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El “Golpe Maestro” de Estados Unidos contra Venezuela (1)

Escrito por Debate Plural

Stella Calloni (RedVoltaire, 9-5-18)

 

stados Unidos y sus socios preparan en silencio un brutal «Plan para acabar con la dictadura de Venezuela»: el «Golpe Maestro» «Masterstroke» [1], que ya está en marcha y cuya primera parte comenzaría antes de las próximas elecciones venezolanas y, si no tienen éxito en derrocar al presidente Nicolás Maduro con la nueva ofensiva, que utilizará todo el aparato propagandístico y mediático más acciones violentas en «defensa de la democracia», accionarán el Plan B, que incluirá a varios países imponiendo una «fuerza multilateral» para intervenir militarmente.

Panamá, Colombia, Brasil, Guyana son puntos claves de la operación militar, con el apoyo de Argentina y de «otros amigos», bajo control del Pentágono. Ya tienen preparadas desde las bases que ocuparán, los países de apoyo directo (fronterizos) hasta hospitales y centros de acopio de víveres para sus soldados.

Todo esto aparece especificado en un documento real, de 11 páginas, que lleva la firma del almirante Kurt Walter Tidd, actual comandante en jefe del Comando Sur [SouthCom] estadounidense, documento aún no divulgado.

El documento analiza la situación actual ratificando la Guerra que se libra contra Venezuela, pero también el perverso esquema de la guerra psicológica que permite entender la persecución, el acoso, el desprestigio, la mentira criminal que se utilizan para acabar no sólo con las dirigencias populares sino contra los pueblos de la región.

Al referirse a la situación actual de Venezuela, el Plan menciona que se tambalea la «dictadura venezolana chavista como resultado de sus problemas internos, la gran escasez de alimentos, el agotamiento de ingreso de fuentes de dinero externo y una corrupción desenfrenada, que ha mermado el apoyo internacional, ganado con petrodólares, y que el poder de la moneda nacional llega con escaso tiempo y el poder adquisitivo de la moneda nacional está en constante picada».

Asumen que este escenario, que admiten haber creado ellos mismos, con una impunidad que aterra, no cambiará. En este caso justifican sus acciones afirmando que el gobierno venezolano acudirá a nuevas medidas «populistas» para conservar el poder.

Asombra en qué lugar colocan a la oposición que el mismo Estados Unidos maneja, asesora y paga, al entender que «el corrupto régimen de Maduro colapsará, pero lamentablemente las fuerzas opositoras defensoras de la democracia y del bienestar a su pueblo, no tienen poder suficiente para poner fin a la pesadilla de Venezuela» por las disputas internas e incluso por «la corrupción similar a la de sus rivales, así como la escasez de raíces» que no les permite sacar «el máximo provecho de esta situación y dar el paso necesario para sobrevolar el estado de penuria y la precariedad en la que el grupo de presión que ejerce la dictadura de izquierda ha sumergido al país».

Lo que resulta aterrador es que mientras consideran que se está ante «una acción criminal sin precedentes en América Latina», refiriéndose al gobierno de Venezuela –un gobierno que nunca ha actuado contra ninguno de sus vecinos y que ha sido de una intensa solidaridad regional y mundial–, el Plan estadounidense sostiene que la «democracia se extiende en América, continente en el cual el populismo radical estaba destinado a tomar el control». Argentina, Ecuador y Brasil son ejemplo de ello. «Este renacimiento de la democracia (así le llaman) está soportado sobre las determinaciones más valiosas y las condiciones de la región corren a su favor. Este es el momento para que Estados Unidos pruebe, con acciones concretas que está implicado en ese proceso en el que derrocar a la dictadura venezolana seguramente representará un punto de inflexión continental».

Por otra parte alientan al presidente estadounidense Donald Trump a actuar considerando que «esta es la primera oportunidad de la administración Trump para demostrar y llevar adelante su visión sobre democracia y seguridad», y convencerlo de que «su participación activa es crucial, no sólo para la administración sino para el continente y el mundo. El momento ha llegado».

Esto significa «intensificar el derrocamiento definitivo del chavismo y la expulsión de su representante, socavar el apoyo popular«» al gobierno y

“alentar la insatisfacción popular aumentando el proceso de desestabilización y el desabastecimiento” [para] “asegurar el deterioro irreversible de su actual dictador”.

Si uno quiere entender a fondo el arte de la perversión contrainsurgente basta leer la parte en que el documento se refiere al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, alentando a «sitiarlo, ridiculizarlo y mostrarlo como un símbolo de torpeza e incompetencia, exponerlo como una marioneta de Cuba».

Pero también sugieren:

“exacerbar la división entre los miembros del grupo de gobierno, revelando las diferencias de sus condiciones de vida y las de sus seguidores y al mismo tiempo incitándolos a mantener en aumento esas divergencias”.

El plan está destinado a ejecutarse en forma rápida y furiosa, como las medidas tomadas por los mayordomos de Washington, Mauricio Macri (Argentina) y Michel Temer (Brasil), ambos con una escandalosa historia de corrupción pero transformados por el Imperio en «líderes de la transparencia» que tomaron medidas en horas para la destrucción de los Estados nacionales con la certeza del disparo de un misil.

El documento firmado por el jefe del Comando Sur estadounidense demanda hacer insostenible el gobierno de Maduro forzándolo a claudicar, negociar o escapar. Este Plan para acabar en plazos muy cortos con la llamada «dictadura» de Venezuela llama a:

“Incrementar la inestabilidad interna a niveles críticos, intensificando la descapitalización del país, la fuga de capital extranjero y el deterioro de la moneda nacional, mediante la aplicación de nuevas medidas inflacionarias que incrementen ese deterioro.”

Otro objetivo es

“obstruir todas las importaciones y al mismo tiempo desmotivar a los posibles inversores foráneos”

para –y vean ustedes la bondad del Imperio–

“contribuir a hacer más crítica la situación de la población”.

También abarca el Plan en sus 11 páginas

“apelar a aliados domésticos como a otras personas insertadas en el escenario nacional con el objetivo de generar protestas, disturbios e inseguridad, pillaje, saqueos, robos, asaltos y secuestros de buques y de otros medios de transportes, con la intención de desabastecer el país, a través de todas las fronteras y otras posibles maneras, poniendo en peligro la seguridad nacional de sus vecinos”.

Consideran importante «causar víctimas» y señalar como responsable al gobierno de Venezuela «magnificando, frente al mundo, la crisis humanitaria, a la que está sometida el país», usando la mentira de una corrupción generalizada de los gobernantes y «ligar el gobierno al narcotráfico para desacreditar su imagen ante al mundo y sus seguidores domésticos», además promover «la fatiga entre los miembros del PSUV» [Partido Socialista Unificado de Venezuela] «incitando a la inconformidad entre ellos mismos, para que rompan ruidosamente las relaciones con el gobierno y para que rechacen las medidas y restricciones que también los afectan» y hacerlos «tan débiles como es la oposición, creando fricciones entre el PSUV y Somos Venezuela».

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