Internacionales Sociedad

Polarización y antagonismo (y 2)

Escrito por Debate Plural

Fernando Broncano (Rebelion, 25-6-18)

 

En el mundo de los mass media y las redes sociales contemporáneos, en las pantallas de tv y en la era de los tabloides, la desmesura sucede a la confrontación real. Hay muchos intereses en juego. El primero y más importante es el de el control de la atención. Sabemos por las ciencias cognitivas que el cerebro debe establecer un balance de energía entre la atención y la deliberación. Ambas funciones raramente pueden realizarse a la vez durante un tiempo largo. La deliberación no renta económicamente, la atención sí, de modo que el mundo de la comunicación se orienta hacia tiempos cortos llenos de lemas, subrayados, interjecciones y exabruptos. En segundo lugar, sabemos también por la psicología social de la tensión interna entre la expresión de la opinión propia y el miedo a la pérdida de afiliación. Múltiples experimentos describen cómo personas que entran de bona fide en una controversia en situación de buena fe, y descubren que la controversia se ha dividido en dos bandos claros, modifican inconscientemente sus posiciones para adaptarlas a uno de los grupos. El resultado es que las opiniones previas se anclan y se hacen insensibles a los argumentos ajenos. Estos y otros sesgos y mecanismos que nacen de la fábrica misma de la mente humana son convertidos en instrumentos potentísimos de expropiación de la atención y génesis de movilizaciones de las emociones cuyo objetivo nunca es el contenido, sino la mera participación en el negocio de la comunicación.

Por debajo, en el horizonte, se impone sin embargo la idea de que hay pocas alternativas. Las gigantomaquias en las redes y los medios son batallitas en una tacita inglesa de té. Nada se juega en todo ello. La política y la economía tienden a crear la nube determinista de que nada se puede hacer y que todo lo que queda es el denuesto del adversario, ahora enemigo simbólico. Las grandes políticas se mueven hacia el sucio terreno de las políticas de gestos, no hacia las gestas que implican nuevas trayectorias históricas.

Y sin embargo, los antagonismos siguen presentes, se entrelazan, se cruzan y disputan y a veces se confunden pero no se expresan en nuevas prácticas, en la transformación real de los lenguajes y semánticas, en la elaboración cuidadosa de una imagen mejorada del adversario que pueda ser discutida con cuidado, en la que aquél no solo se reconozca sino que se vea mejorado para más tarde encontrar allí las propias contradicciones y errores. Articular antagonismos es mucho más difícil que expresar ira. Se trata de construir opciones alternativas de nuevas formas de socialidad. Se trata de enfrentamientos reales con las enormes fuerzas del poder que exigen un esfuerzo continuo de inteligencia, cálculo, capacidad de argumentación y voluntad de persistencia. Se trata de colgar las emociones en el armario de la conciencia, no de abandonarlas, pero sí de hacer que sirvan al propósito básico de la acción. En la tensión de los antagonismos nada hay más peligroso que tener al lado a un exaltado. Pone en peligro todo y a todos, y solo atiende a su ego. El antagonismo es una tensión por la propiedad del lenguaje, de la agencia y de la historia. Nunca es una representación de actores engolados, como los que retrataba Fernando Fernán Gómez en El viaje a ninguna parte.

Se hace creer que hay antagonismo cuando sólo hay polarización que cabalga sobre consensos ocultos e inmovibles, sobre estructuras de sentimientos y prácticas que apenas son rozadas por la escalada verbal y por las pasiones desatadas. Me contaba un amigo diputado en el congreso lo extraño que era ver a una de las malas bestias del hemiciclo circulando por la cafetería como una persona humilde, amable y cariñosa. Lo he oído de varios partidos políticos. Todos ellos tienen su Alfonso Guerra, su Rafael Hernando, su Juan Carlos Monedero, con máscaras jánicas de bocazas y amistosos abrazos de osito, dependiendo de la presencia de cámaras. No es casual. Las cámaras son el mensaje, no son el medio. Son, simplemente, formas de negocio en las que la polarización es solo minería de atención.

Un poco de calma, estamos haciendo una bola de nieve de un equivoco. Creo que Nuria se referia exclusivamente a la alusion de los debates en este foro como debates entre personas de espaimarx, lo cual puede malentenderse como un debate en el seno de Espaimarx, es decir de la asociacion de espaimarx. Es una pequeña cadena de equivocos en la que no creo que nadie obre de mala fe ni se salte nada por el forro. Los criterios de intervencion y publicidad en la asociacion espaimarx son mas restrictivos, por decisión propia de la asociacion y como forma de respetar la ecistencia de posiciones diferentes. No es el caso del foro abierto que en su dia promovio la Asociacion Espai Marx y que es relativamente abierto y completamente libre a mi entender. Por tanto, dentro de la prudencia se puede decir y aportar de todo.

El equivoco estaba en la referencia que daba Salvador de un debate entre compañeros de Espai Marx, no es exacto pero tampoco es absolutamente falso. La solucion en adelante es muy sencilla, cuando se nos cite individualmente no hay ninguna objeccion en que se nos cite, por ejemplo en mi caso como profesor, como historiador o como miembro de espai marx, la cita individual siempre se referira a mi y si es individyal no prtende representar ni a la universidad, ni al gremio de historiadores, ni a Espai Marx. Cuando se cite un debate colectivo que no se cite a Espai Marx como sujeto, protagonista, del debate sino Foro de debat politic i social. Con paciencia y comprension podemos sortear una dualidad que tiene algun inconveniente, pero en el que yo le veo mas ventajas.

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