Cine Nacionales

Los puentes de Madison

Escrito por Debate Plural
Rienzi Pared Pérez (Listin, 19-5-18)

El éxito de una obra, tanto en el cine como en la literatura, dependerá del enfoque del autor a ciertos temas que muchas veces pueden considerarse tabúes. La manera de cómo se ofrece será recibida positiva o negativamente, dependiendo de su enfoque.

El adulterio ha sido moralmente penado, y en algunas sociedades, las mujeres son lapidadas como forma de castigo por la afrenta cometida.

No tanto así a los hombres que pudieran cometer la misma acción en dichas sociedades. Sin embargo, existe una película que el adulterio está presente; pero la forma que nos ha sido presentada podemos entenderla y hasta somos cómplices de dicha acción. Al contrario, vivimos un momento del encuentro de dos seres que logran amarse de una manera pura y limpia donde será el recuerdo perenne en una parte de su memoria, en lo más recóndito de su corazón y alma.

La película la cual nos estamos refiriendo es: “Los puentes de Madison”, la cual fue estrenada en el año 1995, dirigida y actuada por ese clásico contemporáneo llamado Clint Eastwood y por la gran actriz Meryl Streep.

La trama está ambientada en 1965, en el Estado de Iowa y acontece la relación entre una solitaria ama de casa y un fotógrafo de la famosa revista National Geografic.

Todo sucede en un largo feriado de fin de semana cuando el esposo e hijos de Franchesca (Meryl Streep) van a una feria de ganado lejos de su hogar, por lo cual la misma se encuentra sola y triste en su casa.

Franchesca es oriunda de Italia y logró casarse con un soldado norteamericano a raíz del término de la Segunda Guerra Mundial. Emigró hacia los Estados Unidos buscando mejor vida. Sin embargo, su vida se convirtió en rutinaria y apegada solamente a atender a su esposo e hijos; pero no existía para ella el amor sublime de pareja como recompensa. Solo para ella podría decirse que lo único bueno eran sus hijos; pero ella como simple mujer, sentía ese vacío, le faltaba conocer el amor verdadero.

Un día, llega al condado Robert Kinkaid (Clint Eastwood) un destacado fotógrafo para tomar algunas fotos de los puentes y paisajes de la ciudad. Y ella sentirá por primera vez ese amor que tantas veces esperamos que llegue. Con él, Franchesca vivirá cuatro días de extremo calor humano hasta quedar saciada en su corazón.

Pero todo deberá volver a la normalidad, y la relación será un recuerdo eterno donde solo el corazón de una mujer lo guardará para siempre.

Al transcurrir el tiempo y a la muerte de Franchesca, su hija podrá leer en su diario el amor fugaz que tuvo su madre, y entenderá en su interior, a su progenitora, que se dedicó en cuerpo y alma a su hogar con una breve pausa para dedicárselo a la mujer que llevaba dentro. En ella Franchesca escribe en su diario como epitafio “Entregué mi vida a mi familia, ahora quiero entregar a Robert lo que queda de mí” como una manera de despedida y de honestidad como forma de comprensión.

El guion de esta película es estupendo. No tengo frases para definirlo, es más, los momentos de ausencia de palabras para que solamente hablen los gestos y las miradas es embriagador. Las actuaciones tanto de Clint Eastwood como de Meryl Streep hacen de ellos pura química, donde podemos respirar hasta el último aliento de la despedida de Robert en su camioneta mientras ella miraba de soslayo. Ese día estaba lloviendo en la ciudad; pero también estaba lloviendo en sus corazones, y Franchesca tendrá que decidir entre ese amor puro o el de su familia. Sin embargo, toma el camino correcto, y ambos caminos se separan por siempre para quedar en su alma el recordatorio de aquel amor que vivirá por la eternidad en su corazón.

“Los puentes de Madison” es puro cine. Es pura magia envolvente de cómo se hace una puesta en escena exquisita, decente y profesional al tratar un tema delicado sin caer en la vulgaridad.

Es extraordinariamente hermosa y perfecta. Además de su valiente tema, estamos en presencia de una cinta técnicamente impecable donde la cinematográfica se luce no solo en las locaciones externas, sino también al trasmitir el mundo interior de sus protagonistas en cada uno de los sitios indicados por el guion.

Quien no la ha visto, todavía tiene tiempo de disfrutar este clásico del cine que ha marcado a varias generaciones.

Acerca del autor

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