Nacionales Politica

Origen de los conflictos domínico-haitianos a través de los discursos histórico-literarios (Según los textos literarios) (5)

Juan Antonio Alix
Escrito por Debate Plural

Diogenes Cespedes (3-1-15)

 

Veamos a continuación cómo, desde el siglo XIX, nuestros poetas y escritores han percibido a Haití y al sujeto haitiano. Por ejemplo, Juan Antonio Alix (1833-1918), el más importante de los poetas populares de aquel siglo, escribió “El dominicano y el haitiano”, una décima larguísima que es un pequeño curso de la historia de Haití en forma de diálogo entre un dominicano y un haitiano desde Toussaint a Boisrond Canal (Décimas, t. 1, pp. 199-212, Librería Dominicana, Colección Pensamiento Dominicano, 1961).

Este texto de Alix es un mito de poder y una ideología de la supremacía dominicana sobre Haití como pueblo de brujos opuesto al catolicismo de los dominicanos. Manuel del Cabral en una parte de “Compadre Mon” en Haití retomará este mito y lo dejará intacto. Dice Alix: “Que saiga cuaiquiei mucié/Pa que bea si soy letrao, /Y si me veo apurao/Poi bení con poiquería, /Le acabo la brujería/Poi Dio, con ete encabao.” (p. 199).  Y más adelante (p. t. I, 203): “Creo en Dio, Padre, Jesú/, /Líbrame de lugarú/Y deto brujo maidito, /Como creo en Jesucrito/Yo si no hailo judú.”.

En otro texto  con el recurrente problema haitiano, Alix ofrece un pequeño curso de creole con las palabras más comunes, destinado quizá a los dominicanos que viajan a Haití(“Un campesino dominicano”, “Décimas”, t. 2, pp. 46-49). Alix vivió en Haití y debió aprender creole para poder sobrevivir. Las décimas de tema haitiano están atiborradas de palabras en creole con su correspondiente equivalente en español dominicano, pero el Cantor del Yaque tiene al menos ese idioma de los haitianos. A veces Alix olvida dar la traducción al español de algunos vocablos en creole. Pero de todos modos, es una pequeña etnografía y antropología escritas por un representante de la clase pobre como era Alix, pero con prestigio social y literario (había sido cabo del Ejército durante las guerras contra Haití). Estas décimas de tema haitiano versan acerca de cómo veía al vecino país y a sus habitantes en el siglo XIX y principio del XX. Esa misma visión la tenían las clases sociales del Cibao y del resto del país.

Todos los clichés usados por los dominicanos para discriminar a los haitianos están contenidos en la décima “El dominicano y el haitiano”, ya citada. Texto escrito en una especie de creole-español corrompido activado por el discurso de los dos personajes. Todo el saber de Alix acerca de la historia de Haití y la República Dominicana, pero más de Haití, está contenido en esta décima. Habría que ser un experto en creole del siglo XIX y de español dominicano y su variante arcaica cibaeña de la misma centuria para descifrar ese discurso.

