Cultura Nacionales

Cátedra Carlos Dobal. “Consideraciones intempestivas sobre los estudios caribeños” de Pedro San Miguel

Escrito por Debate Plural

Mu-Kien Adriana Sang (El Caribe, 2-6-18)

 

Desde las “utopías del Renacimiento” hasta los imaginarios turísticos y las representaciones geográficas e iconográficas contemporáneas, las concepciones acerca de los mundos tropicales e insulares poseen un potente asidero en las nociones que acerca de las islas antillanas emergieron a raíz de aquel colosal extravío de Cristóbal Colón, descarrío que lo condujo a un ignoto archipiélago “colocado en el mismo trayecto del sol”. A partir de entonces, las islas adquirieron un aura especial: se convirtieron en espacios particularmente adecuados para la escenificación de tramas ficcionales u objetivistas de variada tesitura; han fungido incluso como proscenios de obras que intentan plantear dilemas de la vida moderna. Ya concebidas como paraísos perdidos o en vías de extinción
—por tanto, como reductos de la inocencia y del Buen Salvaje—, ya como guaridas de bárbaros e infames —caníbales, piratas, contrabandistas y conspiradores de toda laya, entre otros—, las islas en general y las caribeñas en particular han desempeñado una multiplicidad de funciones simbólicas. Reconocidas y estudiadas con frecuencia en los ámbitos de la literatura y las artes, ha sido menos usual que las funciones simbólicas, alegóricas, metafóricas o hasta míticas desempeñadas por los espacios insulares hayan sido exploradas en obras de pretensiones cientificistas, como las investigaciones históricas. Asimismo, hay una carencia de indagaciones acerca de cómo dichas obras han construido a los agentes que fungen como protagonistas de sus interpretaciones y narraciones. Tales cuestiones, estoy seguro, serán utopías.

Pedro San Miguel

Como señalamos en el artículo anterior, el jueves 24 de mayo de 2018 reinstauramos formalmente la Cátedra Carlos Dobal Márquez, con una conferencia pronunciada por el amigo historiador Pedro L. San Miguel. Bajo el sugestivo título “Consideraciones intempestivas sobre los estudios caribeños”, el amigo-hermano de Puerto Rico hizo un balance crítico sobre las nuevas propuestas para interpretar el mundo caribeño. Dotado de una formación profunda, única, envidiable, San Miguel hace un recuento exhaustivo de las últimas apuestas teóricas. El texto es amplio y ameno, salpicado de un cinismo fino. Está dividido en cuatro partes: Islas, alteridades y sujetos históricos; El Caribe entre el “choque de civilizaciones”, Calibán, Maquiavelo y el cruzado; La seducción del exotismo y coda; Caribeñismo y destinos intelectuales.

En la primera parte que titulaba “Islas, alteridades y sujetos históricos”, San Miguel señala que más allá del imaginario exótico construido por los relatos de Colón, a través de la historia se han construidos metarrelatos de la historiografía caribeña que se centran en un solo aspecto de la realidad, a saber:

1) la geopolítica, nacida bajo la óptica de lo que él denomina las miradas imperiales, y es la política de los imperios, principalmente europeos los que han marcado la historia caribeña.

2) el subdesarrollo, la dependencia o el atraso económico. A partir de esta visión, existe una obsesión con las economías monoproductoras “y con el paradigma de la plantación como sustrato de las sociedades caribeñas”.

3) la identidad, que en este caso es percibida desde una perspectiva nacional, ya sea étnico-racial, de clase o de género;
y finalmente, (4) las resistencias de los subalternos. Esta concepción, afirma el autor, fue marginal en los orígenes de la historiografía caribeña. Sin embargo, en las décadas recientes ha comenzado a ocupar un papel protagónico en la producción intelectual.

Estas tendencias o miradas al Caribe, que han generado obras notables, adolecen de una visión-reflexión crítica en torno a “cómo se ha constituido dicho campo del saber”.

