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La revolución educativa de Hostos y el cambio de mentalidad en República Dominicana (y 2)

Written by Juan de la Cruz

El prócer de la educación dominicana describe los pormenores de la labor educativa desarrollada por él, Salomé Ureña, José Pantaleón Castillo, Francisco Henríquez y Carvajal, el padre Billini y otros/as en aras de lograr el desarrollo espiritual de la República Dominicana:

Durante diez años los esfuerzos de la Escuela Normal, del Instituto Profesional, de la Escuela Preparatoria, del colegio en que el presbítero Billini acogió y secundó la reforma, dieron resultados tan satisfactorios que era necesario ser indiferentes a la vida y progresos de una sociedad juvenil, para no alborozarse con ella y no presagiar bien de suelo y entendimiento en donde tan corto tiempo de trabajo bastaba para tan pingües resultados” (Rodríguez Demorizi, 2004, Tomo I: 251-252).

Es importante destacar que la Alta Jerarquía Católica, que presidía el Arzobispo Fernando Arturo de Meriño y de la que formaba parte el padre Francisco Xavier Billini, en principio se opuso fieramente a la reforma educativa por considerarla una especie de “Educación sin Dios”, debido al carácter laico que Hostos le imprimió a la misma. No obstante, al conocer las verdaderas intenciones del educador puertorriqueño en favor del crecimiento cultural del pueblo dominicano, el filántropo Billini y algunos sectores que le adversaban en principio le tributaron todo su apoyo.

De su lado, el destacado filósofo dominicano Andrés Avelino, al pretender descalificar la labor ciclópea desarrollada por Hostos, proclama:

Soy cristiano católico y amo entrañablemente mi ancestro y mi cultura hispánica. Sin duda, la influencia de las ideas positivistas y racionalistas de Hostos fue perjudicial, y lo es todavía, para la cultura dominicana. Antes de Hostos el pueblo dominicano era un conjunto de personas que estaban unidas en sociedad por una religión, la católica, y vivían en una unidad de pensamiento y acción cuya directriz fundamental y total era el pensamiento, la religión y la cultura hispánicos… Hostos con su positivismo, y más que Hostos, el positivismo mismo y el anticlericalismo que después de él nos llegó como un torrente por todas partes, fue el acontecimiento más lamentable que destruyó la unidad hispánica de nuestra cultura. Esa unidad hispánica la ha restablecido Trujillo creando el Concordato y volviendo a traer a la Escuela Dominicana la religión católica que el pedagogo puertorriqueño erradicó de las aulas dominicanas” (El Caribe, 1956, pp. 32-33).    .

Esta postura de Avelino refleja el conservadurismo filosófico, político-social y pedagógico que llevaba implícito su sistema metafísico antinomicista categorial y su postura política de identificación plena con el autoritarismo y el hispanismo trujillistas. Está claro que toda persona que se precie de objetiva y analice con honestidad filosófica la revolución educativa y de la mentalidad puesta en marcha por Hostos en la segunda mitad del siglo XIX en República Dominicana, no podría afirmar con tal desenfado de que las ideas pedagógicas del Maestro sean perjudiciales para el desarrollo integral de la República Dominicana.

Muy a pesar de que el aparato ideológico de la dictadura de Trujillo y sus más connotados intelectuales pretendieron por todos los medios desterrar de las aulas y del imaginario popular dominicano la labor titánica desarrollada por Hostos para situar a República Dominicana entre el conjunto de las naciones civilizadas del mundo, no pudieron lograrlo, tal como lo reconoce el propio Avelino al destacar el gran influjo que aún tenía la labor desarrollada por el apóstol dominico-puertorriqueño en el conjunto de la sociedad dominicana.

Las Escuelas Normales tuvieron un influencia sumamente positiva en diferentes ámbitos de la vida educativa, social, política, cultural, filosófica y científica de la República Dominicana, aunque no se compartan todos los postulados filosóficos, pedagógicos y metodológicos de quien fue su mentor y guía: Eugenio María de Hostos.

La vigencia de los postulados del Maestro en la actualidad es indiscutible, ya que el enfoque del currículo actual que se implementa en las escuelas y en los liceos públicos de la República Dominicana, está basado en el enfoque de las competencias múltiples que puso en práctica Eugenio María de Hostos en las escuelas normales.

La revolución educativa, ético-moral y de la mentalidad impulsada por Hostos fue una verdadera obra de amor, una revolución humanística, porque colocó en el centro de todo su quehacer a los hombres y a las mujeres de su época como el diamante más preciado que era necesario forjar o pulir para obtener la más apetecible y fina joya: un ser humano nuevo, comprometido con la sociedad dominicana de entonces y de los años por venir.

