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“Donald Trump comanda un nuevo mundo donde la derecha avanza en todos los continentes” (1)

Escrito por Debate Plural

Leandro Albani (Rebelion, 11-7-18)

 

El triunfo de Donald Trump en Estados Unidos dejó a muchas personas asombradas. El magnate inmobiliario, que forjó su carrera entre estafas, negociados turbios y una sobre exposición mediática, llegó a la Casa Blanca con un discurso en el que prometía un fuerte proteccionismo, la desescalada militar estadounidense en varias regiones del mundo y un combate frontal contra la inmigración.

El periodista Grégoire Lalieu escribió, junto a al investigador Michel Collon, el libro El mundo según Trump (co-editado el año pasado por Investig’Action y El Viejo Topo Investig’Action), con el objetivo de desentrañar las políticas de un outsider de la clase política, pero que acumuló sus millones siendo un alumno ejemplar dentro del sistema capitalista.

La tinta dialogó con Lalieu sobre qué le espera al mundo con Trump en la Casa Blanca, sus “promesas” de resolver las guerras en Medio Oriente, su polémica relación con los medios de comunicación y quiénes son sus seguidores en Estados Unidos.

—¿Qué importancia tiene la llegada de Trump en Casa Blanca?

—La elección de Trump refleja una profunda crisis. Una crisis económica primero, que en Estados Unidos dura desde hace años. Desde el shock del petróleo de 1973, de hecho. Aquel choque no fue la causa de la crisis, solo fue un desencadenante. De hecho, la economía de Estados Unidos enfrenta una crisis de sobreproducción. En su carrera por el máximo beneficio, las empresas estadounidenses buscan producir más. Al mismo tiempo, gran parte de la producción se ha deslocalizado y, para la gran mayoría de quienes han podido conservar sus trabajos, las condiciones laborales se han deteriorado. Esto condujo a un empobrecimiento general. Entonces, ¿a quién podrán vender sus mercancías cada vez más numerosas, si las personas se vuelven más pobres? Este es el origen de la crisis. Es una crisis de sobreproducción propia al sistema capitalista.

La globalización ha brindado algunas oportunidades para la exportación mientras la situación estaba decayendo a nivel nacional. Pero hay límites. De modo que en los últimos años, la economía de Estados Unidos salta de una crisis a otra. Cada solución encontrada en el corto plazo conduce a un nuevo problema en el mediano plazo. Durante la crisis asiática de 1997, los inversores estadounidenses invirtieron en el Nasdaq, lo que provocó una burbuja que explotó en 2001 y 2002. Luego se embarcaron en préstamos arriesgados y volvieron a obtener ganancias, pero causando la crisis de las hipotecas subprime en 2008. Estados Unidos fue salvado por China, que inyectó miles de millones de dólares para no ver cómo el valor de sus reservas se derritiera como la nieve al sol. Pero incluso hoy algunos predicen un nuevo colapso, como el economista Eric Toussaint. Aprovechando las bajas tasas de interés desde 2010, las grandes empresas privadas se han endeudado de manera masiva. Primero para comprar sus propias acciones en el mercado de valores, lo que hace aumentar el precio y permite pagar a los accionistas. Luego para especular comprando deudas de otras compañías. Las empresas no financieras como Apple, Ford o Ebay son, de ese modo, particularmente activas en el mercado de la deuda. Pero una nueva burbuja se está formando y acabará por explotar.

La elección de Trump también refleja una crisis del imperialismo estadounidense. Estados Unidos ha multiplicado las guerras para mantener su hegemonía. Pero el balance de estos conflictos es negativo para Washington, que no pudo evitar el surgimiento de otras grandes potencias como China y Rusia. Así, hemos pasado de un mundo unipolar a un mundo multipolar en el que Estados Unidos no puede hacer lo que quiere. Lo vimos en Siria.

Finalmente, la elección de Trump también refleja una crisis política y mediática. El establishment está perdiendo legitimidad, lo que explica el éxito, tanto en Estados Unidos como en Europa, de los candidatos que se presentan como antisistema. Por lo tanto, la élite de los Estados Unidos enfrenta una profunda crisis. Y la elección de Trump, así como las reacciones virulentas que desencadenó, muestra cuánto está dividida esta élite sobre cómo resolver la crisis.

—¿En qué se diferencia Trump de la política clásica de demócratas y republicanos?

—Para decirlo de manera sencilla, la política de los demócratas y los republicanos estaba dirigida hasta ahora a controlar el mundo. Era necesario debilitar a los competidores, desde las antiguas potencias coloniales europeas hasta la Rusia y la China de hoy, pasando por la Unión Soviética. Para lograr esto, Estados Unidos ha proyectado su poder en todo el mundo, construyendo bases militares en las cuatro esquinas del globo, librando guerras y organizando golpes de Estado. El objetivo era poder controlar las regiones más estratégicas. Lo que permite a las multinacionales estadounidenses encontrar salidas para sus productos y capitales, acceder a materias primas baratas y explotar mano de obra poco costosa. Por lo tanto, a través de instituciones como el Banco Mundial y el FMI, Estados Unidos impuso su globalización neoliberal que tenía que beneficiar a las grandes corporaciones.

Trump marca una ruptura con la política clásica de los demócratas y los republicanos, porque no quiere continuar en este camino, mientras que Hillary Clinton quería continuar como antes. Para Trump, el balance de esta globalización neoliberal es negativo. Y las guerras en todo el mundo no aportan lo suficiente. Prefiere volver al mercado nacional, de modo que privilegia las relaciones bilaterales a las multilaterales. Y para aquellos que quieran beneficiarse de la protección militar de Estados Unidos, deberán pasar por el cajero. Lo explicó en su libro, que fue, de alguna manera, su programa para las elecciones. Lo confirmó cuestionando el funcionamiento de la OTAN.

—¿Trump representa a una nueva derecha estadounidense?

—Ciertamente. Pero lo que podría llamarse una nueva derecha es, de hecho, una evolución lógica en el contexto actual. Las crisis económica, política y mediática llevan a la derecha a reposicionarse. Estamos saliendo de 30 años de neoliberalismo durante los cuales los líderes han dicho que se necesitan reformas duras, pero necesarias para desarrollar la economía. Pero la gran mayoría de la gente hoy ve que estas reformas no los han beneficiado y que la situación ha empeorado. Aquellos que quieren continuar en este camino son cada vez menos escuchados y cada vez más criticados. Están asociados con los principales medios cuya línea editorial propugna la ideología neoliberal. A los ojos del público en general, todo esto forma un establishment corrupto que miente para seguir imponiendo medidas injustas a las personas.

La nueva derecha, por lo tanto, debe posicionarse fuera de este sistema, incluso si sobre el fondo económico -tan esencial- no tiene la intención de hacer ningún cambio profundo. Su diferencia, la expone criticando a “la elite corrupta” y machacando a los refugiados. Es más fácil nombrar a un chivo expiatorio que construir un modelo económico más justo. Tenga en cuenta también que la derecha clásica no es impermeable a esta derecha nueva y extrema. En algunos países, se han formado coaliciones entre las dos tendencias. Y la derecha clásica adopta un discurso más enérgico para no perder parte de su electorado a favor de la nueva derecha.

 

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