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La sicogenealogía (7)

Escrito por Debate Plural

Diogenes Cespedes (Hoy, 7-11-15)

 

21. Es muy probable que Didier Dumas y Henri Meschonnic no se conocieran ni se leyeran mutuamente en lo relativo al problema de la traducción de la Biblia, ya que en su opera prima La Bible et ses fantômes(París: Desclée de Brouwer, 2001) no aparece una sola mención a los trabajos de traducción del fundador de la poética.

Al contrario, sí aparece la mención de dos traducciones bíblicas en las que descansa, como piedra angular, el trabajo de Dumas, es decir, la Traducción Ecuménica de la Biblia (TEB) y la de André Chouraqui, pero también de vez en cuando Meschonnic-Dumas rescatarán ejemplos sacados de las biblias del Rabinato, de Jerusalén, y otras. Y tuvieron en común ambos autores la coincidencia de publicar sus obras sobre el traducir en la misma editora: Desclée de Brouwer, a partir de 2001. Es posible que se encontraran en la misma casa editora, pero ninguno cita al otro en sus obras.

  • -22. Sin embargo, Meschonnic califica de malas traducciones las obras en que se fundamenta Dumas, sobre todo la de Chouraqui, que calca en 1974 las dos traducciones de Edmond Fleg de 1959 y 1963 «y cuyo éxito se funda en ese malentendido de querer dar al original el entendimiento, mientras su traducción, mala entendedora, multiplica las incoherencias ylas faltas groseras al idioma en razón de que él no posee el sentido de conjunto que es el ritmo.» (Poétique du traduire. Lagrasse: Verdier, 1999, p. 52) ―Poética del traducir.

Aunque Meschonnic remata a Chouraqui, antes le ha pasado el escalpelo a lo que llama traducción-tradición, o sea, todos los libros traducidos que mantienen su apego al partido del signo: «Áquila permanece como el patrón de ese literalismo judío, el que se encuentra en las traducciones-calcos de Edmond Fleg y André Chouraqui. La erudición historicista sostiene el otro polo, del lado de la ciencia cristiana que es la filología anti-masorética y la retórica del paralelismo.» (Op. cit., 441).

  • -23. No parece que esta lectura, en caso de que Dumas la realizara, haya perturbado en lo más mínimo la estrategia del autor, la que consiste objetivamente en orientar el sentido de su investigación al calco, pues se trata, como dice Meschonnic, de “disciplinas del sentido”, concepto que implica tanto a las llamadas ciencias duras como a las humanidades, en ese dualismo separador del significante y el significado, el cuerpo y el alma y la forma y el contenido o fondo.

En efecto, Dumas partirá de la hipótesis central que se desprende de otro libro, el de Françoise Dolto y Gérard Sévérin, Les Évangiles et la foi au risque de la pschanalyse ou la Vie du désir (París: Gallimard, 1996) ―Los Evangelios y la fe a riesgo del sicoanálisis o la vida del deseo, donde dicen que la obra «revela una dimensión de la construcción mental precoz que los terapeutas de niños habían obviado hasta ahora: el lugar que ocupa la mitología religiosa de la cultura de los padres.» (Dumas, p. 7). Y agrega que esta es muy importante porque «le ofrece al niño respuestas a las preguntas que él se plantea acerca de la muerte y el más allá.» (P. 8).

  • -24. Dumas analizará los mitos principales del Viejo Testamento y comienza apoyándose en quien fuera su maestro en Santa Ana: «…por ejemplo, la concepción de los dos primeros hijos de Adán y Eva es una ilustración de lo que Jacques Lacan llama la forclusión del Nombre-del-padre, [o sea, que] la condena de Caín [es] una teoría del fantasmaidéntica a la de Nicolás Abraham, y la historia de Noé y sus hijos una teoría transgeneracional de la constitución de las clases sociales, para la que no tengo ningún autor a quien referirme.» (Pp. 9-10).

Luego de rechazar los textos deudores del cristianismo o las traducciones francesas de la Tora o la que comenta Rachi, al igual que las del Rabinato francés, el autor dice que no se distinguen en nada de los del cristianismo y que como las traducciones que “intentan restituir el sentido original del texto hebreo son raras, él prefirió las traducciones de Fabre d’Olivet, André Chouraqui y Paul Northomb. Para Dumas, que proviene del ateísmo, « la mitología de los descendientes de Adán y Noé presenta las diferentes modalidades a través de las que el espíritu y la palabra que Dios legó a Adán se transmiten a través de la sucesión de generaciones.» (P. 17). Por el hecho de ser ateo, este estudio de los mitos bíblicos a partir del sicoanálisis no descalifica a Dumas. Al contrario, le eleva por investigar uno de los múltiples sentidos que libera la Biblia: poético en primer lugar, histórico, mitológico, político, geográfico, étnico, feminista en Ruth, Judit y Ester, transgeneracional, etc. Y como cita Dumas con cierto orgullo al sacerdote Claude Larre, fundador del Instituto Ricci, quien «le observó que esos viejos textos son a tal punto ricos y densos que ninguna traducción es capaz de restituirles cabalmente el sentido.» (P. 16). El cura Larre le incluye de ñapa a su observación la ideología de lo intraducible, que, por supuesto, Dumas no puede refutársela, al ser ambos militantes del partido del signo.