Al hacer una ponderación del esfuerzo desplegado por las escuelas normales fundadas por él en la República Dominicana para alcanzar una verdadera cultura intelectual equitativa entre hombres y mujeres, Hostos subraya:

Se aplicó a la educación de la mujer la misma reforma que había fecundado el entendimiento de la juventud masculina, y dos establecimientos de educación femenil dieron al progreso el empuje que le falta cuando el primer iniciado en sus ventajas no es la mujer. Este vivo sentimiento del deber de la civilización no se centralizaba en la capital, Santo Domingo, sino que se manifestaba en casi todas las capitales de las provincias; y, para inspirar más confianza, aparecía acalorado por las municipalidades” (Rodríguez Demorizi, 2004, Tomo I: 252).

La participación de la mujer en el proyecto educativo de Hostos constituyó el centro de la revolución hostosiana, dado que fueron ellas quienes mejor interpretaron el ideal de la construcción del ser humano totalmente nuevo que era necesario cimentar en la sociedad dominicana de entonces para sacarla del letargo y anquilosamiento en que se encontraba, llevando por todas partes la luz de la verdad, tal como el Gran Maestro instó a la primera legión de maestras en su primera investidura del 17 de abril de 1887, cuando en un discurso hondamente reflexivo les indicó:

Sois las primeras representantes de vuestro sexo que venís en vuestra patria a reclamar de la sociedad el derecho de serle útil fuera del hogar, y venís preparadas por esfuerzo de la razón hacia lo verdadero, por esfuerzos de la sensibilidad hacia lo bello, por esfuerzos de la voluntad hacia lo bueno, por esfuerzos de la conciencia hacia lo justo. No vais a ser la antigua institutora de la infancia, que se acomodaba en la sociedad en que vivía, y, devolviendo lo que había recibido, daba inocentemente a la pobre sociedad los mismos elementos de perturbación que siempre han sido y serán la ignorancia, la indiferencia por la verdad y la justicia, la indiferencia con el mal poderoso y la complacencia con la autoridad del vicio. Van a ser institutrices de la verdad demostrable y demostrada, formadoras de razón sana y completa, escultoras de espíritus sinceros, educadoras de la sensibilidad, para enseñarla a sólo amar lo bello cuando es bueno; educadoras de la voluntad para fortalecerla en la lucha por el bien; educadoras de la conciencia para doctrinarla en la doctrina de la equidad y la justicia, que es la doctrina de la tolerancia y la benevolencia universal en cuanto somos hechuras del error, y la doctrina del derecho y de la libertad en cuanto somos entidades responsables…Venís condenadas a luchar con vuestro medio social; pero nunca la luz es más gloriosa que cuando, difundiéndose pausadamente por entre masas impenetrables de vapores, después de largo combate, brilla al fin; venís condenadas a sufrir: pero vais a sufrir por alcanzar la gloria de enseñar el Sol. Vuestro sol sea la verdad: enseñadlo al pequeñuelo, enseñadlo a los sencillos, enseñadlo al inocente, y día llegará en que lo vean los adultos, en que con su luz se purifiquen los astutos, en que al influjo de su luz mejore el delincuente. Entonces, aunque no hayáis atendido al resultado, habréis reorganizado la sociedad desorganizada, y cualesquiera que hayan sido los dolores, bendecida de vosotros será la recompensa. ¿Qué recompensa más digna de altas almas que el haber regenerado con su ejemplo y su doctrina la patria desconocida de sí misma?” (Rodríguez Demorizi, 2004, Tomo I: 209, 210 y 212).

El Maestro era consciente de que las responsabilidades contraídas por las mujeres con la sociedad dominicana eran inmensas, ya que por la vía de una razón sana debían proponerse alcanzar la verdad demostrable y demostrada, escultora de espíritus realmente sinceros; por medio de la sensibilidad debían enseñar lo bello cuando es bueno; con la mediación de la voluntad debían luchar siempre por el bien y con una conciencia debidamente educada podrían lograr la equidad y la justicia, la tolerancia y la benevolencia universal, el derecho y la libertad.

Hostos estaba totalmente seguro de las implicaciones futuras que tendría esa revolución  educativa, ético-moral y de la mentalidad para la República Dominicana. Por eso dijo con gran acierto y clarividencia: “¡Entrad por la nueva senda: sólo ella conduce al porvenir!” (González, 2007, p.139).

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Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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