En la segunda parte, que tituló “El Caribe entre el “choque de civilizaciones”, Calibán, Maquiavelo y el cruzado”, un título con una interesante chispa de cinismo, San Miguel hace un balance de la obra de Silvio Torres-Saillat “An Intellectual History of the Caribbean”. En esta obra, dice Pedro San Miguel, Torres-Saillant pretende “articular una nueva ‘teoría’ sobre la historia, la cultura y el destino del Caribe”. Y sigue diciendo con acentuado tono irónico, que ese ambicioso designio —casi milenarista— que defiende Torres-Saillant, intenta y busca romper lanzas en contra del canon intelectual occidental, que “ha difamado al Caribe y a sus habitantes. Ante esta injuria, el autor reivindica la existencia de un discurso caribeño, compuesto por las diversas respuestas de los intelectuales de la región a esa difamación perpetrada por Occidente”.

Ante esta ambiciosa pretensión, San Miguel afirmaba en su conferencia que había muchas “hachas que amolar”, lo cual, afirmaba, no era nocivo de por sí. “El problema estriba en la forma en que se construye esta peculiar historia intelectual del Caribe, centrada en esa “difamación” de la que Occidente es culpable, y en la manera en que son delimitados sus “protagonistas” principales.” Así, seguía exponiendo San Miguel, Torres-Saillant ha construido dos grandes antagonistas: “el infamante discurso occidental y el discurso caribeño, orientado este último a desagraviar, redimir, vengar, resarcir y corregir los ultrajes, las maledicencias, los insultos, las injurias y las calumnias producidos por el primero. Se trata, en fin, de una disputa entre entidades tajantemente delimitadas, entre categorías dicotómicas duras: Occidente/ el Caribe (lo que vale tanto como el Imperio del Mal/ las Fuerzas del Bien)”.

No conforme con esta afirmación, San Miguel recurre a Samuel Huntington, definido por él como “el profeta del Armagedón producido por el choque de civilizaciones”. Aseguraba en su intervención que Huntington “se sentiría muy complacido con esta manera de concebir la historia”.

Sobre el texto analizado escrito por Silvio Torres-Saillant, Pedro San Miguel se hacía una serie de preguntas: “¿Cuánto de los conceptos de los intelectuales caribeños acerca de la identidad, la nación, las “razas”, la historia, la modernidad, el “atraso”, el subdesarrollo o la geopolítica —para mencionar sólo unos cuantos ejemplos— se debe o entronca con nociones formuladas por “Occidente” ¿Las nociones mismas de “Caribe”, “Antillas” u “Occidente” que manejamos los intelectuales caribeños —incluso las que emplea el propio Torres Saillant—, no son, fundamentalmente, invenciones o elaboraciones occidentales? ¿Dónde estriba, entonces, la pureza conceptual, dónde se traza el límite o la frontera?; ¿cómo, en un ámbito tan híbrido como el Caribe, se pueden deslindar de manera categórica los campos semánticos y conceptuales entre “lo caribeño” y “lo occidental”? ¿Cuál es la esencia de ese ser llamado Caribe? ¿Quiénes actuarán como “guardias fronterizos conceptuales”, capaces de atajar lo tránsfuga, lo escurridizo, incluso a los “rayanos”, a esos que ocupan los límites culturales y que operan desde ellos? ¿No conlleva todo esto una suerte de yihadismo intelectual, un integrismo conceptual que, como todo fundamentalismo, puede desembocar en las más burdas simplificaciones e, incluso, en un terrorismo discursivo? Según Torres-Saillant, los letrados caribeños tienen una especie de misión, encaminada a “reeducar el imaginario caribeño” y a “rehabilitar a Calibán”.

Finaliza este punto asegurando que la propuesta de Torres-Saillant “es una forma de reduccionismo conceptual, agudizado debido a la manera en que Torres-Saillant concibe al intelectual del Caribe, el que queda marcado por un exclusivo designio: actuar como Cancerbero de la identidad. Por otro lado, este indómito vigilante es modelado a partir de un ejemplar intelectual, esculpido en base a la alegada trayectoria del propio autor. Ergo, el sino del letrado caribeño, es trazado a partir del destino al que parecería aspirar dicho autor/ protagonista: ser tutor, preceptor o consejero del Príncipe. Ante tal hado, me brota a mí también la emblemática frase del escritor dominicano Andrés L. Mateo: “¡Oh, Dios!”. Se agotó el espacio nos vemos en la próxima entrega.

Acerca del autor

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