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La inteligencia artificial vs la inteligencia humana (2)

¿En qué se Parecen el Cerebro Humano y la Inteligencia Artificial?

¿Cuánto se parece el cerebro humano a la inteligencia artificial? ¿O la inteligencia artificial al cerebro humano, si lo preferimos?Eso es lo que se ha preguntado un estudio, que ha obtenido interesantes resultados.

La comunidad científica está de acuerdo en que el cerebro humano toma aproximadamente 35.000 decisiones al día, y que no es consciente del 99,74% de las decisiones reales que toma cada día. Una granactividad que realiza nuestro cerebro es inconsciente. Un estudio realizado por Huawei, desvela que solo somos conscientes del 0,26% de las decisiones que tomamos.

El estudio tenía como objetivo investigar las relaciones y similitudes entre el cerebro humano y la inteligencia artificial, y para ello se han realizado encuestas a 10.000 ciudadanos de Europa. Dichos encuestados creen tomar una media de 92 decisiones cada día.

El estudio apunta también cómo los usuarios desean que sus dispositivos inteligentes, como el smartphone, les ayuden a tomar las decisiones rutinarias, y hacer sus vidas más sencillas. Por ejemplo, el 39% delos encuestados afirma que le gustaría que su smartphone le ayudase a aprender otros idiomas o que le recomendase nuevos músicos que puedan gustarle (un 31%).

El estudio muestra que la inteligencia humana funciona de forma similar a la artificial, operando en un segundo plano para permitirnos realizar las acciones que hacemos. Parte de esas acciones en segundo plano son decisiones rutinarias. Como por ejemplo, decidir qué comer. Los encuestados creían tomar una media de 7 decisiones respecto a la comida, cuando en realidad tomamos alrededor de 221. 

¿La inteligencia artificial, la conciencia y los sentimientos?

El concepto de IA es aún demasiado difuso. Contextualizando,y teniendo en cuenta un punto de vista científico, podríamos definir esta ciencia como la encargada de imitar el cerebro, que no el cuerpo, de una persona en todas sus funciones. Estas pueden ser las ya existentes en el humano o bien otras novedosas e incorporadas en el desarrollo de una máquina inteligente.

En relación a la conciencia y las emociones, y aunque por el momento la mayoría de los investigadores en el ámbito de la Inteligencia Artificial se centra sólo en el aspecto racional, hay expertos que consideran seriamente la posibilidad de incorporar componentes «emotivos» como indicadores de estado, a fin de aumentar la eficacia de los sistemas inteligentes en determinadas situaciones.

A diferencia de los humanos, hay términos que la Inteligencia Artificial no puede comprender o entender conceptos humanos como el amor, el matrimonio, el sentido de la vida, el libre albedrío el cariño o las emociones humanas.

Particularmente, en el caso de los robots móviles, es necesario que estos cuenten con algo similar a las emociones con el objeto de saber –en cada instante y como mínimo– qué hacer a continuación [Pinker, 2001,p. 481].

Al tener «sentimientos» y, al menos potencialmente,«motivaciones», podrán actuar de acuerdo con sus «intenciones» [Mazlish, 1995,p. 318]. Así, se podría equipar a un robot con dispositivos que controlen su medio interno; por ejemplo, que «sientan hambre» al detectar que su nivel de energía está descendiendo o que «sientan miedo» cuando este esté demasiado bajo.

Esta señal podría interrumpir los procesos de alto nivel y obligar al robot a conseguir el preciado elemento [Johnson-Laird, 1993,p. 359]. Incluso se podría introducir el «dolor» o el «sufrimiento físico», a fin de evitar las torpezas de funcionamiento como, por ejemplo, introducir la mano dentro de una cadena de engranajes o saltar desde una cierta altura, lo cual le provocaría daños irreparables.

Esto significa que los sistemas inteligentes deben ser dotados con mecanismos de retroalimentación que les permitan tener conocimiento de estados internos, igual que sucede con los humanos que disponen de propiocepción, interocepción, nocicepción, etcétera. Esto es fundamental tanto para tomar decisiones como para conservar su propia integridad y seguridad. La retroalimentación en sistemas está particularmente desarrollada en cibernética: por ejemplo, en el cambio de dirección y velocidad autónomo de un misil,utilizando como parámetro la posición en cada instante en relación al objetivo que debe alcanzar. Esto debe ser diferenciado del conocimiento que un sistema o programa computacional puede tener de sus estados internos,

Al tener «sentimientos» y, al menos potencialmente,«motivaciones», podrán actuar de acuerdo con sus «intenciones» [Mazlish, 1995,p. 318]. Así, se podría equipar a un robot con dispositivos que controlen su medio interno; por ejemplo, que «sientan hambre» al detectar que su nivel de energía está descendiendo o que «sientan miedo» cuando este esté demasiado bajo.

