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Política de la guerra en José Martí (3)

Escrito por Debate Plural

Diogenes Cespedes (Álbum de un héroe)

 

Y Martí, el primero, no desconocía cuáles riesgos corría el presidente Heureaux al endosarle su apoyo al plan revolucionario para liberar a Cuba del dominio español: «No se le escapaba a Martí la necesidad de mantener bajo la más estricta discreción su tarea revolucionaria, como lo explicaba en su carta de febrero al club Diez de Octubre, de Puerto Plata. No ignoraba que Lilís simpatizaba con su causa, pero sabía también que los agentes españoles mantenían en constante zozobra al Presidente, denunciándole personalmente cada paso suyo y de Gómez, como un acto que conspiraba contra el poder de España, y que Heureaux no debía tolerar. (…) Tampoco ignoraba Martí que a España le era fácil provocar la caída de Lilís, desde Puerto Rico, dándole ayuda y armas a los numerosos enemigos de Heureaux, diseminados por todas las Antillas y por Haití, en larga espera de ocasión propicia para combatirle». (M-en-SD, 133-34).

Y Rodríguez Demorizi evoca las dificultades de Lilís, Ministro de Interior del gobierno de Meriño, cuando apoyó a Maceo durante su viaje a Santo Domingo: «Guelito Pichardo7 no era ajeno a esas dificultades de los expedicionarios, ni menos Lilís. Ambos, por temor a una fácil represalia de España, como la que sufrió Lilís más que nadie, por su ayuda a Maceo en 1880, que le costó una herida casi mortal en el pleito de El Cabao, habían de aparecer como perseguidores de los patriotas, lo que hacía poco menos que imposible la ayuda franca que ya necesitaban con urgencia. «(Men-SD, 133). Este temor explica la imposibilidad de una entrevista entre Lilís y Martí. Aunque sospecho que al dictador, por la confesión a Miguel Andrés Pichardo acerca de su simpatía por la causa de Cuba, le hubiera gustado y halagado sobremanera.

Y frente a este problema, cabe preguntarse si no tuvo España nada que ver con el asesinato de Lilís en Moca el 26 de julio de 1899. Esto estaría por investigarse en los archivos del imperio español o de otros imperios, en lo que cabe.

La pregunta no es ociosa si se toma en consideración que casi 62 años más tarde, los Estados Unidos se involucrarían en el complot para asesinar a Trujillo, en el cual participaron familiares de los mismos matadores de Lilís. Como el secreto de Estado es el arma más mortífera con que gobiernan los imperios en razón de que conlleva asesinatos, extorsiones, chantajes, quiebras económicas, desposesión de propiedades, invasiones, conquistas territoriales y control de los sistemas productivos locales y de los ejércitos, policías y servicios de espionaje, es entendible que este tipo de operaciones no dejen rastros, y si los dejan, son muy escasos.

Cuando se anunció oficialmente el asesinato de Trujillo, todos los involucrados eran estrictamente dominicanos. La madeja comenzó a destejerse poco después, pero ya antes Ramfis, Balaguer y Johnny Abbes sabían la cuota de participación de los Estados Unidos en el complot. Ante un enemigo tan poderoso, lo mejor era guardar esa información como un secreto de Estado. Luego de la huida de Ramfis Trujillo y del aparente apartamiento de los remanentes del trujillismo, comenzó a saberse todo lo relativo a la implicación de los Estados Unidos en este caso y cómo, al igual que ocurrió con Cuba, los norteamericanos se retiraron del complot porque no confiaban en la estrategia de los conjurados dominicanos para garantizar el éxito del plan político, una vez Trujillo asesinado. Quizá esta duda explique la presencia de Arturo Espaillat, colaborador de los servicios de inteligencia norteamericanos, cerca del escenario del ajusticiamiento de Trujillo y las acciones que de inmediato adoptó, así como el desenlace de los acontecimientos hasta el nombramiento del Consejo de Estado. El propio Espaillat dijo, enigmáticamente, que no se encontraba por casualidad en el restaurante El Pony.

Pero en realidad, ese retraimiento se debió a que los Estados Unidos consideraban que no le era favorable a sus intereses el control político y militar del país por parte de los conjurados, una vez mataran a Trujillo. Como conocían toda la información del plan, jugaron a salirse del juego, pero controlaron el aspecto político del complot, lo cual explica el fracaso de los conjurados en lo relativo a la toma del poder político y que los Estados Unidos surgiera como el árbitro de la situación con el acuerdo secreto tipo protectorado, autorizado por el primer Consejo de Estado presidido por Joaquín Balaguer y firmado el 8 de marzo de 1962 por el canciller José Antonio Bonilla Atiles (Toño Mecedora)10 y el Encargado de Negocios interino John Calvin Hill, mediante el cual los Estados Unidos, si son llamados por el gobierno dominicano, puede intervenir con sus tropas en caso de una amenaza comunista o en caso de conmoción que ponga en peligro la seguridad interna del país11. Este acuerdo secreto sirvió, primero para apoyar al Consejo de Estado de los cívicos, quienes se desembarazaron de Balaguer el 16 de enero de 1962, aunque este se defendió con un golpe de Estado que duró dos días. Luego Balaguer se asiló en la Nunciatura y salió al exilio –a los Estados Unidos, no sorprende– el 8 de marzo de 1962, para volver a la presidencia, colocado por Lyndon Johnson en el poder, el 1 de junio de 1966; en segundo lugar, sirvió para derrocar el gobierno constitucional de Juan Bosch el 25 de septiembre de 1963 y en tercer lugar, para apoyar el régimen de facto del Triunvirato, continuación del Consejo de Estado de los cívicos, presidido por Rafael F. Bonnelly.

Y, finalmente, le sirvió dicho acuerdo secreto para intervenir militarmente en nuestro país y aplastar el levantamiento cívico militar del 24 de abril que depuso al Triunvirato formado con los miembros del frente oligárquico, ya recompuesto en toda la América Latina para plantarle cara a la revolución cubana de Fidel Castro y colocar en el poder a la reacción conservadora encabezada por Joaquín Balaguer. El 28 de abril de 1965 intervinieron militarmente con 42 mil marines para sofocar aquella revuelta cívico-militar orientada a reponer a Bosch en el poder. Los Estados Unidos intervinieron amparados en el Destino Manifiesto y en la ideología de la Guerra Fría para salvaguardar sus intereses y para evitar sufrir una derrota del Equipo de Asesoría y Ayuda Militar (MAAG) que entrenaba y financiaba a las Fuerzas Armadas dominicanas, ya derrotadas por las fuerzas constitucionalistas. Ningún imperio sufre este tipo de humillación. No le ocurrió a España en Cuba, pero en 1965 faltaban solo diez años para que los Estados Unidos sufrieran su primera derrota bélica mundial en Vietnam. A partir de esta derrota que le infligió el Vietcong, y pese a las crisis y recomposiciones de su economía en cada ocasión, ya el imperialismo de ese país no volvió a ser el mismo de cuando avasalló a Cuba, al Caribe, a América Latina y al mundo.

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