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Uno de los más grandes acontecimientos en la historia espiritual de la humanidad (y 2)

Escrito por Debate Plural

Raymundo Gonzalez (Hoy, 21-12-11)

 

Dos son las derivaciones inmediatas de este sermón: Por vez primera en América tronaba la voz de los profetas del cristianismo: ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos?, el subrayado de la exigencia evangélica de amar al prójimo, con que refuerza el reconocimiento de la igualdad de todos los hombres, constituye la culminación de dicho sermón. Esta era también la “primera defensa pública y solemne de los derechos humanos”, como expresara fray Vicente Rubio. Ambos hechos son de trascendencia universal con múltiples repercusiones espirituales.

En el mismo siglo XVI, comenzaba la lucha por la evangelización pacifica ideada por fray Pedro de Córdoba, quien aspiraba a fundar en las Indias “cuasi tan excelente iglesia como fue la primitiva”. A esta misma causa se consagró por entero -como señalara Rosaura Devesa Brown- fray Bartolomé de las Casas, quien defendió el derecho a la libertad religiosa de los indígenas e impulsó el método misional de evangelización pacífica.

Como han señalado muchos autores modernos, dicho sermón contenía en germen un nuevo derecho que fuera desarrollado por fray Francisco de Vitoria y otros. En su discurso posterior, esta idea de la dignidad de la persona humana incluía el fundamento de los derechos humanos y de la libertad de las naciones modernas, en los que se inscriben los movimientos por la independencia y la lucha contra todas las formas de opresión humana.

De ahí que para Lewi Hanke este sermón señala el inicio de la lucha por la justicia en América.

No olvidemos que esos sermones se concibieron en una casa de apóstoles –así llamó Pedro Henríquez Ureña a los bohíos que les servían de convento-, cuyos miembros vivían dentro de las reglas más estrictas de oración, estudio y pobreza de la Orden de Predicadores. Sin importar los resultados o fracasos inmediatos, lo que allí comenzó ha tenido grandes consecuencias para toda la humanidad; pero sobre todo continúa siendo fuente de inspiración a favor del compromiso con la justicia y la paz.

Muchas han sido las contribuciones del país al conocimiento de este magno acontecimiento. Américo Lugo, Pedro Henríquez Ureña, Carlos Larrazábal Blanco, Flérida de Nolasco, Emilio Rodríguez Demorizi, más recientemente, fray Vicente Rubio, fray Juan Manuel Pérez, José Chez Checo, Luisa Campos y fray José Manuel Rodríguez. A fray Vicente debemos importantes clarificaciones entre otras, el nombre correcto del fraile (Antonio y no Antón de nombre; y de apellido Montesino, sin el “de” antepuesto ni la “s” final como con frecuencia se escribe), la fecha exacta en que se pronunció (21 de diciembre de 1511) y el subrayado en el carácter colectivo del sermón bajo la orientación del prior fray Pedro de Córdoba.

 

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