Nacionales Sociedad

Los conflictos dominico-haitianos no fueron territoriales

Escrito por Debate Plural

Jesús Rivera (El Universitario, marzo 2018)

 

Según lo que ha enseñado nuestra historiografía tradicional, las guerras domínico-haitianas se originaron en el interés de nuestros vecinos por adueñarse de nuestro territorio, y en este sentido se insiste en la frase “Isla única e indivisible”, pronunciada por Toussaint Louverture cuando toda la isla era propiedad de Francia como producto del Tratado de Basilea. Sin embargo, el panorama que presentaba nuestro territorio después de concluida la España Boba era tan deprimente que no podía tener otro atractivo que no fuera el estratégico, que siempre tuvo, tanto para Haití como para los Estados Unidos.

Los confl ictos territoriales, de los que hubo muchos en América del Sur, ocurrieron unas veces por razones económicas, como fue la Guerra del Pacífi – co, entre Bolivia y Perú contra Chile, por el interés de los bolivianos de acceder al salitre y al guano (estiércol de pájaros) que abundaban en Chile y que resultó en la pérdida de territorios para ambas naciones atacantes, sobre todo para Bolivia, que perdió su provincia de Antofagasta, que era su única salida al mar. Regiones pobladas de árboles de caucho fueron también motivo de confl ictos suramericanos, mientras Brasil y Argentina entraron en guerra por el territorio de Uruguay, del que Brasil se había apropiado y Argentina lo reclamaba como parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Pero en el caso de Haití con la República Dominicana la situación era muy diferente. Haití era entonces mucho más atractivo en términos económicos por la gran cantidad de cacaotales, cafetales, cañaverales y algodonales que poseía y que se estaban perdiendo por falta de mercados, mientras del lado nuestro sólo se podían ofertar madera y carne a los mismos haitianos. Es decir, si bien los haitianos no tenían a quien vender la riqueza agrícola que heredaron de los franceses, el estado de pobreza nuestro era tanto o más grave que el que ellos tuvieron que enfrentar a raíz de su independencia.

La ocupación de Boyer se produjo a causa de nuestras debilidades de entonces. Lo mismo ocurrió con la ocupación norteamericana de 1916, y tanto una como la otra respondieron a políticas proteccionistas de sus respectivos gobiernos, con más similitudes que diferencias entre ambas. Así, mientras los norteamericanos nos ocuparon debido a la crisis económica y la deuda del país con firmas europeas, en especial con Alemania, como consecuencia del desplome de la industria azucarera, lo que ponía en peligro sus intereses. Así lo hicieron con Haití en el 1915, debido a la presencia alemana allí.

Boyer llevó a cabo la suya frente al problema que representaban los borbones franceses que gobernaban en España. El interés del gobernante haitiano era mantener el control de la parte Este, como resguardo de la propia soberanía haitiana, lo que se convirtió en la razón principal de nuestras diferencias con la nación vecina.

El gobierno del presidente Wilson, de los Estados Unidos, dejó su impronta en el país, como lo hizo con Haití, construyendo nuestras principales carreteras, pero a un alto costo para los ciudadanos. Era como una mezcla de la proteccionista Doctrina de Monroe y la Política del Buen Vecino que inauguraría más tarde Franklin Delano Roosevelt.

El presidente haitiano, por su parte, implementaría algunas iniciativas de tipo económico, que en un principio resultaron prometedoras, aunque se fueron desvaneciendo, como su Código Agrario, pero perjudicando nuestra educación con el cierre de la universidad, y lo mismo harían los norteamericanos en perjuicio de nuestra educación superior, además de mantener ambos un control estricto de la vida política del país.

Pero el proteccionismo haitiano no se quedó en Boyer, también se manifestó en las acciones militares contra nuestro territorio por parte de otros gobernantes de ese país, como Riviere, Guerrier y Soulouque, quienes también veían amenazada la soberanía de su país con las pretensiones anexionistas de los conservadores dominicanos, los llamados afrancesados, y luego con los gobiernos de Buenaventura Báez y Pedro Santana, representantes máximos de dicha corriente, quienes dominaron el escenario político dominicano durante toda nuestra Primera República. Caso distinto ocurrió en la segunda, donde un liberalismo fuerte, capaz de impedir la traición de Báez de anexarnos a los Estados Unidos, le dio a los haitianos la tranquilidad que necesitaban para sentirse confiados de que su soberanía no estaba en peligro.

 

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