Cultura Nacionales

Libros sobre el Caribe. Un viejo-nuevo libro de Frank Moya Pons

Escrito por Debate Plural

Mu Kien Adriana Sang (El Caribe, 10-3-18)

 

Es nuestra esperanza que con este aporte realizado por el Dr. Moya Pons, los estudiosos de la numismática de Santo Domingo vean florecer sus conocimientos sobre tan importante Casa de Moneda, que abasteció de piezas a los territorios de toda el área del Caribe y tierra firme en los primeros tiempos de la colonización del Nuevo Mundo; por lo que confiamos que esta obra será de consulta obligada para los interesados en el estudio de nuestras monedas del período colonial de América.
José Manuel Henríquez,
presidente de la Sociedad
Numismática Dominicana.

Hace unos días se celebró un simposio NUMIEXPO CARIBE 2018, en el que participaron las diferentes sociedades numismáticas del Caribe y Centroamérica. Durante el congreso se puso a circular la obra de Frank Moya Pons “La Casa de las Monedas y las acuñaciones de Santo Domingo en la época colonial”, que inicialmente formaba parte de una monumental obra que se titulaba “Las Casas de Monedas en los Reinos de Indias”, que fue editado en Madrid en 1997, en el marco del Quinto Centenario del Descubrimiento de América. Una de las razones por las cuales se hizo esta separata es porque la obra, y especialmente este interesantísimo ensayo de Frank Moya no se conocía en el país. Saludo esta iniciativa.

El ensayo cuenta con unas 91 páginas y está dividido en ocho pequeños capítulos. Sus páginas están adornadas con fotos hermosas con las monedas de la colonia. Afirma nuestro amigo historiador que uno de los mayores problemas y apremios que vivieron los primeros colonizadores fue la falta de moneda. Afirma que para aliviar esa situación la Corona de España dio instrucciones precisas a Colón en 1497 para que acuñara monedas, pero los numerosos problemas encontrados en 1498, como fue la Rebelión de Roldán, no le permitieron cumplir con las órdenes reales. En 1503 la Corona decidió acuñar las monedas en Sevilla, abandonando la idea de crear una casa de moneda en La Española. “El Rey, dice Moya, descubrió que le era más beneficioso enviar a la Española moneda acuñada en la Península para ser canjeada por oro fino a los colonos” (p. 15). No fue la solución. La moneda escaseaba, provocando el uso de “tejuelos y tejuelillos” y obligó a la Corona que tuviese que disponer el envío de un millón de maravadíes en 1519.

Los habitantes de la colonia solicitaron a la Corona una casa de fundición. Así, el Rey aprobó la petición en 1528. Una Casa de Moneda eliminaría las casas de fundición. Los dirigentes de la colonia consideraban que las nuevas monedas “debían ser ducados, doblones y sencillos con la misma ley, peso y cuño de Castilla, y con el mismo valor para detener la continua exportación de oro hacia España”. (p.17). Los defensores de la Casa de Moneda decían que su creación estimularía la producción de oro en la colonia.

Finalmente, en noviembre de 1536, la Corona dictó dos cédulas autorizando a la Real Audiencia de Santo Domingo a “labrar las monedas de plata y vellón en la isla y a construir una Casa de Moneda en Santo Domingo. En cuanto al oro, este metal debía seguir procesándose como antes, esto es, pagando el quinto real de las fundiciones y siendo sellado con marca real en señal de que este impuesto había sido pagado (…) Los violadores a esta disposición serían castigados con la pena de muerte y la confiscación de todos sus bienes”. (p. 23). El autor de la obra afirma que todo parece indicar que la Casa de la Moneda de Santo Domingo inició sus operaciones en la primavera de 1544.

Las operaciones en la Casa de la Moneda eran muy costosas, por esta razón se vieron en la necesidad de acuñar moneda de vellón de baja ley, para poder satisfacer las necesidades del comercio local. Esta moneda solo circularía en la colonia de Santo Domingo. Con el tiempo se desacreditó y nadie la quería, obligando a la Real Audiencia a la suspensión de las acuñaciones en 1564.

Como se ve, en Santo Domingo no se acuñaba moneda porque no había plata ni cobre con qué hacerlo, ni había posibilidad de producir estos metales en las minas que se decía había en la isla. Sin embargo, hubo algunos que aún en esas circunstancias estaban dispuestos a hacerse cargo de la Casa de la Moneda, como fue el caso de un platero de Santo Domingo, quien ofreció a hacerlo y se obliga, prestándole las sobras, de labrar la Casa de la Moneda, que está caída, a su costa y que quedara en que V.M. gane y tenga cada año ocho mil escudos de aprovechamiento, y que labrará cada año ocho o diez mil ducados de moneda de plata y oro, y le dará fianzas para todo y para poder volver el dinero que se le preste. Aparentemente, esta proposición no tuvo acogida y la Casa de la Moneda siguió sin labrar durante varios años. (p.47-48).

La vida de la Casa de la Moneda fue muy efímera. Primero fue la invasión del pirata Drake que dejó a la ciudad de Santo Domingo en una condición económica deplorable. Hubo intentos de reactivar la economía, pero como dice Moya, la economía de la colonia se había desplazado a las zonas del norte y oeste de la isla. En 1595, la moneda había perdido importancia para los habitantes. Con la Devastaciones de Osorio la ruina llegó y con ella la extinción de la Casa de la Moneda. Las páginas que siguen se refieren a la moneda durante los siglos XVII, XVIII y las de principios del siglo XIX. Pero el espacio se agotó.

No quiero finalizar estas palabras sin reconocer, una vez más, la impresionante erudición de Frank Moya Pons. Este historiador, de quien me siento orgullosa de ser su amiga, sorprende. Es capaz de escribir y viajar por cualquier siglo, y hablar sobre temas diversos con propiedad. Lo mejor, su prosa es sencilla y comprensible. ¡Qué bueno que la historia puede contar con un historiador de la talla de Frank Moya Pons!

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