Nacionales Politica

Presencia sin control de haitianos en suelo dominicano

Juan Pablo Duarte
Escrito por Debate Plural

Homero Lajara Sola (Listin, 26-1-18)

 

“El poder es como un rayo, entra como un relámpago y sale como un trueno”. – Dr. Joaquín Balaguer-

Este 26 de enero se cumple el 205 aniversario del natalicio del Padre de la Patria y forjador de la nacionalidad dominicana, general Juan Pablo Duarte y Díez, Director General de la Revolución Dominicana, Decano de los Fundadores de la República y Primer General en Jefe de nuestros Ejércitos. ¿Qué mejor momento para recordar sus sacrificios y la fe que tenía en la conformación de un Estado libre, no solo del yugo haitiano, del norteamericano o europeo, sino del peor enemigo, como lo han sido siempre la ignorancia y falta de institucionalidad, que navegando el rumbo único y verdadero que nos dictan la Constitución y las leyes?

Al hacer un recuento de las singladuras recorridas en estos dos siglos, podemos notar con  suma preocupación cómo lo que las feroces hordas haitianas no pudieron lograr desde 1844 al 1856, con ejércitos más numerosos, mejor armados y organizados, que sucesivamente fueron derrotados por las espadas de guerreros como los generales Pedro Santana, Antonio Duvergé  y otros valientes comandantes de  hazañas bélicas que se repetirían después, entre 1861 y 1865, esta vez contra el poder español, con la figura de Luperón como estandarte.

Vemos como  ahora, “indefensas” mujeres haitianas,  al exportar sus vientres hacia nuestro territorio en avalanchas parecidas a las de una invasión, están logrando “conquistas” que con las armas les fue imposible imponer a los vecinos del Este, que además de consumir proporciones importantes del presupuesto de salud en partos al vapor,  crean un conflicto jurídico en el ámbito de las leyes migratorias.

Todo esto sucede ante nuestra vista, mientras continúan los ataques ladinos y perversos de la diplomacia haitiana, que junto a sus aliados de ciertas ONGs y dominicanos con ideas sobre derechos humanos bastante controversiales, han intentado crear un escenario internacional tan confuso y falso, que, si desde el gobierno y el seno de la sociedad sensata  no se defiende la Patria con la ley como faro, entiendo que la República Dominicana se podría convertir en el “Kosovo del Caribe”.

Un ejemplo claro de estas afirmaciones se puede apreciar en el vil asesinato ocurrido en el año 2014 del capitán Nelson Belliard Felipe, del Ejército  Dominicano, por parte de delincuentes haitianos, mientras el militar cumplía con su deber en labores de patrullaje en Manzanillo, Montecristi. En ese momento,  no escuché las enardecidas voces de protesta de esas ONGs, de los voceros de Derechos Humanos, de la ACNUR, y mucho menos de los grupos dominicanos que apoyan la invasión pacífica de los haitianos a nuestro país, situación que me obliga a comparar este oscuro episodio con el título de la famosa novela “El Coronel no tiene quien le escriba”, del laureado escritor Gabriel García Márquez .

Aunque sigo sin entender ese silencio cómplice, que hace posible que hasta  a nuestros símbolos, sobre todo al general Juan Pablo Duarte, se le falte el respeto y mucha gente continúe muda. Es también altamente ofensivo y provocador a la vez, que haitianos ilegales quemen el Pabellón Nacional a la vista de mucha gente y no se haga nada al respecto, a pesar de que hay leyes que castigan tan viles afrentas. Así no se hace Patria.

Viendo este panorama, donde no solo se irrespeta a una autoridad que a veces lo provoca por un proceder alejado de sus sagradas misiones, en un tiempo donde muchos violan de manera habitual normas sociales y de cortesía elementales para una convivencia armónica y pacífica, y se recurre a la violencia por asuntos insignificantes que a veces terminan de manera trágica, y hasta matan por robar un teléfono celular, no me queda más que admitir que me siento bastante preocupado.

Por eso, en este mes de Duarte, que más bien debería ser un año entero de celebración en su honor, hacemos un llamado al Ministerio de Educación para que implemente nueva vez  las cartillas cívicas o como se les quiera llamar, y se haga énfasis en enseñar una historia dominicana auténtica y real- no la escrita llena de puntos ciegos-, donde se exalten los aportes del Patricio y demás próceres.

