Educacion Nacionales

¿Qué es el Pensamiento Complejo? (1)

Frank A. Peña Valdes

RESUMEN

La noción de pensamiento complejo fue acuñada por el  sociólogo y filósofo francés Edgar Morin (1998) y refiere a la capacidad de interconectar distintas dimensiones de lo real. Ante la emergencia de hechos u objetos multidimensionales, interactivos y con componentes aleatorios o azarosos, el sujeto se ve obligado a desarrollar una estrategia de pensamiento que no sea reductiva ni totalizante, sino reflexiva. Morin denominó a dicha capacidad como pensamiento complejo.

Pensamiento complejo

Este concepto se opone a la división disciplinaria y promueve un enfoque transdisciplinario y holístico, aunque sin abandonar la noción de las partes constituyentes del todo. La sistémica, la cibernética y las teorías de la información aportan sustento al pensamiento complejo

El significado “Complejo” se observa desde un nuevo ángulo para designar al ser humano, a la naturaleza, y a nuestras relaciones con ella. Hace referencia  a la comprensión del mundo como un todo entrelazado, una trama infinita y múltiple, complexus, sistémica.

Los autores contemporáneos indican  que se puede hablar hoy en tres sentidos sobre ello: con el avance del conocimiento científico, se busca una mejor comprensión del mundo, al observársele como un sistema entrelazado. Con la ayuda de dispositivos computacionales se han creado modelos para explicar los comportamientos de los sistemas en el tiempo, y  comprenderlos mejor.

Cosmovisión compleja, de carácter filosófico como en el pensamiento sistémico y de las interpretaciones, que giran acerca de la necesidad de comprender la inestabilidad como propiedad de la naturaleza y reconstruir relaciones con ella; o la ecología profunda, propuesta original de Morin. (pg.21)

El Pensamiento Complejo, surge de las ciencias y su conjugación con el pensamiento humanista, político social y filosófico, que ha denominado a esta postura complejidad restringida, para diferenciarla de aquella más amplia y humanista que sostiene que es necesario  buscar soluciones a las crisis de la humanidad contemporánea, a través del estudio de lo que define como un método de pensamiento para comprender la naturaleza, la sociedad y reorganizar la vida humana.

El desafío de la complejidad consiste precisamente, en el reconocimiento de las tramas o redes de relaciones, y la imposibilidad humana de agotarlas en el conocimiento. Esta relación de antagonismo y complementariedad debe considerarse también con respecto a las clasificaciones de lo complejo, y los intentos de “medir” o cuantificar la complejidad.

El conocimiento de lo complejo ha impactado en áreas científicas que estudian la naturaleza y la sociedad. Según el Pensamiento Complejo, el estudio de un fenómeno se puede hacer desde la dependencia de dos perspectivas: holística y reduccionista. La primera, se refiere a un estudio desde el todo o todo múltiple; y la segunda, a un estudio desde las partes.

Introducción

La evolución de las ideas complejas en el siglo XX puede caracterizarse en tres grandes momentos. El primero, en los sesenta, donde se trabaja en varios campos científicos sin que trasciendan los nuevos desarrollos conceptuales más a allá de áreas muy específicas. Entre los setentas y ochentas, se produce una mayor socialización de las ideas complejas entre diversos campos disciplinarios. Finalmente en los noventas, se produce un boom mediático que colocó la complejidad y lo complejo en documentales científicos, revistas de divulgación y la prensa.

El estudio de lo complejo ha impactado también en el ámbito más directo de las interacciones de los seres humanos: la educación, la interpretación de la sociedad, la política, y la comprensión del momento actual que vive la humanidad. El problema de la complejidad ha pasado a ser el problema de la vida y el vivir, el problema de la construcción del futuro y la búsqueda de soluciones a los problemas contemporáneos. En palabras de Edgar Morin, cuando se habla de complejidad «… Se trata de enfrentar la dificultad de pensar y de vivir». (pg.34)

Puede decirse que el pensamiento complejo se basa en tres principios fundamentales: la dilogía (la coherencia del sistema aparece con la paradoja), la recursividad (la capacidad de la retroacción de modificar el sistema) y la holograma (la parte en el todo y el todo en la parte).

El pensamiento complejo, por lo tanto, es una estrategia o forma del pensamiento que tiene una intención globalizadora o abarcativa de los fenómenos pero que, a la vez, reconoce la especificidad de las partes. La clave pasa por la rearticulación de los conocimientos a través de la aplicación de los principios mencionados.

El Punto de Partida

El marco del cual partimos no puede ser otro que el de la realidad actual a nivel nacional y mundial, con la convicción de que lo que vivimos hoy día, son los dolores de parto de un mundo nuevo, y que la renovación del pensamiento es el primer paso para crear ese nuevo mundo.

Es el presente un momento en que el desencanto, la incertidumbre y la violencia parecen cerrar toda salida en especial para nuestro país.

