Educacion Nacionales

La Mentira: Desde el punto de vista de la psicología y otras áreas del conocimiento (y 2)

Frank A. Peña Valdes

De esta manera, mentir puede acabar convirtiéndose en un hábito y éste, a su vez, en un Trastorno de la Personalidad en el que el actor interpreta de forma tan creíble el personaje para evitar ser descubierto que finalmente llega a convertir su fantasía en realidad. En estos casos, la intervención psicológica pasaría por sustituir la mentira por la implicación, el esfuerzo y el trabajo por conseguir sus propósitos y mejorar verdaderamente en sus méritos.

Este tipo de personas suelen presentar una baja autoestima, inseguridad, falta de confianza, temor al rechazo, vergüenza, miedo al castigo y a la crítica y también en muchos casos un deseo de manipular a otras personas.

La mentira es una expresión o manifestación que es contraria o inexacta a aquello que se sabe, se cree o se piensa. La palabra, como tal, deriva de mentir, que a su vez proviene del latín mentīri.

La mentira es faltar a la verdad, es ser deshonesto, es decir lo que no se piensa, es expresar sentimientos que no se tienen, es crear vanas ilusiones, es ofrecer impresiones falsas, es ser infiel a nosotros mismos y a nuestros allegados, es temer a las consecuencias de la sinceridad, es engañar y, sobre todo, fallar a la confianza que el otro ha depositado en nosotros.

En este sentido, la mentira es un antivalor, pues va en contra de los valores morales fundamentales sobre los cuales se fundamentan las relaciones interpersonales, como son la confianza, la honestidad, la sinceridad y la veracidad. Por eso, mientras la verdad propicia relaciones basadas en la confianza y el respeto mutuo, la mentira fomenta la desconfianza, el clima de sospecha, la  duda y la incredulidad entre las personas. Así, la mentira destruye las relaciones que establecemos con los otros, pues traiciona la confianza que nos habían dado.

Las razones por las cuales la gente miente son múltiples: por obtener un beneficio, para no aceptar una responsabilidad, para eludir una tarea, para no asumir una verdad, entre muchas otras razones. No obstante, el problema moral de la mentira es que los logros que se consiguen a través de ella se sustentan sobre bases falsas, sin cimientos sólidos. En este sentido, las mentiras crean espejismos e ilusiones, y suponen una forma de negación de nosotros mismos, de nuestra verdad y de quiénes somos en realidad.

Por otro lado, como mentira también puede designarse la errata o la equivocación en un escrito o impreso. Asimismo, coloquialmente, se le suele denominar mentira a la manchita blanca que a veces aparece en las uñas. Mentira, también, es el nombre que se da al ruido que hacen las coyunturas de los dedos cuando nos estiramos.

La expresión “de mentira”, por otra parte, se emplea para referirse a aquello que no es realmente lo que parece, sino que es una imitación deliberada: “Crearon un país de mentira donde todos los políticos son hombres decentes”.

La mentira se puede definir como la falta de verdad o la tergiversación de esta. La mentira tiene como finalidad impedir una sanción, evitar hacer daño, obtener un beneficio propio, ocultar algún hecho vergonzante o doloroso. La mentira es una expresión que resulta opuesto a lo que se sabe, se piensa o se opina. Por lo que la mentira alude a la falsedad a lo no real

La mentira se puede definir como la falta de verdad o la tergiversación de esta. La mentira tiene como finalidad impedir una sanción, evitar hacer daño, obtener un beneficio propio, ocultar algún hecho vergonzante o doloroso. La mentira es una expresión que resulta opuesto a lo que se sabe, se piensa o se opina. Por lo que la mentira alude a la falsedad a lo no real.

Conclusiones:

 Whiten y Byrne (1997) han denominado “inteligencia maquiavélica”; teoría según la cual los primates han conseguido desarrollar diversas estrategias sociales que son ventajosas para la supervivencia, recurriendo al uso convenenciero de comportamientos agonistas o cooperativos, según lo exija la situación. La inteligencia maquiavélica es una capacidad que parece haber sido inducida por la necesidad de dominar formas cada vez más refinadas de manipulación y defraudación en el medio social, y que se manifiesta a través del uso de estrategias de disimulo, mentira y engaño tácticos. Como también señala Smith (2005), la inteligencia maquiavélica pudo haber sido el motor que empujó a nuestros antepasados a ir adquiriendo cada vez mayor inteligencia y a hacerse cada vez más aficionados a mudar de opinión, a cerrar tratos, a farolear y a confabularse con otros; por lo que estima que los seres humanos son mentirosos natos, habiendo desarrollado formas mucho más sofisticadas de disimulo que nuestros parientes primates más cercanos.