En este contexto hay que retomar el carácter cívico de la bandera que respetar y valorar, y un himno que cantar, bajo la sinfónica sagrada de los símbolos patrios e identidad  nacional y que, donde comienza la República, en la frontera , se fortalezca la educación escolar enfatizando en  el uso correcto del idioma español, resaltando nuestras costumbres y tradiciones, siempre exaltando la dominicanidad, de manera que en todos los liceos y escuelas se enarbole nuestra bandera y se cante el himno con orgullo patriótico todos los días.

Para enfatizar estas ideas, me permito insertar un poema casi desconocido del poeta Ramón  Emilio Jiménez, llamado Canto a la Bandera: “Ya empezó su trabajo la escuela /y es preciso elevarse a lo azul/ relicario de viejos amores, mientras reine la mágica luz/¡Nos sentimos arder a tu influjo /la luz viva de un fuego interior /cuando flotas alegre, besada/ por los cálidos rayos del sol /!Dios parece decir , !Oh bandera!/ la sublime expresión de tu azul/ !Patria! , el rojo de vivida llama/ !Libertad! , dice el blanco en la cruz/ Mientras haya una escuela que cante / tu grandeza bandera de amor/ flotarás con el alma de Duarte / vivirás con el alma de Dios”.

Aprovecho para referir aquí, que, a raíz de mi  ensayo publicado  el 22 de diciembre del año que recién finalizó, titulado “Mi padre y su afición por la literatura”, recibí un  correo de mi hermano mayor, el arquitecto Luis Lajara Marchena, radicado en Marsella, Francia, del cual inserto un fragmento que me hizo reafirmar conceptos dialécticos e históricos, cito: “Una de las características de las lecturas del viejo (refiriéndose a nuestro padre) era su eclecticismo, a veces en contradicción con lo que aparentemente pensaba. Cuando tú vives en el extranjero y sobre todo en Estados Unidos todos esos años-mi padre, Luis Homero Lajara Burgos, estudió en Miami, Florida  (1942-1943),  Inglaterra (1946-1947) y fue Agregado Naval en Washington D.C.(1952-1953 y 1955-1957 )-, se desarrolla el espíritu democrático y humanista, que falta en nuestros países autoritarios y atrasados, y la lectura es parte importante”.

Mi hermano Luis, al expresarse de esa manera demuestra que la educación y el cultivo de la lectura, hacen que dominicanos que residen fuera del terruño, a veces tengan más visión de nuestros errores que muchos de los que vivimos aquí , algunos de los cuales se olvidan  del bien común y solo piensan en dinero y poder. “El atraso y el autoritarismo”, que mi hermano alude en su misiva, se reflejan en las  reacciones de algunos de los personajes del gobierno -ahogados en prepotencia-, cuando alguien osa decir algo diferente a lo que ellos pregonan, calificando ese comentario de “conspiración”(!!!) .

No olvidemos que el general Santana, acusó a Duarte de traidor a la Patria, porque no pensaba como él, y lo condenó al ostracismo, perdonándole la vida por ser Masón. Así como el fusilamiento de próceres como María Trinidad Sánchez , su sobrino Andrés Sánchez, el general Antonio Duvergé, entre otros patriotas que corrieron la misma inmerecida suerte.

Estoy totalmente convencido de que, para salvar la Patria, debemos honrar  a  Duarte, epónimo de la dominicanidad, emulando su vida; y en el seno del hogar educando a nuestros hijos con el credo trinitario para formar ciudadanos íntegros.

Más aún, el gobierno dominicano honraría  a Duarte por siempre  haciendo respetar la Sentencia 168-13 del Honorable Tribunal Constitucional , al  igual que las leyes y decretos que refuerzan la misma, aplicando sobre todo las leyes migratorias,  con la severidad de un sensor romano , sin más prórrogas a personas que no valoran ni agradecen el esfuerzo de República Dominicana, un Estado pobre que, bajo el paraguas de la crítica injusta, continúa invirtiendo fondos que necesitan sus propios ciudadanos, para resolver problemas a personas cuyo país de origen, Haití, no les garantiza ni  sus documentos personales, insertando el garfio del malagradecido e inconsciente, aupando masas ignorantes en la búsqueda de la tierra prometida en otro país también lleno de necesidades.

¡Viva Duarte, per omnia saecula saeculorum! ¡Mientras su ideario viva, habrá Patria!

Acerca del autor

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