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Historia y política en Max Henríquez Ureña

Odalís G. Pérez
Escrito por Odalís G. Pérez

Los escritos históricos y políticos de Max Henríquez Ureña que conforman el tomo VI de Obra y Apuntes, merecen una atención especial, por cuanto los mismos conforman varios ritmos ideológicos y huellas que corresponden a experiencias diferentes, todas ellas vividas por nuestro intelectual en la primera mitad del siglo XX.  En el trazado de este volumen titulado Historia y Política, encontramos una primera parte que comprende el Diario de viaje por América del Sur en gestiones contra  la invasión norteamericana en República Dominicana del 1 de diciembre de 1920 al 6 de junio de 1921; un Epistolario de doce cartas dirigidas a distintas personalidades literarias, políticas e históricas, y cuatro conferencias sobre diversos momentos culturales e intelectuales llevados a cabo en Santiago de Cuba,(Asunción), Paraguay, Buenos Aires y Santiago de Chile.

La segunda parte del volumen fue organizado por diversas tomas de la palabra, conferencias, apariciones y discursos de ocasión y otras contribuciones, para finalizar dicho volumen con un segundo Epistolario de dos cartas escritas en 1944 y 1951.

¿Cómo pensó MHU lo político y la política desde la confrontación y la práctica de los derechos soberanos, el respecto a la nacionalidad y la integridad nacional?  Por otro lado, ¿de qué manera pensó MHU la República Dominicana desde su posición de Estado, vale decir, como, Canciller de la República, Embajador, Ministro representante ante la OEA y la ONU?

Estos dos momentos de la vida y obra de un intelectual, deben compararse por razones, más que nada, de funcionamiento de los roles accionales en el contexto de lo político y lo sociocultural, sobre una base ideológica del sujeto institucional.  ¿De qué manera el intelectual orgánico o intelectual de Estado puede mantener su estatuto y función en un enmarque de autoridad, poder e independencia?

El cuestionamiento o la aceptación de roles oficiales y oficiosos aleja o acerca la cuestión libertad o independencia política, influyente o no en la práctica social, cultural e institucional, siendo así que el predominio o marco de dominación imperante, ideologiza y reproduce dicho modelo como fuerza y función dominadora del Estado o la función gubernamental.

Los ejes que determinan una concepción del mundo social desde la centralidad ideológica o posicional del Estado, participan de una reproducción incidente en la esfera pública normada por los conceptos de ley, institución, derecho, formación gubernamental y movilidad jurídico-política.   Las condiciones de existencia y funcionamiento civil en el orden público y privado reproducen los modos de acción y trabajo en la esfera pública.

En la introducción titulada Prólogo a Historia y Política, el historiador Sergio Guerra Vilaloy (¿Vilavoy?), elabora una opinión sobre lo que ha creado cierto conservadurismo en muchos intelectuales liberales que pensaban otras opciones democráticas para sus propias naciones.

La observación del prologuista de este volumen se deja sentir a partir de una comparación de roles ubicados en tiempo y espacio:

“Para muchas destacadas figuras de la historia y la literatura latinoamericana de ese período, entre los que pueden citarse al mexicano Justo Sierra (1848-1913), el venezolano Laureano Vallenilla Lanz (1870-1936) y el cubano Ramiro Guerra (1881-1970), la preocupación por las sombrías perspectivas de sus pueblos ante los avances de la expansión norteamericana y el atraso secular, los llevó a considerar la conveniencia de apoyar, en sus respectivos países, a gobiernos fuertes y estables que preservaron el orden y evitaron la anarquía, aún cuando fuera a costa de restringir los derechos ciudadanos”. (Ver, Op. cit. p. XXII)

La caracterización que hace el prologuista ofrece una explicación tendente a situar ciertas funciones o soluciones asumidas por intelectuales ante algunos dictadores o tiranos latinoamericanos o caribeños:

“Sólo así puede explicarse el respaldo brindado por Justo Sierra a Porfirio Díaz, Vallenilla y Lanz a Juan Vicente Gómez o Ramiro Guerra a Gerardo Machado, pues se basaban en la consideración de que estas dictaduras representaban la única opción posible para estabilizar sus países, impedir la absorción total por el poderoso vecino del Norte y el acercamiento a los patrones de desarrollo y civilización de los países industriales europeos y los propios Estados Unidos”. (Vid. Op. cit. pp. XXII-XXIII)

En tal sentido, el modelo dictatorial tuvo éxito en gran parte de los países d América Latina y el Caribe, debido al fracaso de rebeliones locales, montoneras, “gavillerismo”, caudillismo y sus derivados cuyos resultados se hicieron visibles en la inestabilidad social, el malestar, económico, el localismo político, el atraso económico y social, así como otros fenómenos que surgieron como consecuencia de la conflictividad política de las primeras dos décadas del siglo XX.

