Economia Nacionales

Crisis de la economía dominicana (XXIX)

Escrito por Debate Plural

Gente que todavía defeca en letrinas

 

Mariela Mejia (D. Libre, 15-8-18)

 

El crecimiento económico de la República Dominicana en los últimos 25 años ha sido uno de los más fuertes en América Latina y el Caribe, afirma el Banco Mundial. El año pasado fue de 4.6 % y la proyección es que el Producto Interno Bruto (PIB) crezca cerca del 5 % este 2018. Pero esas cifras no han evitado que Miladys Florián, allá en Tábara Abajo de la provincia Azua, salga de su casa al patio si llueve, hace frío o deba alumbrarse con una linterna, para hacer sus necesidades sanitarias en una letrina.

“Bueno, hija, qué vamo’ a hacer (…) Hay que ser conforme”, dice Florián, de 66 años, a la periodista de Diario Libre cuando conversan sobre la diferencia de su baño con “los de la capital”.

En su patio, en el interior de una caseta de zinc, hay una taza de inodoro sin tanque para almacenar agua. Las heces y la orina caen al vacío. Un tubo en el exterior que sale a la superficie libera el hedor. Es la segunda letrina que la familia levanta para el uso de todos en las dos décadas que lleva residiendo en el lugar. En 2012 se clausuró la vieja y sellaron el hoyo de 18 pies de profundidad porque se llenó. Una fundación católica le ayudó a construir la de ahora. Al esposo de Florián, de 65 años, le tomó como tres días cavar los 22 pies de la nueva.

La familia ha pensado construir un sanitario convencional en el interior del hogar pero los medicamentos para controlar el azúcar y la presión de Florián se llevan parte de sus ingresos económicos. Cuando el costo de construir una letrina con taza de inodoro llega hasta los RD$23,000, un baño con inodoro, lavamanos y pileta, va entre los RD$50,000 y RD$100,000.

De 562 hogares en Tábara Abajo, el 73 % disponía de letrinas con losa o piso y tubo de ventilación, según compila una base de datos recabada entre 2014 y 2018 por el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa). La vecina de Florián tiene una pero en peor estado. Está protegida con una oxidada y destartalada caseta de zinc y, a diferencia de la de Florián, la sentadera es un montículo circular hecho de cemento, de pocas pulgadas de alto.

Del levantamiento realizado por el Inapa en una muestra de comunidades rurales, se facilitó a Diario Libre de lo encontrado en las provincias Azua, San Pedro de Macorís, Bahoruco, Barahona, Dajabón, Duarte, El Seibo, Elías Piña, Hato Mayor Hermanas Mirabal, Independencia La Altagracia, La Vega, Montecristi y Monte Plata, y el Distrito Nacional. De 55,761 hogares, se contó que el 56 % tenía una letrina, algunas mejoradas con ventilación y otras más encerradas y malolientas.

En el Inapa se reportó que en el sector capitalino Los Praditos hay hogares cuyo sanitario es una taza de inodoro pero la descarga es al vacío, como las letrinas. Lo mismo ocurre en El Dique, en Santo Domingo Este, un barrio ubicado a orillas del río Ozama donde se diagnosticaron casos de cólera en un brote detectado en el país en 2010.

En un estrecho callejón de El Dique hay una pequeña sala de tareas donde la profesora a cargo improvisó una letrina en un estrecho cuadrante dentro del salón de clases, que descarga al subsuelo. Al frente del centro escolar hay una vivienda que tiene una taza de inodoro cuyas descargas corren por un tubo con salida a una cañada o canal que desemboca en el río Ozama.

“En nuestro país los sectores crecen y después es que el Gobierno interviene y ellos hacen las cosas según sus recursos, es más barato para muchos simplemente tener una letrina”, dice Carlos Perkings, de la Fundación Ozama RD Verde.

Solo el 18 % de las viviendas censadas por el Inapa tenía un inodoro con descarga hidráulica. Se encontró también que muchos hogares no cuentan con ningún sistema de saneamiento y sus habitantes defecan al aire libre. Esta práctica se verificó en pueblos cercanos a la capital, ubicados entre Guerra y Bayaguana, otros son de El Seibo, Elías Piña, Hato Mayor, San Pedro de Macorís, y otras provincias. Ocurre en comunidades habitadas solo por criollos y en bateyes de mayoría haitiana.

La Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (Enhogar 2016) estimó que 2.5 % de la población del país no tiene servicio sanitario. En uno de sus informes se destaca que el hecho de disponer de letrinas, algunas muy precarias, con solamente una plancha de hormigón, si bien aíslan los deshechos, no dejan de ser fuente de contaminación. Si no cuentan con respiraderos, conservan mal olor y atraen moscas, y pueden ser vectores de enfermedades que se reproducen en los huecos.

Para la Enhogar aplicada en 2006, el 21 % de los domicilios en el país usaba una letrina privada con cajón y 8.5 % una compartida con cajón, siendo más usual en la zona rural. Para la versión 2016 de la misma encuesta el porcentaje se redujo a 9.6 % y 5.1 % respectivamente.

En 2006 apenas el 56.2 % tenía inodoro privado y en 2016 subió a 76 %.

“En el tema de excretas es donde uno puede argumentar que mayor progreso ha habido porque la proporción de sanitarios ha aumentado”, dice el economista Pavel Isa, especialista en desarrollo humano. “Pero todavía la brecha que queda son brechas duras, es decir, la población rural es la que tiene menos disponibilidad y la población más pobre. Lo otro es que, si no tienes sistema de agua disponible, aunque tú tengas sanitarios, aunque digas que tienes sanitario, el sanitario no funciona bien si no tienes agua corriente”.

En 2015 el Ministerio de Economía estimaba que el 76 % de las viviendas tenía acceso a agua potable, el porcentaje aumentó y hoy se considera que solo el 20 % de la población carece de cobertura de agua potable.

Si se desagrega por zona de residencia, la población urbana que disfruta de agua potable pasó de 83.2 % en 2012 a 87 % en 2016, y la rural de 51.7 % a 61.8 % en el mismo período, informó el ministro de Economía Isidoro Santana.

En una época en la que se habla de colonizar marte y construir carros voladores, el 7.93 % (aproximadamente 4.1 millones de personas) en Centroamérica y República Dominicana carecen de un sistema básico de saneamiento.

La cifra la reporta el Foro Centroamericano y República Dominicana de Agua Potable y Saneamiento que también registra que apenas el 32.42 % (16.9 millones) tiene acceso a un sistema de alcantarillado, generalmente localizados en las zonas urbanas.

“Hay que elevar el nivel de inversión en agua (y alcantarillado) y eso ha sido descuidado de manera importante a lo largo de los últimos años”, dice el economista Isa.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que un saneamiento deficiente va asociado a la transmisión de enfermedades como el cólera, la diarrea, la disentería, la hepatitis A, la fiebre tifoidea y la poliomielitis.

El año pasado, en la Región de las Américas, se notificaron más de 13,500 casos sospechosos de cólera en toda la isla La Española, 99 % de estos en Haití, reporta en un boletín la Dirección General de Epidemiología de Salud Pública. A pesar de que se registró la incidencia más baja desde octubre de 2010, la OMS recomendó a los Estados Miembros (entre estos la República Dominicana) que se continúen los esfuerzos para garantizar condiciones adecuadas de saneamiento básico y acceso al agua potable para reducir el impacto del cólera y otras enfermedades transmitidas por el agua.

El Observatorio Político Dominicano destaca que los sistemas de alcantarillado del país son obsoletos, en su mayoría construidos durante la dictadura de Rafael L. Trujillo (1930-1961). En el Gran Santo Domingo, donde viven más de 3 millones de habitantes, solo hay una cobertura de alcantarillado sanitario de 18 %, de acuerdo con la Corporación de Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (Caasd).

La ausencia de un adecuado servicio de alcantarillado ha motivado a que la población disponga de sus desechos a través de pozos sépticos y filtrantes que pueden contaminar el subsuelo.

Cuando se excava para construir el hoyo de una letrina se corre el riesgo de llegar a una corriente de agua subterránea y contaminarla. Si se defeca al aire libre, las bacterias pueden alcanzar aguas cercanas y también comprometerlas.

