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El libro que no volveremos a leer (3)

Libros olvidados
Escrito por Debate Plural

Marcio Veloz Maggiolo (Listin, 6-7-18)

 

Todo museo o galería de objetos importantes, lo es porque sus objetos responden a una posible totalidad que es, al fin y al cabo, un modelo de un pensamiento labrado para ser exhibido, pero que ajeno a los principios científicos de la investigación, puede ser errático, y por ende, desorientador. De modo que lo que vemos como una realidad deformada en una galería y lo mismo en un museo, pueden ser formas engañosas generadas por la ignorancia, la imaginación, y el oscurantismo. En tal sentido las exhibiciones son una muestra de aquello que el presentador considera lo “museable”. Si el mismo se rige por creencias fallidas, el museo perderá parte de su sentido de orientación. La idea de lo museable en los aficionados es más estética que real. No se sabe, por tanto, “lo que hay detrás como factor verdadero en este tipo de exhibiciones”.

El museo paraliza el pasado y lo reconstruye a su modo, según sea la formación de quien planifica las exhibiciones. La excavación arqueológica sin tenor científico, hace exactamente lo mismo, borrar parte de un pasado que es de todos, y el que nadie puede presentar sin  el fondo científico que lo respalde. El irrespeto de un pasado que es propiedad de todos, resulta en una violación del valor histórico, científico o cultural de una propiedad que no es privada, sino de la comunidad, resultando de ello un irrespeto a la identidad misma del pueblo al que pertenecen los datos históricos.

Según Umberto Eco, existen modalidades de exhibiciones que la comunidad percibe o puede percibir como un mensaje que se acepta por la autenticidad de los objetos, pero no por el pasado mismo, sino por la ideología del momento. Una arqueología de rescate debe hacer esto, rescatar, pero no solo cacharros, sino la historia contenida en lo rescatado.  Eco ha tocado el tema en su libro titulado: ‘La estrategia de la ilusión’. La otra parte del pasado, perfectamente representable, es aquella que emerge no ya como “performance histórico”, sino como presentación consolidada de la vida, los hechos y las memorias propuestas por los “reconstructores” de la realidad. ¿Pero cuál es la ideología del “reconstructor? ¿Cuál es su deseo e interés? ¿Cuál es, por ejemplo, la “idea científica” de fundir la historia en un mismo plano con la antropología? Hace tiempo que ambas han sido separadas por los más ilustres expositores de la cultura.

El pormenor antropológico puede o no enriquecer un aspecto histórico, y la historia puede verse de modo antropológico, pero sus interpretaciones están lejos de ser una sola disciplina.

Cuando Eco dedica a los museos de cera sus trabajos señala cómo estas representaciones quieren ser una parte paralizada de la realidad. Pero, sin dudas, y él así lo cree, son una falsificación de la misma de orden sensacionalista y se encaminan hacia una concepción del pasado remoto o actual que tendría como objetivo la posibilidad de que la mano del hombre pueda tocarlo.

El pasado “pop” se hace tangible. El pasado “tocable”, palpable, se manifiesta en obras museísticas, capaces de ser, “testigos” casi reales de un momento histórico. Los inventos de los museólogos de ocasión, imponen una mirada sin contexto, sus exposiciones son o quieren ser a  lo sumo,  recuerdos sin base posible.

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