Cansado el joven MHU de sus vivencias y experiencias dominicanas, y habiendo sufrido el fracaso de la primera ocupación norteamericana y sus resultados políticos en aquel entonces, se aferra a una solución de estabilidad gubernamental de orden y fuerza.  Solución que detendrá el desmedido desorden social imperante que vivió el país entre 1916 y  1924 y de 1924 a 1930, debido a la crisis creada por Horacio Vásquez y sus propósitos reeleccionistas, estando ya gravemente enfermo.

MHU y los Henríquez y Carvajal que no comulgaban con el gobierno de Vásquez, aceptaron participar en el nuevo gobierno de 1930 y creyeron en los ofrecimientos del General Trujillo, avalados por el discurso del orden, paz, desarrollo, prosperidad, respeto y progreso defendido también por la intelectualidad  que acompañó al futuro “jefe” de “la patria nueva”.

De ahí que a su regreso, y al ser invitado a colaborar con el nuevo gobierno, aceptara la designación de Canciller de la República Dominicana, hecho este que agradece  “Al tomar posesión de la Secretaría de Estado de Relaciones exteriores” en agosto 27 de 1931, en la ciudad de Santo Domingo.  Regresaba de Cuba donde ejercía como abogado y profesor en Oriente, para dedicarse a las “Relaciones exteriores” en un importante momento en su país.

Su discurso ante los “dignísimos representantes de naciones amigas” (ver, Op. cit. p. 131-133), se enfocó en el gobierno del Honorable Sr. Presidente de la República y en la nueva diplomacia que se vislumbra desde una visión de amistad, cooperación y relaciones internacionales fundadas en la amistad, el progreso y la unidad de esfuerzos comunes. Según MHU:

“El gobierno del Honorable Presidente Trujillo se ha significado desde su inicio por su persistente deseo de acercamiento y de buena amistad para con los demás pueblos que forman parte de la comunidad jurídica internacional.  Yo vengo a ser, como Canciller de la República, el fervoroso intérprete de ese propósito. Por encima de la cortesía protocolar, que solemniza y dignifica las relaciones entre unos y otros pueblos, está para servirme de guía en la fiel interpretación de los propósitos del Honorable Sr. Presidente de la República, mi devoción, consagrada durante toda una vida, por la paz del mundo, por la confraternidad de las naciones y por los principios básicos del Derecho internacional”.  (Ver, op. cit. p. 132)

En esta carta de presentación ante representantes de España, Haití, Alemania, Inglaterra, Francia, México y otros países, al nuevo Canciller de la República le acompaña toda una experiencia de lucha y trabajo con su padre, el Dr.Francisco Henríquez y Carvajal, quien fue acogido también por el nuevo Servicio Exterior, y de quien MHU fuera Secretario de la Presidencia en el gobierno interino e intervenido de 1916.

MHU argumenta a favor de un tipo de diplomacia eficaz basada en la comprensión recíproca de las naciones:

“No concibo la diplomacia de nuestro tiempo sino como el instrumento más eficaz para el acercamiento cordial y para la recíproca comprensión de las naciones.  El porvenir del mundo es de paz y de concordia para la gran familia humana.  Al estrechar las manos de Vuestras Excelencias he creído oprimir a un tiempo la de millones de seres que, más allá de los mares y de las montañas, viven, alientan, piensan y lucha, como luchamos aquí los dominicanos, por aportar una contribución fecunda al porvenir de la humanidad”. (Ibídem. pp. 132-133)

El discurso del  nuevo Canciller de la República Dominicana ante los representantes internacionales de los diversos países que asistieron a su toma de posesión,  prometía entonces darle función y contenido a las relaciones internacionales del país y promocionar la cooperación internacional en el orden económico, educativo, político y social vinculante.

Acerca del autor

Odalís G. Pérez

Odalís G. Pérez

Profesor Investigador de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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