El director del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (Indhri), Olgo Fernández, informó a Diario Libre que el año pasado se detectó una amenaza de contaminación en el canal de riego Marcos A. Cabral de la provincia Peravia. Cuando se investigó, se determinó que provenía de familias haitianas residentes en la ribera que defecaban a cielo abierto y en letrinas. Con ayuda de la fuerza militar, se eliminaron las letrinas, informó el funcionario, y se formaron 27 comités de vigilancia en todo el trayecto del canal (34 kilómetros).

“La construcción de letrinas es incompatible con la construcción de pozos de agua para consumo humano o para producción agrícola”, afirma Fernández.

Según reporta el Indhri, las aguas subterráneas representan el 60 % de la disponibilidad de los recursos hídricos en el país.

Al no disponerse de estudios recientes terminados sobre la pureza en general de las aguas subterráneas del país, la Caasd facilitó a Diario Libre análisis de pozos de 50 puntos específicos de Santo Domingo. En las pruebas se midió la presencia de bacterias coliformes fecales, que se encuentran en los intestinos y excrementos humanos y animales. Estas se toman como parámetro en indicadores de pruebas de agua porque su existencia puede causar enfermedades.

Los resultados en su mayoría fueron negativos, pero los positivos fueron considerables. Cuando la norma establece un máximo de 3 NMP/100 ml de coliformes fecales, en una salida de pozo en Herrera, en Santo Domingo Oeste, se midió en enero del presente año 2,400 NMP/100 ml.

Otro análisis hecho en marzo a aguas subterráneas próximas al municipio Guerra en Santo Domingo Este, encontró 430,000 NMP/100 ml de coliformes fecales. En abril se midió en un pozo en El Millón, del Distrito Nacional 460 NMP/100 ml de las mismas bacterias.

En las aguas superficiales también se han encontrado valores que sobrepasan los parámetros. Cuando la norma en este caso establece un máximo de 400 NMP/100 ml de coliformes fecales, del Laboratorio de Calidad de Agua del Indrhi midieron en febrero del año pasado 24,000 en el río Jimenoa, por el puente de la carretera Jarabacoa.

Asimismo, midieron 4,900 NMP/100 ml en el río Yaque del Norte, a la altura de la Ciénaga de Manabao; 3,300 en el río Jimenoa, por Pozo Bajito y 2,300 en el Arroyo Los Dajaos, en Arroyo Dulce.

Aunque lo ideal es que se construyan sistemas sanitarios formales, en 2014 el Ministerio Administrativo de la Presidencia entregó RD$4,600,000 para la construcción de 2,500 letrinas dentro de un programa de saneamiento ambiental de la Fundación de Desarrollo Azua, San Juan y Elías Piña (Fundasep).

El diácono Juan Boció Cabral, coordinador del Departamento de Desarrollo Comunitario de la Fundasep, cuenta que para 1992 se determinó que 60,000 hogares de Azua, San Juan y Elías Piña no tenían sanitario. En 27 años se desarrollaron proyectos de saneamiento; solo la fundación ha construido 18,000. Él estima que la cifra de 60,000 se redujo a 12,000, recurriendo muchos de ese restante a defecar al aire libre.

Boció defiende la necesidad de construir letrinas pese a las críticas que puede generar en las grandes ciudades. “A veces es muy fácil si tú tienes tu solución dada comentar los problemas del otro como que no son nada. La realidad por la que nosotros pasamos cuando vamos a las comunidades, de lomas sobre todo, es tremenda porque no tienen dónde hacer sus necesidades. Hay una realidad de pobreza en nuestras comunidades que realmente contradice muchos numeritos”, dice.

El diácono reporta que tiene solicitudes de comunidades que se aproximan a las 4,000 para que les construyan sanitarios o letrinas. “Los sistemas sanitarios del Estado solamente abarcan algunas ciudades, los cascos urbanos principales, las cabeceras de las provincias o de los municipios, pero después de las comunidades no tienen ningún sistema que les pueda permitir defecar o echar los desechos, entonces tienen que ser a través de letrinas”, afirma.

Cuando se mantiene la letrina como opción, hay diseños ecológicos amigables al medioambiente, que además permiten aprovechar los excrementos como abono. “Pero a la gente no le gustan”, lamenta Esther Reyes, del departamento de Desarrollo Rural del Inapa (conozca más sobre esto en el siguiente reportaje).

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