Internacionales Politica

Síntomas y diagnóstico de una catástrofe social contemporánea (1)

Escrito por Debate Plural
José Schulman (Rebelion. org, 27-4-18)
Mucho más que una campaña continental de dominación colonial, el Law Fare expresa el fin del “capitalismo democrático” iniciado con la Revolución Francesa (1789) y completado con los acuerdos de la ONU (1948)

 

“La diferencia entre la descripción de una parte de la historia

y la descripción de la historia como un proceso unitario

no es por lo demás una diferencia de alcance….

sino una contraposición metodológica,

una contraposición de puntos de vista”

Giorgy Luckas en Historia y conciencia de clase

 

Escribo estas notas (para los “míos”, como dice Malena, para mis compañeros de lucha por la dignidad humana en los territorios de las periferias del mundo burgués contemporáneo) como un intento de balance conceptual de estos primeros meses de lucha del año 2018. De las nuestras contra el Macrismo y la ofensiva generalizada e integral contra todos y cada uno de nuestros derechos. Y contra el Derecho como tal.

Y de mis viajes por el País Vasco (febrero 2018), Paraguay y Brasil (abril 2018), con el corazón apretado por las noticias del genocidio en tiempo presente en los territorios palestinos ocupados por Israel (por donde caminé en el 2016) y la muerte anunciada de mi hermano colombiano Jesús Santrich, empeñado, sin retorno posible, en revelar, en sacar del silencio y las sombras de la infamia otros presos, otras muertes de sus compañeros insurgentes desarmados; a quien visité en junio del 2017 cuando todavía no habían acuchillado el convenio de paz firmado por la Farc y el estado Colombiano.

No escribo desde la plácida superficie académica ni mucho menos desde el cinismo de aquellos que trabajan de “opinólogos” de luchas ajenas (Pitrola, Altamira, Del Caño y otros dirigentes del FIT argentino), administradores de un supuesto rojímetro que les permite negar solidaridad a Lula por no dar el piné de revolucionario y callar ante el secuestro de Jesús Santrich, porque su saber urbano y súper institucional cita ni registra la voz de un guerrillero ciego empecinado en no quedar en el lugar del derrotado que tantos pretenden para él. Incluida alguna izquierda miserable que celebra como supuestos éxitos propios, las derrotas ajenas.

Pretendo, primero, que no se pretenda uniformidad de diagnóstico a los que describimos el mismo listado de agravios, que son solo síntomas de algo por interpretar y explicar. Segundo, que se reflexione críticamente en que la ilusión del “fin de los golpes de estado” era eso y que el culto ,casi pornográfico, al camino institucional (incluso por aquellos que no lo habían practicado jamás) debe superarse, si queremos, al menos, tener chance de luchar contra el Imperio realmente existente.

Destituyeron a Zelaya en Honduras, a Lugo en Paraguay y a Dilma en Brasil por métodos cuasi institucionales que incluían porciones muy limitadas de acción militar. Insólitamente a esos golpes de estado se los llamó “blandos” “constitucionales” o “legales”. El lenguaje es siempre uno de los primeros territorios del combate, y la aceptación de las voces enemigas, una de las demostraciones de debilidad más lamentables.

Macri basura, vos sos la dictadura

Desde el año 2009, ya por nueve años, una Operación Continental de Contrainsurgencia Imperial de Neocolonización de Nuestra América se lleva adelante siguiendo un libreto único, con las lógicas adaptaciones nacionales: utilización de aquellos poderes que nunca se pusieron en cuestión (así hablaba de ellos los documento imperiales estratégicos conocido como Santa Fe elaborados por la CIA entre 1980/1986): el Poder Judicial, el Poder Mediático y el aparato armado del Estado no importa el nombre que tenga: Fuerzas Armadas, Servicios de Inteligencia, Gendarmería o Policías, para recuperar plenamente aquellos poderes que sí se someten a la consulta electoral: el Poder Ejecutivo y el Legislativo que han ido volviendo a sus manos en Paraguay, Honduras, Argentina, Brasil, Chile y aún en Ecuador donde ni siquiera ganaron las elecciones como en Chile o Argentina.

