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Ha nacido una nueva disciplina: La sicogenealogía (4)

Escrito por Debate Plural

Diogenes Cespedes (Hoy, 26-9-15)

 

§-12. En el prólogo al libro de la periodista científica Nina Canault (Cómo pagamos los errores de nuestros antepasados. Ver bibliografía de mi primera crónica),  Anne Ancelin Schützenberger precisa un poco más detalladamente su posición con respecto a lo que no es la sicogenealogía y, va de suyo, acerca de lo que es esta nueva disciplina.

Al ponderar las virtudes de la obra como labor de divulgación (tarea que hago malamente para los lectores y lectoras dominicanos), la creadora de esta disciplina señala lo siguiente a propósito de que «ni la práctica clínica ni el saber terapéutico-psiquiátrico-analítico-clásico son suficientes»  para explicar el relato bíblico de las uvas verdes que comieron los padres y «los hijos han sufrido por ello [durante] tres o cuatro generaciones’.» (Libro cit., p. 10).


Y ella propone los términos de “transgeneracional”, «genosociograma, psicología clínica, así como psicoterapia transgeneracional clínica, partiendo de la práctica clínica analítica (y sin hacer ninguna referencia al esoterismo, a la transmisión del pensamiento, al tarot, o a la astrología que utilizan algunos autodidactas y que para mí están más ligadas a las artes que a la ciencia)» (Ibíd.).Schützenberger marca su distancia con respecto a la obra de Canault en el plano de la terminología: «Si bien estoy interesado por esta indagación e investigación, no estoy sin embargo convencida de todas las pitas que explora la autora alrededor y entorno al término [de ‘psicogenealogía] usado como cajón de sastre, utilizado de forma independiente por psicoanalistas y no-analistas desde hace veinte años en sentidos y contextos diferentes, por universitarios y autodidactas con planteamientos y prácticas clínicas diferentes, e incluso opuestas.” (Libro cit., ibíd.).

Esta aclaración puede entenderse como una ruptura con las modas que siempre acompañan a toda disciplina nueva y que por lo general son pasto de logreros, oportunistas y charlatanes, tal como se vio con la moda del sicoanálisis cuando irrumpió en Boston, por ejemplo, donde se llegó a decir que había más divanes que sicoanalistas.

La creadora de la disciplina advierte de los peligros de la mala práctica de la terapia transgeneracional por parte de improvisados: «Estas personas (que no son analistas y no entienden ni el inconsciente ni la transferencia del mismo y con el que juegan a veces inconscientemente) a menudo mantienen a las personas enganchadas, impidiéndoles realizar la verdadera psicoterapia que necesitan en realidad y asumir su verdadera independencia de adulto, responsable de su vida, de su porvenir y de su salud.» (Ibíd.).

Schützenberger explica cómo una profesional como ella (o los colegas de su talla) ejercen la terapia transgeneracional: «Nosotros trabajamos a partir de planteamientos científicos y analíticos clásicos, los pies en la tierra y ‘a pie de campo’ [,] de libros y crónicas de historias, papeles familiares, partidas de nacimiento, de defunción, bautismos, matrimonios, registros civiles, médicos,  (militares, notariales y funerarios, es decir, hechos constatables.» (Libro citado, pp. 10-11).

Y aclara que «las declaraciones, los recuerdos, los sueños, las asociaciones de ideas, las pesadillas y otros males, en definitiva lo vivido de forma activa, clínica y psicopática, son como una expresión, un grito, una llamada de auxilio, un trauma que generalmente proviene de lejos. Representan las hipótesis que conviene escuchar y entender por respeto a la persona que los sufre, pero que se deben verificar.” (Ibíd., p. 11).

Lo que definimos comúnmente como trauma mental –explica Schützenberger– «es un acontecimiento demasiado difícil para el espíritu y para el corazón, demasiado horrible, inhumano, monstruoso, que nuestras estructuras mentales, individuales y colectivas no consiguen digerir, igual que un bombardeo aniquila una ciudad (…) igual que los campos de concentración (el holocausto), como la guillotina durante El Terror (1793), similar a la carnicería de la batalla de Sedan (1  de septiembre de 1870), o la bomba de Hiroshima.» (Ibíd.).

§-13. El párrafo anterior explica el porqué y el cómo de los traumas mentales. Y la autora pone de ejemplos traumas mentales históricos inmensos que vienen de   la noche de los tiempos, de miles de años o de siglos. Como por ejemplo: «La derrota de los serbios en Kosovo hace setecientos años, a consecuencia de la batalla acaecida el 28 de junio de 1389, hizo perder al jovencísimo Estado serbio su independencia (en particular después de la caída de Constantinopla), derrota que se convirtió casi en un duelo nacional y se entonó en diversas canciones heroicas durante centenares de años.” (Ibíd.)

