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Power Pack: Cómo USA nos ocupó

Escrito por Debate Plural

Jose del Castillo (D. Libre, 28-4-18)

 

DURANTE EL CONFLICTO CÍVICO militar de abril del 65 los actores locales, polarizados por el movimiento constitucionalista que unió a líderes militares y grupos políticos que propiciaban la restauración de Bosch y la Constitución del 63, por un lado, y las fuerzas militares que desde San Isidro oponían resistencia a tal propósito, por el otro, no se imaginaban que con su confrontación arriesgaban una nueva intervención militar norteamericana en nuestro territorio que duraría 17 meses. Provocando de paso cambios inesperados en nuestro devenir político e impactos sustanciales en el modelo de desarrollo económico social.

En mi caso, la presencia de los muchachos Airborne se hizo patente al abrir una mañana la puerta trasera de mi casa –abandonada por la familia debido a los bombardeos de la AMD y la MGD sobre el Palacio Nacional que impactaron las calles aledañas- y encontrar en el patio a estos laboriosos reclutas del Tío Sam, alambrando con cables de telecomunicaciones para conectar el campamento que instalaron en la Reid & Pellerano con el comando de operaciones e inteligencia del Oratorio Don Bosco. Cada vez que pernoctaba en la Martin Puche 5, era despertado a las 5 AM por los morenos y rubios de la 82 División, quienes se ejercitaban tempraneros pregonando al unísono: “Airborne, Airborne”. Como si felices encomendaran sus almas al Señor, My Lord.

Así, lo que arrancó como una operación puntual para proveer protección a la embajada y evacuar a ciudadanos norteamericanos y de otras nacionalidades refugiados en el Hotel Embajador, con el desembarco de los marines por Haina y el despliegue de paracaidistas de la 82 División Aerotransportada por la base de San Isidro, culminaría en la ejecución de la Operación Power Pack, una intervención mayúscula que inauguró una nueva doctrina militar en Estados Unidos, consistente en la movilización de contingentes de tarea mega superiores a los requerimientos coyunturales, con el objetivo de dar respuesta disuasiva a una amenaza latente. En este caso, la posibilidad del desarrollo de “un golpe comunista” que tomara el control de la República Dominicana y emplazara “una segunda Cuba” en el Caribe. Con la eventual actuación de unidades de combate cubanas en el conflicto. Al lado, el riesgo de rápido contagio hacia Haití, gobernado por Papa Doc, el siniestro.

Una de las primeras tareas emprendidas por las tropas de EEUU fue empatar el polo de San Isidro con el del Hotel Embajador, trazando un corredor de comunicación entre ambos que a su vez fungía de línea divisoria de la ciudad de Santo Domingo, partiéndola en dos grandes mitades y permitiéndoles separar a los comandos constitucionalistas que operaban en la Zona Norte de los que quedaron reconcentrados en lo que se daría en llamar la Zona Constitucionalista (la Zona Colonial, Ciudad Nueva, San Carlos, una franja de Villa Francisca y otra de Gascue). La carretera de San Isidro, Las Américas, el Puente Duarte, la Teniente Amado GG, San Juan Bosco y así en línea sucesiva de calles en el tejido urbano de la época, cubriendo con un manto de protección la Embajada y llegando al Hotel Embajador.

Como relata el historiador militar norteamericano Lawrence A. Yates, en su fundamental estudio Power Pack: U.S. Intervention in the Dominican Republic, 1965-1966:

“Cuando las tropas de EEUU ocuparon el LOC (Line of Communication) recientemente establecido, la ventaja militar en Santo Domingo cambió irrevocablemente a su favor. Los constitucionalistas ya no podían esperar alcanzar sus objetivos por la fuerza de las armas. La incertidumbre se mantuvo en relación a la resolución de la crisis. ¿Habría solución diplomática o militar? La decisión recayó en Washington, donde el presidente Johnson se mantuvo decidido a negociar el fin de la guerra civil. Un acuerdo político que involucrara a todas las facciones dominicanas, salvo la extrema izquierda, se asumía sería más duradero y menos dañino para la imagen de Estados Unidos en el hemisferio que un acuerdo impuesto por la acción militar. Sin embargo, había un serio inconveniente para un enfoque diplomático: las condiciones para su éxito no estaban dadas. Aunque se hallaban rodeados por marines y paracaidistas estadounidenses, los constitucionalistas no estaban en ánimo de capitular. Y pese a que la presencia militar norteamericana redujo gran parte de las muertes indiscriminadas, las pasiones y el odio generado durante una semana de guerra civil no se disiparían fácilmente. En cuanto al alto el fuego concertado el 30 de abril, tanto los constitucionalistas como las tropas leales lo violaron a voluntad.”

