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La Violencia: Una Perspectiva Psicosocial (1)

Frank A. Peña Valdes

RESUMEN

 

Esta perspectiva invita al análisis de realidades e impactos de los hechos sin perder de vista que las personas son seres sociables, seres en constante relación. Las repercusiones deben ser vistas desde la relación dialéctica entre el individuo y la sociedad.

El análisis desde esta perspectiva resulta fundamental en el campo de los derechos humanos puesto que el espectro de sus violaciones implica consecuencias en las víctimas directas y sus familias, pero también en la colectividad, especialmente cuando, por ser violaciones sistemáticas, frecuentes o dilatadas en diferentes sectores de la sociedad, suponen un contexto de peligro, de persecución y de vulneración de la vida.

La violencia es utilizada como herramienta contra las personas y contra las comunidades. La perspectiva psicosocial aborda las causas, el desarrollo y las consecuencias de las violaciones de derechos humanos atendiendo a las dimensiones personal, familiar, comunitaria y social. Permite de este modo:

Entender los efectos individuales y colectivos de la violencia, entre ellos: cuestionamiento de una misma, cuestionamiento de la relación con las y los otros, ruptura del tejido social, control social, polarización de la sociedad civil, transformación del imaginario social, socialización bélica.

Abordarlos de manera integral, fortaleciendo factores de protección tanto personales como colectivos.

La violencia es un fenómeno complejo que muchas veces comienza en el hogar, es una conducta que se repite y se expande, trascendiendo a la persona, afectando a la familia y a la sociedad en general.

Lamentablemente está en todas partes, en los hechos cotidianos, incorporada en los individuos, en sus relaciones y en la familia.

La vemos en los castigos corporales y psicológicos, en el abandono físico o emocional de menores y ancianos, en el enfrentamiento entre naciones fuertes y débiles. También en las relaciones laborales, en donde una de las partes no puede a veces pedir justicia ni lograr salarios más adecuados, ni tampoco elegir qué tareas desea realizar. Una de las partes ejerce el poder sobre la otra.

INTRODUCCION

Para comprender mejor este fenómeno es necesario que la veamos en un contexto más amplio, el contexto de nuestra sociedad donde se generan y se promueven las guerras, los genocidios y la corrupción. Se manipula a las personas a través de los medios: la publicidad, los diarios, la televisión, Internet. Se fomenta el desarrollo de una sexualidad básicamente genital  e irresponsable, se priorizan las ganancias y no las personas ni la ética. Se justifica cualquier medio para lograr objetivos. Se depreda constantemente y compulsivamente  la naturaleza.

Vivimos en un consumismo inmoral junto a grandes sectores sumidos en la pobreza y el hambre, con intolerancia y discriminación hacia los más débiles y los diferentes, multiplicándose cada vez más todo tipo de adicciones.

Este mundo en el que vivimos responde a un modelo, una forma de concebir al mundo, a las personas y las relaciones. El modelo que hoy prevalece en nuestra sociedad promueve la dominación, el control, el poder, la obtención de victorias, como fines en sí mismos. Un modelo donde participamos y recreamos una sociedad violenta, una sociedad con asimetría en las relaciones humanas, en las cuales uno es el dominador y el otro el dominado, relaciones de opresor-oprimido. Este modelo al que se hace referencia es la llamada ‘cultura patriarcal’.

En el intento de mirar la violencia, queremos explicitar que en la misma no sólo se niega la existencia del otro sino que a la vez se niegan aspectos de nuestra propia existencia, limitando la autenticidad y la completa salud del ser, por lo cual hablamos de una auto-violencia internalizada y de una incompleta salud del ser. El modo de relación con el entorno refleja el modo de relación con uno mismo. Explicándolo de otro modo, se estructuran dinámicas intrapersonales de opresión y sometimiento, además de las dinámicas opresivas en nuestras relaciones con los otros y con el ambiente en el que vivimos.

Se hace necesario recalcar que no es que el hombre sea naturalmente violento u opresivo, sino que la violencia es una conducta que se aprende al ver y experimentar, como también se aprenden la vulnerabilidad y la indefensión de diversas formas en el seno de una sociedad. Este modelo vincular instala una dinámica de recíproca influencia, de mutua dependencia, que se retroalimenta, produce acostumbramiento, dificultando la visibilidad del mismo. Cambiar este modelo exige conocerlo y desarmarlo para su transformación. Se impone salir de esta perspectiva de pensamiento y de conducta, de una ideología que nos mantiene como rehenes.

Necesitamos  reflexionar  y cuestionarnos cuán influyentes o vulnerables somos en los hechos de la vida; cuán responsables o culpables somos para hacer que estos hechos sucedan, y cuán inocentes somos, para mirar luego qué es lo que se quiere promover. Qué modelo se avala, se refuerza, se impone legitimándolo. Cómo no contribuir a la naturalización ni a la reproducción de la violencia en los diferentes ámbitos de nuestra existencia.

Cómo evitar los estereotipos. Cómo no ser cómplice. Cómo promover una conciencia crítica. Cómo reafirmar y promover modos sanos de vincularnos tanto con nosotros mismos como con los otros.