Pero el disimulo y el engaño a los demás no hubiera alcanzado tales órdenes de magnitud si los humanos no hubiéramos desarrollado también la habilidad de engañarnos a nosotros mismos. El autoengaño nos ayuda a mentir a otros de manera más convincente, y la capacidad para creernos nuestras propias mentiras nos ayuda a embaucar más eficazmente a los demás. Por otra parte, nos permite alcanzar el grado de perfección de “mentir con sinceridad”, sin necesidad de hacer un montaje teatral para fingir que estamos diciendo la verdad. Esta es la tesis del sociobiólogo Robert Trivers (2002), quien sostiene que la función capital del autoengaño es poder engañar más fácilmente a otros, por cuanto la credulidad en el propio cuento lo hace más convincente para los demás.

Así pues, el disimulo, la mentira implícita o el engaño deliberado forman parte de todos los escenarios en los que transcurre la vida social humana. En un proceso evolutivo cuyas etapas se van consumiendo desde la infancia, se va perdiendo la espontaneidad conforme se asienta la convicción de que la sinceridad no siempre es posible ni conveniente, porque puede perjudicar a la otra persona o a uno mismo. Por eso, mienten los amigos bien intencionados con el fin de halagar, de edulcorar la realidad, de dar apoyo o de proteger a la persona estimada; mienten los gobernantes y los líderes sociales para conseguir sus propósitos, para evitar problemas o para seducir al electorado (llegando a la paradoja de que son los más mentirosos quienes muestran el mayor empeño en desenmascarar las mentiras de sus adversarios); mienten los medios de comunicación, ocultando información o publicando información interesada, enfatizando noticias o contrarrestándolas con otras; mienten os publicistas y los vendedores en todas las transacciones comerciales para persuadir a sus clientes; y, entre otros, mienten también los profesionales para defender sus intereses, el reconocimiento social o para lograr la satisfacción de sus clientes. En definitiva, todas las personas intentan acomodar la realidad a sus propias intenciones, expectativas o necesidades; pero lo sorprendente es que, a sabiendas de que el mundo es así, actuamos como si todo fuera verdad o tal vez necesitamos persuadirnos de que lo es.

En los diferentes ámbitos del ejercicio profesional del psicólogo, el disimulo, el encubrimiento, la exageración, el filtrado y el falseo de la información suministrada o la negación de problemas son fenómenos muy frecuentes, y constituyen un importante obstáculo a la hora de realizar una correcta evaluación de cada caso y de tomar decisiones.

Con toda seguridad, los mismos inconvenientes existen en cualquier otra actividad profesional; pero en nuestro medio, sin embargo, dichos comportamientos suelen estar determinados por diversas causas, a veces patológicas (la existencia de algún trastorno mental), criminológicas (la necesidad de evitar responsabilidades jurídicas) o meramente adaptativas (conseguir determinados objetivos en circunstancias adversas (Rogers, 1997).

Referencias Bibliográficas

Christopher O. Tollefsen (2014). Lying and Christian Ethics. Cambridge University Press. ISBN 9781107061095.

Feldman, Robert (2015): Cuando mentimos: Las mentiras y lo que dicen de nosotros.  Ed, Urano 2015.

Livingstone Smith David (2011) ¿Por qué mentimos?: Las raíces del engaño y el inconsciente. Editor: Océano; Edición: 1ª.

Manzanero, Antonio L.: «Psicología jurídica.» En Papeles del Psicólogo, 2015. Vol. 36(2), pp. 81-82.

Masip, Jaume y Carmen Herrero: «Nuevas aproximaciones en detección de mentiras i. Antecedentes y marco teórico.» En Papeles del Psicólogo, 2015. Vol. 36(2), pp. 83-95.

Rogers, R. (Ed.). (1997).Clinical assessment of malingering and deception. New York: Guilford Press.

Trivers, R. (2002). Natural selection and social theory: Selected Papers of Rober Trivers (Evolution and Cognition Series). New York: Oxford University Press.

Whiten, A. y Byrne, R. W. (Eds.). (1997). Machiavellian intelligence II: Extensions and evaluations. Cambridge: Cambridge University Press.

Acerca del autor

Frank A. Peña Valdes

Frank A. Peña Valdes

Profesor adjunto Escuela de Psicología, Facultad de Humanidades y Escuela de Orientación Educativa, Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD. Licenciatura en Psicología, Maestría en Metodología de la Investigación Científica. Especialidad en Psicología del Desarrollo, Maestría en Desarrollo Humano, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Postgrado en Educación Superior, Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Estudios Doctorales en Psicología Social, Universidad Central de Madrid (UCM).

Dejar un comentario