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Trump denuncia el acuerdo nuclear con Irán (I)

Escrito por Debate Plural

Emma Wilde Botta/Silvie Kauffmann (Sinpermiso,  11-5-18)

 

Las consecuencias de la denuncia del acuerdo nuclear con Irán

El anuncio de Donald Trump de que los EE.UU. se retiran del acuerdo nuclear con Irán de 2015 y vuelven a imponer sanciones económicas intensificarán los conflictos geopolíticos en la región y amenazan con provocar una guerra más amplia en la región y posiblemente el mundo.

En una conferencia de prensa el 8 de mayo, Trump calificó el acuerdo nuclear de 2015 de “defectuoso en su núcleo”. Citó como prueba documentos de la inteligencia iraní hechos públicos por Israel el 30 de abril.

En una presentación de esos documentos la semana pasada, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu afirmó que demuestran concluyentemente que Irán continúa desarrollando un programa de armas nucleares a pesar del acuerdo de 2015 negociado con la administración Obama junto con otras cinco potencias.

Pero de acuerdo con el informe de noviembre de 2017 de la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA), que se encarga de supervisar el cumplimiento iraní del acuerdo, no hay indicios de que Irán lo haya violado.

De hecho, las “pruebas” de Netanyahu se referían a antiguos esfuerzos nucleares de Irán y no demostraban que Irán estuviera produciendo armas nucleares o violase de otra manera el acuerdo de 2015.

En realidad, los EE.UU. son el único país que no han cumplido los términos del acuerdo de 2015, como consecuencia de la decisión de Trump de reinstaurar las sanciones económicas que han infligido a millones de iraníes dificultades económicas. El objetivo de la administración Trump parece ser, según un diplomático europeo, para “romper el régimen” estrangulándolo económicamente.

Inmediatamente después del anuncio de Trump, el presidente de Irán, Hassan Rouhani respondió que Irán, por ahora, mantenía su parte del acuerdo con los demás países que habían firmado. Sin embargo, si otros países denuncian el acuerdo, Irán se prepararía para reiniciar el enriquecimiento industrial de uranio.

La mayoría de los aliados de Estados Unidos están molestos con la decisión de Trump. El presidente de Francia Emmanuel Macron twitteo: “Francia, Alemania y el Reino Unido lamentan la decisión de Estados Unidos de abandonar el JCPOA [Plan Integral de Acción Conjunto]. El régimen de no proliferación nuclear está en juego”.

Netanyahu, por supuesto, aplaudió a Trump, llamando a la denuncia del acuerdo de Estados Unidos un “paso histórico”.

En Irán, los críticos conservadores de las concesiones realizadas durante la negociación utilizarán la denuncia del acuerdo por parte de Trump para acusar al primer ministro Rouhani de débil e ingenuo en sus relaciones con los EE.UU., y culparle del empeoramiento de la situación económica que se producirá.

El acuerdo nuclear de 2015 fue negociado entre Irán y los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (EE.UU., China, Francia y Rusia, junto con Alemania) conocidos como P5 + 1.

Después de años de conversaciones, Irán accedió a una reducción del 98 por ciento de sus reservas de uranio enriquecido y a una moratoria de 15 años en el desarrollo de la infraestructura de este tipo de armas. A cambio, se levantaron la mayoría de las sanciones económicas contra Irán, permitiendo al país reintegrarse a la economía mundial, incluyendo la exportación de petróleo.

El acuerdo marcó supuso un cambio decisivo en la estrategia de Estados Unidos hacia Irán. Como Ashley Smith describió para la International Socialist Review, el predominio de Estados Unidos como la única superpotencia del mundo comenzó a descomponerse con el fin del boom económico neoliberal de la década de 1980 a 2008. En el nuevo “orden mundial asimétrico y multipolar”, los EE.UU. y su competidor global, China, contienden por el poder en Asia, mientras que sus rivales regionales como Rusia e Irán tratan de expandir su influencia, sobre todo en las zonas donde el control imperial de Estados Unidos se había debilitado.

Una serie de derrotas militares han obstaculizado los esfuerzos de Estados Unidos para establecer su orden en el Oriente Próximo, una región geopolíticamente vital dados sus enormes recursos energéticos. La administración Bush pretendió tras el éxito de la invasión de Irak “cambiar los regímenes” en Irán y Siria. Sin embargo, la resistencia iraquí a la ocupación de Estados Unidos obligó a un cambio de planes.

En 2011, los levantamientos de la primavera árabe desestabilizaron una serie de regímenes del norte de África y Oriente Próximo, obstaculizando los planes de Washington.

El gobierno de Estados Unidos dijo apoyar los levantamientos populares en Túnez y Egipto, mientras ayudaba a Bahrein a aplastar sus movimientos de resistencia. La desastrosa intervención de la OTAN en Libia terminó en el vergonzoso suceso en el que el embajador de Estados Unidos fue arrastrado fuera de la embajada y asesinado. Esta experiencia distanció aun más a los EE.UU. de la política de la administración Bush de “cambio de régimen”, sustituida por una política de “estabilización de regímenes”.

Los EE.UU. negociaron el acuerdo nuclear de 2015 desde una posición de relativa decadencia imperial y en el contexto de estos acontecimientos en el Oriente Próximo y el Norte de África.

Excluido el “cambio de régimen” en Irán después de la desastrosa invasión de Irak de la administración Bush, los EE.UU. pasaron del aislamiento hostil a un acercamiento prudente con Irán. El gobierno de Obama se conformó con un acuerdo que esencialmente concede el acceso sin restricciones a inspecciones de las instalaciones de Irán, y proporciona un pretexto para ataques preventivos si hay el menor indicio de falta de cumplimiento, real o supuesta.

En ese momento, el acuerdo nuclear fue condenado por los halcones y derechistas en EE.UU. como una capitulación. Muchos en la izquierda anti guerra, por el contrario, lo saludaron como un paso hacia la paz. En realidad, el acuerdo era una expresión diplomática de los intereses del imperialismo estadounidense, que emplea diversas sutilezas diplomáticas o la guerra en base a las necesidades del momento.

Aunque los medios pueden ser diferentes, los objetivos finales son los mismos. Los EE.UU. tiene como objetivo controlar el flujo de petróleo de Oriente Próximo, satisfacer a su aliado Israel, frenar la creciente influencia de Irán en la región y proteger su monopolio de las armas nucleares y el de sus aliados.

En la pasada década, Irán ha emergido como una potencia regional. Las intervenciones de Estados Unidos en el Oriente Próximo han fortalecido secundariamente a Irán al acabar con Saddam Hussein en Irak y debilitar a los talibanes en Afganistán, ambos rivales del estado iraní.

La sangrienta intervención militar de Irán en Siria para salvar el régimen de Bashar al-Assad ha cimentado una alianza mutuamente beneficiosa. Irán es cada vez más influyente en la “media luna chiíta” que va de Hezbolá en el Líbano, a través de Siria e Irak, a Irán, y sus aliados en Afganistán y Yemen.

En respuesta a estos acontecimientos, Israel ha tratado de contener a Irán mediante su participación interpuesta en la guerra de Siria. Y Arabia Saudí, aliado de Estados Unidos, en un esfuerzo para construir un bloque de estados sunitas para contrarrestar la influencia de Irán, también participa en esta guerras interpuesta y en  maniobras políticas -de Siria a Líbano y Yemen  para contener a Irán.

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