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La poesía nacida en Moca: cuarenta años después (y 3)

Escrito por Debate Plural

Jose Rafael Lantigua, ex Ministro de Cultura República Dominicana (D. Libre, 8-12-18)

ntre los poetas mocanos de nueva generación que mencionábamos en la entrega anterior, incluidos en la recién publicada antología Voces de una tradición renovada, anotamos a Rosalba Escaño y a Leoni Disla. Veamos ahora a los demás que recoge la selección aludida. En tercer lugar arribamos a la poesía de quien tal vez sea el escritor más veterano de todo este grupo, Fari Rosario, quien ha trabajado a más de la poesía, el ensayo y la narrativa corta, y tiene una bibliografía reconocida. Rosario escudriña, con su lanza al ristre, los desafueros de la imagen desde el espacio donde la piel recibe el calor del cuerpo del deseo y los sueños terminan siendo conciencia de agua…agitación que procura lo incierto. Labra su poesía desde el albur de esos sueños, desde la historia personal donde la palabra se convirtió en desafío. Un desafío que Rosario ha enfrentado con sentido de trascendencia. Karmith Herrera continúa el desfile. El verso no traiciona su memorial de deseos. Imanta su naufragio, sus latidos, las luces conturbadas de su ideario. Poeta cierta que está obligada a situar las sombras de su desazón sobre los cimientos de sus pesadillas. Para entonces, emergerá hacia el lugar de su llama desde sus ardientes secretos. Alfredo Jiménez inscribe su nombre dentro de una prosa poética que derrama fuego desde una palabra que es rumor de viento, donde el ímpetu del delirio consagra una realidad que cuelga sus atavíos desde sus sombras.

Ronny García Guzmán, uno de los más jóvenes de este grupo, es dueño de un universo propio. A trazos breves y versos cortos levanta una poesía que se moviliza entre los azares del tiempo y la brevedad del instinto. A este instante, es la voz que marca la diferencia en este colectivo por el estilo que impregna su arenga, su grito, su anhelo, su confidencia. Natalie Tejada Lizardo (Natalie T. L. como se firma) es aún adolescente que no llega a la mayoría de edad. Y ya está aquí, antologada. Alguna razón habrá tenido el antologista para incluirla en esta selección. Creo encontrar una que tal vez resulte suficiente: en poemas cortos ella convoca las interrogantes fundamentales del ser desde su creación, y luego llena sus preguntas con las respuestas angustiosas, delirantes, inquietas, de sus tormentas interiores. Sorprende que una joven de apenas diecisiete años sea capaz de formular cuestiones que son propias de la agitación humana y ética de la adultez. Sombría a tientas, iluminada casi siempre en su devenir, la poeta transcribe desde su mocedad los ruidos exteriores que los abismos de su interior desaliento concitan y expanden. Ha de esperarse que su siembra futura siga su curso sobre ese mismo laberinto donde tantos grandes poetas surcaron sus caminos de vitalidad en la deriva de sus máscaras.

En Pablo Ramos hay lamentaciones y desgarros. Poesía aferrada a las mareas del existir, con el trueno del vendaval que se enrosca entre los designios constreñidos de la gravedad de la vida, con sus azares y premoniciones. Rosa María Santos Santos engendra sus fulgores desde una plataforma de sucesos donde el tiempo es oquedad y delirio. Winston Paulino muestra una poesía de aliento feraz. Sabe cultivar el verso con la sutil emanación de sus retos y desde ese ángulo infinito y voraz ha de cultivar su estro henchido de eternidad. No tiene otro camino. Soneida Pérez es la de mayor edad de esta antología. Su poesía está tatuada de relámpagos. Es poeta que se sabe hechizada por la materia que el poema atesora. Cabalga sobre silencios y recuerdos, y se adscribe a una conciencia que el tiempo remueve como un seísmo de miradas que chocan con la memoria. José Frankelly Hiciano Taveras (Kelly) consume su júbilo poético en la descripción de aconteceres que les son vitales: soledad, el amor en su ánfora de preludios, la nada como refugio del ser obnubilado de incertezas, la solidaridad como una embriaguez de alumbramientos de conciencia, el registro de abonos que despierta certidumbres. Los sueños, la sangre, la emboscada del embeleso.

En Yadira Rosario se percibe el perfume cálido de una buena poesía anclada en la borrasca del cuerpo y sus sonrojos. Creo en sus caminos. En Nathalia Grullón se entrecruzan las mismas trampas y las mismas provocaciones que acompañan a la mayoría de los antologados. Sus quebrados momentos están seducidos por una trama de sombras oníricas que pueblan los entresijos dolientes de estos poetas jóvenes y menos jóvenes. Ella debe despertar a sus traviesas tormentas para ahondar en sus aconteceres desde una visión propia. Tiene las condiciones para subvertir el orden. Juan Santos se interna en el tiempo de su acontecer para desnudar el corazón y sus llamas. Su alma -quiero decir su tiempo, su ser agónico, su elevación- vuela sobre las quimeras tibias, generosas y dulces del amor. En ellas se queda y se solaza su espíritu y su realidad. Como poeta le basta para serlo esa risueña y efervescente ilusión. Su madera de poeta ha de surcar otros caminos, pero su andadura por los senderos de la ternura blandida como fidelidad devocional a su asilo y a su bodega sublime, son suficientes para su rol de vate enamorado de su guarida de luz y ausencia. Jennifer González se plantea interrogantes vitales, y en su dilema existencial de poeta entrecruza sus avatares para discernir sobre algunas fuentes del amor y de la desesperanza. Ambas a dos. Crismely Jiménez enarbola un canto diferente al de su predecesora en esta antología. El optimismo navega en sus cauces, ve la vida no como un torbellino sino como una pasión en libertad, pero también sabe que toda vida lleva una contraparte que asfixia, conchas de odio que transforman las querencias y producen reflexiones cerriles. Finalmente, Roberto Miguel Escaño, de vocación y ejercicio sacerdotal, cierra esta selección con poemas donde Dios es esencia, mirada, certidumbre, fuego. Su inspiración deífica construye un saber y una certeza que solo un alma entregada a la visión divina puede comprender y resaltar en una poesía de buena elaboración y estilo.

