Medio Ambiente Nacionales

La huella del carbono dominicana se expande

Escrito por Debate Plural

Tania Molina (D. Libre, 11-6-18)

 

Napoleón Marte ve su carro como “una bomba de tiempo” que debería estar fuera de circulación. Viejo y destartalado, le parece un milagro que encienda cada día. Por dentro, las puertas y el piso del vehículo lucen sucios y llenos de “remiendos” de cartón. El área del tablero no llega siquiera a completar un recuerdo de lo que la automotriz Toyota diseñó para su modelo Corolla de 1985.

Un rastro de humo marca su recorrido desde la calle 30 de Marzo hasta la avenida Máximo Gómez, la ruta que Napoleón transita unas cinco veces al día, en ambas direcciones, como parte de su faena diaria por conseguir, conchando, el sustento de su familia.

La huella de su recorrido se acumula en el ambiente de la isla Santo Domingo junto a las de más de 4,097,338 unidades de vehículos que circulan solo por República Dominicana (sin considerar los de Haití), según registros de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) a diciembre de 2017.

Entre todos los vehículos del territorio dominicano generan el 22% de los 36.1 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2e) que emite el país cada año, aumentando así a los gases de efecto invernadero (GEI) que afectan la capa de ozono y –según los científicos– provocan el calentamiento global.

La cifra de emisiones nacionales refleja que la contaminación en el país sigue en aumento pese a los compromisos asumidos y las políticas adoptadas para mitigar los efectos del cambio climático. A su vez, el incremento se explica por la incapacidad nacional para reducir sustancialmente la quema de combustibles fósiles, soporte de la mayoría de la actividad productiva.

Las principales fuentes nacionales emisoras de CO2e son los sectores energía, con 21.1 millones de toneladas al año; agricultura, con 6.8 millones; residuos, con 4.4 millones; y los procesos industriales, con 1.8 millones, según la Tercera Comunicación Nacional para la Convención Marcos de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático 2014-2017.

El documento recoge el inventario nacional de GEI, basado en estimaciones y estadísticas de los sectores mencionados. Para el cálculo, basado en las directrices de Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), se toma en cuenta los datos de los cuatro años previo al estudio, por lo que la Tercera Comunicación analiza datos de 2010.

Durante la primera comunicación que analizó las emisiones de los años 1990 y 1994. El sector energía registró emisiones de 8.4 y 14.7 millones de toneladas de CO2e, respectivamente.

Para la segunda comunicación se midieron los años 1998 y 2000. El sector energía pasó a 15.8 millones a 18.0 millones de toneladas de CO2e. La quema ha sido el gran responsable de esas emisiones. El consumo de energía del país totalizó 5,846.31 millones de toneladas “de equivalente de petróleo” al 2010.

El subsector uso de suelo y silvicultura, del sector Agricultura, presenta emisiones en negativo, pues representan la absorción de CO2e que ha tenido el país a través de su cobertura boscosa.

Al año 1990 la emisión en este renglón se calculó en -5.5 millones de toneladas y de -6.5 millones en 1994. Al año 2000 registró -18.7 millones, pero al 2010 solo se situó en -3.1 millones.

Para Federico Grullón, técnico del Consejo Nacional para el Cambio Climático y el Mecanismo de Desarrollo Limpio (CNCCMDL), el incremento de las emisiones es proporcional al desarrollo económico del país que en los últimos años, de acuerdo con el Banco Central, mantiene un promedio de crecimiento por encima del 5% de su PIB.

Las proyecciones nacionales indican que, de mantener ese ritmo de crecimiento, las emisiones de GEI aumentarían en un 40% al 2030, al pasar de los 36 millones a 51 millones de CO2e.

“El crecimiento es bueno, porque el desarrollo no se puede detener. Ahora, lo que hay que pensar es en la forma en cómo se hace ese desarrollo. Si el sector energía es el que más emite, entonces debemos seguir buscando fuentes menos contaminantes de generación”, plantea Grullón.

Tanto en la Estrategia Nacional de Desarrollo, elaborada por el Gobierno dominicano y aprobada mediante una ley en 2012, como en el Acuerdo de París, firmado en abril de 2016 el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, República Dominicana se fijó la meta de reducir en un 25% de sus emisiones al año 2030.

De su disposición a cumplir esta meta depende que pueda acceder a los US$17,000 millones de dólares que –calcula- requiere para ejecutar los proyectos de mitigación y adaptación al cambio climático.

Su posición entre los primeros 10 países que, según Índice de Riesgo Climático Global 2018 (IRC) que elabora Germanwatch, son más vulnerables a los efectos del cambio climático, con pronósticos nacionales que apuntan a periodos extremos de sequía o lluvias anormales y pérdida de costa, constituye una amenaza para dos de los principales pilares de la economía: el turismo y la agricultura.

