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¿Qué pasa con la integración europea? (y 2)

Escrito por Debate Plural

Noam Chomsky (Rebelion, 26-7-18)

 

–Es bastante sencillo. Un grupo de académicos turcos inició una petición protestando por la represión severa y creciente del Gobierno sobre la población kurda. Fui uno de los diversos extranjeros invitados a firmar. Inmediatamente después de un atentado terrorista en Estambul, Erdogan lanzó una diatriba en la que atacaba a los firmantes de la declaración y declaraba, muy al estilo de Bush, que quien no estaba con ellos estaba con los terroristas. Como me dedicó una parte de la invectiva, algunos medios turcos y unos amigos me pidieron que respondiera. Yo lo hice, brevemente, como sigue: “Turquía culpó al ISIS, a quien Erdogan ha ayudado de diferentes maneras, al tiempo que también ha apoyado al Frente Al Nusra, que no es muy diferente. Luego lanzó una diatriba contra los que condenan sus crímenes contra los kurdos, quienes resultan ser la principal fuerza terrestre que se enfrenta al ISIS tanto en Siria como en Irak. ¿Hace falta decir algo más?”

Los académicos turcos que firmaron la petición fueron detenidos y amenazados. A otros los atacaron físicamente. Entretanto, la represión estatal continúa aumentando. Los días oscuros de 1990 no se han borrado de las memorias. Igual que antes, los académicos turcos y otros han demostrado una valentía y una integridad remarcables al oponerse con vigor a los crímenes de Estado, de manera insólita en otros lugares, pues se pusieron en riesgo e incluso sufrieron severos castigos por su honorable posicionamiento. Afortunadamente, el apoyo internacional que se les brinda es cada vez mayor, aunque diste mucho del que se merecen.

–En una entrevista que mantuvimos se refirió a Erdogan como “el dictador de sus sueños”. ¿A qué se refería con eso?

–Durante años, Erdogan ha ido avanzando en la consolidación de su poder al tiempo que retrocedían los esperanzadores pasos hacia la democracia y la libertad que se habían dado en Turquía en años anteriores. Según todas las apariencias, quiere convertirse en un gestor extremadamente autoritario cercano a la dictadura y violento, y represivo.

–La crisis griega persiste y los acreedores internacionales del país piden constantemente reformas adicionales de un tipo que ningún gobierno democrático en ningún otro país de Europa podría implementar. En algunos casos, de hecho, esas demandas de más reformas no se ven acompañadas por medidas específicas, con lo que uno tiene la impresión de que asiste a una muestra de sadismo brutal hacia el pueblo griego. ¿Qué visión tiene de este asunto?

–Las condiciones que se le han impuesto a Grecia en interés de los acreedores han devastado el país. El objetivo proclamado era reducir la carga de la deuda, que bajo estas medidas se incrementaba. Como se ha socavado la economía, el PIB también se ha visto reducido, y el coeficiente deuda/PIB se ha incrementado a pesar de los recortes radicales en los gastos estatales. En teoría a Grecia se la ha facilitado una rebaja de la deuda. En realidad, se ha convertido en un embudo mediante el cual fluye la ayuda europea hacia los bancos del Norte, esos que hicieron préstamos de alto riesgo que fallaron y que quieren que los rescaten los contribuyentes europeos, en una jugada característica de las instituciones financieras de la era neoliberal.

Cuando el Gobierno griego sugirió la posibilidad de preguntarle al pueblo de Grecia para que expresara sus opiniones sobre su suerte, la reacción, horrorizada ante tamaña insolencia, de las élites europeas no se hizo esperar: ¿Cómo se atrevían los griegos a considerar que la democracia era un valor a respetar en el país que le había dado origen? Los eurócratas al mando reaccionaron con auténtico sadismo e impusieron demandas todavía más severas para reducir Grecia a la ruina, pero siempre apropiándose de todo lo que podían para ellos, como no podía ser de otra manera. El objetivo del sadismo no es específicamente el pueblo griego, sino cualquiera que imagine que la gente disfruta de derechos que empiezan a compararse con los de esas instituciones financieras y los de esos inversores. De hecho, en general, las medidas de austeridad durante la recesión económicamente no tienen sentido, tal como han reconocido incluso economistas del FMI (aunque no sus cargos políticos). Resulta difícil contemplarlos como algo que no sea guerra de clases, pues lo que buscan es revertir los logros sociales y democráticos que han constituido una de las mayores contribuciones de Europa a la civilización moderna.