  • -25. Para Dumas lo importante del libro Génesis es “la filiación divina del hombre”, por lo que esta se interesa en primer lugar en “la construcción mental del individuo al tratar bajo el ángulo de la relación con el padre, a no ser que en este caso Dios sea el padre mismo” (p. 21).

Y el cuidado que hay que prestarle a la formación mental del niño es cosa sabida desde hace milenios, pero que la ciencia occidental olvidó en el camino y Dumas viene a recuperarla, según la línea de Dolto: «Referida a la creación de Adán y Eva, esta imagen ilustra, en efecto, con algunos milenios de avance, lo que sabemos hoy gracias a la haptonomía: que el feto reconoce los soplos de su padre, su voz, sus manos y su sexo.» (Ibíd.). Y que todo feto sueña lo que sueña la madre. La haptonomía trata sobre el desarrollo pre y posnatal que rebebn realizar los pares a fin de entablar las relaciones afectivas que el niño necesitará durante todo su crecimiento.

  • -25. En la versión Ecuménica del Génesis (I, 27), nuestro autor resalta cuando Dios creó al hombre y la mujer: «… él se expresa súbitamente en la primera persona del plural mientras que en todo el resto del texto, emplea el pronombre yo», lo que a su juicio deja sobrentendido que “Dios es en sí mismo varón y hembra”, o sea, un andrógino. Y Dumas avanza su tesis: « ¿Esto significa que su primera apelación, Elohîm, significa que él es al mismo tiempo el padre y la madre de Adán y Eva? Sí y no. El dios bíblico es antes que nada el espíritu y la palabra que transmitió al hombre. Elohîm simboliza a mi juicio que él es, en su cabeza y su ‘coleto’, todos los dioses. Es en este sentido que él es la vez varón y hembra, del mismo modo que encontramos este aserto una vez más en la historia de Adán y Eva, donde ya se llama IHVH o Yahvé.» (P. 22).

En este sentido, dice el autor, que la Biblia se dividirá en dos clases de textos: los puramente sacerdotales y los estrictamente yahvistas: «Hoy sabemos que la Tora, el texto hebreo del Antiguo Testamento, está compuesto de cuatro textos más antiguos, reunidos en el siglo V antes de Jesucristo por Esdras o uno de sus colaboradores. Los más viejos, los manuscritos elohista y jahvista (922-722 a. J.) cuentan la historia y la descendencia de los héroes bíblicos. Los más recientes, el Deuteronomio y el texto sacerdotal (722-587 a. J.) son sobre todo textos de ley en los que no existe ni ángel ni ninguna otra divinidad animal como la Serpiente del Paraíso. Los once primeros capítulos presentados aquí, de la Creación a la torre de Babel, provienen principalmente de los manuscritos jahvista y sacerdotal.» (P.14).

  • -26. Para Dumas, este segundo nombre de Dios, IHVH, ha sido inadecuadamente traducida por Yahvé, ya que este no es un nombre, sino un tetragrama y en la religión judía se denomina tetragrama«a lo que está prohibido pronunciar puesto que representa lo que nadie puede percibir de Dios.» (P. 28).Y en cuanto a la construcción mental del niño, «IHVH evoca lo que el pequeñín no puede percibir de su padre, une vez nacido, es decir, cómo ese papá le ha concebido. Él simboliza pues el misterio de los testículos, lo irrepresentable del padre.» (Ibíd).

Pero he aquí un “irrepresentable” que le toca a alguien enseñarle al niño cuando alcanza la edad donde es necesario hacerlo, porque de lo contrario pueden entrar en funcionamiento, en determinada edad del infante, los fantasmas teorizados por Nicolás Abraham y que Dumas retoma en esta obra: «IHVH es el Sin Nombre y Sin Rostro. Pero es ante todo, el padre de Adán, puesto que es bajo este nombre que Dios le da cuerpo. Ahora bien, desde el punto de vista del niño, si se presentara una época donde el padre no podía tener ni nombre ni rostro, es cuando le concibió. El niño no puede entender el papel que este ha jugado en su concepción si su madre no se lo explica. Representarse su sexualidad implica pues poder entender lo que no se puede ver. He ahí, a mi juicio, lo que simboliza IHVH. Él representa una dimensión del padre ante la que la apertura de los ojos del niño no sirve de nada.» (P.28-29).

  • -27. Para concluir con los nombres de Dios, el autor nos recuerda lo siguiente: «…Adonai, el tercer nombre de Dios, es su apelación sonora, aquella a la que el niño accede cuando puede hablar y plantear sus preguntas edípicas. Adonaies “papá” o “mamá”. Es la apelación de la que uno se sirve para invocar al Creador cuando se le dirige una plegaria.» (P.29).

Veremos, pues, por qué le corresponde al padre realizar con el niño esa metáfora que el Génesis llama “separar el cordero del rebaño”.

 

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