Esta señal podría interrumpir los procesos de alto nivel y obligar al robot a conseguir el preciado elemento [Johnson-Laird, 1993, p. 359]. Incluso se podría introducir el «dolor» o el «sufrimiento físico», a fin de evitar las torpezas de funcionamiento como, por ejemplo, introducir la mano dentro de una cadena de engranajes o saltar desde una cierta altura, lo cual le provocaría daños irreparables.

¿Por qué Nuestro Cerebro no es un Ordenador? 

Ese día parece que aún no está cerca. Son muchas las diferencias que nos separan de los cerebros electrónicos, y no se trata de cuestiones superficiales, sino de estructura. Este es un listado con las principales diferencias entre los sistemas de inteligencia artificial propias de ordenadores y el funcionamiento de nuestro cerebro.

1. Su arquitectura es distinta

Una máquina dotada de inteligencia artificial tiene una serie de puertos de entrada y salida de datos que podemos identificar fácilmente. Esto no se da en nuestro cerebro: cada sub estructura de su globalidad puede ser a la vez receptora de datos y emisora de información.Tampoco se sabe en qué dirección viaja la información, ya que las ramificaciones interminables y los bucles son una constante en el mundo de las neuronas.

2. Su funcionamiento es distinto

En cualquier estructura de inteligencia artificial se puede diferenciar el canal por el que viajan los datos (hardware) y la información propiamente dicha. En un cerebro, en cambio, la distinción entre información y el medio material por el que viaja no existe. Los datos que se transmiten son en sí mismos cambios materiales que determinan la fuerza de atracción que existen entre las neuronas. Si la neurona A está más conectada con la neurona B que con la C, la información es una, mientras que si A pasa a estar más conectada con C, la información es otra.

3. Los datos con los que trabaja el cerebro no se pueden almacenar

Una consecuencia de que no distingamos entre canal e información es que tampoco existen grandes depósitos de datos en nuestra cabeza. Es por eso que nunca recordamos algo de la misma forma, siempre hay pequeñas variaciones. De hecho, se ha comprobado que incluso en las personas con una memoria autobiográfica muy desarrollada pueden tener falsos recuerdos.

4. La importancia del contexto

Nuestros cerebros orgánicos se adaptan como un guantea cada situación, a pesar de que cada una de las situaciones que vivimos sea única. Es más: ante contextos impredecibles, diferentes personas son capaces de reaccionar de la misma manera. Esto es algo que no encontramos en los sistemas de inteligencia artificial, en los que diferentes estímulos llevan al mismo resultado sólo si esos estímulos están previamente determinados: si A, entonces C; si B, entonces C. Los seres humanos, con todos nuestros defectos, estamos hechos para vivir en un contexto caótico. Nuestro cerebro es capaz de interpretar todos los estímulos, aunque se presenten de manera inesperada y sean totalmente nuevos.

5. La Inteligencia Artificial necesita regularidad

Los sistemas de inteligencia artificial necesitan estar montados de una manera muy concreta para poder ejecutar órdenes y hacer que la información pase de un lugar a otro de la manera correcta. Los cerebros, en cambio, son únicos en cada uno de nosotros. Al lado del entramado de aproximadamente 100.000.000.000 de neuronas que sostienen nuestro pensamiento, las huellas digitales que sirven para identificarnos en algunos contextos parecen ser todas iguales. Además, nuestro cerebro está cambiando constantemente, incluso mientras dormimos. La gran virtud de nuestro cerebro es que puede funcionar bien en todo momento a pesar de estar sujeto a constantes alteraciones imprevisibles: de ahí que haya sido definido como el sistema más complejo que existe.

Acerca del autor

Frank A. Peña Valdes

Profesor adjunto Escuela de Psicología, Facultad de Humanidades y Escuela de Orientación Educativa, Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD. Licenciatura en Psicología, Maestría en Metodología de la Investigación Científica. Especialidad en Psicología del Desarrollo, Maestría en Desarrollo Humano, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Postgrado en Educación Superior, Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Estudios Doctorales en Psicología Social, Universidad Central de Madrid (UCM).

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