–¿Y cuál es su opinión del Gobierno dirigido por Syriza, que ha renegado de sus promesas anteriores a las elecciones y ha acabado firmando un nuevo acuerdo de rescate, con lo que acabará siendo otro Gobierno griego más que refuerza la austeridad y las medidas antipopulares?

–No me siento lo bastante cerca de esa situación como para comentar la estrategia de Syriza o para evaluar caminos alternativos que podrían haberse tomado. Las opciones podían haber mejorado sustancialmente si hubieran recibido un apoyo significativo de las fuerzas populares de otras partes de Europa y creo que hubiera sido posible hacerlo.

–El anterior ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis, está a punto de lanzar un nuevo partido cuyo objetivo es llevar a cabo, tal como dice, “una idea sencilla y radical: democratizar Europa”. Tengo dos preguntas para usted sobre este asunto: Primero, ¿por qué la socialdemocracia se está convirtiendo cada vez más en un factor del pasado en las sociedades europeas? Y segundo, ¿hasta qué punto puede “democratizarse” el capitalismo?

–La socialdemocracia, no solamente en su variante europea, sino en otras también, ha sufrido severos ataques a lo largo del período neoliberal de la generación pasada, lo que ha resultado dañino para la población en general casi en todas partes, mientras que ha beneficiado a pequeñas élites. Un ejemplo ilustrativo de la obscenidad de estas doctrinas se revela en un estudio que acaba de publicar Oxfam, y según el cual el 1 por ciento de la población más rica del mundo pronto poseerá más de la mitad de la riqueza del mundo. Entretanto, en Estados Unidos, la más rica de las sociedades importantes del mundo y con ventajas incomparables, millones de niños viven en hogares que intentan sobrevivir con dos dólares por día. E incluso esa miseria está en cuestión por los ataques de los que se hacen llamar conservadores.

Uno puede discutir hasta dónde pueden llegar las reformas bajo las variedades existentes de capitalismo de Estado. Pero que pueden ir mucho más allá de lo que ahora existe, de eso no cabe duda. Ni tampoco hay duda de que deben hacerse todos los esfuerzos para llevarlas al límite. Eso debería ser un objetivo incluso para los que están comprometidos en la revolución social radical, que solamente llevaría a horrores peores si no fuera porque surge de la dedicación de una gran masa de población que cae en la cuenta de que los centros de poder bloquearán los pasos hacia delante siguientes. La crisis de los refugiados en Europa ha forzado a varios Estados miembros de la UE, entre ellos Austria, Suecia, Dinamarca y los Países Bajos, a suspender el tratado de Schengen.

¿Cree que estamos siendo testimonios de la desaceleración del proyecto de integración de la UE, lo que incluso podría poner fin a la moneda única?

–Creo que deberíamos distinguir entre moneda única, para la cual las circunstancias no eran apropiadas, y proyecto de integración de la EU, el cual, en mi opinión, ha constituido un gran avance. Bastará con recordar que durante centenares de años Europa se ha dedicado a la aniquilación mutua, a una escala horrenda. La superación de las hostilidades nacionales y la erosión de las fronteras es un logro sustancial. Sería una lástima que el tratado de Schengen se echara a perder por la percepción de una amenaza que no debería ser tan difícil gestionar de una manera humana, lo que a su vez podría resultar realmente en una contribución a la salud cultural y económica de la sociedad europea.

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