Señala Yates que al instalarse las fuerzas de EEUU, de cara a la resolución de una crisis que se prolongaría, debieron realizar ajustes sobre la marcha. “Se prepararon y desplegaron tropas adicionales y unidades de apoyo, asimismo suministros adecuados, mucho más allá de los previstos en los planes de contingencia originales. Las comunicaciones tuvieron que mejorarse y la calidad de la inteligencia política y militar también. Se necesitaba desesperadamente una estructura de comando simplificada y más eficiente. Ajustes que se realizarían antes de mediados de mayo. Mientras, los oficiales civiles y militares monitoreaban los eventos políticos, que en dos semanas incluyeron la formación de dos gobiernos rivales, un nuevo acuerdo de alto el fuego, una amarga guerra de propaganda y el arribo de más emisarios presidenciales de Washington.”

En una afirmación que sincera el sentido de la acción de USA en la crisis dominicana, Yates nos dice que “aunque la crisis había entrado en una fase política, las tropas americanas debían mantener su vigilancia contra las amenazas militares, que hasta finales de mayo significaban los actos hostiles de las fuerzas rebeldes al norte y al sur de la LOC. Además, los comandantes estadounidenses debían estar preparados para emprender iniciativas militares importantes si ocurría un colapso en el proceso diplomático. Los planes de contingencia tenían que estar listos para una variedad de operaciones, desde limpiar los restos de bandas rebeldes de la parte norte de Santo Domingo hasta un ataque total contra el bastión rebelde en Ciudad Nueva”.

Como se sabe, la Operación Limpieza de la Zona Norte se llevó a cabo impiadosamente a cargo de las tropas de San Isidro (“Aquí, Radio San Isidro, la Operación Limpieza va a comenzar”, perifoneaba nasal Máximo Fiallo), con el respaldo logístico de las norteamericanas que suministraron equipos de comunicación e inteligencia. Mientras que los ataques y avances de las tropas norteamericanas efectuados el 15 y 16 de junio del 65 a la Zona Constitucionalista –antes, se emplearon frecuentes bombardeos de ablandamiento con morteros-, fueron lo más próximo a un ataque masivo. Aun en medio del proceso diplomático negociador encabezado por la Comisión Ad hoc de la OEA, ya bastante avanzado, para formar un Gobierno Provisional.

Conforme a Yates y a otros historiadores militares norteamericanos, tan pronto como a mediados de mayo, las unidades formadas por el Army, Navy, Air Force y los Marines estacionadas en República Dominicana habrían alcanzado un pico de unas 24,000 tropas. Incluyendo esta cifra el 5th Logistics Command, el 15th Field Hospital, el 503d Military Police Battalion, el 50th Signal Battalion, el 218th Military Intelligence (MI) Detachment, el 519th MI Battalion, el 1st Psychological Warfare Battalion, la 42d Civil Affairs Company y el 7th Special Forces Group. En adición a los contingentes principales encabezados por la 4th Marine Expeditionary Unit y la 82nd Airborne Division del US Army, que dieron inicio a las operaciones militares en Santo Domingo. Diferentes fuentes cifran en 21,500 efectivos del Army y 1,500 Marines.

Algunos estudios sobre la materia realizados por historiadores militares y centros estratégicos de EEUU, así como fuentes de prensa de la época, refieren en más de 40,000 los efectivos movilizados en la operación dominicana. En adición, con la creación de la Fuerza Interamericana de Paz (FIP), facilitada en la Conferencia de Cancilleres de la OEA por el voto dominicano asignado al embajador Bonilla Atiles, las “democracias” del continente hicieron su aporte a la pacificación dominicana: la dictadura militar de Brasil puso un general y 1,130 tropas, Honduras, 250, Paraguay de Stroessner, 184, Nicaragua de los Somoza, 160, Costa Rica, 21 policías militares y El Salvador, 3 oficiales. Unos 1,748, redondeados en 1,800.

El embajador Bunker, quien encabezó la diplomacia de EEUU en la negociación dio origen al Gobierno Provisional de García Godoy, se quejaba constantemente de los dolores de cabeza que le ocasionaba el general brasileiro Panasco Alvim, jefe nominal de la FIP, quien a su juicio, “veía comunistas hasta debajo de la alfombra”.

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