Y el historiador, el periodista o el literato que no esté al tanto de los intríngulis de este (y otros acontecimientos que evoca la creadora de la terapia transgeneracional), no podrá entender el asesinato «en Sarajevo  del archiduque Francisco Fernando de Austria y Hungría, una visita considerada como una provocación, el día del aniversario de la pérdida de Kosovo, por los serbios. Él fue asesinado, hecho que desencadenó la guerra de 1914-1918 y sus millones de muertos.” (Ibíd.).

Razón por la cual tampoco podrá entenderse lo siguiente –según explica Schützenberger–: “La historia se repite (como por una retrospectiva temporal) el  28 de junio de 1989 con en conmemoración, por [Slobodan] Milosevic, de la derrota de Kosovo de 1389 y el regreso de los restos mortales de san Lázaro (príncipe serbio Lázaro) asesinado el 28 de junio de 1389 por los musulmanes otomanos. Éste será el desencadenante de la masacre (genocidio) de los musulmanes de Albania y de Kosovo. Una revancha, seiscientos años después de un trauma nacional, cuyo duelo no se había realizado jamás.” (Ibíd.).

La§-14. La sicogenealogista francesa evoca también como un acto similar de revancha el atentado a tiros sufrido por el papa Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 a manos de Mehmet Ali Agca, joven turco musulmán, quien obrando con una memoria de más de mil años creyó ver en el pontífice el responsable histórico de las matanzas perpetradas contra su etnia por parte de los que dirigieron las ochos Cruzadas contra los pueblos árabes desde 1096-99 hasta 1270 (Véase “¿Ay, mis ancestros!”, pp. 178 y 230, n. 4, donde Schützenberger el libro de Amín Maalouf, “Les Croisades vues par les Arabes”. París: Lattès, 1983). ¿Es el surgimiento de los Talibán, Al Qaeda y el Ejército Islámico y del Levante una revancha o guerra total a muerte contra Occidente y sus aliados árabes una respuesta a las Cruzadas, la colonización europea de África o la “vendetta” ante la derrota de Abderramán II por Carlos Martel en Poitiers en 732, la que detuvo el irresistible expansión del Islán en Europa? Es muy prematuro para saberlo porque hay que desenredar la madeja de intereses envueltos en esa guerra inter-imperialista, porque no sabe quiénes aportan los recursos y los materiales de guerra a esas organizaciones radicales que eliminan incluso toda reliquia arqueológica, por más antigua que sea,  si tiene  reminiscencias occidentales, aunque la haya construido Siria, Babilonia o Asiria hace miles de años.

En este mismo tenor, la autora cita el caso similar de la expulsión de los judíos de España, que Jacques Attali dice «fue un éxodo-exilio-emigración, un sálvese-quien pueda precario, que a menudo terminaba mal, parecido a las huidas actuales de los ‘boat-people’. Todo ocurrió dentro de un contexto difícil y supuso una elección penosa: partir sin bultos, abandonando todos los bienes, o convertirse por las buenas o por las malas al catolicismo y de ese modo quedarse, en un clima de sospecha perpetua, como ‘marranos’  convertidos y vigilados por la las Inquisición. Incluso para los que partían por mar, existía el riesgo del abordaje de las embarcaciones por parte de los piratas, el riesgo de la esclavitud, del asesinato o del naufragio. Algunos partieron con Cristóbal Colón el 3 de agosto de 1492, último día que se permitió a los judíos permanecer en territorio español.» (pp. 230-231, n. 6 del libro 1492, de Attali 1492, citado por Schützenberger).

Es verdad que las colonias españolas d América dieron al traste entre 1810 y 1898 con el dominio del imperio español y el trauma mental del asesinato de miles de indígenas y negros esclavos fue resarcido con el ajusticiamiento de los peninsulares que osaron enfrentar a Bolívar, Hidalgo-Morelos, San Martin, O’Higgins, Sucre, Máximo Gómez y otros libertadores notables, pero en el caso de los miles de sefardís que huyeron de España no se ha hecho justicia y a más de 500 años de aquellos acontecimientos no basta con el perdón ni la atribución de ciudadanía a los descendientes de aquellos parias. Entre los países del primer mundo, el perdón está hoy de moda, pero para que este sea creíble se necesitan cinco condiciones: 1. Expresar arrepentimiento  2. Aceptar la responsabilidad   3. Restituir o reparar el daño  4. Arrepentirse genuinamente, y 5. Pedir perdón (Chapman y Thomas. “Los cinco lenguajes de la disculpa”. Carol Stream, Ill. Tyndale, 2006).

¿Hubo sefardís entre los grandes libertadores de América? Queda por investigar esta pregunta.

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