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Epistolario íntimo… Entre PHU y AR: La crítica (97)

Pedro Henriquez Ureña
Odalís G. Pérez
Escrito por Odalís G. Pérez

“Ya irás recibiendo el material que deseas de los poetas españoles para tu antología Huntingtoniana: he hablado con unos 8 o 9.  Seguiré haciéndolo: unos te harán envíos directamente, y otros por mi conducto.  ¿Se funda al fin la Revista Montes de Oca? Canedo, García Calderón, Pereyra (que aquí está sin familia), Pérez de Ayala, Mesa y yo escribiremos por 50 ptas. Te seguiré dando informe sobre esto.  El plagio de España (G. Robles) está ya en mano de Fombona.  Dicen de aquél aquí que es un individuo fantástico, picaresco, ladrón, ex-gobernador y ex-diputado, que hace negocios raros y sospechosos, suele recibir auxilio de los gobernantes, funda revistas subterráneas, etc.” (Carta enviada desde Madrid de Alfonso Reyes a Pedro Henríquez Ureña, de fecha 31 de marzo 1916, en Epistolario… op.cit, tomo II, p. 230).

Archer Milton Huntington (1870-1955), el fundador y presidente de la Sociedad Hispánica de América (Hispanic Society of America), le habría pedido a Pedro Henríquez Ureña una antología de poetas españoles e hispanoamericanos, para lo cual indagaba junto con Reyes algunas fuentes fiables.

El constante fluir crítico dentro de la correspondencia entre PHU y AR se ha convertido en una conducta profesional, donde ambos intelectuales se sostienen de este instrumento intelectual, constituido por lo que es la crítica practicada desde el enfoque platónico-aristotélico que primóen el Ateneo y los ateneístas de México.  En tal sentido la práctica analítica del pensamiento, la literatura y la escritura se fundan en una visión dialéctica del sentido y de la obra.

El mismo PHU ha influido en AR orientándolo en dicha perspectiva, pero creándole a su vez una disciplina de los saberes editoriales, literarios, exegéticos y comprensivos de las letras hispanoamericanas y con ellas de todo lo que es el mundo editorial europeo, norteamericano y latinoamericano.  De ahí el constante entrenamiento que sobresale en el Epistolario… de manera cohesiva, fragmentaria, contextual, direccional y académica.

No solo en el caso de la literatura, sino también en el caso de las artes visuales,  Reyes también cultiva de manera un tanto sobria el análisis crítico de las artes plásticas y también sobre ellas emite su doxa crítica tal y como lo muestra en un artículo de Martín Luis Guzmán sobre el artista Diego Rivera comparándolo con Picasso y refiriéndose a su teoría del cubismo.

Reyes es, en este sentido, taxativo:

“No hay que divagar: el platonismo no tiene aplicación en las artes plásticas, sino como vaga metáfora.  La esencia de la idea platónica es ser idea: cosa emancipada de las contingencias de la forma.  No hay que confundir especies.  Además de que el cubismo se funda en lo contrario: en la mónada estética insustituible, individual y potísima  (sic) (Ibídem. Op.cit. tomo II).

Los desplazamientos críticos no apartan a estos dos autores del trabajo crítico, ya sea desde Nueva York, Madrid o México.  Desde Nueva York, PHU le envía una carta a su amigo AR el 12 de abril de 1916, donde motiva la empresa crítica en un marco de diferencias y ajustes sobre juicios y pormenores de la creación literaria y la idea propia del oficio crítico:

“Leo tu Gracián de Coster. Trabajo demasiado erudito.  El libro de Coster me parece mediocre, en muchas cosas se equivoca.  Creo que le atribuyes a Coster, sino laidea, por lo menos la definición de que pudo Gracián (¿por qué los reduces a C. y G.? – es fea costumbre de eruditos amantes del papeleteoa la alemana, como dice Unamuno; Martín me advierte que todo lo hacen en la Revista de Filología, pero Martinenche y otros no lo acostumbran, según se ve en este número) “haber sido uno de esos hombres que se engríen con una falsa idea de su propia malignidad” (vid.p. 231).

PHU le observa a AR algunos ejemplos de experiencia e influencia en literatura.  Según lo que es la práctica asumida con rigor clásico moderno, el recorrido se ejemplifica sobre lo que se puede o no se puede comprobar:

“Muy bien dicho lo de la experiencia.  La influencia de Bacon creo que fue más grande de lo que sospecha Coster: coteja, por ejemplo, los conceptos sobre la amistad, a ver si se parecen (Bacon,Essays).  Talvez los Ensayos se publicaron en latín.  Yo nada puedo comprobar: la erudición está prohibida por la necesidad”. (Ibídem).