En realidad, se ha llegado a esta incertidumbre en el siglo en que los logros del saber y los avances técnicos son asombrosos, y sin embargo es en la ciencia donde se ha hecho los avances técnicos son asombrosos, y sin embargo es en la ciencia donde se ha hecho más notoria. Esto no es otra cosa que una crisis de principios, que se expresa en una desorientación fundamental respecto a si misma y al mundo.

Estamos viviendo hoy, lo que un autor ha denominado gráficamente como “sordera especializada” que no es otra cosa que la pérdida del “oído generalizado”, o sea la incapacidad de comunicamos, situación más común en la vida académica que necesita para poder vivir, del encuentro y la crítica mutuas.

¿A qué se debe esto? A que como lo indica Morin, la certidumbre oficial, se ha vuelto incierta, y esto por obra del paradigma en que se ha movido en los últimos siglos. Por eso, bajo el riesgo de caer en el oscurantismo, no podemos rechazar el saber ni la ciencia, mucho más cuando como ocurre con nuestros países, necesitan de la ciencia para resolver mucho más cuando como ocurre con nuestros países, necesitan de la ciencia para resolver sus múltiples problemas

Es aquí donde entra la idea de complejidad, y la necesidad de una reforma del pensamiento, que nos permita acceder a una teoría general que integre las diversas disciplinas académicas y nos abra a una actitud más humana y solidaria

Así pues siendo que el conjunto de respuestas actuales, se han convertido en problemáticas por obra de la misma ciencia confusa y perpleja, la investigación sobre la verdad va unida hoy a una indagación sobre su posibilidad. Pues como anota Morin, confusión e incertidumbre no son las últimas palabras del saber, sino los signos precursores de la complejidad (1993 p 30).

La indagación sobre el significado y los alcances de la complejidad se presenta hoy día como un reto para la ciencia y la filosofía, y la Universidad debería ser el entorno natural para pensar sobre estos temas, pero por factores múltiples, ha perdido la capacidad de aglutinar a sus miembros en relación a problemas comunes.

La reflexión sobre la complejidad, por su intento de reunir de nuevo los saberes e integrar al hombre consigo mismo y con el universo, no podría ser un punto de partida para recuperar su vocación universal?

El primer paso es retomar el sentido de la palabra misma, complex, unidad en la diversidad. El esfuerzo del pensamiento complejo es captar la diversidad y pluralidad de la unidad, o sea un pensamiento que enlaza y globaliza.

La idea de complejidad

Más arriba mencionamos el origen del uso que hace Morin de la palabra complejidad. Sin embargo, ya antes tenía delimitado su terreno en Filosofía, aunque sin la palabra misma: en la dialéctica en general, y en lógica, en la dialéctica hegeliana, “porque esa dialéctica introducía la contradicción y la transformación en el corazón de la identidad”. En ciencia la complejidad había surgido en el siglo XX en la micro-física y en la macro-física. La micro-física abría una relación compleja entre el observador y lo observado, y una relación más que compleja en la partícula elemental que se presenta a veces como onda, a veces como corpúsculo. Sin embargo, se consideró este caso como frontera, sin tener en cuenta que esa frontera conceptual correspondía de hecho a todos los fenómenos materiales, incluidos el cuerpo humano y hasta el propio cerebro. La macro-física, por su parte, ponía en relación la observación con el lugar del observador y complejizaba la relación entre tiempo y espacio que se concebían, hasta entonces, como esencias trascendentes e independientes. Pero esas complejidades eran colocadas en los límites de nuestro universo –en el de lo infinitamente pequeño y en el de lo infinitamente grande-. Entre uno y otro, en los dominios físico, biológico o humano la ciencia reducía los fenómenos complejos a un orden simple construido con unidades elementales. Así funcionó la ciencia occidental desde el siglo XVII hasta fines del XIX. A fines del XIX y comienzos del XX, la estadística introdujo el tratamiento de la interacción y la interferencia. Pero es con la Cibernética que la complejidad entra abiertamente en la ciencia.

Morin define la complejidad, a primera vista, como “un fenómeno cuantitativo, una cantidad extrema de interacciones e interferencias entre un número muy grande de unidades”. Todo sistema auto-organizador (viviente) de hecho combina un número muy grande de unidades: moléculas en una célula, células en un organismo (más de diez billones de ellas en el cerebro humano; más de treinta billones en el organismo).

Más allá de las cantidades de unidades e interacciones, la complejidad comprende incertidumbres, indeterminaciones, fenómenos aleatorios. En cierto sentido, siempre está relacionada con el azar. No se reduce a la incertidumbre: es la incertidumbre en el seno de los sistemas ricamente organizados. Así, es una mezcla de orden y desorden, pero una mezcla íntima, diferente del orden/desorden estadístico.

Acerca del autor

Frank A. Peña Valdes

Frank A. Peña Valdes

Profesor adjunto Escuela de Psicología, Facultad de Humanidades y Escuela de Orientación Educativa, Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD. Licenciatura en Psicología, Maestría en Metodología de la Investigación Científica. Especialidad en Psicología del Desarrollo, Maestría en Desarrollo Humano, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Postgrado en Educación Superior, Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Estudios Doctorales en Psicología Social, Universidad Central de Madrid (UCM).

Dejar un comentario