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Uno de los más grandes acontecimientos en la historia espiritual de la humanidad (1)

Escrito por Debate Plural

Raymundo Gonzalez (Hoy, 21-12-11)

 

Con estas palabras que sirven de título a este artículo calificó Pedro Henríquez Ureña al sermón que hace 500 años pronunciará fray Antonio Montesinos a nombre de la comunidad de frailes dominicos. El erudito maestro dominicano se dirigió a los asistentes a la cátedra Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard, correspondiente al año académico 1940-1941, con reflexivo y ponderado juicio:

“ya en 1510, los hermanos de la Orden de Santo Domingo, a su arribo a la Hispaniola, habían visto con irritado asombro la conducta de los colonos privilegiados, los encomenderos, a quienes estaban confiando los indios jurídicamente como pupilos, pero prácticamente como siervos. Después de meditar y orar largamente, los frailes decidieron cual había de ser su conducta. El acontecimiento es uno de los más grandes en la historia espiritual de la humanidad. Los predicadores devolvieron al cristianismo su antiguo papel de religión de los oprimidos”. (PHU, las corrientes literarias en la América hispánica, Trad. J Diez-Canedo, México, FCE, 1949, p.21).

El prior de esa comunidad era fray Pedro de Córdoba (1482-1521), a quien el historiador fray Vicente Rubio llamó “padre de los dominicos de América”. Un sermón muy meditado había sido redactado y firmado por los hermanos de la Orden de Predicadores de aquella comunidad. Dice Las Casas que el padre Córdoba escogió para leerlo ante las autoridades de la isla a fray Antonio Montesinos, como mejor orador. Y no se equivocó. Próximo a la natividad, el cuarto domingo de Adviento, 21 de diciembre, en la entonces iglesia mayor de la villa de Santo Domingo, hoy su catedral, se escuchó aquel sermón que retomaba las palabras del profeta Isaías, citadas en el Evangelio de Lucas (Lc 3, 4; Is 40, 3-5), “La voz del que clama en el desierto”:

“He subido aquí, yo que soy voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto conviene que con atención no cualquiera sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos la oigáis; la cual voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura […] que jamás no pensasteis oír. […] esta voz es que todos estáis en pecado mortal, y en él vivís y morís por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes, que estaban en sus casas y tierras, mansas y pacificas? […]  ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darle de comer ni curarlos en sus enfermedades que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día? Y ¿qué cuidado tenéis de quien los doctrine? […] estos ¿no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos?.

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