Para dar seguimiento a las metas, el Gobierno elaboró el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC-RD), creó el Consejo Nacional para Cambio Climático y formuló el Plan de República Dominicana para el Desarrollo Económico Compatible con el Cambio Climático (Plan DECCC). Además de medir las emisiones, las entidades trazan la ruta a seguir para mitigar y adaptar el país al cambio climático.

Generación y transporte 

Del 62% de CO2e que emite el sector energía, 40 puntos porcentuales provienen de la quema de combustibles para generación eléctrica y los restantes 22 del transporte.

Aunque es el que más emite, el sector eléctrico también tiene el mayor potencial de para reducir emisiones.

El Plan DECCC plantea varias opciones: eficiencia energética, maximizar el uso de energía renovable en la generación, reemplazar a la autogeneración con gas natural y menos dependencia de combustibles fósiles. De aplicarse esas medidas, permitirán reducir las emisiones en un 60% anual.

Pedro García, director de la unidad para el Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente, recuerda que todavía el 80% de la matriz energética del país es combustible fósil e insiste en la necesidad de cambiar a fuentes alternativas menos contaminantes.

Destaca, sin embargo los esfuerzos gubernamentales. “Hasta ahora hay aprobado unos 600 megawatts en energía renovable, se están instalando plantas eólicas, sistemas solares y de biomasa… Estamos todavía a la mitad, pero los proyectos ya están aprobados”, expone.

El transporte, que al 2010 emitía 4.6 millones de toneladas de CO2, podría reducir la cifra en un 50% si se cambia la calidad del combustible que utiliza.

También sugiere medidas para el parque vehicular, caracterizado por el uso de gasolina, gasoil (diesel), gas natural, kerosene, AVT, fuel oil y gas licuado de petróleo (GLP), conforme el inventario “Combustibles y Vehículos más Limpios y Eficientes en República Dominicana 2005-2015”.

El Plan DECCC apunta al reemplazo de combustibles fósiles por biocombustibles, sustituir los vehículos de gasolina y diesel por otros que utilicen gas natural comprimido, y que el tráfico urbano tenga un sistema moderno de transporte público.

El Gobierno impulsa la ampliación del Metro de Santo Domingo y ahora puso en operación un teleférico, pero el uso de gas natural como combustible sigue como una materia pendiente.

Miguel Guerra, secretario de la Asociación Dominicana de Gas Natural (Adogas) y director general de Soluciones en Gas Natural (SGN), estimaba en abril pasado que apenas 14,000 unidades usan ese combustible en el país.

Guerra se quejaba entonces de que desde el año pasado existe un fondo superior a los RD$30.0 millones destinado a la conversión del transporte público, pero todavía no se aplica por falta de una normativa.

El país cuenta con normativas para el uso e importación de vehículos, como la Ley 103-13 de incentivo a la importación de vehículos de energía no convencional, la Norma General para la Aplicación del Impuesto por Emisión de Dióxido de Carbono (CO2) en Vehículos de Motor (Norma 06-12) y la Norma Ambiental para el Control de Emisiones de Contaminantes Atmosféricos Provenientes de Vehículos.

Pero esas disposiciones no han sido climáticamente efectivas dentro de un parque vehicular que el 48% de las unidades fue fabricada de 2000 hacia atrás y menos del 25% del año 2010 en adelante.

Transporte aéreo

Las emisiones en transportes incluyen la vía marítima y aérea. El servicio aéreo lo ofrecen unas 36,000 aeronaves que sobrevuelan el espacio dominicano y realizan unos 90,000 vuelos por año, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Aviación Civil (IDAC).

El Plan de Acción para la Reducción de Emisiones de CO2 en la Aviación Civil Internacional/República Dominicana que elaboró el IDAC indica, basado en estimaciones al 2014, que los vuelos regulares emiten 1,058 toneladas de CO2 por año.

La cifra llega a 2,934 al sumar los vuelos internacionales chárter o no regulares de operadores dominicanos y las proyecciones apuntan a un aumento hasta 16,357 al 2050 si no se toman acciones.

El plan recoge algunas medidas implementadas por IDAC que incluye acuerdos internacionales para reducir emisiones, implementación de “Aeropuertos amigables con el Medio Ambiente”. El documento destaca el aeropuerto de Punta Cana que desarrolló el uso de eficiencia energética y el Aeropuerto Internacional del Cibao que inauguró una planta de energía solar que genera 1.5 megavatios, igual al 30% de su consumo energético.

Acerca del autor

Debate Plural

Un medio independiente, libre, plural, sin ataduras con empresas o gobiernos; buscando el desarrollo de una conciencia critica, y la verdad que subyace en el correr de la vida nacional e internacional para el empoderamiento del pueblo dominicano en relación con las luchas y reivindicaciones económicas y sociales fundamentales

Dejar un comentario