Cultura Nacionales

Libros: El libro de Manolito y Francis, 4. El Gobierno de Rafael Estrella Ureña

Rafael Estrella Ureña
Escrito por Debate Plural

Mu-Kien Adriana Sang (El Caribe, 5-5-18)

 

Al asumir la conducción del Estado, Estrella Rojas tuvo que enfrentar una convulsionada transición política, agravada por una economía en franca recesión que demandaba medidas de austeridad y la contención del gasto público. A esa difícil coyuntura se sumaba la presión de muchos de los participantes en el movimiento del 23 de febrero, que reclamaban nuevos empleos en el gobierno.

En ese contexto se dificultaba satisfacer estas demandas dado que los recursos fiscales estaban exhaustos luego de dos años de estragos económicos. A ello habían contribuido las contrariedades climáticas, consistentes en una prolongada sequía registrada durante la primavera de 1928 y un período de fuertes lluvias e inundaciones que afectaron las zonas agrícolas del Cibao. A esto se vino a agregar la caída de los precios de los productos de exportación, como consecuencia de la recesión mundial, lo que deprimió los ingresos públicos y elevó el déficit presupuestario acumulado por la anterior administración, creándose una apremiante situación financiera y fiscal que limitó el desempeño de las autoridades… Manuel García Arévalo y Francis Pou.[1]

Esta es la penúltima entrega del excelente libro de Manuel García Arévalo y Francis Pou, que hemos estado presentando a los lectores desde hace varias semanas. En este capítulo aborda el gobierno de Rafael Estrella Ureña.

El político Rafael Estrella Ureña (1889 -1945) no es muy conocido, ni tampoco ha sido muy estudiado por la historiografía dominicana, a pesar de su participación activa en el primer cuarto del siglo XX. Nacido en las filas horacistas, fue designado presidente interino de la República Dominicana en un breve período del año 1930. Estrella Ureña, junto a Trujillo y otros dirigentes, fue responsable de la caída del gobierno de Horacio Vásquez. Al renunciar Vásquez a la presidencia, fue designado como presidente constitucional para concluir el período de Vásquez, hasta el 16 de agosto de 1930, de acuerdo a lo que establecía la Constitución de 1929. Fue durante su gestión que se prepararon las elecciones. Como era de esperarse, Trujillo resultó ganador. Estrella Ureña fue electo como vicepresidente. La luna de miel entre estos dos caudillos duró poco. En 1932 las relaciones se hicieron insostenibles. Renunció al cargo bajo la excusa de que su salud no estaba bien.

García Arévalo y Pou hacen un balance de este breve gobierno. Destaco esta parte porque son muy pocas las obras que abundan sobre el tema. Este es sin duda, un gran aporte del libro. El diplomático español, citado ampliamente en este capítulo, tenía una percepción positiva del presidente provisional, frente a la crisis que vivía el país, tal y como lo enunciaron los autores en el párrafo citado al inicio de este artículo. A juicio de Meruéndano, Estrella Ureña tenía buenas intenciones. Veamos:

El Gobierno estudia actualmente la situación y parece dispuesto a adoptar medidas drásticas. Por de pronto ha suprimido ya algunos servicios tales como el depósito de automóviles, gasolina, lubricantes y repuestos que suponía una inversión anual de 700,000 dólares. También pretende suprimir la llamada policía de carreteras integrada por ingenieros y capataces con pingües sueldos y cuya función va a encomendar a una especie de gendarmería rural integrada por soldados del Ejército Nacional.[2]

La política clientelar se vería afectada, por esta razón, el Presidente Estrella Ureña encontró muchos obstáculos. Meruéndano señala que el principal eran las ambiciones existentes:

En esta labor de depuración y economía administrativa el Gobierno ha de tropezar con serios obstáculos. El hecho de que los funcionarios del Estado no sean inamovibles y que su nombramiento y cese estén sujetos al capricho de la política y a sus vaivenes, determina que, tras de una revolución, sean numerosísimos los que se juzgan con derecho a un cargo retribuido. [3]

García Arévalo y Pons hacen balance del cortísimo gobierno del presidente interino Rafael Estrella Ureña, afirmando que se llegaron a concretar algunos logros, a saber:

1. Creación de la Secretaría de Trabajo.
2. La conformación de la sección de Bellas Artes en la Secretaría de Justicia e Instrucción Pública.
3. La reorganización del sistema
estadístico.
4. La promulgación de la ley de prensa y de una nueva Ley Electoral.
5. Creación de bibliotecas municipales en todo el país.
6. Reparación de calles de la ciudad de Santo Domingo.
7. Disminución del gasto en el Presupuesto Nacional en dos millones de dólares. Hecho este que le permitió pagar la primera cuota de amortización de la deuda, a pesar de la contracción de los ingresos fiscales.

Las páginas que siguen en el capítulo hablan sobre la lucha electoral que se produjo. La posible postulación de Juan Bautista Vicini Burgos, pero se retiró de la contienda sin dar muchas explicaciones. Afirman los autores que quizás no se sentía seguro de la victoria contando solo con el apoyo del Partido Nacional. Y sobre todo cuando Rafael Leonidas Trujillo se lanzaba al ruedo electoral. La opinión del testigo de excepción de estos procesos, el diplomático Meruéndano era de profundas reservas a las aspiraciones de Trujillo.

Parece ser que la unión entre las diversas fuerzas políticas que actualmente están en el poder es muy discutible y que se han producido ya rozamientos con motivo del nombramiento de funcionarios públicos y con el más importante de la designación de candidatos para la lucha electoral, toda vez que la candidatura del General Trujillo no goza del total consenso.[4]

En las páginas del capítulo hablan del nacimiento de la alianza opositora, que se inicia con la llegada de Horacio Vásquez al país. El derrocado presidente se alió con su antiguo enemigo Político, Federico Velázquez, para llevarlo como candidato presidencial junto a Ángel Morales, bajo la bandera del Partido Progresista. Esta repentina unión de dos antiguos aliados, luego enemigos fue una verdadera sorpresa para Meruéndano.

Pues bien, ahora, ese mismo Sr. Velázquez se alía con su encarnizado enemigo, suma sus fuerzas a las suyas y se dispone a ir a la lucha electoral apoyado por los mismos hombres que antaño le persiguieran, destituyeran y contra los cuales habría desencadenado la violenta tempestad de sus enconos y sus odios.[5]

El capítulo nos ofrece un detallado recuento de la lucha política, del cuestionado triunfo electoral de Trujillo y Estrella Ureña; de la reacción de los vencidos y perdedores de la contienda política y eleccionaria, de los propios observadores diplomáticos. Este capítulo es, para mí, el mayor aporte del libro. Amplía un período desconocido de la historia política del año 1930. Las transcripciones de las cartas de Meruéndano son una verdadera joya.

Acerca del autor

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