Los demás poemas haitianos que figuran en el t. 2 de las Décimas son variantes pálidas de este texto titulado “El dominicano y el haitiano”. Como no puedo analizar detalladamente cada una de las décimas del t. 2, doy los títulos como indicio sintomático:“Al pueblo dominicano”, reproductor, a 40 años de la independencia, el eterno miedo a las invasiones haitianas (Décimas inéditas. SD: Galaxia, 1982, pp. 19-21), fechada  en Santiago, 16/12/1884:  “Se dice que Salomón/ El tirano de Occidente,/Pretende venir a Oriente/a invadir nuestra Nación//Y aunque deseamos la unión/,/Y la paz con el pueblo haitiano,/Si así lo quiere el tirano/Encontrará ese maldito,/Una torre de granito/En cada dominicano”; “Las bailarinas de judú en la calle Santa Ana” (p. 43, fechada el 30/7/1904); “Un campesino dominicano que estuvo en Haití vendiendo unos andullos y a su regreso tuvo una entrevista muy curiosa con el que suscribe” (p. 46, fechada el 17/10/1905; “Un pasaporte dado en tiempo de la España vieja” (p. 70, s/f); “Los brujos y adivinos expendedores de guanguá” (p. 98, s/f) y “Revolución en Haití (p. 177, fechada en febrero de 1911). Marcio Veloz Maggiolo  afirma que ya en 1874  “Un pasaporte dado…” era muy conocida esta décima en toda la geografía cibaeña. (Sobre cultura dominicana… y otras culturas. SD: Alfa & Omega, 1977, p. 93-144, abreviado más adelante como VM, seguido de la página). Requinto el tema de la décima “Al pueblo dominicano”, distinta a la del título homólogo y escrita en contra de Alejandro Woss y Gil. Ante los rumores de la invasión del presidente Lisias Salomón, Alix recupera la memoria de las armas dominicanas vencedoras de las haitianas en todas las contiendas desde 1844 hasta la última invasión de Soulouque en 1856 y enarbola la política de paz que siempre ha primado en el país con respecto a Haití: “Y todos sin distinción/Como dignos ciudadanos, /Iremos lo más ufanos/Con afilados machetes, /para trozar a las huestes/De los intrusos haitianos.” (p. 19). Es importante este rescate del machete, pues fue el arma favorita de los dominicanos en contra de los invasores haitianos y también en contra de los españoles durante la guerra de la Restauración, lo mismo en Cuba, donde Máximo Gómez lo llevó como arma favorita y temible en la guerra de guerrilla que libró en contra de los colonialistas españoles, estrategia copiada de Ramón Mella, el inventor de la guerra de guerrillas en nuestro país.

La tradición de Alix la prosigue Domingo Moreno Jimenes con su poema “El haitiano”, donde ofrece una perspectiva bonachona, ingenua, propia de las clases populares que conviven con haitianos en toda la geografía del país, sobre todo en el área de los ingenios azucareros. Pero es preferible a la visión de los intelectuales y políticos prohispanos, para quienes el haitiano es portador de todas las taras inimaginables que estudié en lo que llamo los tres bloques ideológicos con que la mayoría de los dominicanos aprendió, desde la colonia hasta hoy, a ver, oír y concebir al Otro, o sea, al haitiano. (Véase “”Las imágenes del haitiano en la literatura dominicana”, en Ensayos sobre lingüística, poética y cultura.SD: Apec, 2005, pp.161-182). Son los poetas quienes van a  reconocer y dotar al haitiano de su estatuto de sujeto, luego de un largo proceso de reflexión.

Dice Moreno Jimenes en su poema citado: “Este haitiano que todos los días/hace lumbre en su cuarto/y me llena las fosas nasales de humo;/este haitiano/que no puede prescindir de la cuaba,/y prefiere tabaco del fuerte/y aguardiente del malo,/es bueno a su modo,/y a su modo rico,/y a su modo pobre./¡Benditos los seres que maltrata el hombre!/¡Bienaventuradas las cosas humildes/que se yerguen siempre sobre el polvo frío de todas las cosas!” (Obras poéticas completas. SD: Taller, 1979, pp. 150-151).

El poema ataca la ideología colonial y republicana que incluso cuando ya Haití no fue una amenaza para el país, la República Dominicana fue incapaz, debido a su etnocentrismo, de convertir al haitiano en sujeto y a Haití en fructuosas relaciones diplomáticas, comerciales y culturales. Y esta imposibilidad se debió a que la Separación de Haití se hizo sin principios ni ideas políticas pertinentes a la creación de un Estado y una nación, sino, como lo afirma Rafael Augusto Sánchez, con el propósito de salvar “la familia” y la “estirpe” española: “Era un sentimiento y un instinto. No era un pensamiento ni la fuerza de una concepción política, como lo prueba el hecho de que, apto y eficaz para defender, no cesó en el momento en que dejó de existir el peligro sino que se proyectó más luego sobre las horas y sobre los actos del futuro, no con fortaleza de una idea política, sino con la intensidad de un recuerdo ominoso, que ha hecho difícil, por no decir imposible, el establecimiento de relaciones sinceramente cordiales y amistosas entre los dos países.” (Al cabo de los cien años. Palabras liminares de Joaquín Balaguer. Barcelona: Gráficas Manuel Pareja, 1976, pp. 100-101).