Las orientaciones de Pedro a Alfonso, revisten interés en la medida que avanza el concepto de particular por encima del concepto general; esto así debido al comparatismo literario, editorial y textual que se juntan en la  práctica filológica y escrituraria de ambos intelectuales.

PHU se pregunta y le pregunta a AR lo siguiente:

“¿Hasta qué punto se colaboró en El Criticón? ¿Por conversación sólo, o se llegó a co-escribir?  Sé que habías escrito mucho sobre el cultismo y sus afines.  La idea de que se confunde el estilo florido con el cultoya la había apuntado yo en mi Alarcón, nota; merece desarrollo en estudio aparte, para periódicos menos eruditos. ¿por qué no me mandas cosas que te sobren?.   Las eruditas, para The Romanic Review; las buenas para periódicos leídos. (Ibíd).

La atención crítica que le merece a PHU lo barroco y lo culterano, a propósito de El criticón y Alarcón sobresale en la carta citada, de manera que es importante plantearse el rigor crítico en tanto que modo de leer, entender, cotejar y fundar un estilo crítico sobre la visión de las letras en historia, contexto, base de elección y trabajo.

Según le escribe PHU a AR, se proyecta una diferencia y una explicación sobre tópicos surgentes de la literatura española y de la literatura mexicana; pero también de la literatura anglófona:

“Creo que se exagera la historia de las influencias.  Estoy seguro de que no influyó en Milton; debe de ser coincidencia. Hay una manía de encontrar influencias, que merece el ridículo recibido from Edith Wharton. Hispanistas serios, Schevill y Buchanan se ponen a comparar pasajes entre los cuales no existe relación ninguna.  No creo que Nietzsche haya leído a Gracián.  No se entretenía en buscar curiosidades”.  (Véase pp. 231 – 232).

La crítica comparativa utilizaba los recursos que ya en Alemania, Francia, Italia y Holanda entre otros países europeos, habían impuesto como oficio y visión del arte de escribir y de  presentar escritos con carácter científico-filosófico y estético-filológico.  De ahí que el buen comparatismo influyera bastante en el mundo hispánico.  El mismo ejemplo practicado por ambos corresponsales se hace legible y visible en el siguiente fragmento de la carta de PHU:

“Aquí lo más serio: Paravicino.  No creo en la  prioridad de los mediocres sobre sobre los genios.  Conozco de Paravicino la Margarita (de Austria) y versos: todo es mediano.  La Margarita es de 1611; ¿se conoce sermón anterior?.  El Soneto al Greco es de 1609; pero también lo es el Panegírico a Lerma. Los versos de Góngora en 1605 ya revelan su inclinación; quiere decir que el  gongorismo quedó definitivamente elaborado entre 1605 y 1609.  El Panegírico a Lerma no es obra de quien está buscanndo un estilo, sino de quien ya lo domina.  Por fechas, pues no se puede probar la anterioridad de Paravicino ni de Carrillo sobre Góngora.  Aún de éste cabe pensar que comenzara antes de 1605 a ser gongorinoy que en las Flores no se haya querido incluir lo novedoso.  ¿No hayalgo así en 1603? Creo haber leído eso somewhere.

Se evidencia la formación de comparatista en los ejemplos y evidencias que plantea PHU a AR.  Pero lo más importante es que el comparatismo crítico-literarioargumenta, valida y demuestra algunas tesis que se encuentran en la  obra u obras de los autores analizados.  Tanto PHU como AR beben de la fuente del comparatismo crítico-históricoque también toma muy en cuenta la consulta y dirección intelectual de AR.

Los ejemplos que muestra esta carta de PHU a AR presentan además testimonios, admiraciones y caminos de personajes y autores que han muerto y sobrevivido a la fama de Luis de Góngora y las llamadas vidas y obras epocales entre 1600 y 1800.  Según PHU le refiere a AR: “Creo haberte escrito que pronto me convencí de que Don Félix de Arteaga es Paravicino, a pesar de mis dudas y las de Gayangos (nota a Ticknor).  Es que no había tenido tiempo de ver bien el volumen de Obras posthumas”. (Ibídem.).

Según PHU, y a propósito esta vez de Gracián: “La nota sobre el estilo de Gracián es excelente. Haz trabajo aparte.  La nota sobre Schopenhauer es poco inteligible.  ¿Qué ha sucedido con las notas bibliográficas sobre mi Oliva y mi Alarcón? ¿No se ha hablado de ellos en ninguna revista? Cotarelo conoce mi Alarcón: se ve por la nota sobre los padres, pero, naturalmente, no me menciona. ¿Qué valor tiene el Alarcón, conferencias dadas por un argentino? Está en vuestra bibliografía, sino el libro, por lo menos un artículo”. (Ibídem. pp. 232 – 233).    

Acerca del autor

Odalís G. Pérez

Odalís G. Pérez

Profesor Investigador de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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