadenas Globales de Valor como elementos fundamentales para entender el capitalismo contemporáneo. ¿Qué rol tienen en apropiación que hace el imperialismo de la riqueza global?

El período de la globalización, desde el año ’80 aproximadamente, registró una transformación enorme en la organización de la producción capitalista a nivel mundial. Podemos concebirla como una etapa en la que se globalizó no solo la producción, sino la propia relación entre el capital y la fuerza de trabajo. Esta es cada vez más una relación entre los capitalistas del Norte y los trabajadores del Sur.

Esto ocurre en dos formas. La primera es la más analizada por los teóricos de la “nueva división internacional del trabajo”, que desarrolla una relación dentro de la corporación trasnacional. Cuando mueven su producción a los países pobres, emplean de manera directa a la fuerza de trabajo de allí a través de sus filiales. Pero hay otra forma, que es, en algunos aspectos, aún más importante que esta: la que establecen las empresas multinacionales con proveedores asociados (lo que se denomina “arms length”). Esto es muy interesante, porque aquí no hay ningún flujo visible de ganancia. A diferencia de la primera, no hay un flujo de ganancias repatriadas que sea transferida por una subsidiaria a la casa matriz de las multinacionales. Por la relación contractual, en esta segunda forma tampoco pueden manipular los precios de transferencia o realizar otras maniobras por el estilo para arbitrar las declaraciones de ganancias entre sus filiales y reducir el pago de impuestos, como sí hacen en la primera. Esto no impidió que fuera la forma que más creció en los últimos tiempos, favorecida por las empresas capitalistas del norte. ¿Por qué fue así?

Para entender esto es necesario penetrar bajo la superficie, y reconocer la existencia de flujos de riqueza que no se pueden ver en las estadísticas.

Con la globalización de la relación entre trabajadores y capitalistas se producen nuevas formas en las que se desarrollan la explotación y la apropiación de plusvalía.

Quería destacar que la relación de explotación entre el norte global y el sur global no solo se refiere a los trabajadores que venden su fuerza de trabajo a las firmas imperialistas, sino que también estamos hablando de toda la población de los países pobres, de la ciudad y el campo, que está involucrada directamente o indirectamente en la reproducción de esa fuerza de trabajo, que se ve desposeída por múltiples formas. También en los países imperialistas la fuerza de trabajo ve transformadas sus condiciones de vida… toda mi ropa está fabricada en países pobres, lo que no ocurría hace 20 años. También mi computadora, teléfono, etc. Casi todo lo que es necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo y la población en general en los países ricos se produce en otros lados.

Así que no es solo una relación concebida en una forma estrecha, entre patrones capitalistas del norte y trabajadores del sur que venden su fuerza de trabajo. Es la manifestación actual de lo que decía Lenin, la división del mundo entre un puñado de países opresores y países oprimidos en todo el resto del planeta. Los marxistas que niegan que esto hoy sea así, con los que polemizo en mi libro, están dando la espalda a lo que es la trayectoria actual del capitalismo.

Recién mencionaste los procesos de desposesión que afectan al conjunto de la población en los países oprimidos. ¿Usas el término en el sentido en que lo hace Harvey en su libro?

Cuando hablo de la población me refiero al conjunto de trabajadores, campesinos, trabajadores en la economía informal, sin incluir a la burguesía que, en muchos casos, se “expatrió” en los países dependientes durante este período (con sus riquezas pasando a formar parte del dinero que circula globalmente). Sobre el concepto de Harvey de acumulación por desposesión, yo creo que es una contribución muy importante, que da cuenta de la actualidad que tienen esos procesos, que no están solamente situados en la historia pasada de los orígenes del capitalismo; por el contrario su importancia ha sido grande o incluso creciente en las últimas décadas. Pero Harvey ha sido criticado por razones diferentes, una de ellas es que el concepto integra fenómenos muy heterogéneos, desde la apropiación de tierras comunes por el capital, privatizaciones, etc. El concepto es muy amplio, y tenemos que distinguir entre formas diferentes. Pero hay una coherencia, y es que todas ellas tienen una cosa en común: son todos fenómenos diferentes que podemos ver cuando el capitalismo enfrenta otras formas de organización social, cuando se confronta con la propiedad pública, la provisión pública de salud o educación gratuita, uso no capitalista de tierras de poblaciones campesinas, etc. La desposesión significa en ese sentido que el capitalismo absorbe otras formas de relaciones sociales, y esto lo emparenta con la confrontación con relaciones de producción precapitalistas en la acumulación originaria.

Ahora, el problema que tiene David Harvey es que caracteriza la acumulación por desposesión como la contradicción central del capitalismo contemporáneo. Y eso yo creo que es muy equivocado, porque la globalización de la producción ha ocurrido dentro de la relación entre capital y trabajo, dentro de la esfera capitalista, no es donde el capitalismo se encuentra con otras formas de organización social sino que le es interna. Y esa es la contradicción nueva, con una escala sin precedentes. Negando eso y poniendo el énfasis en la acumulación por desposesión, Harvey desplaza el centro de la lucha de clases desde la relación capital trabajo hacia una constelación de muchas luchas diferentes: pueblos indígenas contra la expropiación de sus tierras, estatales contra la privatización, luchas raciales, etc. Pienso que ese es el error en su argumento.

Contrapunto

Smith en su libro considera que lo que caracteriza la relación entre las potencias imperialistas y sus corporaciones que dirigen sus inversiones a los países del Sur Global, y la fuerza de trabajo de estos últimos, es la superexplotación, categoría que se referencia en el teórico de la dependencia Ruy Mauro Marini. Este último afirmaba, tal como hace Smith, que la explotación en los países dependientes y semicoloniales resulta sistemáticamente superior que en los países imperialistas.

El objetivo de Smith al retomar y profundizar la elaboración de este concepto es darle sustento teórico a las maneras en las que el capital global saca provecho de la fuerza de trabajo más barata de los países oprimidos para acrecentar sus ganancias, cuestión cuya importancia compartimos. Pero, como señalamos en nuestra reseña del libro , donde lo discutimos con más extensión, nos parece que encierra algunos problemas.

Smith sostiene, siguiendo lo planteado por Andy Higginbottom, que debería ser considerada una tercera forma de incremento de la plusvalía, con igual estatus teórico que las definidas por Marx (plusvalía absoluta y plusvalía relativa).

Acerca del autor

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