Con esta formación en Violencia nos proponemos contribuir al avance de la concientización de las pautas internalizadas de dominación–sumisión para aportar a su disolución y promover la construcción de vínculos nutricios. El comprender estas dinámicas inter- intrapersonales de opresión y violencia nos abre las puertas a que interaccionemos en el mundo en relaciones democráticas, en cooperación y entre individuos autónomos.

Nuestra tarea es reflexionar y actuar cada uno desde el lugar en que nos encontramos, comenzando por las actitudes, por las acciones y las conductas propias,  promoviendo cambios a nivel personal, familiar y comunitario que ayuden a la transformación del paradigma.

La violencia no es la manifestación de un rasgo psicológico individual, sino el producto de una serie de factores psicosociales que varían según las características y las normas de la organización o de los grupos humanos en los que se produce. Para estudiar y comprender la violencia hay que situarse en una perspectiva psicosocial contextualizada que tiene en cuenta la interacción entre los diversos actores implicados en ella, mediatizados por el poder, ya sea interpersonal o social, y los valores sociales. Tras realizar un desarrollo teórico-conceptual de la violencia y la agresión, este texto analiza varios tipos y contextos de violencia, como son: la violencia en la escuela; la violencia en el trabajo, desde intentos criminales al acoso laboral o sexual; la violencia de los jóvenes, resaltando en ella la importancia de su carácter grupal; y la violencia de género y sus factores sociales y políticos. Finalmente, se aborda la violencia en los medios de comunicación tanto la ficticia como la real que se emite en los informativos, analizando la problemática reciente sobre las consecuencias y efectos sociales que puede producir.

Palabras claves: violencia, agresión, intencionalidad, valoración, presupuestos básicos.

VIOLENCIA Y AGRESIÓN

Según la Real Academia Española (RAE, 2001), violencia es la cualidad de violento, acción  y efecto de violentar o violentarse; asimismo, es aquello que está fuera de su natural estado situación o modo, que obra con ímpetu o fuerza. De otro lado, agresión es definida como el acto de  acometer a alguien para matarlo,  herirlo o hacerle daño. Se entiende así que la agresión es una expresión extrema de la violencia, en la cual se aten-ta contra otra persona y que, además, es intencional, ya  que se  constituye como  un  acto para  hacer daño. Mientras que la violencia presenta un carácter general pues implica  sacar  algo de  su  natural  estado.  En  este artículo, se utilizará el término

genérico violencia para denominar  estos actos,  debido  a  la  comprensión de términos señalada. Resulta frecuente encontrar confusión en relación con estos dos términos, sobre todo con el segundo. Así, algunos autores  se  refieren  a  la violencia  como forma extrema de  la agresión (Alarcón, 1986: 125).

INTENCIONALIDAD Y VALORACIÓN DE LA VIOLENCIA

Denominar estos actos, debido a la comprensión de términos señalada. Resulta frecuente encontrar confusión en relación con estos dos términos, sobre todo con el segundo. Así, algunos autores se refieren a la violencia como forma extrema de la agresión

(Alarcón, 1986: 125), señala una confusión que conduce al uso inadecuado y muchas veces mal intencionado de los términos violencia y agresión, los cuales pueden ser manipulados por el emisor. En ese sentido, usualmente se observa y escucha en los medios de comunicación esta práctica como normal, ya que se informa de una Polarización una frente a la otra y, esta campaña mediática, condenan la violencia y enarbolan la agresión. Sin embargo, no es suficiente el estudio de la violencia a un nivel conceptual, puesto que así no se profundiza en el análisis de los actos concretos; para ello se seguirá la ruta trazada por Martín-Baró (2003: 75 y ss.), la cual tiene en cuenta la intencionalidad y la valoración, los presupuestos y  los componentes para llevar a cabo el acto

Lesionar a otra persona no constituye un acto de agresión per se, lo será siempre y cuando tenga el carácter de intencionalidad.

Si bien establecer que existe o no intención resulta muy difícil, consideramos que en par-te se esclarecerá a la luz de las consecuencias (finalidad) del acto, si este favorece o no, directa o indirectamente, a la persona que lo ejecutó, lo cual hace que sea o no una agresión, tal como señala Moreno:

Hay cientos de actos en los que se aplica un exceso de fuerza, y que son considerados lícitos, correctos y necesarios (empujar a un niño que va a ser atropellado, sacar una muela, abandonar la casa materna, etc.). Pero la mayor parte de actos violentos son considerados como no necesarios por quienes los sufren y se interpretan como algo negativo atribuible a la voluntad de quien aplica la fuerza. En estos casos hablamos de agresión: empujar violentamente a un niño cuando nos pregunta insistentemente algo, sacar una muela en una sesión de tortura o abandonar a su suerte a unos padres enfermos y desvalidos (Moreno, 2001: 3).

Acerca del autor

Frank A. Peña Valdes

Frank A. Peña Valdes

Profesor adjunto Escuela de Psicología, Facultad de Humanidades y Escuela de Orientación Educativa, Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD. Licenciatura en Psicología, Maestría en Metodología de la Investigación Científica. Especialidad en Psicología del Desarrollo, Maestría en Desarrollo Humano, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Postgrado en Educación Superior, Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Estudios Doctorales en Psicología Social, Universidad Central de Madrid (UCM).

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