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Ha nacido una nueva disciplina: La sicogenealogía (2)

Escrito por Debate Plural

Diogenes Cespedes (Hoy, 29-8-15)

 

§-6. Para entender el campo o dominio, los límites y conceptos prácticos aplicados al análisis de su objeto de estudio, es decir, el amplio espectro de las relaciones familiares y sociales de un sujeto, lo recomendable, para iniciarse en el conocimiento de esta nueva disciplina organizada y continuamente reorganizada por Anne Ancelin Schützenberger, recomiendo la lectura de su obra fundadora ¡Ay, mis ancestros! (bibliografía mínima 9 para el lector español y la 7 para el francés. Ver Areíto del pasado sábado 15).

En la página 33, la autora cita a sus maestros y fuentes (principalmente el sicoanálisis freudiano y de Karl G, Jung tomó los conceptos de “sincronías” e “inconsciente colectivo” que vienen a completar a Freud) y afirma que todos ellos, fue Jacobo Levi Moreno, quien sigue siendo un poco desconocido en Francia, el que le “permitió desarrollar cierta imaginación creadora y me transmitió el deseo de ir ‘al encuentro del otro’ y la obstinación por ayudar a los que sufren’.» (P. 34) 

Schützenberger piensa que cuando Moreno escribió que la sicología del siglo XX perteneció a Freud, pero que el siglo XXI pertenecería a Moreno, estaba en cierto modo matando al padre, pues sabido a través de la propia autora que los dos conceptos clave del discurso de Moreno (“Fundamentos de sociometría”, bibliografía 3) son “tele”, “mezcla de empatía, de transferencia y de verdadera comunicación, comunicación positiva o negativa, inconsciente, a distancia, entre personas.” (P. 34). Y el otro concepto, el de “átomo social”, que son “la representación imaginada por Moreno de las relaciones significativas en la vida de cada uno”. (p. 34) Y dice la autora que en este concepto de átomo social “se inscribe en él a las personas que componen el mundo personal del sujeto: su familia, sus amigos, sus familiares, sus vecinos, sus colegas de trabajo o compañeros de deportes, los que están presentes por el amor o presentes por el odio, estén vivos o muertes; es generalmente el sujeto (el protagonista) quien trabajo en dicho cuadro.” (PP. 34-35)

Y puntualiza la autora que “ese descubrimiento a pasos furtivos del lenguaje de los inconscientes que se comunican a su manera, en el diván o fuera de él, o bien del ‘alguna parte’ en un tiempo convertido de este modo en circular, cuya emergencia se explora hoy a través del “genosociograma” y el “enfoque transgeneracional”, pasa también por Moreno, al que se puede nombrar con justicia como uno de los padres fundadores.” (P. 34).

Schützenberger cree que el átomo social es un “genosociograma en el aquí y ahora. Se completa, para los seguidores de Moreno, con la “red sociométrica” (afectiva) y el “estatuto sociométrico” (el ‘grado de amor’ de un individuo en su grupo). Son las proyecciones afectivas las que configuran el átomo social.” (P. 35)

El enfoque “transgeneracional” es el concepto de base de la sicogenealogía como nueva disciplina discursiva creada por Schützenberger y a este concepto le es inseparable, teoría y práctica, el de genograma y “genosociograma”. Este último ella lo define así: “El “genosociograma” permite una representación sociométrica (afectiva) visual del árbol genealógico familiar, con sus características (apellidos, nombres, lugares, fechas, puntos sobresalientes, vínculos) y “acontecimientos principales de la vida” (nacimientos, casamientos, decesos, enfermedades importantes, accidentes, mudanzas, ocupaciones, jubilación.” (P. 35). 