¿Qué queda por fuera de su dominio imperial?: Acaso Venezuela y Bolivia, Uruguay en mínima medida, el gobierno del Farabundo Martí en El Salvador está en picada, el gobierno sandinista de Nicaragua sobrevive con muchos problemas y por supuesto, fuera de estas lógicas, la Cuba Socialista que acaba de realizar una renovación de su liderazgo digna de aplausos y esperanzas.

Pareciera no quedar dudas que, contra lo predicado por años, a más progresismo, menos gobernabilidad y a más radicalidad política, económica y diplomática, más estabilidad y posibilidades de triunfar

A este cambio en los gobiernos de la región, que expresa una estrategia de dominación imperial y que viene demoliendo el edificio de la integración latinoamericana creada en estos años, más o menos autónoma, la denomino “fin del ciclo de los gobiernos progresistas de la región”. Fin del ciclo de los gobiernos progresistas de la región, cualquier otra interpretación corre por el que la hace, pero negarse a ver la realidad suele ser complicado y para ser rigurosos constituye una crisis aguda de percepción de la realidad de la que el compañero Jorge Beinstein ha llamado la atención muchas veces [1].

De eso se trata esta nota.

Digamos, para ser más gráficos que si la Picana Eléctrica, el Falcón sin Patente o la Bota Militar podía simbolizar el periodo de dominación militar que se inicia con el Golpe de Estado de 1954 en Paraguay y Guatemala, se afirma con los sucesivos golpes en Brasil (1964), Chile (1973), Uruguay (1974) y el de Videla de 1976, este nuevo ciclo de dominación colonial tiene a la Cárcel y la Toga de los Magistrados Judiciales como la cara más visible. En la Cárcel están Lula en Brasil; Milagro Sala, Facundo Jones Huala y otros en Argentina, los Seis Campesinos, los de Curuguaty y muchos, muchos más en Paraguay; los mapuches en Chile y otros cientos en Honduras, Colombia y casi todos los países latinoamericanos. La cara del Juez Moro, del fiscal paraguayo Jalil Rachid o el Juez argentino Bonadio se conoce tanto como eran conocidos los rostros de Stroessner o Pinochet, y es que su función de ejecutor de políticas de eliminación de toda forma de resistencia o aún de mínima autonomía frente al plan de normalización imperial, es de igual sentido esencial, aunque no manejen ametralladoras ni usen capuchas.

Y que se enoje Le Monde Diplomatique o los amigos brasileros de Pagina 12 como Emir Sader que siguen pregonando las bondades del sistema democrático representativo como si fuera ciego ante la evidencia brutal de que el periodo en que se respetaba más o menos el voto de las personas y la formalidad de la letra jurídica, ha pasado. Podría darse una vuelta por la cárcel de Curitiba o por las favelas militarizadas de Río, aprendería sobre su país bastante más que lo que le dicen sus papeles, amarillos de viejo y “fuera de época” [2].

Con todo su “sabiduría” no se dio cuenta que el mundo, creado por el fin de la segunda guerra mundial, ese mundo, resultado de la Revolución Socialista Rusa y el triunfo sobre el nazi fascismo en 1945, el mundo diseñado por la organización de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Convenio de Prevención y Castigo al Celito de Genocidio, firmado en 1948, no existe más como tal y lo que queda está debilitado y en vías de demolición.

Sader y sus discípulos latinoamericanos, intelectuales y políticos, los que firmaron el Consenso de Buenos Aires [3] (1997) y los que soñaron como cualquier otro “triunfador” de la política que “hubo historia, ya no lo hay”, no comprenden lo fundamental e imprescindible para triunfar sobre el fascismo contemporáneo: asumir que vivimos una nueva etapa histórica en que sus ilusiones progresistas se han derrumbado, y aplastado a millones con sus escombros.

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