La presencia de estos dieciocho poetas mocanos en esta antología expresan una convivencia de intereses literarios, un camino de propósitos comunes y una vinculación con los elementos centrales de la poesía, sus alcances, su alud de interrogantes, su caudal de sueños, su presencia, su trascendencia. Y lo más importante: dan continuidad a una tradición. Puede ser que muchos de los antologados sean aún poetas en agraz, pero sus respectivos ejercicios poéticos dan cuenta de un recorrido que tiene ya varios decenios y que aún sigue realizándose en nuestra patria chica. Territorio de poetas, Moca continúa de este modo una trayectoria que la identifica y la representa. Estos poetas constituyen pues la nueva estiba de esa vieja tradición. He aquí el valor real de esta antología.

Finalmente, debo destacar un aspecto central de esta obra: la publicación, entre los poemas de los seleccionados del poemario Orbita Inviolable de Juan Alberto Peña Lebrón, como un homenaje en el setenta aniversario de la publicación de su primer poema en las páginas de El Caribe. Después de aquella primera edición, nunca después este libro pudo ser reeditado. Aparecer ahora junto a los poemas de estos jóvenes es como si en medio de esta poesía bisoña se colocase la voz de un poeta que perteneció a una generación que celebra en el 2018 su setenta aniversario, como una manera de honrar los valores de la gran poesía y de indicar a los nuevos poetas del milenio mocano la forja de una trayectoria que se ha mantenido incólume a través de los años. Ha sido una idea hermosa y de mucha significación. Peña Lebrón reafirma los valores de su poesía unido a las voces de poetas, que como él hace siete decenios, comenzaron su camino como poetas con el futuro por delante.

Dos aniversarios pues, sirven de marco a esta antología y le otorgan un valor muy especial: el 40º aniversario de la primera antología de poetas mocanos y de la primera antología de poetas de provincia, de Julio Jaime Julia, y el 70º cumpleaños del bautizo como poeta de Juan Alberto Peña Lebrón. Los mocanos que amamos las letras y convivimos a diario con ellas, tenemos motivos para festejar esta edición.

Libros

  • Voces de una tradición renovada
  • Compilador: Juan Santos.
  • Prólogo: José Rafael Lantigua. Editora Punto y Coma, 2018. 220 págs.
  • Concebida como un homenaje al poeta Juan Alberto Peña Lebrón en el 70º aniversario de la publicación de sus primeros poemas, esta antología de 18 poetas jóvenes de Moca, reproduce íntegro el poemario Orbita Inviolable, publicado en 1953, con prólogo de Máximo Avilés Blonda.
  • Entre el polvo y la ceniza
  • Poesía completa
  • José Frank Rosario
  • Prólogo: José Rafael Lantigua. Ediciones de Cultura, 2008. 504 págs.
  • Publicado hace 10 años, este libro recoge toda la poesía –hasta ese momento- de quien consideramos es uno de los grandes poetas de Moca, aunque prácticamente desconocido. Luego de esta publicación, tiene varios más escritos, uno de ellos laureado. Contiene un análisis de Bruno Rosario Candelier.
  • Alta presencia en Nipur
  • Juan Monegro
  • Ediciones de Cultura, 2010. 171 págs.
  • Otro importantísimo poeta mocano, con tres libros publicados de alta calidad, y que también resulta desconocido hasta por sus propios poetas compueblanos. Autor además de “Primer grito de la sal” (1984) presentado por Pedro Peix, y “Tres estaciones para un viaje” (1986). Es, a nuestro juicio, un verdadero poeta de culto.
  • Arquitectura de silencios
  • Pedro Ovalles
  • Aisthesis, 2000. 112 págs.
  • Con toda seguridad, el poeta mocano-residente que mayor cantidad de libros ha publicado. Ha tenido una notable influencia en la formación y proyección de poetas jóvenes, al tiempo de haber concebido una poesía que se hace merecedora del reconocimiento nacional.
  • Alas de tiempo
  • Persio Pérez
  • Editora Taller, 1989. 90 págs.
  • Otro poeta importante que sigue residiendo en su ciudad nativa y cuya obra y trayectoria son parte activa de la tradición poética de la Villa del Viaducto. Este es su primer libro, publicado hará pronto treinta años. Contiene un comentario crítico de Julio Jaime Julia.

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