Mientras que el genosociograma es definido por la autora como “una representación del árbol genealógico comentado (“genograma”), en el que las flechas sociométricas ponen en evidencia los “diferentes tipos de relaciones” del sujeto con su entorno y los “vínculos” entre los diferentes personajes: la copresencia, la cohabitación, la coacción las díadas, los triángulos, las exclusiones, ‘Quién vive con quién bajo el mismo techo’ y ‘come del mismo plato’, quién cría a los niños de quién, quién huye y adónde, quién llega (nacimiento, instalación) en el momento en que otro se va (muerte, partida), quién reemplaza a quién en la familia y cómo se realizan los repartos… sobre todo después de una muerte (herencias, dones), quién son los favorecidos y los desfavorecidos, cuáles las ‘injusticias’ (las cuentas familiares y sociales). (PP. 35-36).

Schützenberger corrige una percepción equivocada acerca del origen del genograma. Dice que algunos investigadores relacionan este concepto “con una conferencia de Murray Bowen (bibliografía 5) de 1967 sobre la terapia familiar; pero se podría decir que el genograma surgió de las primeras reflexiones efectuadas por Moreno sobre los lazos familiares complejos –y su átomo social– sin que los distintos practicantes de la terapia familiar sistémica y del genograma hayan vuelto a trazar esta genealogía histórica. Quienes lo utilizan profundizan relativamente en las relaciones, los vínculos, los pormenores.” (P. 36).

Finalmente, la autora declara en qué consiste su método: “Por mi parte, trabajo mucho más en profundidad en lo que llamo el genosociograma, en un “contexto” más completo y reconstruyendo el pasado hasta dos siglos atrás (siete a nueve generaciones), y a veces más.” (P. 36).

Los aportes de Ludwig von Bertalanffy (bibliografía 2) al método del enfoque transgeneracional de Schützenberger radica en el concepto de la teoría general de sistemas que él elaboró para las ciencias en general y, sobre todo, la parte dedicada a la sicología y la siquiatría (pp. 211-226), ya que la sicología moderna se encontraba, según el autor, en un atasco (“impasse”, dice el traductor) y a la sicopatología le hacía falta esta teorización.

Como veremos en otros acápites, el talón de Aquiles de estas teorías de sistemas y enfoques transgeneracionales es su ausencia de teoría del lenguaje y del signo como radicalmente históricos y radicalmente arbitrarios (Saussure) y la indistinción conceptual entre sujeto e individuo, lo que acarrea un grado de desdialectización entre discurso, sentido, ideologías y, por supuesto, una ausencia de la literatura y la poesía, puesto que tales prácticas definen todos estos conceptos como instrumentos y este solo hecho les coloca en el partido del signo, sobre todo al análisis transgeneracional y su noción dualismo de alma y cuerpo o espíritu y cuerpo, llave maestra de teólogos, sicólogos y sicoanalistas. No prejuzgo del valor de conocimiento nuevo que tengan las prácticas teóricas de los discursos de Bertalanffy y Schützenberger. 

Por otro lado, los aportes de Iván Boszormenyi-Nagy al enfoque transgeneracional son reconocidos por la propia Schützenberger cuando dice: “A partir de mi práctica del análisis transgeneracional, llegué a la conclusión de que los conceptos introducidos por Boszormenyi-Nagy –‘lealtad invisible, justicia, contabilidad de deudas y méritos’– permiten un esclarecimiento nuevo en psiquiatría y psicoterapia, psicoanálisis, medicina holística, medicina de la persona total, medicina psicosomática. Si un ser se transforma verdaderamente en adulto, si la persona consigue cierta libertad, es también libre para sus comportamientos y esto implica una fluidez de roles y de obligaciones en las relaciones interpersonales. Las estructuras de la familia no son de este modo inmutables: ‘arreglando las cuentas antiguas se reencuentra lo que debería ser la justicia en el sistema de esa familia’ y cada miembro se inscribe en un nuevo equilibro del crédito y de la deuda. Todos los acontecimientos relacionales psicológicos están estructurados por una doble motivación: la ‘estructura comportamental manifiesta’ y la ‘estructuración obligacional oculta’. En consecuencia, las relaciones deben ser concebidas como ligadas a dos sistemas de contabilidad, el de las motivaciones manifiestas determinadas por el ‘poder’ y el de la jerarquía de las ‘obligaciones’.» (P. 56).

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