Escrito en 1941, “L’aitianita divariosa”, de Chery Jimenes Rivera (1917-1980), es uno de los poemas más celebrados por escritores grandes y pequeños de la República Dominicana, pero, si no yerro, no aparece en ninguna antología. Desde Héctor Incháustegui Cabral, Manuel Rueda, Marcio Veloz Maggiolo, Juan José Ayuso, Manuel Mora Serrano hasta Bruno Rosario Candelier alaban, entre muchos otros, el poema.

A pesar de haber sido escrito en el sociolecto que habla todo rayano (mezcla de creole haitiano, español dominicano y variante española del Cibao, entre arcaísmo y corruptela, Rosario Candelier le llama jerga, la composición es de viso porque trata el viejo tema medieval de los trovadores: el enloquecimiento por amor. Y es tanto más importante el tema porque se trata de una rayana, ese sujeto nacido en una tierra de nadie, es decir, entre la frontera haitiana y la dominicana donde tradicionalmente se ha producido un modo particular de convivencia y de cultura  entre quienes se dicen dominicanos y quienes se dicen haitianos.

Y Chery Jimenes Rivera, hijo de Monte Cristi y nacido en Cabo Haitiano por razones diplomáticos de su padre, se crio en el seno de una familia de músicos y poetas y de los Jimenes políticos. Su madre, Clara Elena, hermana del eminente músico Luis Rivera González, tocaba el piano. Y Manuel Rueda, emparentado con esta familia por los González, fue pianista y poeta. Y Casandra Damirón, esposa de Luis Rivera González, era cantante, bailarina folclórica, llama la Reina del merengue. De modo que hay arte por todos los lados.

Al mismo Chery Jimenes Rivera le emparenta Rosario Candelier  con el grupo de los Independientes (lo dice en el prólogo a la edición que contiene los poemas del vate montecristeña: “Geografía de una inquietud”. SD: Taller, 1997). Y la haitianita divariosa es la invención de un sujeto femenino como alteridad cuyo enloquecimiento se debió a la muerte en alta mar de su novio, un marinero atrapado, al igual que sus compañeros, por una tempestad, según dice el texto poético.

La noticia le causó a la haitianita un choque emocional tan grande que se volvió loca, y Jimenes Rivera usa el adjetivo divariosa, derivado del verbo divariar, que en el Cibao, y Juan José Ayuso viene de allá, significa perder la razón, pero el caso es más dramático cuando se pierde la razón a causa de la pérdida de un amor (Ver artículo de Ayuso en El Nacional de ¡Ahora!, del 8 de diciembre de 2011). El sujeto femenino es descrito primero y luego el escritor le otorga acceso al discurso: “Un’ aitinita nueva, rodiá por la cintura/con una saco e jeniquén,/con loj pechoj al aire, chiquiningo[s] y morao[s]/atibaba a su novio entre lo pecadore/que aicanzan a llegae,/y le contán lo’ sotro compañero/que ei era que llevaba la gulill’ese día,/y ei viento de aecagüete/se lo tiró a un lot’e burro de agua,/de gremesí, como si ei fuera d’ello.// (VM, 127). ¿Cuál es el significado de gulilla en este contexto poético? La palabra no aparece en ningún diccionario. ¿Es un término de marinería? ¿Timón de la yola o bote de pescadores? ¿Y gremesí? Tampoco figura en diccionarios. Solo en inglés como marca de ropa. Es posible que sea una corruptela del ambiente rayano. Sin el significado de estos vocablos, que el poeta sí lo tenía por sabido al utilizarlos, la lectura de “L’aitianita divariosa”, queda coja.

Y entonces se produce el shok emocional: “Probesita, se le fue la coloi/y s’insuitó tre vece tra de aquella noticia, /amaneció degajnatá gritando/y revoicando en l’etera de nasa/su resaca de pena.//(Ibíd.)

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